Poco tiempo después de haber despedido a su primer ministro y nombrado un nuevo jefe de gobierno, el presidente haitiano, Michel Joseph Martelly, se confrontó con un movimiento de contestación en el seno del espacio estudiantil. A continuación se ofrece un recuento de este movimiento que marcó de manera significativa el espacio político haitiano entre enero y marzo de 2015.

Una lucha por el “respeto de la cualificación”: el primer acto de la crisis

La movilización estudiantil empieza con el movimiento contestatario de los estudiantes de la Facultad de Agronomía y de Medicina Veterinaria (FAMV) de Damiens (situado en la periferia norte de la capital). Se trata de un desacuerdo entre los estudiantes y el gobierno haitiano sobre el personal que debe asumir la dirección del Ministerio de Agricultura de los Recursos naturales y del Desarrollo rural (MADNDR), que comparten los mismos locales de la Facultad. En la reorganización ministerial, la cuarta desde que el presidente Martelly llegó al poder, este Ministerio había conocido un cambio de personal más importante que los otros ministerios. El Ministerio se ve dotado de un nuevo titular: Thomas Jacques cede su lugar a Jean-François Thomas. La llegada del nuevo ministro es acompañada del arribo de dos nuevos secretarios de Estado a la dirección del Ministerio: Fednel Monchery (Reforma Agraria) y Pierre André Gedon (Reactivación Agrícola).

Los estudiantes de la Facultad se movilizan para protestar contra la nominación de los nuevos ejecutivos del ministerio. Ellos califican su movimiento de protesta como una lucha por el “respeto de la cualificación”. Según ellos, los nuevos dirigentes situados a la cabeza del Ministerio no estarían cualificados para ejercer su función. La concesión de estos puestos respondía a una lógica política; debían sus puestos a su proximidad con el Jefe de Estado. A esta explicación, que tendría que ver con un tipo de clientelismo clásico, se agrega otra lectura un tanto política hecha por los contestatarios: algunos estudiantes interrogados piensan que el gobierno nombró los nuevos funcionarios de la dirección del Ministerio para satisfacer la reivindicación de una franja de la oposición.

Con el objetivo de forzar el Estado a revaluar su decisión, los estudiantes prohíben el ingreso del nuevo ministro al Ministerio, lo que impide su investidura por el nuevo Primer Ministro, Evans Paul. A pesar de la intervención de las fuerzas del orden, los futuros agrónomos persisten y firman: los nuevos ejecutivos no van a penetrar las murallas de la Facultad en donde se encuentra también el Ministerio de la Agricultura. Para intensificar su movimiento de protesta, los estudiantes bloquean con barricadas y neumáticos inflamados la ruta nacional n.1, que pasa cerca de su unidad de enseñanza, impidiendo así la circulación.

Poco a poco, el movimiento estudiantil de Damiens se amplifica. Se beneficia de un doble apoyo: interno y externo. Poco a poco, los ejecutivos del Ministerio, quienes temen de pronto perder su trabajo por causa de los trastornos que podrían surgir en el seno del personal con la llegada de los nuevos dirigentes, se unen a la protesta. De otro lado, los estudiantes pertenecientes a otros centros de enseñanza de la Universidad del Estado de Haití, inician otro movimiento de paro y de movilización. Esta vez quieren aprovechar la situación socio-política del país para hacer su irrupción en la escena de la contestación.

Una movilización en favor de la baja del precio del petróleo

La situación del país es dominada por el aumento del precio del carburante y, por rebote, por la baja del poder adquisitivo de los hogares. Dado que el petróleo es un producto estratégico, todo crecimiento del costo de éste, entraña la subida de los precios de otros productos de la canasta familiar. Lo que parece incomprensible a los ojos de la población, es que la subida del precio del carburante en el mercado local se hace en un momento en donde el precio del barril de petróleo sufre una caída remarcable en el mercado internacional: pasa por debajo de US$50 en un momento dado. A esta situación económica, marcada por una inflación evidente, se suman los problemas políticos que enfrenta la administración Martelly. Ésta se confronta, en efecto, a la oposición creciente que logra transformar el descontento social, presente en el seno de la población, en una ira popular que se manifiesta a través de varias manifestaciones de calle organizadas contra el gobierno. Aunque no siempre son exitosas, a veces estas movilizaciones de calle convocan masas considerables. Los manifestantes reclaman la salida del equipo en el poder. La oposición inicia desde el mes de diciembre de 2014 una operación nombrada “operación Burkina Faso”, en referencia al movimiento de contestación popular que hizo que cayera Blaise Compaoré después de veintisiete años de reinado. Este movimiento creciente preocupa al presidente Joseph Michel Martelly quien, para calmar el juego, acepta despedir a su primer ministro Laurent Salvador Lamothe, con quien, se dice, tenía relaciones de negocios y de amistad desde mucho tiempo atrás.

