Julie Massal

* Julie Massal

Doctorado en Ciencia Política, Universidad Aix-Marseille III, Instituto de Estudios Políticos de Aix-en- Provence (Francia). Post-doctorado de la U. Rovira i Virgili, Tarragona (España). Becaria Lavoisier (2001-2002) del Ministerio de Asuntos Exteriores (Francia). Investigadora y profesora del IEPRI-UN desde 2005 hasta 2016 e investigadora asociada de FLACSO-Ecuador (desde1999). Ha trabajado sobre los movimientos sociales indígenas y su participación en los procesos de democratización en el Área Andina (Bolivia y Ecuador especialmente). También ha trabajado (postdoctorado y proyectos) en el tema de la migración latino-americana a Europa. Titular de la Maestria Profesional en Oficios de libro de la Universidad de Bourgogne en Dijon, Francia, 2017 (mencion Bien).

Del 24 al 30 de marzo tuvo lugar en Túnez el FORO SOCIAL MUNDIAL, pocos días después del atentado del 18 de marzo en el Museo del Bardo, que dejó 23 muertos (según el periódico L’Humanité del pasado 27 de marzo)1. Este foro convocaba a la “sociedad civil” de muchos países de África del Norte y Medio Oriente, países europeos y Canadá, entre muchos otros. Sin embargo, es de destacar su casi total invisibilidad en los medios de comunicación, que ni antes ni durante esa semana mencionaron o analizaron el evento, con muy contadas excepciones2. En cambio, la marcha de repudio al terrorismo, en respuesta al atentado del Bardo, el 29 de marzo en Túnez, acompañada por tres presidentes extranjeros de países “solidarios” (éstos son los presidentes de Francia, Polonia y el representante palestino M. Abbas), sí recibió una cobertura un poco mayor, aunque nada comparable con la que tuvo el atentado contra Charlie Hebdo en Paris3.

En fin, los movimientos sociales, cuatro años después de las “primaveras árabes”, parecieran haber desaparecido del radar de los observadores o analistas. Este descuido puede explicarse con un rápido examen del cambio de contexto desde entonces.

El olvido de los movimientos sociales en un contexto turbulento

Hubo un verdadero desencanto respecto al porvenir de las protestas del 2011, desencanto tal vez proporcional al fervor mediático que generó esa nueva “ola” de movimientos populares de resistencia al orden global.

En ese momento, cabe recordarlo, se volvió a apostarle a un conjunto de movimientos sociales a punto de florecer, no solo en los países árabes sino en gran parte del mundo: se destacan los movimientos estudiantiles en Canadá (Québec) y América latina (Chile y Colombia especialmente), las protestas contra el regreso de Putin al poder en Rusia, las protestas de los Indignados en España, y de Occupy Wall Street en Estados Unidos. Se hablaba de la “democracia” en el mundo árabe, de las “revoluciones 2.0” y del irresistible poder de las redes sociales Facebook y Twitter, a las que se les adjudicó el rol protagonista en las revueltas en Túnez, Egipto y Medio Oriente. La Revista Times escogió al “Manifestante” como personaje del año4 y la palabra “indignación” parecía haber sido reinventada.

No obstante, el desencanto surgió muy pronto, por varios motivos. El primero es el cortoplacismo y el exagerado énfasis en la “democracia“ como horizonte de análisis5, lo que desemboca en un desinterés drástico cuando los resultados anhelados se hacen esperar o no cumplen las expectativas, o incluso son radicalmente adversos a las predicciones, como ocurrió con la contrarrevolución en Egipto y la guerra civil en Siria. Este interés mediático de la primera hora se esfumó, dejando en el olvido el seguimiento de los acontecimientos, después de las caídas de los mandatarios en Túnez, Egipto o Libia, y posteriormente con los primeros reveses, como el freno o la represión a las protestas en los países del Golfo como Bahréin o Arabia Saudita, y también en Argelia o Marruecos.

Un segundo motivo del “descuido” mediático por los movimientos sociales después de las revueltas del 2011, en particular las del mundo árabe, fue el cambio veloz de contexto geopolítico, marcado por: la pronta “recuperación” del poder por los islamistas en Túnez y Egipto, pese a que no habían sido protagonistas de las protestas, y luego un regreso al régimen militar en Egipto; el aumento de la amenaza “jihadista” en los países de norte-África; la violencia política, con dos asesinatos de líderes sindicalistas y políticos en Túnez en febrero y julio de 2013, así como una serie de incidentes involucrando fuerzas salafistas de ese país. Todo ello volvió a poner en la palestra el rol de la religión en la política y la sociedad, preciso cuando se elaboraban nuevas constituciones, donde se debía decidir al respecto, copando así el interés mediático mientras se prolongaban las luchas sociales de esos países6.

