Viviana Viera

* Viviana Viera

Licenciada en Economía de la Universidad de Estrasburgo con postgrado en Estudios del Desarrollo de la Universidad de la Sorbona. Especialista en temas de Desarrollo, Cooperación y Comercio. Vive en Bruselas, desde donde se desempeña como asesora en el Parlamento Europeo sobre América Latina. Su actividad al interior del Parlamento ha sido fundamental para darle voz desde Europa al movimiento social colombiano y latino-americano. Es igualmente activista defensora de derechos humanos y co-fundadora de TEJE, la red nacional de asociaciones de jóvenes que trabajan por el fomento del tejido social como base para la construcción de una sociedad incluyente. Miembro activa del partido Polo Democrático Alternativo

Cuando tenía apenas 21 años, decidí sumarme a ese nuevo partido de la franja amarilla que recogía toda una izquierda plural y que había lanzado como candidato presidencial al ético e intachable Carlos Gaviria, como alternativa frente al innombrable Álvaro Uribe Vélez.

El Polo Democrático Alternativo, un nuevo partido, representó en ese entonces para mí y para millones de personas la única opción real de llegar al poder por la vía democrática y cambiar la Colombia de la desigualdad, los falsos positivos, la privatización de la salud, las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y la destrucción del medio ambiente, entre otras miles de atrocidades. Nunca antes había militado en un partido, pero lo hice llena de ilusión.

En Europa, poco se sintió la división tendenciosa del Polo que se tejía en la capital, trabajábamos juntos y juntas, todas las tendencias y hasta los que nunca hemos tenido otra tendencia más que la de ser polistas. Nos separaron sus divisiones de Bogotá, sus egos y podercitos1 y muchos compañeros y compañeras se fueron con sus tendencias y sus proyectos políticos. En Europa quedamos fisurados al perder muchas personas valiosas, pero seguimos como pudimos para lograr crecer como partido y ser esa opción de poder que exige un cambio cada día más a gritos en Colombia.

En nuestras Asambleas polistas europeas, pasábamos horas y horas, debatiendo sobre las políticas internacionales que golpeaban a Colombia y sobre esa propuesta de ley que nombramos el “Estatuto del Emigrante” para comenzar, desde el Polo, a visibilizar los millones de colombianos y colombianas que han abandonado el país y restituirles sus derechos. Fui escogida en la última Asamblea Europea, embajadora de la propuesta migratoria, en la cual fundamos el programa como candidata a la Cámara de Representantes, que obtuvo la mejor votación de una candidatura de izquierda. Hoy, más que nunca, es evidente que el Polo debe ser también la voz migratoria en el Congreso y tomarse la bandera de esos millones de migrantes que cada día luchan por existir fuera de su país o sueñan con un retorno digno a su patria.

El IV Congreso del Polo

Era mi primer Congreso del PDA. En el III Congreso, nuestra lista había obtenido los cupos de delegados por Europa pero de un momento a otro en Bogotá adelantaron la fecha del congreso y nuestros delegados se quedaron con los vuelos comprados con su dinero y no pudieron cumplir con su representatividad.

Para este IV Congreso, se eligieron delegados y delegadas por consulta popular en todas las regiones, un voto democrático que pese a que encontró varios problemas, iba de la mano con los ideales que defendemos en el Polo con una amplia votación de más de cuatrocientas mil personas.

El lujoso Hotel Tequendama se llenó entonces de pueblo, 766 delegados y delegadas de todas partes confluyeron. Indígenas, afro-colombianos, campesinos, pequeños empresarios, trabajadores del sector publico y privado, una pequeña Colombia que había venido en lancha, caballo, jeep, avión, bus, transmilenio y hasta cruzado el Atlántico, como en mi caso. También estaba toda la bancada del Polo en el Congreso que hacen un trabajo de control político incansable y fundamental cada día.

Sin embargo nos dividieron desde nuestra llegada. Las listas del bloque de Clara, se inscribían en un stand particular y recibían en intercambio un pin “Polo Paz”. En mi ingenuidad pedí un pin, ya que soy del Polo y quiero la paz, pero me lo negaron y después entendí que mas allá del mensaje era más bien una marca, como el ganadero a su ganado, para que en la masa no se confundan las vacas.

Así desde arriba comenzaron a intentar separarnos. La dirección del PDA se encontraba dividida en darle dos rumbos al Polo. Se decía que el partido se podía acabar. Se decía que sin un “acuerdo” no habría Congreso, ni partido. Entonces se encerraron primero en la sede del Polo, después en los salones del Hotel Tequendama a discutir los puntos del “Acuerdo”. Cada bloque tenía sus negociadores. Redactaron documentos que nunca fueron presentados al Congreso PDA. Pese a las diferencias que teníamos, los 3 delegados y las 2 delegadas internacionales, redactamos en un ejercicio unitario una Resolución Internacional, para hacerle frente a la importancia del tema migratorio y la necesidad de que la Vicepresidencia Internacional funcionara. Más allá de tendencias y bloques, fuimos ejemplo de que el polo unido es más fuerte y así debe construir programa en todos los sectores. Creamos un comité internacional de base, para trabajar juntos y unidos, hablamos de las situaciones comunes y particulares que vivíamos en cada región desde Venezuela, hasta Estados Unidos y Europa. Y decidimos luchar por algo que era indispensable para articular nuestro trabajo con Bogotá: tener una representación con voz y voto en el seno del Comité Ejecutivo (como la tuvimos antes) y por otra parte exigir una Vicepresidencia Internacional (VPI), que se comprometiera de verdad a trabajar con las bases polistas del exterior.

