John Alexander Castro

* John Alexander Castro

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Estudios Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional y Doctorando en Estudios Sociales en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Además, es profesor e investigador en la Universidad Antonio Nariño en Bogotá, catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional y autor de distintos artículos sobre barras bravas

En esta nueva columna quiero agradecer, nuevamente, la supuesta generosidad que usted, señora Parody, dice mostrar frente a las peticiones de los maestros colombianos. Sin embargo, empiezo a dudar de su generosidad porque las cuentas siguen sin cuadrarme y tampoco estoy convencido de su preocupación: ¡Que vuelvan los niños a clase!

Señora ministra, si a usted le preocupa la educación de los niños, ¿por qué motivo usted no los educa? ¿Cómo puede hacerlo? Sencillo, explicándoles –como hacen todos los profesores, eso mismo que usted no quiere escuchar– sobre el aumento salarial del 10% propuesto por el gobierno nacional. Le puedo colaborar en la explicación. Ese incremento requiere una reforma constitucional. Luego de la aprobación de la reforma, el aumento se daría en los 4 años siguientes a su aprobación. Pero es un aumento acumulado, cada año se incrementaría el 2.5%. Por tanto, ese incremento salarial no puede realizarse en un futuro inmediato. Asimismo, aproveche esa explicación para informarles a los colombianos que los docentes no han recibido el aumento salarial pactado para 2015, y aún continúan recibiendo el salario de 2014.

Señora ministra, si a usted le preocupa la educación de los niños, ¿por qué motivo ordenó seguir el modelo de enseñanza de matemáticas de Singapur? Un modelo completamente alejado de nuestras necesidades y nuestra idiosincrasia. Quizá en Singapur tienen buenos resultados en la Prueba PISA, una prueba de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, OCDE. ¿Aunque para qué le sirven los resultados de esa prueba a nuestros problemas pedagógicos y cotidianos? Bueno, aceptemos que se va a seguir ese modelo de enseñanza. Sin embargo, no se hará completamente, pues los maestros serán tratados como profesores colombianos, es decir, a los docentes no se les otorgará las condiciones laborales y salariales de Singapur. Pero sí deberán imitar modelos de enseñanza extranjeros.

Y si se va a copiar un modelo, ¿por qué no el modelo de Finlandia? Un país donde los maestros más preparados, con doctorado, educan a los niños más pequeños. Además, reciben una remuneración salarial, acorde a sus títulos universitarios. Ese modelo me ha hecho recordar una afirmación de Pitágoras: “Educa al niño y no castigarás al hombre”. Si le preocupa la educación de los niños, ¿por qué no convocar a profesores, egresados y estudiantes, de las distintas facultades y universidades dedicadas a la pedagogía en Colombia, a construir un modelo de enseñanza colombiano, para colombianos? Sí, ellos, colombianos como usted y yo, que están presentes en las aulas y saben las necesidades educativas de las distintas regiones de este país. De esa manera, será posible alcanzar el propósito “Colombia la más educada en 2025”.

Señora ministra, si a usted le preocupa la educación de los niños, le recuerdo que en el año 2013, se convocó a un nuevo concurso para proveer cargos docentes y directivos docentes para Población Mayoritaria y Población Afrocolombiana Negra, Raizal y Palenquera. El examen fue realizado el 28 de julio de 2013. No obstante, los docentes que aprobaron el examen (prueba de aptitudes y competencias básicas y prueba psicotécnica), entregaron los certificados correspondientes (diplomas y cartas de experiencia laboral), presentaron la entrevista, tienen el resultado consolidado y se encuentran en la lista de elegibles. Al día de hoy, 29 de abril de 2015, no han sido nombrados y, en consecuencia, no han asumido su cargo.

En consecuencia, ¿por qué motivo no le inquietan los miles de niños que reciben clases con profesores temporales ya que no han sido nombrados los profesores que, por mérito, aprobaron el concurso? Por su puesto, señora ministra, sé que ese concurso no depende de usted. Pero ante esa situación, usted ha vuelto a guardar silencio o dirige la responsabilidad a terceros, quienes no dan respuestas en los tiempos acordados.

Señora ministra, si a usted le preocupa la educación de los niños, debe aceptar que los profesores deben preparar clase, realizar acompañamientos, construir evaluaciones escritas y orales, aplicar esas pruebas, pasar notas, elaborar informes académicos y convivenciales, asistir a capacitaciones, organizar reuniones con padres de familia, explicar los informes académicos en forma individual, aplicar recuperaciones y más recuperaciones, las que infinitamente permite el Decreto 1290 de 2009.

Sí, señora ministra, los profesores pasan seis horas en la institución educativa, con un promedio de clase de 4 horas y 30 minutos diarios, es decir, que tienen 1 hora y 30 minutos diarios, sin descanso, para realizar todo lo que he señalado. Y si no alcanzan, deben llevarse su trabajo a casa –a realizarlo en la mañana, la tarde o la noche o los fines de semana– porque a los profesores les preocupa que los millones de niños, niñas y jóvenes, sigan aprendiendo a escuchar, a leer, a escribir, a pensar y a soñar a Colombia. Señora ministra, si hace ese reconocimiento seguro logrará validar su planteamiento: “En diez años, ser maestro será lo más taquillero”, porque su afirmación será admitida en la práctica.

Señora ministra, si a usted le preocupa la educación de los niños, debe dejar a un lado su arrogancia y su elitismo. Por ese motivo, puede poner en práctica su especialización en resolución de conflictos pues su propósito es buscar una salida concertada al problema actual. Por lo tanto, cada parte involucrada se comprometerá a cumplir los acuerdos pactados. De esa manera, usted validará su especialización y le enseñará a todos los colombianos y colombianas que el diálogo, en nuestro país, sí es posible y no se quedará en pura retórica arbitraria, como hasta el momento lo ha demostrado. Y si es capaz de hacerlo, usted señora ministra, habrá educado a esta generación de niños –que tanto le preocupan–, en el diálogo, la concertación y el camino hacia la paz.