…Pero de todas las supersticiones, la más peligrosa, no es acaso aquella de odiar su prójimo en razón de sus opiniones?…”.

Voltaire, Tratado sobre la tolerancia

El reciente artículo de opinión que por este mismo portal propuso Régis Bar con el título “Caso Charlie Hebdo, lo que revelan algunas reacciones de Izquierda”, ha dado origen a comentarios que en su mayoría ponen en evidencia una patología cada vez más frecuente entre ciertas posiciones supuestas de izquierda: el imperio del relativismo. De esta manera a expresiones como Occidente, universalismo o imperialismo se oponen frases o discursos que tangente o subrepticiamente contra-argumentan, también muy propio de una cada vez más habitual e incoherente perorata izquierda: con el Sí, pero… Luego, afirmando o aclarando, vía un email o en el curso de una conversación callejera o de café su tristeza y rechazo por lo ocurrido, exponen acto seguido las posibles causas, lo que no deja de ser sano; sólo y esto es lo lamentable, llegan al punto extremo de justificar dichos actos o congeniar con sus autores. En la dinámica de continuar dicha discusión, la intención con las siguientes notas no es de mantener el debate en el sentido que ya fue abordado por Bar y por quienes comentaron su escrito, sino de aportar otros elementos a no soslayarse cuando de problema que está en boca de todos/as se trata y sobre el cual apenas comienza a aprehenderse, comenzando por quien les escribe.

Entre las justificaciones recurrentes como también las más simplistas muchos/as sostienen que la tragedia era previsible en razón de la manera como el credo religioso o la simbología sacra han sido vilipendiadas con los dibujos del periódico satírico. De cara a estas voces que ahora comienzan a brotar sin escrúpulo, en Francia y en otras partes del mundo donde una gran mayoría no sabían de la existencia de Charlie Hebdo, el análisis de los sociólogos Céline Goffette y Jean-François Mignot, muestra más bien que el argumento aquel de endilgarle la culpa a unas caricaturas refuerza el pretexto que los líderes espirituales de la venganza esperaban para acrecentar sus ansias de dominio y sus deseos de retro-traernos al obscurantismo. A partir de una escrutinio de las portadas y el contenido principal de las ediciones comprendidas entre la N° 655, de enero de 2005 y la N° 1177 del funesto 7 de enero del presente año, el trio concluye que la sátiras concernientes a la religión comprendieron un 7%, siendo el cristianismo la religión que más fue objeto de burla, en 21 oportunidades en comparación con las 8 respecto al islam. A distancia, los temas predilectos son la política o sus delegados, con 336 dibujos, seguido por las actualidades económicas y sociales francesas o europeas, en 85 ocasiones. En total, en dicho periodo, las referencias al islam fueron sencillamente del 1,3%.

Otro de los alegatos sobre el tema son las cruzadas contemporáneas a cargo de Occidente. De inmediato, Estados Unidos, Inglaterra y Francia son señalados con el dedo como los responsables exclusivos del caos que se vive el medio oriente y algunas zonas de África. Si bien es cierto que las intervenciones militares y políticas de estos países han contribuido a que las crisis de numerosos territorios pareciera que de propósito se olvidan los apetitos que en la competencia imperialista y capitalista tienen también Rusia, Japón, Corea, y cada vez más China. Además, debido a un odio casi visceral contra aquellos, se descartan otros aspectos que explican el incremento de las posiciones extremistas, y en el caso, musulmanas. Por ejemplo se tiene la escisión milenaria Chiíta y Sunita, llevada a su quiebre máximo con la revolución de 1979 en Irán y que desde entonces tiene a este país compitiendo por la supremacía regional contra su hermano enemigo la Arabia Saudita y el clan sunita. También debe mencionarse la Guerra del Golfo, que dio un nuevo aliento a grupos no estatales y de las más variadas causas para responder vengativamente a todo lo que oliese a Occidente o a su servicio, lo cual se materializa por ejemplo con la aparición de Al-Qaeda y sus atentados en septiembre del 2011 en Estados Unidos, 2004 en Madrid, y 2005 en Londres, y las declaraciones de guerra a ciertos Estados y gobernantes en la propia geografía arabo-musulmana. No debe relegarse el conflicto Israel-Palestina, con la resolución anhelada y postergada de la creación de un Estado para este segundo país, aun si igualmente a su adversario sería del orden teocrático. Como tampoco omitirse la aparición reciente del Estado Islámico con su autoproclamado califa Abou Bakr Al Baghadadi o príncipe de los creyentes y contra los impuros, que ve asimismo a las dirigencias sunitas y chiitas falsos musulmanes, e incluso compite con Al-Qaeda. Y por supuesto, deben tenerse en cuenta las primaveras árabes con su sucesivo fracaso; toda vez que a cambio del viento secular, progresista, modernizante, y digámoslo claramente pro-occidental, pecaron en desorganización político-partidista y espontaneidad, no pudiendo impedir el regreso de élites más reaccionarias, cuasi militares y lo que es peor, regidas por el dogma religioso.

