“Tu discurso”, dijo, con risa sardónica, “se resume así: ¿acaso no te das cuenta que si excitas a la gente sin proveerles teorías cuidadosamente pensadas simplemente les engañas?”

Karl Marx a Wilhelm Weitling, marzo 30 de 1846. Tomado de: Saul K. Padover (1971). Karl Marx: On Revolution, pág. xxi.

 

Durante las postrimerías del siglo XX, los experimentos de transformación social en América Latina obtuvieron licencias de ejecución y funcionamiento más allá de sus circunscripciones locales. En Colombia estamos transitando un proceso semejante de apertura política que, aunque tenga sus singularidades distintivas, refleja la historia política del Continente. Las singularidades y semejanzas sólo son visibles si apelamos a la historia de nuestros vecinos de patio. Así superamos el culto a los caudillos progresistas y las opiniones descontextualizadas, sin caer de lleno en el pesimismo de la izquierda derrotada.

Ahora bien, ¿qué lecciones de otras latitudes son pertinentes? ¿Qué horizontes políticos podríamos adoptar? Este escrito pretende responder parcialmente a estas preguntas, con base en la economía política de los Frentes Populares de la región. Me referiré a un conjunto de posibles deberes que podríamos adoptar en el transcurso de nuestro trasegar político, sin que sean asumidos, por supuesto, como una camisa de fuerza. Me siento mucho más cómodo con las sugerencias históricas que con los sufragios o con las purgas políticas.

La santa trinidad progresista en América Latina: partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales

Para demostrar las aseveraciones ya enunciadas, basta citar unos cuantos ejemplos. Aprovechando el fin de la dictadura, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) anunció a finales de octubre de 1985 su proyecto de reforma agraria desde abajo, en su primer congreso oficial celebrado en Curitiba, Estado de Paraná1. El movimiento campesino paraguayo criminalizado por la dictadura de Stroessner pudo recomponerse, a inicios de 1991, en la Federación Nacional Campesina de Paraguay (FNC)2. El Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (ANDEN), la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud) y el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) surgen justo después del fin de la guerra sucia emprendida en contra del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)3. A pesar de sus particularidades, y salvo algunas excepciones4, la sincronía entre el surgimiento de movimientos sociales y la apertura de canales de participación democrática es evidente.

Las nuevas oportunidades políticas también fueron aprovechadas por los grupos insurgentes que optaron por cambiar los uniformes y fusiles por trajes de corbata y papeletas electorales. Luego de 17 años de la finalización del proceso de paz, el candidato del FMNL, Mauricio Funes, llega a la presidencia del Salvador en el año de 20095. De la mano de Daniel Ortega, el FSLN accede a la presidencia de Nicaragua en el 2006. Por último, Pepe Mujica ocupa la presidencia el 1 de marzo de 2010, apoyado por el PIT – CNT y otras organizaciones sociales.

A pesar de los resultados electorales, las relaciones entre los movimientos sociales, los partidos y los sindicatos de clase no han estado exentas de disputas políticas. A continuación, un breve panorama.

América Latina, las olas de democratización y los procesos de paz

Empecemos por Ecuador. La administración Correa ha logrado unos éxitos indiscutibles en la erradicación de la pobreza extrema y en la contención política del sector financiero. Esta administración ha impulsado un férreo control de capitales a la banca privada, programas de transferencias para madres de niños menores de 16 años, adultos mayores de 65 años, y personas discapacitadas, la ejecución de un nivel de gasto social que osciló entre el 6.0% y el 9.3% del PIB entre 2007 y 2011, la instauración de una legislación antimonopolio, y la eliminación de exenciones fiscales al gran capital6. Asimismo, la administración ha reconocido circunscripciones territoriales especiales para indígenas y afro-ecuatorianos en la Constitución del 2008. Estas son medidas dignas de ser aplaudidas.

No obstante, se han presentado roces importantes entre el movimiento indígena y la administración Correa. Los conflictos en torno al uso y acceso al agua en la región de la Sierra, y en torno a la explotación minero-energética en la Amazonía indican que los mecanismos de decisión gubernamental no siempre garantizan los procesos de consulta popular7. Por último, sus políticas de género no siempre han sido las más adecuadas, penalizando el aborto con penas privativas de la libertad que van de seis meses a dos años, a excepción de aquellos casos que impliquen una situación de vida o muerte para la mujer embarazada, o la violación de mujeres con discapacidad mental8. Aunque las credenciales anti-neoliberales de la administración sean evidentes, las organizaciones sociales siguen siendo presa de las consecuencias sociales del desarrollismo desde arriba.

Refiriéndonos a Brasil, el balance de las relaciones entre partidos, movimientos sociales y sindicatos es de otro calibre. Si bien la administración Lula (2003 – 2011) sacó a millones de brasileros y brasileras de la línea de pobreza extrema, lo hizo sacrificando el futuro por el presente. Prueba de ello son los elogios del entonces Secretario del Tesoro John Snow, y del entonces director del FMI Horst Kohler por su “brillante manejo de la macroeconomía”9, al mantener durante sus primeros 96 meses de gobierno las tasas de interés más altas del mundo10. La administración Lula también se encargó de fortalecer el sector agroquímico y agroindustrial, en contravía del modelo de agricultura familiar promovido por el MST. Después de Estados Unidos y Argentina, el área de cultivos transgénicos en Brasil ocupa el tercer lugar en el mundo, con una extensión de 28.8 millones de acres11. Estas medidas provocaron la oposición progresiva del MST a las políticas del PT, llevando a sus dirigentes a bautizar a Lula como un “político transgénico”12.

