Camilo Salcedo

* Camilo Salcedo

Cursa estudios de maestría en Sociología y Antropología en la Universidad Federal do Rio de Janeiro (UFRJ) y es politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Sus áreas de trabajo son: 1) mundo del trabajo y conflictos laborales; y 2) procesos de transformación social de campesinos y trabajadores rurales. Es miembro del grupo de investigación de Política y derecho ambiental (PODEA), donde hace parte de la línea tierra, territorio y ambiente. Trabaja actualmente sobre la estructura de la propiedad de la tierra y las re-configuraciones sociales que se están presentando en el centro del departamento del Huila, Colombia, con la llegada de diversos proyectos de infraestructura energética

“Cuando chiquito quería conducir carros, ese era mi sueño”, así inició una conversación un campesino de las montañas del Huila. Su abuelo cogía cacao en las vegas del río magdalena, en la vereda La Honda, municipio de Gigante. Allí todavía persisten alrededor de 850 hectáreas de “labranza”, como le dicen al cacao asociado con diferentes árboles frutales y de madera, que serían inundadas por el proyecto hidroeléctrico El Quimbo.

Con las generaciones y por las dificultades de acceso a la tierra y al trabajo, producto del latifundio, muchas familias tuvieron que desplazarse para colonizar desde inicios del siglo XX las montañas del departamento; en las laderas de las cordilleras oriental y central, donde el café es el principal producto. Esta colonización llegó hasta los años ochenta cuando se empezó a limitar la expansión de la frontera agraria y el acceso a las montañas y a los páramos.

Así el hijo de campesino empezó a ayudar a los conductores de las chivas para poder aprender un oficio, ganar su sustento y cumplir su sueño, el de ser conductor. “Yo no tenía como pagar un curso de conducción, así que miraba al señor que conducía la chiva y así iba aprendiendo. Después, cuando aprendí tuvimos que vender con mi familia la moto, para poder comprar mi pase de conducción”. Su familia está conformada por su esposa, una colectora de café de la región y sus hijos.

Como conductor volquetero retiraba arena de las playas del rio magdalena, para llevar el material a los pueblos del centro del Huila para construcción. Del mismo modo, tal como cuentan en la región, antiguamente las familias podían tener varios hijos en el campo y no había problema porque siempre “se conseguía trabajo”. Sin embargo, los límites de la frontera agrícola en esta región plantean hoy límites físicos para la expansión de familias, quienes se resisten a cambiar sus formas de vida ligadas al campo.

Así, la ocupación de los territorios por parte de empresas trasnacionales, está generando que estas tensiones se acentúen producto del cambio radical del uso del suelo que se está presentando en la región. La hidroeléctrica El Quimbo está profundizando innumerables conflictos en la región producto de desplazamientos de poblaciones que vivían de las vegas del río magdalena y sus alrededores, destruyendo sus formas de vida. Al igual, la petrolera Emerald en las partes de montaña en la cordillera oriental, en las faldas del páramo de Miraflores donde se cultiva café. Allí han resistido varios de los medianos y pequeños productores de café, realizando “paros” en los que no se deja entrar a los petroleros a hacer las excavaciones.

El camionero ya no tendrá como recoger materiales del río, las tradiciones de su abuelo que cogía cacao desaparecen, las zonas cafeteras se ven amenazadas por el aumento del clima en la región por el espejo de agua y la expansión de las actividades petroleras. El impacto regional es aún incalculable. Ante esto, cabría preguntarnos ¿hasta cuándo los gobernantes defenderán bajo discursos efímeros como “se va a generar turismo, trabajo, regalías” o “la región por fin va a progresar”, este tipo de proyectos? ¿Hasta cuándo se va a creer que el modelo agrícola y el modelo extractivista son compatibles y que es una cuestión de generar compensaciones justas o hacer cumplir la ley”?

Pero, ¿por qué no son compatibles el proyecto agrario y de extracción de recursos energéticos? Existen muchos factores que se pueden nombrar para trabajar sobre este punto, entre ellas el cambio que se ha presentado en varios de los proyectos energéticos en el país y en América Latina. De manera general, en los dos siglos que lleva en el mundo la expansión de la demanda de recursos energéticos desde la revolución industrial, se muestra una mayor “rebusque” de recursos energéticos por parte de las potencias y núcleos de consumo energético.

En Colombia, a inicios del siglo XX en regiones como Barrancabermeja solo espichando el piso salía petróleo, las centrales eléctricas usaban las caídas de los ríos para mover turbinas y producir energía (como la minicentral del tequendama). Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, a pesar que se habla de un mayor avance en la tecnología y en los programas de medición de impactos, los proyectos causan mayores impactos y cada vez son más difíciles de mitigar, como el reubicar poblaciones afectadas (predominando casi siempre el “pago” en dinero de las compensaciones, dinero vs. tierra). Así, hidroeléctricas que antes no se podían realizar se están realizando. Dos ejemplos en nuestro continente pueden ser Belo Monte en Brasil (hidroeléctrica que no se pudo hacer en los años 1980 y 1990 por sus impactos) y el Quimbo (donde fue negada la licencia ambiental en 1997). También, proyectos petroleros que aunque se sabía que existía petróleo no se realizaban por sus “altos costos”: muchos de los pozos petroleros se están realizando en Putumayo, Caquetá, y en Meta (donde es representativo el caso de Pacific Rubiales en Puerto Gaitán, pozo petrolero que se sabía que existía desde los años 1980). Así, existe un choque en las formas de vida que están articuladas a un uso del suelo, la del camionero, su familia y lo que ellos representan: un deseo por tierra para trabajar y un modelo de extracción de recursos que se expande como un deseo por la acumulación a partir de la explotación de la tierra y de las personas.