Y es precisamente esa separación entre lo público-Estado, religiosos-privado que muchos/as se niegan a entender o aceptar; principiando por quienes comandaron a los asesinos del personal de Charlie Hebdo, y que por demás pescaron en río revuelto, se explica:

Las caricaturas que acompañaron el libro que sobre Mahoma redactó el escritor danés y de izquierda Kare Bluitgen en el 2005 levantaron numerosas manifestaciones de rechazo en países donde impera la ley coránica. En Europa, pese a los descontentos no hubo agitaciones ni manifestaciones públicas. ¿Cuestión de minoría? Pensaría más bien de la aceptación de la laicidad e integración. En el caso francés, y luego que Charlie Hebdo reprodujera un par de esos dibujos y realizase los propios, la cosa no pasó a mayores, o por lo menos no se manifestó con la rabia que sí lo habían hecho grupos extremistas católicos que se han considerados víctimas de los dibujos de este periódico. Lo sustancial es que Charlie Hebdo había sido declarado objetivo militar y en esa empresa los actores materiales, adalides de una versión retrograda del islam necesitaban servirse de mentes frágiles, nihilistas y fanfarronas. Pues aunque la condición de musulmanes tenga cierta importancia, y de ahí que sean los miembros de esta comunidad quienes deben encabezar la oposición a la inquisición en el seno de su cultura, es quizás par o hasta menor que otros aspectos, como el paso por el mundo del hampa. Los hermanos Kuoachi y de Amedy Coulibaly estuvieron vinculados a robos, tráfico de drogas y armas, violencias; aparecen también las dificultades en la escuela y los problemas familiares (que tocan a miles de jóvenes por doquier); los viajes a países con inestabilidad tales que Afganistán, Pakistán, Siria, Libia, Irak; y bien importante el paso por la prisión. Este es el mismo camino recorrido por Mohamed Merah, quien en 2012 mató por la espalda a tres militares que no estaban de servicio y a 4 civiles de los cuales tres eran niños en la entrada de una escuela judía. Mehdi Nemouche, quien el año pasado ingresó al museo judío de Bruselas y asesinó a 4 personas, y por Omar El-Hussein, quien apenas hace un mes disparó contra un centro cultural en Dinamarca segando la vida de 3 personas.

Visto así, estos hombres, se vuelven los paladines y emisarios de guerras declaradas contra Occidente y sus incrédulos a miles de kilómetros. Siendo la prisión el lugar donde muchos de ellos caen encantados por la voz de guías espirituales del salafismo yijadista (que propende por un islam supra-puro pero no de las luces como el profesado por Averroes) quienes les ofrecen otro sentido a sus vidas y a la mejor manera de abandonarlas, en tanto mártires, así sea por causas que apenas comprenden o conocen. Una de estas causas se halla en el pasado reciente colonial francés, particularmente en Argelia, donde además la autoridad francesa de la época no promovió la laicidad, dejando intacto el poder religioso sobre los asuntos sociales. A ello se suma el apoyo del gobierno francés a su homólogo argelino, sindicado de masacres y vejámenes durante la guerra civil que azotó al país de 1991 a 1997. Para que Francia se estremeciese a raíz de un atentado pasaron 20 años, desde los atentados en París dejaron cerca de 100 heridos en 1995, siendo el más recordado el de la estación de Metro Saint Michel donde murieron 8 personas. Prisión y atentados se trenzan porque en lo que compete a los tres asesinos de Charlie Hebdo y el supermercado judío, es bajo los barrotes que encontraron a antiguos militantes de facciones armadas argelinas que combatieron en la guerra mencionada. Asimismo, al observar que personas han sido capturadas o señaladas de cometer o preparar actos terroristas en Francia o contra sus posiciones fuera de su territorios, o quienes han quedado en libertad o han escapado a los cercos militares o policiales se encuentra a antiguos miembros de dichas organizaciones, algunos a la cabeza de la versión Al-Qaeda en los países arabo-bérberos, o de otros grupos en el África del norte y subsahariana que ahora dicen prestar lealtad al Estado islámico.