Desde el último congreso y la aparición de las Vicepresidencias, este puesto se usa más como el nombre burocrático de un cargo, que como eje de coordinación de un verdadero trabajo. Hay unanimidad de todos los sectores de base en el exterior, de la urgencia de tener un VP internacional, que no sea cuestionado ni por su trayectoria política ni por la falta de importancia que acuerda a este tema, donde en dos años nunca citó a una reunión sobre la temática internacional ni rindió cuentas a las bases.

Pero plantear esto en una de las conversaciones que se dan en las esquinas del Tequendama, significó ser acusados de querer romper el “Acuerdo” y “atentar” contra la “Unidad” del Partido. Pasamos a ser terroristas, como han catalogado a los millones de personas que se han tomado las calles exigiendo sus derechos. La desilusión fue más grande aún, al ser estas palabras pronunciadas por una de las personas que más respetaba en el Polo por su defensa de los derechos humanos.

Los desalientos siguieron al ver que solo había cuatro comisiones para discutir la inmensa bandeja de temas de los cuales el Polo debe ser pionero y consolidar posiciones como partido aprovechando la presencia de delegados tan representativo de la Colombia de hoy. Pero parecía más bien como si las comisiones hubieran sido definidas rapidito para mantener la fachada pues poco importaba lo que se hablará allí. Las reales decisiones ya estaban siendo tomadas en otros escenarios y hacían parte del “Acuerdo”. El tema internacional se ahogó al mismo tiempo que nuestras expectativas en medio de la pluritemática Comisión titulada “Coyuntura nacional, internacional y proceso de paz”. Donde poco se habló de lo internacional. Tampoco hubo un ejercicio de construcción de una visión de paz conjunta desde la base, para que el Polo saliese reforzado de este Congreso con una posición clara. Pareciese como si se partiera desde el punto de que todos y todas las delegadas teníamos una visión inamovible frente a la paz.

De los dos días que duró el Congreso, el domingo nos dejaron 5 horas esperando en el lobby del hotel, mientras terminaban unas 10 personas reunidas en algún salón de definir sus últimos puntos del “Acuerdo”. Una falta de respeto. Después saldría Jaime Dussán (VPI), a anunciar los puestos del ejecutivo. No se votó nada.

Era evidente, que al final los delegados y las delegadas servimos de cifras para darle poder a una tendencia u otra y repartirse la torta. Pero no para alimentar de contenidos, definir orientaciones y enriquecer el Polo, como debería ser el Congreso de un partido democrático.

Mientras en Europa, las crisis económica ha revelado una crisis política que ha llevado a cuestionar seriamente los partidos políticos y su forma de toma de decisiones, el Polo va en la dirección de los partidos tradicionales. El Partido “Podemos” ha utilizado métodos que imponen horizontalidad, transparencia y coherencia en la toma de decisiones desde la base y en un año de existencia en España, ya están a las puerta de la toma del poder por las urnas. Cada día somos más los que nos levantamos contra la politiquería. Cada día nos rebelamos contra un modelo opresor donde unos pocos toman las decisiones en salones lujosos a espaldas de la mayorías. El Polo nació para levantarse contra esos pocos y no puede suicidarse repitiendo esos mismos errores.

La fisura del Polo no serán ni los juan manueles, ni las guerrillas. Serán los samules, que se escurren entre las peleas de podercitos, mientras se olvidan de las bases.

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Estatutos. Artículo 5 – Fines – Son fines del Polo la construcción de una democracia participativa real donde prime la igualdad y equidad social, la defensa del espíritu democrático de la Constitución Política de 1991 y del Estado Social de Derecho; de un modelo alternativo de desarrollo sustentable y equitativo; la búsqueda democrática del poder para ejercerlo en beneficio de la nación; la defensa y promoción de los derechos humanos; la tolerancia y el respeto por la diferencia y el pluralismo ideológico, cultural, étnico, político, de orientación sexual y religiosa; la igualdad de género; la búsqueda de la paz y la convivencia entre los colombianos; la defensa de los derechos de los colombianos residentes en el exterior; la defensa y protección del ambiente, la biodiversidad, los recursos naturales, lo público y el patrimonio público, cultural y energético; la promoción de la ética pública, la transparencia y la lucha contra la corrupción; el fortalecimiento del poder local al servicio de la comunidad; la promoción de las organizaciones de base y redes sociales para ejercer el gobierno y la democracia y la difusión de los valores democráticos; la defensa de la autonomía, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en su lucha democrática y civilista contra la explotación, la opresión, el colonialismo, el neoliberalismo, el militarismo y la dictadura y por la defensa del equilibrio ambiental global.

 

  1. Ver canción del cantautor caleño Julián Rodríguez “El Poder y los podercitos”