Los retos para la unificación de actores sociales

En semejante contexto, cabe preguntarse qué ocurrió con los actores de las protestas, no solo las clases media-altas que usaron las redes sociales como herramienta de denuncia y movilización, sino el conjunto de actores “populares” (obreros, empleados, campesinos, diplomados desempleados en particular) que se movilizaron en ese entonces?

En primer lugar, se observa un estancamiento y persistencia de los conflictos sociales de los que surgieron las protestas. Esto, cabe resaltarlo, ocurre en un contexto de profunda inestabilidad generada por el conflicto civil en Libia, con fuertes implicaciones geopolíticas en la región, así como por la amenaza jihadista con conexiones en Siria e Irak. Asimismo, persisten los desafíos sociales, en particular: la grave violación a los derechos humanos de los líderes sociales y sindicalistas de varios grupos de protesta en el campo industrial o el tercer sector; las desigualdades socioeconómicas; el desempleo o empleo informal y la pobreza7.

En segundo lugar, existen fuertes retos para la organización de las protestas y el afianzamiento de los movimientos sociales, sus alianzas entre varios países, o entre regiones de un mismo país. Estos retos, como en otros contextos marcados por un alto nivel de penalización, estigmatización o represión de la sociedad civil organizada, son al menos tres: 1) lograr mantener un nivel de movilización estable, a pesar de los riesgos extremos asumidos por militantes y líderes sociales (como ocurre en Egipto en cada manifestación); 2) articular protestas en países marcados por fuertes desigualdades socioeconómicos entre distintas regiones; entre el ámbito rural y urbano; y entre categorías de actores sociológicamente heterogéneas. La situación de 2010-2011 permitió algunas alianzas pero no se han podido mantener. La importancia de las redes sociales para la comunicación entre los actores también ha sido relativizada desde entonces8; 3) los cambios en el mando político: los reveses o la inestabilidad del control del poder por los actores islamistas y sus oponentes, en el contexto de la transición política, han reactivado fracciones sociales en torno al tema religioso, dejando los asuntos económicos relegados a un segundo plano. En el caso de Egipto, donde ocurrió el regreso al poder de los actores armados, el férreo control sobre la oposición se ha incluso intensificado9.

Un proceso interrumpido: estrategias y contextos

Las altas expectativas sobre un nuevo ciclo de protestas nacidas en 2011, ilustraban la sorpresa expresada en muchos rincones del planeta, al ver resurgir o aparecer actores sociales que o bien se creían desaparecidos o extintos (Europa y América del Norte), o bien ausentes o demasiado anclados en el letargo y la apatía después de décadas de autoritarismo (países árabes, Rusia). De hecho, se precisa examinar en cada caso quiénes fueron los actores protagonistas y establecer un cuidadoso análisis sociológico de los mismos.

Sin embargo, más allá del debate sobre los “viejos” y “nuevos” movimientos, lo que sí se observó fue un proceso de difusión de modelos, discursos e influencias mutuas de los distintos procesos de protesta, bastante bien rastreados por el reportaje de K. Andersen (2011). La difusión de mensajes entre los protestantes de Túnez y Egipto sobre las mejores tácticas para enfrentar un tanque, ocupar una plaza y otras estrategias de lucha contra un régimen represivo, son tan solo un ejemplo entre muchos, en ese sentido.

Esta relación entre actores diferentes y anclados en contextos diversos, pero con aspiraciones y discursos comunes, fue muchas veces celebrada como un incentivo poderoso de las protestas y del supuesto “efecto dominó”10, muy cuestionable. Su principal factor explicativo se ubicaba, en muchos comentarios, en el poder de las redes sociales. Esta explicación, sin embargo hace caso omiso del acceso a las redes, muy restringido por la brecha digital, el analfabetismo bastante difundido y otros motivos contextuales; por ende, la audiencia de las redes Facebook y Twitter se limitaba a las clases media-altas y ciertas elites socioeconómicas. Además, no se valoraba lo suficiente el hecho de que intercambiar mensajes (en forma de imágenes o textos) es un aspecto estratégico importante, pero no suficiente para catalizar protestas, dada la diversidad de contextos y de respuestas de los poderes establecidos.

