Con la muerte de once soldados en el Cauca, tras un ataque realizado por las Farc, el objetivo de avanzar en el desescalamiento del conflicto armado sufrió un fuerte golpe y volvió a agudizar la confrontación. También trajo consigo una victimización del Ejército y un desplazamiento de la pregunta por el papel que desempeñaría en el posacuerdo hacia un cuestionamiento por la necesidad de continuar con la presión militar hasta la firma de un acuerdo. Este cambio le permitió a una oposición que ya se estaba quedando sin argumentos frente a la opinión pública, tomar un segundo aire en sus críticas a la negociación. En suma, este suceso nos tiene ahora en un momento de escepticismo, después de que la decisión de marzo de disminuir la intensidad de la guerra había generado una sensación general que contradecía la idea de que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado.

57 Teopoco1

 

Antes del ataque de las Farc, las negociaciones iban encaminadas a la reducción de las hostilidades, lo que se había expresado en la declaración de un cese unilateral al fuego por parte del grupo guerrillero, y la posterior respuesta del Gobierno nacional de suspender los bombardeos de la Fuerza Aérea sobre los campamentos de la guerrilla. Esta dinámica había estado acompañada por el anuncio de un acuerdo entre los equipos negociadores para llevar a cabo el desminado en ciertas zonas del país. Así, el fortalecimiento de la negociación había generado un cambio en los postulados iniciales del Gobierno sobre el cese al fuego, y éste ahora parecía una opción cada vez más plausible.

La percepción de un inminente acuerdo entre las Farc y el Gobierno se había reflejado en un cambio táctico de la oposición al proceso de paz. Esto se manifestó en la posición que asumió este sector respecto al acuerdo de desminado, frente al que se limitaron a señalar que si bien podía ser una promesa vacía, podría hacer parte de un programa de reducción de penas. En este sentido, Álvaro Uribe Vélez afirmó que “como crimen de lesa humanidad yo entiendo que si los terroristas participan en el desminado se pueda considerar para una disminución de la pena pero no se puede olvidar que hay de por medio un crimen de guerra que debe tener cárcel”. Así, si bien se mantuvo el inamovible de la cárcel como tipo de pena a aplicar, había una aceptación tácita de que el programa de desminado podía iniciar, y que no se podía discutir contra el hecho inevitable de que se llevara a cabo. Queda claro que incluso para el uribismo el acuerdo era un hecho. ¿Por qué se propondría la disminución de penas con esta clase de trabajos si no se pensara en una finalización exitosa del proceso o en una posibilidad real de que eso ocurriera?

Por otro lado, antes de lo ocurrido en el Cauca, uno de los puntos centrales de la agenda de los diálogos había sido la discusión sobre lo que significaba un reconocimiento real a las víctimas. En línea con este debate varios actores habían manifestado sus dudas sobre la forma en la que el Gobierno estaba negociando este punto. Desde la oposición, el Procurador Alejandro Ordóñez fue particularmente incisivo en sus críticas a la posibilidad de que se llegara a un acuerdo que no contemplara penas de cárcel a guerrilleros perpetradores de crímenes atroces1. Desde los observadores internacionales que apoyan los diálogos, Kofi Annan manifestó la necesidad de cumplir unos mínimos internacionales2, y con el objetivo de garantizar este reconocimiento, varios representantes de víctimas3 habían hablado de la necesidad de continuar avanzando en el primer proceso de paz en Colombia que ha contado con su participación. Sin embargo, tras la muerte de los militares, la discusión por el reconocimiento se trasladó casi exclusivamente a la visibilización de las Fuerzas Armadas como víctimas, dejando de lado el debate sobre su responsabilidad en el aumento de muertos y heridos civiles durante los enfrentamientos con la insurgencia.

