El conversatorio realizado el miércoles 6 de mayo “y ¿dónde está la sociedad?” organizado por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Colombia y el Portal Palabras al Margen, abrió un importante escenario de debate que nos acerca a pensar la participación de la sociedad frente al actual proceso de paz. Este evento contó con la participación del Senador Alberto Castilla, el analista político Luís Eduardo Celís, y José Antequera, quien es activista por la memoria histórica, la paz y los derechos humanos.

Este espacio arroja elementos para entender que no existen resultados únicos en el proceso de paz que se lleva en La Habana entre gobierno y FARC-EP, y en la posibilidad de los diálogos con el ELN. Pero nos sitúa a pensar la importancia de las negociaciones como un momento de oportunidad política, donde la sociedad debe cumplir un rol protagónico a la hora de legitimar y apoyar una salida negociada al conflicto y movilizarse por la construcción de un país democrático.

Pensar un movimiento por la paz desde la sociedad

El debate sobre el papel de la sociedad en el proceso de paz, reconoce que esa sociedad de la que se habla es heterogénea1, está profundamente dividida y la opinión pública juega allí un papel fundamental como formadora de opinión. A esto se suma un contexto caracterizado por acciones que no contribuyen a la construcción de paz. Como ejemplo tenemos la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo, los diálogos de paz en medio de la guerra, los acercamientos entre el uribismo y el santismo, y el uso oportunista que la extrema derecha ha aprovechado para profundizar un clima desfavorable hacia la paz.

En estas condiciones es visible la ausencia de un protagonismo social de cara al conflicto. Como lo mencionó Luís Eduardo Celis, no existe una posición clara de la sociedad frente al momento político en el que vivimos, y por el contrario, se encuentran expresiones que se mantienen oscilando entre la favorabilidad y el rechazo. Los medios de comunicación no generan una posición favorable a la paz, profundizan y generan, en cambio, una doctrina que favorece la guerra.

Por otro lado existen más preocupaciones sobre lo que implica esa ausencia de protagonismo social, y tiene que ver principalmente con la manera como la sociedad asuma los resultados de estas negociaciones. Si bien dichos resultados son inciertos, es importante pensar, como lo mencionó José Antequera, la legitimidad que se le adjudique a los acuerdos que se llevan entre insurgencia y gobierno, que incluyen temas como la justicia transicional, los escenarios de reconciliación, la participación política, por sólo nombrar algunos, ya que requieren de una participación mayoritaria de la sociedad.

Otras de las hipótesis que explican esa ausencia de la sociedad en el respaldo de las negociaciones de paz es la manera como se vive el conflicto. Y tiene que ver principalmente con las dinámicas diferenciadas que tienen lugar en el campo y en la ciudad. Como lo expresó el Senador Alberto Castilla, en la ciudad y en el campo se generan diferentes concepciones sobre la paz y la guerra. Pero no sólo concepciones, sino posibilidades para que la sociedad participe. Por ejemplo, en lugares en los que la confrontación armada es mucho más evidente, negociar en medio de la guerra se convierte en una situación absurda que ni siquiera permite espacios de participación para que la sociedad aporte para la paz.

Así, el desconocimiento, la diferencia de posiciones y la legitimidad del proceso de paz, lleva a más preguntas sobre lo que pasa en el país con respecto a la participación política. Y es precisamente que el problema de la participación se convierte en un punto que la sociedad reclama, porque no es clara la manera como ella puede lograr ser protagonista, y no sólo de cara al proceso de paz, sino también de cara a hacer política. Por lo tanto, cuando surge la pregunta por su papel en un momento político como éste, inmediatamente tiene lugar la cuestión por el carácter de la democracia que tenemos y por la aspiración de que en el país exista un espacio visible de la misma.

Entonces, cuando se dice que este proceso de paz abre un escenario de oportunidad política, hay que hacer referencia a que existe una posibilidad de que los acuerdos que surjan de las negociaciones de paz, habiliten escenarios para el ejercicio democrático, esto es, que incluyan a esa heterogeneidad que representa la sociedad colombiana y la invite a ser partícipe de la construcción de un proyecto de país que recoja esas divergencias. Sin embargo, es necesario ubicarnos de nuevo en el momento presente, y es que si no existen mecanismos o no son suficientes para abrir la participación de la sociedad frente al conflicto, lo que se negocie excluye de tajo a quienes van a sufrir las consecuencias de una política que no incluye a la sociedad.

