Andrea Cely Forero

* Andrea Cely Forero

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad de Los Andes. Dentro de sus principales intereses investigativos se encuentran los movimientos sociales en América Latina y la acción política en la vida diaria. Tiene publicados los resultados obtenidos sobre experiencias de pedagogía feminista, planes de vida como alternativas políticas de resistencia y las tensiones entre el movimiento social y político en América Latina. Hace parte del Congreso de los Pueblos, una experiencia de movilización social que intenta construir legislación popular

Empezamos la campaña a la alcaldía de Bogotá. Clara López no sólo puntea en la primera encuesta reconocida que se realiza durante estas jornadas, también confirma su posición frente a la iniciativa de Francisco Santos, después de negarle el saludo en el cierre de un Foro sobre Vivienda hace algunos días1. Aparentemente estos dos nombres representan las orillas ideológicas que disputan el gobierno de la Ciudad y, al mismo tiempo, son muestra de algunas de las posibilidades con las que cuenta Bogotá y el país en general.

Para algunos analistas, la alcaldía de Bogotá y en general las elecciones locales durante este año serán la repetición del proceso de elección presidencial, en donde se disputaron propuestas que fundamentalmente se diferenciaron por el respaldo o la enemistad a un proceso de solución política y negociada al conflicto armado. Sin embargo, este análisis puede que se cumpla a nivel regional, pero en Bogotá la disputa está un poco más clara en términos ideológicos y con propuestas territoriales mucho más avanzadas. Es decir, en la capital del país se cuenta con la experiencia de tres gobiernos consecutivos que han hecho énfasis en la inversión social y que por esta razón han entrado en conflicto con los intereses de familias y grupos de inversión privada que lo ven como un obstáculo. Y en esta medida se relaciona con las opciones de paz reales que podrían estar siendo negociadas por la misma ciudadanía.

En otras palabras, la disputa territorial en Bogotá sí está relacionada con el proceso de paz, pero a partir de propuestas más concretas que podrían servir en un posible escenario de acuerdo. Se trata de una disputa entre quienes están dispuestos a garantizar recursos para el desarrollo de programas sociales y quienes lo harán en función del interés privado; la diferencia se encuentra ahora, en el actor principal que decidirá esto. Pues en estos términos será la ciudadanía la que decida cuál de las dos opciones de paz promueve. Ahora bien, la polarización que se está generando alrededor de este tema a nivel nacional podría servir para dos cosas: en primer lugar, para identificar las diferencias que tiene un gobierno de izquierda con otro de derecha y, simultáneamente, para confirmar que esto más que en un debate ideológico se ve representado en decisiones presupuestales y en la creación de programas concretos.

La respuesta de Clara López a Francisco Santos no se da simplemente porque sea su opositor en la contienda, o porque a ella le falten modales para responder un saludo. Es un gesto sincero en respuesta al sin número de comentarios mal intencionados de los que fue objeto durante las intervenciones del candidato del Centro Democrático durante el Foro. Y yo agregaría que también tiene un tanto de expresividad legítima ante lo que representa Francisco Santos para el país. Solo recuerdo la forma en que se refería a la utilidad de descargas eléctricas en las marchas estudiantiles, cuando afirmó que “hace falta innovar, hay que utilizar armas de represión no letales como las que producen descargas eléctricas”2. Y nada distinto a la casualidad del lanzamiento oficial de su candidatura en un evento denominado “Taller por la seguridad de Bogotá”, en donde Álvaro Uribe confirmó su decisión. Es bastante diciente que hoy la campaña sucia del grupo de uribistas se dirija hacia Clara como representante actual de los tres gobiernos precedentes; y esto incluye el gobierno de Petro aunque a él mismo esto pueda incomodarle. Por ahora solo quiero señalar una muestra más de la consigna que se moverá en el proceso a nivel distrital y local. Y en este sentido, la importancia de definir una sola estrategia que defienda el avance programático y político desarrollado durante los gobiernos del PDA y de Progresistas en Bogotá en sus encuentros y diferencias.

Por esta razón fundamental, siempre defenderé como primera opción la unidad de propuestas programáticas y el encuentro entre actores que estén pensando en la comunidad antes que en el interés privado. Esta ocasión no será la excepción y seguramente tendremos más de una opción para decidir. Lo que no está mal en sí, el problema radica en el retroceso que esto representa para la construcción política de otras formas de gobierno. No obstante, y paradójicamente, este argumento también parece válido para la derecha, que se presentará igualmente dividida y que asume discursivamente el cambio como una opción; muestra contundente de un punto de equilibrio que no se resolverá entre partidos o reuniones políticas.

De allí que resalte la importancia del rol que juegan los votantes cada vez que se acercan momentos electorales como éste, pues todas y todos deberíamos estar dispuestos a leer este contexto político con calma. Reconocer avances, retrocesos y opciones reales de paz. Para algunos esto puede ser una copia de las elecciones presidenciales con una opción más clara hacia la izquierda y eso puede generar resistencias. Para otros el guiño de Santos a este proceso no estaría en contravía de la apuesta nacional. Y otros tantos lo verán como una falta a los acuerdos partidistas. Pero señores y señoras, si me lo preguntan, yo también le negaría el saludo al uribismo.