También hubo cambios respecto al reconocimiento del carácter de las Fuerzas Armadas en la coyuntura del país. Antes del ataque en el Cauca, el Ejército era caracterizado, por parte del Ejecutivo, como un “arquitecto de la paz”4, que estaba recomponiendo su orientación con el objetivo de mantener el orden público tras la firma del acuerdo entre las Farc y el Gobierno. De hecho, la visión del Gobierno se basaba en que «son las victorias y los logros de las Fuerzas Armadas en la última década los que han permitido esta situación»5. En relación con esa dinámica, cinco generales ingresaron a la mesa de negociaciones para participar en la subcomisión técnica de cese al fuego. Esta decisión fue bien recibida en la opinión pública, pues implicaba que las Fuerzas Armadas se integraban al proceso de paz con el objetivo de hacer viable el panorama de posacuerdo.

No obstante, la decisión del presidente Santos de modificar la presencia permanente del general Mora y el general Naranjo en el equipo negociador del Gobierno, generó un cambio en la situación. Por un lado, algunos actores opositores al proceso declararon que esta decisión era “un mensaje de desconcierto y a la vez de desconfianza a la comandancia de las Fuerzas Armadas”6, ya que como aseveraron el Centro Democrático, oficiales retirados y algunos columnistas7, la presencia permanente del general Mora en la mesa garantizaba una protección a las posiciones del Ejército en un escenario de posacuerdo. Al no estar él en La Habana se estaría negociando a espaldas de esta institución cuestiones propias de la misma, o en otras palabras, su estructura tras la firma del acuerdo y el mantenimiento de sus prebendas. Sin embargo, por otra parte, desde la Presidencia se afirmó que la tarea asignada al general Mora era hacer “pedagogía por la paz” en las diversas bases militares del país sin salir de la mesa de negociaciones.

57 Teopoco2

En este contexto, la gestión del general Mora intentó mantener el papel de las Fuerzas Armadas como actor de la paz, al aseverar frente a efectivos de la base militar de Larandia (Caquetá) que “no está en peligro nuestro futuro, no está en peligro nuestro sueldo de retiro, no está en peligro la salud, ni las viviendas, ni todo lo que hemos tenido. Se los digo aquí de todo corazón: no veo el peligro”8. Pero la tensión ya había escalado a niveles mayores de los que podrían resolverse con una afirmación de este tipo. Así, el camino quedó libre para que un acto de guerra de la insurgencia tuviera más trascendencia que antes. Esto no deja de lado el hecho de que el ataque perpetrado por las Farc fuera una ruptura del cese al fuego que esta organización había proclamado, así como que se tratara de un ataque flagrante contra una unidad militar que no estaba combatiendo en ese momento.

Esto se dio en un contexto en el que el Presidente Santos había convocado una Comisión Asesora para la Paz, orientada a ser un instrumento integrador de diferentes sectores de la vida política nacional[9.De la Comisión hacen parte el exalcalde de Bogotá Antanas Mockus; la presidenta del partido de izquierdas Polo Democrático Alternativo y excandidata presidencial Clara López, y el cardenal Rubén Salazar. Igualmente la integran el presidente del grupo Bancolombia, Carlos Raúl Yepes; el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Julio Roberto Gómez; el general retirado y exministro de Defensa Rafael Samudio Molina, así como la exguerrillera del desmovilizado Movimiento 19 de Abril (M-19) y exsenadora Vera Grabe, así como como el expresidente Andrés Pastrana (1998-2002) y la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez. El Espectador. http://www.elespectador.com/noticias/paz/se-inicia-primera-reunion-de-comision-asesora-paz-articulo-5496289, incluyendo a la oposición. Bajo el objetivo de generar un espacio de asesoramiento y participación, y a sabiendas de que el uribismo rechazaría la invitación, el Gobierno buscaba que este sector se autoexcluyera de la discusión sobre la implementación de los acuerdos. Así, en un momento en el que las críticas del uribismo no tenían eco por fuera de su base electoral, el ataque de las Farc le dio nuevos aires a los argumentos de la oposición.