Otro de los argumentos, quizás más sensato al tiempo más difícil de demostrar tiene que ver con la discriminación que viven los jóvenes franceses, mal llamados de origen musulmán, así a esa categoría étnica (que ha relegado la categoría fundada en la condición social o de obreros migrante) respondan mucho mejor sus padres y abuelos. En un trabajo propuesto por los sociólogos Georges Felouzis, Françoise Liot y Joëlle Perroton en 2005, luego de revisar los nombres de 144 mil estudiantes inscritos en colegios de Burdeos acordaban que los jóvenes cuyos nombres tenían un origen turco, árabe o africano sólo era del orden del 4%; por el contrario lo concluyente fue que el 10% de los colegios escolarizaba al 40% de estos. Tales datos acreditaba las tesis del fracaso de las políticas tendientes a la integración y diversidad social en los barrios populares. Pero no por ello debe perderse de vista, aun si el número de personas de confesión musulmana es elevado en estas zonas, en las cuales el desempleo se ubica en un 20%, y en el caso de los jóvenes entre 15 y 29 años es de 45%, que la dificultad y la posible discriminación cobija por igual a personas y jóvenes que vienen de países de Europa del este, asiáticos e incluso latinoamericanos. Faltan aún muchos estudios desde esta óptica, y el brete es que en Francia están prohibidas las preguntas sobre el origen étnico, por lo que habría que tener en cuenta metodología similares a la implementada por el trio de sociólogos. Ahora bien, no es el sistema el que en principio discrimina, aunque sí algunos de sus funcionarios. Son dichas personas y mecanismos de los que se sirven los que habría que develar. Por igual hay que evitar las amalgamas y los a priori. En un sentido no muy distante otro sociólogo debilita la idea estancada que sostiene que los negros y árabes son controlados por la policía de 5 a 7 veces más que los blancos. En su análisis el investigador dirá que un blanco, si decide vestirse como lo hace un rapero tiene el riesgo de ser controlado 11 veces más que los dos primeros si estos usan vestido y corbata.

Tras los disturbios de 2005 cuando jóvenes de numerosos municipios se sulfuraron luego que dos de sus coetáneos muriesen desgraciadamente electrocutados por un transformador en momentos que se escondían de unos policías que los perseguían, la inversión no se hizo esperar para tratar de responder al problema social que esos actos abrigaban. Remodelación de 500 barrios, renovación de 340 viviendas de interés social y construcción de más de 40 mil apartamentos. Sin embargo esto en nada ha podido contra el comunitarismo o socio-centrismo en ascenso y la discriminación para con sus gentes y jóvenes. Al respecto la responsabilidad es tanto de los sucesivos gobiernos nacionales, como locales, de los cuales buena parte han sido socialistas y comunistas que entre cálculos electorales, la no inmiscuida en las cuestiones culturales, sumada a una reducción de recursos humanos, técnicos y materiales no han tenido la suficiente destreza para consolidar lazos que vinculan a estas personas con los valores republicanos. Además, y en esto pecan todos los gobernantes recientes, la cuestión de la posibilidad de elegir y ser elegido para los no nacionales se posterga a cada gobierno, luego, por solo citar el caso de la Asamblea, ésta nos responde netamente a una imagen de la sociedad francesa, que incluye, entre otras, a la población musulmana. Aun si no puede ponerse en duda que hay cada vez más miembros, cuya élite podría ser considerada en puesto de poder político o económico, no hay una derivación en el segmento que se encuentra abajo del escalafón social.

