Melina Lombana

* Melina Lombana

Politóloga y estudiante de maestría en Filosofía, Universidad Nacional de Colombia. Trabaja temas sobre conflictos sociales, territoriales y armados en Colombia, así como sobre negociación política y construcción de paz. La filosofía política y la hermenéutica contemporánea se encuentran dentro de sus temas de interés

*Este artículo hace parte del Observatorio Posicional de Medios de las Negociaciones de Paz, llevado a cabo por el grupo de investigación Teoría Política Contemporánea (TEOPOCO), de la Universidad Nacional de Colombia. Su propósito es recoger las tendencias en la opinión pública y medios de comunicación para construir un insumo de investigación académica.

Noviembre y diciembre de 2014 fueron meses que, cargados de sorpresas, cambiaron drásticamente la dinámica de la negociación en La Habana. Fue tal vez en este periodo que las conversaciones pasaron por su punto más crítico, así como por su momento de mayor fortaleza. Las acciones violentas de las FARC en medio del conflicto, y en particular el “secuestro”, de acuerdo con algunos columnistas, o “retención”, de conformidad con otros, del general Rubén Darío Alzate, provocaron que el presidente Juan Manuel Santos suspendiera los diálogos. Pero también fueron las decisiones anunciadas por la delegación de la guerrilla las que le dieron un vuelco al proceso y, tal vez, anticiparon la entrada a su etapa final. Los consabidos críticos de este nuevo intento de alcanzar una paz negociada, a su vez, desplazaron su frente de ataque hacia lo que podríamos llamar un escenario de posnegociación, resignados ante lo que parece ser la senda definitiva hacia la firma de un acuerdo.

Pero ¿qué fue lo que sucedió en estos dos meses que al parecer implicó tan dramáticos cambios? Pues bien, por cuenta de un hecho propio de la guerra, el presidente Santos decidió suspender los diálogos, presionado por el estamento militar y la oposición siempre escandalosa del uribismo. Y sin preverlo, modificó por completo las condiciones concretas en las que hasta el momento el proceso se había desarrollado. Un suceso imposible de anticipar trastocó el tablero de la negociación y forzó a uno de sus protagonistas a definir con claridad su postura frente a la misma. Con la interrupción, las negociaciones fueron puestas al filo de la navaja y las FARC fueron las llamadas a definir cuál sería el curso por venir de los acontecimientos. En este contexto, la guerrilla no sólo dio una muestra contundente de su compromiso, esto es, la rápida liberación del general y otros retenidos, sino que más aún, declaró una tregua unilateral. Esta, a la vez que conjuraba que nuevos azares de la confrontación afectaran a los diálogos, anticipó su entrada al momento del desescalamiento de las hostilidades y el fin del enfrentamiento armado, penúltimo punto de la Agenda de La Habana.

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La suspensión y la crisis

El periodo inició con una atmósfera de creciente tensión en una opinión pública impaciente por los ataques de las FARC contra la población civil y las fuerzas militares: el asesinato de dos integrantes de la guardia indígena de una comunidad Nasa en el Cauca y el secuestro/retención de dos soldados en Arauca. Pero el punto de quiebre en este contexto fue el secuestro/retención del general Rubén Darío Alzate, en hechos aún no del todo claros, en el caserío Las Mercedes, Chocó. Después de anunciada la noticia, el presidente Santos declaró la suspensión de los diálogos hasta tanto no se resolviera este impasse, es decir, se liberara al general en poder de las FARC.

Lo anterior se tradujo en un ambiente de inquietud y confusión en una Colombia desprevenida que no esperaba un evento con tales implicaciones. No era claro por qué un proceso que acordó adelantarse en medio de los rigores de la guerra de repente se suspendía por cuenta de un hecho propio de la misma. Más aún, no se entendía por qué el primer mandatario interrumpía las negociaciones en este momento particular, cuando las FARC habían cometido actos del mismo tipo con anterioridad y los mismos no habían tenido mayores consecuencias en los diálogos. Pues lo cierto es que el avance de las negociaciones se había dado hasta el momento en un ambiente de creciente tensión, por un lado, porque las mismas se adelantaban en medio de la confrontación; por otro, porque la oposición uribista no daba tregua en sus embates. Así las cosas, la suspensión fue utilizada como válvula de escape a la presión que rodeaba al proceso y que, con otro manejo, hubiera podido fácilmente hacerlo estallar. Las reacciones frente a este episodio no se hicieron esperar.