¿Qué mecanismos podemos pensar para que exista una real participación de la sociedad?

Por esta razón, es importante preguntarnos por cuáles deben ser esos mecanismos que puedan permitir que la sociedad participe de forma protagónica. Y es aquí donde el debate que abrió este evento nos vuelve a brindar elementos para la comprensión del momento actual. Primero, porque hoy, en los diálogos que se llevan a cabo en La Habana, se han abierto espacios de participación que han contado con las víctimas del conflicto, surgen propuestas para avanzar hacia una Asamblea Nacional Constituyente, y se promueven escenarios de refrendación de cara a los acuerdos que resulten de las negociaciones.

Sin embargo, de nuevo la discusión por los mecanismos se ubica entre su capacidad para incluir a la sociedad, como también de su pertinencia por las características de la coyuntura actual. Así, quienes abordan la discusión por la efectividad de un mecanismo como la Asamblea Nacional Constituyente, deben ser conscientes que se debe ganar en una correlación de fuerzas, si se quiere lograr que la Constituyente sea un escenario político producto de los acuerdos de las negociaciones.

Por otro lado, también se trata de ver esos mecanismos en su capacidad de inclusión, lo que implica pensar tanto a nivel territorial, como a nivel de un espacio de participación mayoritaria. En este caso, la naturaleza del mecanismo de participación pasa por comprender que ella es un ejercicio democrático, acompañado por la garantía de las demandas sociales y de la protesta, y que el Estado asuma su responsabilidad en el conflicto. En otras palabras, que el mecanismo busque la manera para resolver las razones que ocasionan la guerra, es decir, abordar la discusión por lo que requiere el país para ser una democracia.

Es, así, importante reconocer que estos mecanismos no pueden ser la expresión procedimental y minimalista de la democracia2. Por el contrario, aquí es evidente que estos son resultados de las disputas de fuerzas que se dan el seno de un escenario político. Y por lo tanto, su contenido y discurso deben ser garantes de que la sociedad puede participar en política, sin ser presa de la represión y la violencia, sino que, por el contrario, debe ofrecer garantías, y en lo mínimo, un respeto por la vida de quienes participan en política.

Por último, el debate sobre qué implica pensar el papel de la sociedad hoy, respecto a los procesos de paz, también lleva implícita una pregunta por la forma como se logra movilizar la sociedad para llevar a cabo la transformación del orden de cosas que hoy vivimos en el país. Y allí queda una responsabilidad fundamental para la izquierda y los movimientos sociales. Principalmente porque la llave de la paz no está en manos del actual gobierno. Segundo, porque si bien el escenario de negociaciones actual es una oportunidad para solucionar más de 50 años de conflicto, allí no se agota la construcción de un país diferente. Esto requiere la necesidad de lanzar una opción coherente y alternativa para la sociedad. Y hoy más que nunca las aspiraciones por construir una democracia digna, requieren de acompañar y sembrar una opción para el país.


Referencias

Sandoval Luís. Sindéresis. Consultado en: http://www.elespectador.com/opinion/sinderesis-0 11 de mayo de 2015.

García Linera, Álvaro. Democracia, Estado y Nación. Ed Trinchera. Pág. 31.

  1. Columna el espectador. “Decir sociedad y pueblo es referirse a una pluralidad compleja. En realidad de lo que se trata con estos apelativos generales y abstractos es sugerir que en las actuales sociedades latinoamericanas, la colombiana incluida, es posible el surgimiento de un sujeto plural de transformación social como alternativa a regímenes dictatoriales, neoliberales, depredadores inmisericordes de la naturaleza e inmersos en la corrupción. Colombia no ha sido una dictadura militar como las del Cono Sur en los 70 y 80, pero ha sido una semidemocracia, democracia incompleta y deformada, porque en guerra no puede haber democracia cabal y sí múltiples formas de autoritarismo y aún, lo muestra la experiencia, expresiones y prácticas rayanas en el fascismo.” En: http://www.elespectador.com/opinion/sinderesis-0 Consultado el 10 de Mayo de 2015.
  2. GARCIA LINERA. Álvaro. Democracia, Estado y Nación. Ed Trinchera. Pág. 31