Esos diversos contextos y la variada respuesta de los poderes oficiales llevaron a un abanico de situaciones: desde países donde no hubo casi protestas, o fueron muy rápidamente controladas (Argelia, Marruecos, Jordania, algunos países del Golfo Pérsico) a los países donde la respuesta fue una mera represión sin reparo alguno (Siria, Bahréin) o donde se generó guerra civil después de la caída del mandatario (Libia), pasando por países donde “solamente” se observó un aumento de reformas económicas y sociales y/o de cambios institucionales (Marruecos, Arabia Saudita), o cuanto menos un control menos represivo de las protestas por el ejército, como en el caso de Túnez.

El énfasis mediático en las tácticas usadas en las redes sociales y en los grupos que las usaban, adicionalmente, hizo perder de vista la dimensión socioeconómica álgida que motivaba las protestas en sectores sociales como el campesinado, los empleados públicos y los diplomados desempleados, específicamente11. Esas categorías siguen desatendidas en sus reclamos: aun varios alimentos básicos escasean o son excesivamente caros, los servicios públicos son deficientes, etc. Las demandas de justicia y dignidad también se referían a la pobreza y a la denuncia del costo de los alimentos (que había subido a raíz de la crisis de 2008). Estas denuncias siguen imperando hoy en día.

Las protestas en el contexto de regímenes híbridos12

Pero más allá de lo visible mediáticamente, consideramos la idea del ciclo de protesta de 2011 compleja de evaluar, por varios motivos teóricos y metodológicos.

En primer lugar porque la visión mediática, pero también en ciertos casos académica13, tiende a ser cortoplacista o insuficientemente atenta a ciertos procesos de largo alcance, como lo son los procesos de deslegitimación del régimen político, que antecedieron la caída del mandatario por al menos 10 años en Egipto y 15 años en Túnez. Por ende, si bien el derrumbe del poder es la parte visible del iceberg y la que recibe atención mediática y del conjunto de observadores, había varios indicios de un aumento de la protesta en los países árabes en los años anteriores, y no fue tan repentino el “despertar del pueblo” como se suele pretender.

En segundo lugar, porque es imposible analizar tantos casos de protesta sin tomar en cuenta la diversidad de contextos y la especificidad de cada país, antes de poder concluir sobre un eventual ciclo común de protestas que iniciaría y terminaría en el mismo periodo en todos los casos. Aún si los periodos coinciden grosso modo, los factores explicativos son tan multidimensionales que encontrar la o las variables más determinantes que ocasionan dicho ciclo de protesta es, en el mejor de los casos, una tarea de largo alcance para un amplio conjunto de analistas.

En tercer lugar, a un nivel más teórico, la idea de “ciclo de protesta” (desarrollada por S. Tarrow), es bastante conocida por los estudiosos de la movilización social y de los procesos revolucionarios, pero implica fuertes retos analíticos: no es suficiente ubicarlo cronológicamente a grandes rasgos. Señalemos algunos de estos retos, para enfatizar la importancia de la tarea de análisis que estas revoluciones o revueltas árabes (dos calificativos que se han empleado) han puesto de nuevo en el tapete14 para los estudiosos del cambio político, la movilización y la revolución.

Un primer reto consiste en recuperar una mirada sociológica precisa y de mediano o largo plazo, para evaluar los antecedentes, factores y motivos de las protestas y proponer una visión comparada sociológica de las protestas en función de su contexto socioeconómico, político e institucional.

Un segundo reto consiste en ampliar y afinar el análisis de los contextos (espacios, lugares) de la protesta más allá de las capitales, incluyendo las zonas periféricas donde empezaron o se desarrollaron; específicamente se debe incorporar mejor el ámbito rural, con estudios de corte etnográfico preciso y enfocado en los actores y los acontecimientos, tarea que está en curso.

Un tercer reto es establecer las variables para la comparación de casos más diversos entre sí, y evaluar por qué las protestas recibieron tan fuerte represión en ciertos países y una respuesta menos fuerte en otros contextos. En particular el análisis del rol de las fuerzas armadas y servicios de inteligencia oficiales y secretos alrededor del mandatario; o el vínculo entre ejército y policía con el pueblo, son una dimensión importante a desarrollar, incluso para explicar el caso de la contrarrevolución en Egipto, o la feroz represión y guerra civil en Siria.

Un cuarto reto consiste en un análisis multidisciplinar de las revueltas, con mayor dialogo entre expertos en temas de movilización y de la revolución, pero también entre sociólogos, historiadores, economistas entre otros; eso, en aras de entender cómo fue posible la constitución de alianzas entre ciertas elites económicas y los actores sociales en el momento de las protestas, y qué ocurrió luego con ellas.

