Minería en Colombia: una locomotora desbocada

Si no se modifican los viejos y falaces idearios de absoluta libertad de la empresa privada como adalid del progreso y el mercado como autónomo en la consecución del bienestar, y no se asumen la tareas de conservación y protección de los recursos erigidos sobre los derechos, más allá de los intereses específicos de unos sectores económicos reducidos, solamente resta vislumbrar un camino accidentado que conducirá a una catástrofe ambiental y social sobre una locomotora desbocada a punto de descarrilarse.

El fantasma de “El capital”

La importancia de Capital en el siglo XXI radica en su contribución al paulatino desmonte del sentido común de libre mercado que ha tratado sus propias premisas económicas de manera análoga a la ley de la gravedad. Las tesis del libro y su perspectiva histórica de largo plazo muestran que las promesas del neoliberalismo no contribuyeron al crecimiento, a la prosperidad o al mejoramiento de la calidad de vida.

Adiós a Colombia y al olor de la guayaba

A unos días de decidir el próximo capítulo de la novela de Colombia con la elección del nuevo gobierno, hemos perdido a un hijo de la patria que muere y se queda en el exterior. Gabo nos recuerda el dolor del exilio y el largo flujo de colombianos que van en crescendo junto a las nefastas políticas de los que ocupan el poder desde siempre. ¿Cuándo podremos sentir nuevamente el olor de la guayaba en un país donde el 70% de sus residentes considera que va por mal camino?

Víctima, resistencia, poder constituyente

La condición de víctima y la posibilidad de la resistencia no son antinómicas. La resistencia se nutre y se afirma a partir del hecho de la victimización, de la pretensión de nuda vida del poder, de su exclusión o de su negación como sujeto. Desde el punto de vista de la resistencia, la víctima es un estado de indefensión, pero de indefensión activa no pasiva, indefensión sufrida pero también sobrepasada.

“La soledad de América Latina” y el orgullo de ser colombiano

Nos han bombardeado por estos días con noticias varias que despliegan múltiples declaraciones, homenajes, columnas de opinión, a veces rimbombantes u oportunistas, sobre el reciente fallecimiento del escritor colombiano Gabriel García Márquez, y esta columna que escribo aquí no pretende contribuir a este bombardeo mediático que, en estos días de “duelo nacional”, ha venido creando un cierto consenso sobre la importancia de la obra y la figura de Gabo.

Bogotá: sobre evaluaciones y aprendizajes

La izquierda, si no quiere terminar por hacer política de la misma forma que la derecha, y con casi los mismos resultados, debe construir procesos de gestión y de toma de decisión distintos a los modelos jerárquicos y verticales que se instauraron a principios de siglo XX, y que fueron retomados de forma acrítica por la izquierda socialista y comunista con los resultados que conocemos: el social liberalismo europeo o la sociedad burocrática de los antiguos regímenes comunistas.