De un lado, y de forma mayoritaria, se escucharon voces1, que a la vez que pidieron a las FARC la liberación del General como muestra de su voluntad y compromiso con la salida negociada al conflicto, hicieron también un llamado a rodear el proceso de paz y pidieron a las delegaciones que no se levantaran de la mesa. Para buena parte de quienes se expresaron de esta manera, el secuestro y la posterior suspensión de los diálogos fue consecuencia de mantener el proceso en medio de los rigores de la confrontación, razón por la cual conminaron al gobierno y a la guerrilla a pactar sin más demoras un cese bilateral a las hostilidades que permitiera blindarlo de nuevas eventualidades. En un primer momento incluso los delegados de las FARC se expresaron en este mismo sentido, al decir que “mientras continúe la confrontación, se van a presentar hechos como este e incluso hasta mucho más graves. Es la hora de la sensatez, es la hora de pensar con la cabeza fría y de pensar que a Colombia le llegó la hora de la paz2.

De otra parte, un grupo de actores3, sin estar en contra del proceso, expresó su complacencia con la decisión del Presidente. Para este bloque, la suspensión de los diálogos representaba la oportunidad de corregir el rumbo que las FARC habían trazado al oponerse a cesar unilateralmente las hostilidades. En esta perspectiva, era imprescindible que la guerrilla reconsiderara su accionar y tuviera como directriz en medio de los diálogos la demostración más clara y contundente de su voluntad de paz.

Finalmente, para los críticos del proceso, que con anterioridad habían reclamado firmeza y mano dura de parte del presidente Santos, la suspensión de las negociaciones no representó la rectificación del rumbo que habían demandado. Por el contrario, en su perspectiva se trató de un correctivo inoportuno, pues la crisis por la que se atravesaba era responsabilidad en primer lugar de las equivocaciones del gobierno. Para el Centro Democrático4, Santos era el responsable del duro momento por el que se atravesaba, al haber sido incapaz de imponer el cese unilateral de hostilidades a la guerrilla, condición no sólo necesaria sino evidente para, según ellos, hacer de una salida política negociada una empresa viable5.

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Frente a este episodio, las FARC reaccionaron de forma rápida y prudente. Y tanto con su discurso como con sus acciones no sólo le imprimieron otro aire al proceso de paz, un dinamismo y una confianza inusitados, sino que también demostraron un compromiso profundo con la apuesta por negociar políticamente el fin del conflicto armado.

En efecto, en un primer momento, el Bloque Iván Ríos publicó un comunicado que reivindicaba la retención del general como una acción legítima en el marco de una guerra que no se había suspendido. Dijeron: «sin cese bilateral de fuego, las que el Presidente llama reglas del juego no pueden operar solo para las fuerzas del Estado«6. No obstante, el equipo negociador de la guerrilla en La Habana rápidamente giró hacía una postura mucho más conciliadora, sintonizada con la dimensión de lo que representaba el secuestro de un general y la suspensión del proceso. Declararon que facilitarían todas las condiciones para que Alzate Duque recuperara su libertad y así las conversaciones pudieran retomarse cuanto antes. De acuerdo con alias ‘Pastor Alape’, las FARC querían “que este impasse [fuera] resuelto lo más pronto posible para que el proceso [siguiera] avanzando sin sobresaltos hacia el acuerdo final«7.

Para finales de noviembre, el comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán, retenido/secuestrado junto con dos acompañantes, fue liberado en el Departamento de Chocó, y sólo algunos días antes también lo fueron los dos soldados que cayeron en poder de las FARC en Arauca. Así, la guerrilla privilegió la política del diálogo por encima de la política de las armas, y con ello dio una muestra irrefutable no sólo de su implicación en el proceso de paz, sino también del estado de madurez y profundidad que este había alcanzado.

Pero las FARC no sólo dieron muestras de su compromiso con la terminación del conflicto, sino que además decidieron acelerar la velocidad de la negociación. Después de retomados los diálogos, sorprendieron nuevamente al país al anunciar un cese al fuego unilateral e indefinido. Con ello se comprometieron a fondo con el avance de las conversaciones: tomaron medidas para impedir que el azar volviera a ponerse en medio y nuevos hechos de guerra torpedearan el proceso de paz.

La tregua unilateral decretada anticipó de forma inesperada la entrada de las conversaciones en su etapa final, aquella del desescalamiento del conflicto, del cese de hostilidades y de la entrega de armas. O al menos así fue leído por diversos actores políticos, institucionales y de opinión, para quienes después de un momento de profunda tensión, había “ganado la paz”8. Humberto de la Calle, jefe de la delegación negociadora del gobierno, una vez retomadas las conversaciones, sentenció que “no daba más espera la concreción de gestos que les demuestren a los colombianos en el terreno, que nos aproximamos al fin del conflicto«9. Pues bien, las FARC demostraron con hechos lo que declararon con el anuncio del cese al fuego: que querían superar lo episodios inútiles de violencia10 y que el 2015 será “el escenario del ahora o nunca. Es el escenario añorado por todos, por el cual hemos luchado y padecido tanto: es el escenario de la paz, de la reconciliación11.