Finalmente, un quinto reto, aún más complejo, es pensar en posibles comparaciones con procesos de movilización y revolución de otros contextos y países, o al menos la posibilidad de aprender de las experiencias árabes para la reflexión sobre el debate de los regímenes híbridos, los procesos de cambio social en un contexto autoritario, y los procesos de movilización de alto riesgo. Esto es particularmente pertinente desde una vertiente de análisis que ha cobrado fuerza en torno a las revueltas árabes, enfocada en las emociones involucradas en la movilización social. Senda de análisis que podría ser muy útil para comprender algunos procesos de movilización social en Colombia.

  1. « Tunisie : le double défi de la révolution : lutte contre la pauvreté et sécurité », L’Humanité (27-03-2015) : http://www.humanite.fr/tunisie-le-double-defi-de-la-revolution-lutte-contre-la-pauvrete-et-securite-569737
  2. Esas se encuentran principalmente en la « prensa alternativa » en Francia; por ejemplo sitios de información como Basta Mag cercano a las luchas alterglobalistas, en su ítem “Resistir” : http://www.bastamag.net/Resister
  3. Ver Radio Francia Internacional (RFI/Afrique): http://www.rfi.fr/afrique/2min/20150329-tunis-dizaines-milliers-personnes-marchent-contre-terrorisme-hollande/ ; « Des milliers de Tunisiens dans la rue contre le terrorisme » : L’Orient-Le Jour (31-03-2015): http://www.lorientlejour.com/article/918146/des-milliers-de-tunisiens-dans-la-rue-contre-le-terrorisme.html
  4. Andersen Kurt, “The protester”, Times, 14-12-2011. http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2101745_2102132,00.html
  5. En ese momento, pusimos en tela de juicio la calificación de “primavera árabe” así como la de “revolución democrática”: Massal Julie, “Los sublevamientos en el mundo árabe: ¿hacia una democratización? (el caso de Túnez y Egipto)”, Análisis Político, Bogotá, IEPRI-UN, sept.-dic. 2011, n°73, pp. 97-117.
  6. Sobre los acontecimientos en Túnez y Egipto entre 2011 y 2013: Massal Julie, Revueltas, insurrecciones y protestas sociales. Un panorama de las dinámicas de movilización en el siglo XXI, Bogotá, IEPRI-UNAL & Penguin-Random House, 2014, 1ª ed., pp. 340-412. (cap. 7)
  7. F. Aubenas: “Trans-Maghreb Express. Récit d’une épopée” en Le Monde (septembre 2014): http://www.lemonde.fr/a-la-une/visuel/2014/09/13/trans-maghreb-express-recit-d-une-epopee_4484410_3208.html
  8. Revista Egypte Monde Arabe (EMA), troisième série, n°12, 2015 (dossier), « Evolution des systèmes médiatiques après les révoltes arabes : Nouvelles directions de recherche », http://ema.revues.org/3369 (consultado el 25 de marzo de 2015).
  9. Esto incluye la prohibición de las protestas, el encarcelamiento de manifestantes, la tortura de los sospechados de oposición y la vigilancia de la misma: “A new authoritarian regime in Egypt: controlling power and eliminating dissent », Report of Arab Reform Initiative (Dina el Khawaga), November 2014. (pdf).
  10. Como si las protestas en Túnez, las primeras, hubieran desencadenado las de Egipto, Libia etc. Esta interpretación tiene serios reparos, porque en caso de ser un efecto de “contagio” regional, no se explica la debilidad de las protestas en países vecinos como Argelia y Marruecos en ese momento. Además porque la caída del mandatario no es sinónimo de derrumbe completo del régimen militar. Es preciso examinar los procesos de difusión de estrategias de movilización, sin descuidar las especificas de cada contexto.
  11. Massal 2011, op. cit.
  12. Dabène Olivier, Geisser Vincent, Massardier Gilles (eds.), Autoritarismes démocratiques. Démocraties autoritaires au XXIe siècle, Convergences Nord/Sud, Paris, La Découverte, 2008. El “Régimen Hibrido” mezcla elementos de democracia y autoritarismo, contrario a lo establecido en la tipología clásica.
  13. Incluso los expertos de la región señalaron lo difícil que era prever los acontecimientos y hubo amplios debates sobre los motivos de esa sorpresa, en particular porque el “lente” estaba en analizar los factores de estabilidad de los regímenes y se pasó por alto los indicios de deslegitimación. Había un sesgo entre los analistas de la “fuerza de la obediencia” versus los que se interesaban por “la fuerza de la desobediencia”. Para mayores detalles: Massal 2014.
  14. Bennani-Chraïbi Mounia et Fillieule Olivier, « Pour une sociologie des situations révolutionnaires. Retour sur les révoltes arabes », Revue française de science politique, 2012/5 Vol. 62, p. 767-796.