Andrea del Pilar Naranjo

* Andrea del Pilar Naranjo

Investigadora independiente y abogada de la Universidad La Gran Colombia. Con especialización en Derecho Constitucional Universidad de Nuestra Señora del Rosario, Colombia. Maestría en Relaciones Internacionales Iberoamericanas y Doctora en Relaciones Internacionales Iberoamericanas. Universidad Rey Juan Carlos, Madrid-España. Principales líneas investigativas: derechos humanos, políticas públicas e integración regional. Publica en varios portales de internet, entre los que se incluyen el portal de columnas de análisis político e internacional y política exterior The Blue Passport, la revista Chilena Nuevo Ciclo, el Blog de opinión Condistintos acentos editado por el instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca y en los portales Colombianos de opinión Razón Pública y la Revista Perspectiva del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga y en su blog personal elpendulocritico.bolgspot.com

Esta guerra no es como otras pasadas; el que ocupa un territorio también impone su propio sistema social. Todo el mundo impone su propio sistema hasta allí donde su ejército le permite llegar

J. Stalin

El escenario de crisis financiera ejemplo de los excesos de confianza en las leyes del mercado, la despreocupación de los Estados en su regulación, así como la formación de la “cultura” del consumismo desmedido, han traído consigo la debacle de las potencias consideradas como eje de referencia mundial durante varios lustros, permitiendo, de esta manera, a nuevas regiones como América Latina emerger de la oscuridad y a otras como China y el sudeste asiático imponerse como nuevo foco internacional de relevancia económica y comercial.

La relación entre América Latina y China se ha dinamizado y expandido temáticamente hacia asuntos políticos, económicos, sociales y culturales con la suscripción reciente de acuerdos comerciales entre el gigante asiático con países como Venezuela1, Perú2 y Ecuador3. Esto en el marco de los diálogos emprendidos en la Cumbre del bloque regional de la Comunidad de Estados latinoamericanos y del caribe CELAC, con representantes del País Asiático, que culminaron con la aprobación de la declaración de “Igualdad y beneficio mutuo, cooperación recíproca y desarrollo común”4, suscrita hace seis meses en Brasilia, y el reforzamiento efectuado en la declaración “Nueva plataforma, nuevo punto de partida y nueva oportunidad”5 y su plan quinquenal firmado por los ministros plenipotenciarios en Beijing al inicio del año.

Iniciativas emprendidas en el marco del proceso de consolidación del bloque de Estados catalogados como Emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) hacen repensar los ejes de geopolítica hacia una multipolaridad emanada de las relaciones diversas, más allá de las hegemonías decimonónicas procedidas de los victoriosos de la guerra.

Sin embargo, los puentes de comunicación entre los dos hemisferios deben ser construidos sobre nuevos principios que impidan, una vez más, la histórica manipulación y subordinación de América Latina, utilizada como un instrumento de las potencias europeas (inicialmente) y luego norteamericanas, para lograr ventajas en batalla o para demostrar preeminencia sobre un territorio usado como un botín de guerra, un trofeo de relevancia geoestratégica para el victorioso.

El entorno bélico del siglo XX ha sido testigo de dicha cosificación. América Latina actuó en tal contexto en condición de subordinación y se vinculó con causas que no le eran propias, buscando la complacencia de cualquiera de los bandos, comportamientos que solamente ahondaron en la polarización dentro de la misma región. De eso dan cuenta las masivas y recurrentes intervenciones norteamericanas en vigor de su política de contención6 que, por encima de principios como el de no injerencia en asuntos internos, intervino en Guatemala impulsando las tácticas de presión económica y de persuasión diplomática contra las políticas agrarias del Presidente Jacobo Arbenz del Partido Revolucionario que afectaban directamente una empresa Norteamericana: la United Fruit Company. Esto ocasionó su derrocamiento y huida en 1954; el mismo destino fue el de Paz Estensoro del Movimiento Nacionalista Revolucionario Boliviano en 1964, Víctor Raúl Haya de la Torre, de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Perú depuesto en 1968, y Salvador Allende, quien un 11 de septiembre de 1973 pagó con sangre el intento de construir una nación socialista al margen del dominio norteamericano.