El viraje uribista

Ante las muestras claras de avance en el proceso, el uribismo le salió al paso a las demostraciones de compromiso por parte de las FARC con declaraciones que pretendieron deslegitimarlas. Mientras que el expresidente Álvaro Uribe respondió a las liberaciones con una serie de preguntas cargadas de doble sentido, del tipo: «¿Quién devolverá la vida de los soldados asesinados ayer?, ¿Quién devolverá la libre locomoción de los mutilados por minas antipersonas?, ¿Quién devolverá la tranquilidad a los niños secuestrados y amargados por el cautiverio terrorista?12, Alfredo Rangel manifestó que «el falso cese al fuego indefinido solo es una maniobra engañosa de las Farc para presionar el cese bilateral con el que buscan fortalecerse13.

No obstante, después de la liberación y la tregua unilateral, se hizo evidente que el uribismo había perdido sustento real para las críticas que habitualmente lanzaba contra las negociaciones. Otra consecuencia del inesperado giro del proceso fue hacer que el discurso del Centro Democrático perdiera audiencia en la opinión pública. La perorata de siempre se mostró limitada en su eficacia, pues el eco de su diatriba no resonaba más allá de los círculos de simpatizantes habituales. Los diálogos habían recién adquirido una nueva y renovada dinámica, y el uribismo parecía comenzar a aceptar que el proceso no tendría vuelta atrás, que a menos que otro hecho dramático y excepcional ocurriera, las partes avanzarían hasta la firma de un acuerdo.

Prueba de ello es la declaración hecha por Álvaro Uribe a finales de diciembre de 2014, en la que propuso la conformación de un “congresito”, o en sus palabras “un Órgano Legislativo Transitorio, de elección popular, con la previa y verificada entrega de armas y desmovilización de la FARC, como mecanismo para la discusión, aprobación, rechazo o modificación de los acuerdos de La Habana”. Sin legitimar al proceso, el Expresidente pareció aceptar que el campo de disputa se había desplazado del escenario de la negociación a aquel del “postacuerdo”, al momento de la refrendación.

Declaraciones similares se escucharon durante el cierre del año, pronunciadas por actores que, aunque cercanos política e ideológicamente al uribismo, contaban con la suficiente distancia para poder articular un discurso matizado sin mayores contradicciones. Este fue el caso del Procurador Alejandro Ordóñez, quien propuso un Gran Pacto por la Paz14 por medio del cual los críticos de la negociación fueran incluidos en el proceso de revisión de los acuerdos de La Habana. A su vez, Luis Carlos Restrepo, excomisionado de paz, envió una carta al Centro Democrático en la que llamaba a la colectividad a abandonar la postura opositora para pasar a una de mayor proactividad, de monitoreo y vigilancia, que permitiera “corregir el rumbo de lo que está sucediendo apoyados en una fuerza ciudadana, para no lamentarnos después por haber sido incapaces de modificar el curso de los acontecimientos que se avecinan«15.

Pero esta reformulación de la estrategia uribista no fue del todo espontánea o coincidencial. Por el contrario, se dio de cara a 2015, año de desplazamientos y nuevas disputas en el terreno de la paz. En efecto, con la aceleración de los ritmos de la negociación, el proceso con las FARC pronto pasará de un escenario nucleado alrededor de los diálogos a un momento concentrado en la construcción de paz en los territorios. Y más aún, el fin de la confrontación armada permitirá que las dinámicas de conflictividad social surjan con mayor ímpetu en la agenda política y social del país. En este contexto, aunque la guerrilla y el gobierno logren poner fin a la guerra entre sus ejércitos, aún resta la disputa por el sentido de las reformas pactadas, por el sentido de la construcción de paz y por el proyecto de país que orientará los cambios institucionales, económicos y territoriales que se gestionen en la etapa de la postnegociación. En un año electoral, como lo es el que ahora comienza, el alcance y la orientación de los cambios institucionales que puedan derivar de la firma de un acuerdo serán el resultado de la correlación de fuerzas que los actores logren imponer.