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Es sobre el fondo de esta situación sociopolítica explosiva que los estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas (Fasch), de l’École Normale Supérieure (ENS), del Instituto nacional de gestión y de estudios de élite internacionales (Inaghei) y de la Facultad de etnología (FE), van a emprender un movimiento de contestación para exigirle al Estado haitiano la baja del precio del petróleo. El método de lucha de los estudiantes es el mismo que el de sus homólogos de Damiens: durante varias semanas, las facultades no funcionan, los estudiantes ocupan las calles, erigen barricadas, incendian vehículos del Estado (a veces de la Minustah1). Al fin del mes de febrero de 2015, el movimiento estudiantil parece llegar a otra etapa: los manifestantes deciden confrontar las fuerzas del orden. Hasta este momento, los estudiantes protestaban al nivel de los lugares de sus facultades respectivas. En el peor de los casos, ocupaban la calle cerca de su centro de enseñanza. Sin embargo, la detención de uno de ellos, Chedler Guilloux2, se convirtió en un detonante en esta nueva fase: desde este momento, organizan manifestaciones de calle, no temen afrontar la violencia policial. Estas marchas permitieron a los estudiantes subir su perfil, al recorrer varios barrios populosos del aire metropolitano. El objetivo de su estrategia es doble: de un lado, sensibilizar a las masas populares, que rebosan de frustración, sobre la necesidad de hacer una frente común para exigir el poder en lugar de demandar las medidas que buscan mejorar sus condiciones de vida, como la baja del precio de petróleo. De otro lado, esta aproximación es sin duda una tentativa de “reconciliación” de los estudiantes con cierta franja de las clases populares. Durante los acontecimientos que lograron la caída del presidente Jean Bertrand Aristide en 2004, los estudiantes se movilizaron en las manifestaciones anti-Aristide. La posición de los estudiantes fue muy criticada en estos barrios populosos y populares, que eran pro-Aristide.

La violencia, un componente de estas movilizaciones

En las manifestaciones de calle, los estudiantes no vacilaron en recurrir a la violencia colérica3 para hacer entender sus reivindicaciones, las cuales giraban esencialmente alrededor de la baja del costo del petróleo y la liberación de su compañero encarcelado, cuyo estado sanitario era muy crítico, como consecuencia de los golpes y las heridas recibidas durante su detención. Varias voces se levantaron para denunciar los malos tratos de los que fue víctima Chedler Guilloux. El conjunto de estas denuncias dieron un nuevo impulso a la movilización de los estudiantes, más determinados que nunca de ir hasta el final. Se asiste entonces a lo que parece ser una radicalización del movimiento estudiantil que exige desde este momento la salida del Presidente de la República y su Primer Ministro. En esta fase, la movilización estudiantil se beneficia de un nuevo impulso de parte de la oposición política, que exige también la dimisión del equipo Martelly.

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La violencia contestataria implica su corolario, la violencia de Estado. Existe una interrelación entre estos dos tipos de violencia: una llama a la otra. La violencia colérica es cuidadosamente combatida por el Estado. Los estudiantes utilizan la violencia para forzar la mano del Estado, que debe responder a sus reivindicaciones. Mientras que las fuerzas del orden, las únicas depositarias de una violencia física legítima, no se privan de utilizarla. De ahí que se origine una cadena de violencia que parte de las provocaciones de los estudiantes a los policías y continúa con la respuesta violenta de estos últimos. Lanzamiento de piedras de un lado, gas lacrimógeno y detenciones del otro, las manifestaciones constituyen un teatro de enfrentamiento entre estudiantes y policías. La cólera de los manifestantes se traduce a veces en la embriaguez de romper todo, incluso los bienes de los que se beneficia la comunidad. Esta cólera se caracteriza por la búsqueda de “beneficios psicológicos inmediatos bajo la forma de una liberación brutal, en actos, de tensiones interiores”. A veces es contraproductiva en la medida en que ocasiona pérdidas para el país, pero también porque no siempre alcanza el resultado esperado (por ejemplo, la baja del precio del petróleo no tuvo lugar, a pesar de la movilización estudiantil fuerte que se expresó a veces en actos que implicaban una fuerza física destructiva). En ocasiones la violencia de las fuerzas del orden es necesaria para contener los derrapes de los contestatarios. Su papel de instrumento de control social le confiere un carácter altamente legítimo. Sin embargo, hay que decirlo, a veces se registran “episodios” a menudo graves en las operaciones que llevan a cabo. Varios estudiantes son heridos por balas de caucho. Las granadas de gas lacrimógeno son lanzadas en proporciones a menudo desproporcionadas. Estas brutalidades policiacas son censuradas por un buen número de observadores nacionales e internacionales. Los profesores extranjeros que enseñan en Haití en el marco de la colaboración entre la Universidad Paris VIII y la École Normale Supérieure, denunciaron, a través una carta, los actos de violencia física de los que fue víctima el estudiante Chedler Guilloux.

Hay que situar estas movilizaciones estudiantiles, muy presentes en la arena política nacional durante estos últimos años, en la tradición de las luchas estudiantiles establecidas en el país desde finales de los años 1920. Desde este periodo, las luchas estudiantiles aparecen en momentos estratégicos de la vida política haitiana. El paro estudiantil de 1929 contra la presencia de tropas norteamericanas de ocupación, inició una larga serie de luchas estudiantiles en la historia política de Haití. Los movimientos estudiantiles de 1946 y de 1956 provocaron trastornos profundos en la escena política nacional. Los movimientos que precedieron los de 1956, se constituyeron sobre todo en detonantes de la crisis. El de 1956 tuvo un carácter más durable y objetivos más políticos. Fue silenciado por el Gobierno de François Duvalier por medio de una represión salvaje, a través de la cooptación y del control estricto sobre las actividades de los jóvenes en la universidad.

  1. Misión de los Naciones Unidas por la estabilización en Haití.
  2. Chedler Guilloux es un estudiante de la École normale supérieure. Fue detenido y herido gravemente antes de ser entregado a la policía, por los agentes de seguridad de un organismo público (la Corte suprema de cuentas y del contencioso administrativo). Fue acusado de incendiar un bus perteneciente a la institución.
  3. Philippe Braud define la violencia colérica como « un acting out destructor provocado por una descarga de agresividad ». Ver Braud Ph., « La violence politique. Repères et problèmes », en Ph. Braud (dir.), La violence politique dans les démocraties européennes occidentales, L’Harmattan, Paris, 1993, p. 28.