Es claro que la cuestión del Islam en Francia y la “islamofobia” han cobrado relevancia en los últimos tiempos, y en parte por la recuperación política formalizada por la extrema derecha con el Frente Nacional. Sin embargo, la media general de los franceses presta mayor atención al desempleo y el menoscabo de su calidad de vida. Contra lo que pudiese pensarse y si se tiene en cuenta una encuesta a pocos días de los atentados, es decir una radiografía instantánea y no perene, el 53% de las personas declaraba que Francia estaba en guerra mientras que para un 47% la expresión era exagerada, y si una gran mayoría, el 84%, convenía cuál era el enemigo, esta era el yihadismo, y no el islam en general, como lo pensaba el 16%. Hay indicios de islamofobia pero habría que decir que parejamente o peor hay un antisemitismo en aumento y contra las personas de confesión judía. La prueba es que en la mayoría de casos recientes que han sacudido a Francia y Europa esta comunidad es la que más muertos ha puesto. Con todo, y por ahora, la islamofobia es menor a la que en épocas precisas de la historia francesa recibieron las comunidades de confesión protestante y judía, o de origen italiano, portugués, polonés, y sobre todo, en la actualidad, la población Rom. Además, no debe perderse de vista que la migración musulmana en Francia no supera las cuatro décadas, el caso de los judíos es diferente pues su implantación en Europa data de más de 100 años, y como bien los saben los/as lectores a estos/as le ha tocado también sudar la gota amarga hasta obtener el estatus de ciudadana, que ni siquiera impidió la exterminación o deportación de millones.

Por último, frente a la ridiculización que perciben los creyentes huelga anotar que el problema aun si no está saldado en materia social e histórica por la pugna razón y fe, sí lo está en la Francia moderna en términos jurídicos-políticos, aunque también históricos. Pese a las diferencias entre el ateísmo de Diderot y D’Alembert y el deísmo de Voltaire y Condorcet, los ilustrados concertaban dejar las creencias para el ámbito privado e individual. Luego, la ley de 1905 que separase la iglesia y el Estado es su corolario. Ahora, es Francia, quizás más que en otros países, donde tanto musulmanes como judíos han podido emanciparse, ejerciendo su ateísmo, o crítica a la religión y a sus líderes, para expresarse libremente. Por lo mismo la sátira es precisamente piedra angular de la libertad de expresión, que, sin negar las incoherencias manifiestas, es otra oriflama francesa junto con la Igualdad, Fraternidad y Libertad. Su labor no otra que la denuncia de la desigualdad, los poderes, económico, político, social, y por qué no, el religioso. Su violencia contra los radicalismos es la pluma y el dibujo, no el odio, ni mucho menos un arma, su esencia es el contra-poder. De otra parte, las víctimas de Charlie Hebdo, dizque debido a unos dibujos solo perpetuaron una tradición antigua ya avistada en Cranach el antiguo o Holbein el joven, en Goya, Daumier, Doré, el Taller de gráfica popular en México, Vallotton, Kupka, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht: Georges Grosz, y por supuesto en Pablo Picasso en su trabajo sueños y la mentira de Franco.

Uno puede no estar de acuerdo con los dibujos de estos caricaturistas, pero como se trata de un papel uno no está obligado a leerlo ni mirarlo, es más, lo puede utilizar en una eventual emergencia en el inodoro. Tal lo expuso la Corte Europea de Derechos Humanos al absolver a Charlie Hebdo de una demanda por blasfemia: “La libertad de expresión vale no únicamente para las información o ideas recibidas con fervor o consideradas como inofensivas, sino también para aquellas que hieren, chocan o inquietan el Estado o una fracción cualesquiera de la población. Ello es propio del pluralismo, la tolerancia o el espíritu de apertura, condición de una sociedad democrática. La difamación, la injuria, el ultraje, denigración, ofensa a la vida privada son castigadas. Y las caricaturas de Mahoma se dirigen contra una fracción, los creyentes y no contra el conjunto de musulmanes”.

Tras masacrar a los caricaturistas, amigos/as y empleados en periódico satírico los asesinos salieron gritando cuán grande era su dios, pero como lo puso de relieve en alguna oportunidad un dibujo de ese medio, con Mahoma bastaba para defenderlo. Y si en un poco más tarde agregaron haber matado Charlie Hebdo, pensaría por el contrario que lo resucitaron pues las ventas y abonados que no pasaban de 30 mil se acerca ahora los 300 mil. Con una edición póstuma que ha superado los 5 millones de ejemplares. Sí, yo soy Charlie, y muchos otros más…

Ps: nuevamente el terrorismo nos enluta, y en el país más democrático y próximo a la modernidad de los países árabes: Túnez.