 

 

 

 

 

  1. Jorge Retrepo, director del CERAC; Carlos Lozano y Piedad Córdoba, voceros de la Marcha Patriótica; Angelino Garzón, exvicepresidente de la República; Alirio Uribe, representante a la Cámara por el Polo Democrático Alternativo; Clara López, presidenta del Polo Democrático Alternativo; Bancada del Partido Verde en Senado y Cámara; Comisión de Paz del Senado; Gustavo Petro, alcalde de Bogotá; Jorge Armando Otálora, defensor del pueblo; Álvaro Obando, director de la Agencia de Desarrollo Local de Nariño; Central Unitaria de Trabajadores, CUT; Camilo Villa, vocero del MOVICE; Comisión de estudio de asuntos de género en La Habana; Diario El Tiempo; Patricia Lara, columnista; María Elvira Samper, columnista; Oscar Tulio Lizcano, columnista.
  2. Ya hay ruta para desactivar crisis y reanudar proceso de paz, El Tiempo, F. Publicación: 19/11/14, F. Consulta: 19/01/15, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14850920
  3. Alejandro Ordóñez, Procurador General; Camilo Gómez, excomisionado de paz; José Felix Lafaurie, presidente de FEDEGAN; Claudia López, senadora del Partido Verde; David Barguil, presidente del Partido Conservador; José David Name, presidente del Senado; Antonio Navarro Wolf, senador del Partido Verde; Roy Barreras, senador del Partido de la U; Consejo Gremial Nacional.
  4. Diego Cediel; Abelardo de la Espriella; Álvaro Uribe Vélez y Alfredo Rangel, senadores del Centro Democrático.
  5. Es importante tener muy claro que la posibilidad de un proceso de paz que de un tiempo para acá el Centro Democrático comenzó a legitimar, es muy distinta a aquella adelantada por el Gobierno Santos y aquella que reclaman los sectores populares y de izquierda en Colombia. En efecto, para el expresidente Álvaro Uribe y su partido político, la paz que se le debe a Colombia es la de la desmovilización y el desarme de la amenaza terrorista, la imposibilidad de participar en política para los grandes responsables de crímenes atroces, el respeto a la propiedad privada y la conjuración del comunismo y la amenaza castro-chavista en el país.
  6. Delegación de paz de las Farc en La Habana confirma secuestro del general Rubén Darío Alzate, El País, F. Publicación: 18/11/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/bloque-farc-confirma-secuestro-general-ruben-dario-alzate
  7. «Hay que buscar un mecanismo para que se resuelva este impasse»: Farc desde Cuba, El País, F. Publicación: 18/11/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/farc-dicen-aun-tienen-informacion-sobre-secuestro-general-alzate
  8. De esta forma se expresaron los actores Enrique Santos Calderón, Luis Carlos Vélez, exdirector de Noticias Caracol; Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador; los columnistas Pedro Medellín, Matha Ruiz; los analistas políticos Áriel Ávila, Enrique Serrano, Álvaro Sierra Restrepo, Camilo Gonzáles Posso, Andrés Bermúdez, Juanita León, Héctor Riveros; los senadores Antonio Navarro Wolf, Iván Cepeda, Armando Benedetti; Clara López, la presidenta del Polo Democrático; Juan Fernando Cristo, Ministro del Interior; la revista Semana y los diarios El País y El Espectador; el padre Francisco de Roux; Juan Carlos Rodríguez, presidente de Colfecar; Rafael Mejía, presidente de la SAC; Guillermo Botero, presidente de Fenalco; y la Asamblea Permanente por la Paz.
  9. «Rechazamos el uso de imágenes de las liberaciones»: Humberto De la Calle, El País, F. Publicación: 1/12/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/rechazamos-uso-imagenes-liberaciones-calle
  10. Farc declararon desde La Habana cese unilateral al fuego de manera indefinida, La República, F. Publicación: 17/12/14, F. Consulta: 19/01/15, http://www.larepublica.co/farc-declararon-desde-la-habana-cese-unilateral-al-fuego-de-manera-indefinida_203896
  11. Farc anuncian cese unilateral del fuego por tiempo indefinido, El País, F. Publicación: 17/12/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/farc-anuncia-cese-unilateral-fuego
  12. Congresistas celebran liberación del general Alzate y sus compañeros, El País, F. Publicación: 30/11/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/congresistas-celebran-liberacion-general-alzate-y-sus-companeros
  13. Reacciones encontradas tras anuncio de cese al fuego unilateral de las Farc, El País, F. Publicación: 17/12/14, F. Consulta: 17/01/15, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/reacciones-encontradas-tras-anuncio-cese-fuego-unilateral-farc
  14. “En todos asuntos frente a los cuales no basta el acuerdo de los ‘plenipotenciarios’ del Gobierno y las FARC, se requiere la mayor coincidencia posible de las más diversas voluntades”. Ver: Ordóñez: “Los críticos no son enemigos de la paz, Revista Semana, F. Publicación 5/11/14, F. Consulta: 26/01/15, http://www.semana.com/nacion/articulo/alejandro-ordonez-procurador-los-criticos-no-son-enemigos-de-la-paz/408106-3
  15. Ibíd.