Asimismo es preciso no olvidar la intervención estadounidense en la VIII Conferencia de la OEA para aprobar la condena de Cuba por las mediaciones del partido ortodoxo de Fidel Casto en Venezuela y Nicaragua para buscar apoyo a la revolución de 1959. En consecuencia de eso, aisló comercial y políticamente a la isla fortaleciendo la alianza de Cuba al bloque comunista y la consolidación de la política de Seguridad Nacional norteamericana que culminaría con la firma de la Carta de Punta del Este, la cual instituyó las directivas de la política económica y social de Kennedy: la Alianza para el Progreso.

No obstante, a diferencia de los episodios catastróficos del pasado, la región ahora se encuentra en una posición fortalecida y relativamente satisfactoria. No obstante las nuevas perspectivas de asociación con otras regiones deben ser tomadas con precaución y bajo la supervisión de los Estados y sus poblaciones: “La influencia de China (directa e indirecta) es variable de país a país de acuerdo con la disponibilidad de recursos naturales, la complejidad de la economía y la existencia o no de tratados de libre-comercio”7.

La crisis y las nuevas perspectivas solo pueden convertirse en una oportunidad potencial de innovación y transformación social si se cumple con tres puntos de apoyo: primero, el reconocimiento de nuestro contexto y, como consecuencia, la identificación de nuestros problemas y alternativas de solución emanadas de consensos con nuevos actores sociales en co-gobernabilidad y corresponsabilidad, basándose en la participación de la sociedad civil que permita a la región la identificación clara de “dónde concentrar sus esfuerzos para reclamar la cooperación externa en el marco de lo que son los grandes objetivos del demorado y melancólico proceso de las negociaciones globales, y la posición de los países en vías de desarrollo en el mismo”8. En segundo lugar, la concreción de políticas públicas que tomen como prioridad el fortalecimiento de las potencialidades económicas y sociales de la región.

Finalmente, es menester comprender la política exterior como fundamento del desarrollo, la necesaria profundización en la configuración normativa vinculante y el desarrollo institucional de los espacios iberoamericanos regionales y subregionales.

En conclusión, el futuro depende de las decisiones y los aprendizajes del pasado. Solamente con la modificación del inveterado rótulo de Estados “subdesarrollados” y el rescate de una identidad capaz de enfrentar los retos del mundo actual, abierto a nuevas perspectivas y al diálogo con nuevos territorios, es posible hablar de un futuro promisorio para América Latina y el bienestar de sus pueblos.

 

 

 

 

 

 

 

  1. Véanse los antecedentes de relación en http://ve.chineseembassy.org/esp/zwgx/t272156.htm
  2. Marcelino Aparicio. “Perú y China imprimen un fuerte impulso a relaciones bilaterales”. Publicado en El Peruano 14/01/2015 disponible en http://www.elperuano.com.pe/edicion/noticia-peru-y-china-imprimen-un-fuerte-impulso-a-relaciones-bilaterales-25625.aspx#.VLTHpdKUegw
  3. Véase el record de la relación en https://www.cancilleria.gob.ec/ecuador-y-china-afianzan-relaciones-politicas-economicas-comerciales-y-de-inversion/.
  4. Declaración Conjunta de la Cumbre de Brasilia de Líderes de China y de Países de América Latina y Caribe. Brasilia, el 17 de julio de 2014. Disponible en http://embamex.sre.gob.mx/brasil/images/pdf/Noticias/2014/220714-declaracionconjunta.pdf.
  5. Declaración De Beijing De La Primera Reunión Ministerial Del Foro Celac-Chinadisponible en http://www.cancilleria.bo/node/855
  6. George Kennan, “el elemento principal de cualquier política de Estados Unidos para con la URSS ha de ser una política de contención paciente y a largo plazo, pero firme, de las tendencias expansivas rusas…, la cabal y vigilante aplicación de la fuerza de contención en una serie de puntos geográficos y políticos en constante deslizamiento que corresponda a los deslizamientos y maniobras de la política soviética” Engelhardt, Tom. El fin de la cultura de la victoria. EE.UU., la Guerra Fría y el desencanto de una generación. Editorial Paidós. 1997. pág. 122.
  7. Sorj Bernardo y Fausto Sergio. Dinámicas Geopolíticas Globales Y El Futuro De La Democracia En América Latina. Working Paper nº 1, Julio de 2010. plataformademocratica.org. Pág.7
  8. Iglesias Enrique. La crisis económica mundial y las opciones de América Latina. Revista Nueva Sociedad No. 65 Marzo-Abril 1983, PP. 41-44