Con todo esto parece claro que las negociaciones dieron un paso atrás, ya que los avances de la mesa en los últimos meses habían estado orientados al objetivo de parar la guerra, antes que a acordar más puntos de la agenda. En este sentido, lo ocurrido en el Cauca redujo drásticamente las posibilidades de llegar a un cese al fuego bilateral, retrasando el final del conflicto, y agudizando las confrontaciones. De esta forma, el proceso de paz pasa ahora por un momento de escepticismo que ha sido aprovechado por los opositores a estas negociaciones, que ahora vuelven a intervenir en los grandes debates sobre los acuerdos, tras un periodo en el que habían reducido su presencia a su círculo electoral cercano.

Ahora bien, hay que ver si este retroceso es culpa específica de algún actor, como han insistido muchos sectores de la opinión pública nacional; o si se debe a la dinámica inestable de los diálogos, ya que como se ha visto, la coyuntura puede generar grandes cambios en la continuación de los diálogos. Esto muestra que, a pesar de todo, es un riesgo constante en la posibilidad de llegar a una solución política del conflicto: mientras no se acuerde todo, todo puede fracasar.

  1. Santos está dispuesto a reunirse con Uribe para abordar detalles del proceso de paz. El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/paz/santos-esta-dispuesto-reunirse-uribe-abordar-detalles-d-articulo-549200 (13 de marzo de 2015) ‘Se pretende callar al Procurador cuando acude a órganos internacionales a pedir no impunidad’ El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/se-pretende-callar-al-procurador-cuando-acude-organos-i-articulo-549661 (16 de marzo de 2015)
  2. Los acercamientos del uribismo a la paz. El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/los-acercamientos-del-uribismo-paz-articulo-546636 (28 de febrero de 2015)
  3. Entre ellas están Carmen Palencia, presidente de la Asociación Nacional de Víctimas por la Restitución y el Acceso a la Tierra; Pastora Mira, líder de víctimas del oriente antioqueño Y Siervo Antonio Bacca, un líder de víctimas del Catatumbo.
  4. Las Fuerzas Armadas no están en negociación, dice Mindefensa. El País. Disponible en: http://www.elpais.com.co/elpais/colombia/noticias/fuerzas-armadas-estan-negociacion-dice-mindefensa (24 de marzo de 2015)
  5. ‘Fuerzas Armadas seguirán protegiendo a los colombianos’: Mindefensa. El Tiempo. Disponible en: http://www.eltiempo.com/politica/justicia/suspenden-bombardeos-a-farc-habla-mindefensa/15383295 (12 de Marzo de 2015)
  6. CAMBIO DE ROL AL GENERAL MORA. El Colombiano. Disponible en: http://www.elcolombiano.com/opinion/editoriales/cambio-de-rol-al-general-mora-IN1582497 (26 de marzo de 2015)
  7. En esta línea se destacaron los argumentos del contralmirante (r) Luis Carlos Jaramillo Peña y los generales (r) Ricardo Rubianogroot y Víctor Álvarez Vargas, quienes renunciaron a ser asesores del general Mora tras los cambios en la mesa. El Movimiento Centro Democrático: Centro Democrático formaliza sus reparos al proceso de paz. El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/centro-democratico-formaliza-sus-reparos-al-proceso-de-articulo-552326 (30 de marzo de 2015). El general (r) Jaime Ruiz Barrera: El costo de romper la confianza. El Espectador. http://www.elespectador.com/noticias/politica/el-costo-de-romper-confianza-articulo-552046 (29 de marzo de 2015) Y varios columnistas como Carlos Alberto Giraldo Monsalve y Juan David Ramírez Correa, así como los editores del diario El Colombiano se manifestaron en el mismo sentido.
  8. ‘Si yo he contribuido a fortalecer a las Fuerzas Militares, cómo las voy a debilitar’: Santos. El Espectador. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/paz/si-yo-he-contribuido-fortalecer-fuerzas-militares-voy-d-articulo-552111 (29 de Marzo de 2015).