Por último, el panorama político en El Salvador y en Nicaragua no es muy alentador. A inicios del 2009, el FMNL firmó un acuerdo con el FMI que prohíbe utilizar políticas fiscales para contrarrestar la desaceleración económica, desechando la única medida disponible para enfrentar futuras crisis13. En el caso de Nicaragua, y a pesar de algunos avances positivos en sus tres primeros años de gobierno14, la realidad actual de aquel país dista del paraíso democrático imaginado por los revolucionarios barbudos de la Guerra Fría. A pesar de la retórica progresista del FSLN, la administración ha favorecido los programas de corte asistencialista sobre los proyectos de economía solidaria15. Para algunos analistas, el FSLN se ha convertido en un partido del Consenso de Washington, implementando políticas de reducción del déficit fiscal, de estabilización de la inflación, de crecimiento de los fondos bancarios y de aumento de las exportaciones16.

Colombia, las organizaciones sociales y el proceso de paz: hacia la construcción de una agenda común

Así como ha sucedido en otros países de la región, la apertura de oportunidades políticas ha provocado numerosas movilizaciones sociales en nuestro país. A pesar de estas semejanzas, en Colombia los programas de inclusión social se ubican sin dificultad a la derecha de todas las variantes del reformismo latinoamericano. En su magnitud, las vulneraciones a los Derechos Humanos y al DIH durante los últimos 50 años superan los registros de cualquier país latinoamericano, incluso en épocas de dictadura.

Por su parte, el capital nacional y extranjero llevan moviendo sus fichas por un buen tiempo en medio del proceso de paz. Según un informe oficial del 2008 publicado por la CEPAL17. “Tablero de comando” para la presentación de los biocombustibles en América Latina. Disponible en: http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3649/S2009074_es.pdf?sequence=1], Colombia es el segundo productor de etanol en la región y el quinto productor mundial de biodiesel, representando un 1,9% de la producción mundial. El panorama en el sector minero tampoco es alentador. La sustitución de la minería local por la minería a gran escala ha producido desplazamientos forzosos y reubicaciones medibles en miles de personas18. Por último, la elevada tasa de trabajo informal sigue siendo muy elevada, con un 68% de la Población Económicamente Activa (PEA), y los 964 contratos sindicales19 firmados durante el año de 2013 no cobijan la creciente precarización del trabajo en el país.

Ahora bien, no todo está perdido. El actual proceso de paz se ha encargado de enmarcar el repertorio de las demandas esgrimidas por los movimientos sociales y organizaciones políticas frente al Estado. De sancionarse, la legitimidad de las organizaciones sociales estaría garantizada (en teoría). De clausurarse, la criminalización de las organizaciones sociales está a la vuelta de la esquina. Ya sabemos cómo eso termina. Muy mal. Con 20.000 muertos o más.

¿Qué hacer? Pararnos en la raya, sin más ni más

Como ya hemos visto, la liberalización política no siempre corresponde con el advenimiento de una sociedad distinta. La apertura de oportunidades políticas no implica de antemano una transformación del autoritarismo, ni tampoco la despedida de una democracia restringida para los movimientos sociales. La construcción de paz con justicia social debe ser sensible a las promesas y problemáticas enfrentadas por los movimientos sociales dentro y fuera del país. Erradiquemos el típico provincianismo de la izquierda colombiana de una vez por todas, a no ser que queramos repetir los mismos errores de otras latitudes.

He aquí el horizonte de los cinco debemos. Debemos evitar la generosidad gratuita y la autofagia en las organizaciones de izquierda. Debemos rechazar abiertamente las políticas neoliberales, independientemente si son ejercidas por administraciones “progresistas” o “reaccionarias”. Debemos ser cautos con el tutelaje de políticos, religiosos y sindicalistas de renombre sobre los movimientos sociales. Debemos oponernos a la tercerización del trabajo. Y por último, debemos apoyar el libre cultivo de la personalidad desde sus distintas variantes culturales, étnicas y de género.

Por más obvio que parezca, la mayor carga de los conflictos armados siempre es soportada por los nadie. A pesar de nuestros esfuerzos, su sufrimiento nunca podrá ser explicado y entendido por completo, por más fuentes bibliográficas que citemos, y por más estadísticas que recopilemos. Por supuesto, este panorama no consuela a ninguna persona que compone la base de los movimientos sociales. Esa situación nos molesta. Esa es la razón por la que nos movilizamos.

 

 

  1. Ondetti, Gabriel A. (2008). Land, Protest and Politics. The Landless Movement and the struggle for Agrarian Reform in Brazil. Pennsylvania State University Press, University Park, PA., pp. 78.
  2. Riquelme, Quintín (2003). Los Sin Tierra en Paraguay. Conflictos Agrarios y Movimiento Campesino. Buenos Aires: CLACSO., pp. 32. Remitirse también al comunicado oficial de la FNC: Acerca de la FNC. Disponible en: http://www.fnc.org.py/?page_id=162. Consultado el 22 de noviembre de 2014. Junto con otras organizaciones campesinas, la FNC fue responsable de la organización de una multitudinaria marcha en Asunción en 1996 para bloquear el retorno de la dictadura, y también para volver a retomar públicamente los temas y propuestas más sensibles del agro paraguayo. Ver: Petras, James., y Veltemeyer, Henry (2011). Social Movements in Latin America. Neoliberalism and Popular Resistance. Palgrave, Macmillian, pp. 82.
  3. Chaguaceda, Armando (2011). El movimiento de mujeres y las luchas sociales por la democratización en la Nicaragua postrevolucionaria (1990 – 2010). Revista Encuentro., No. 89., pp.47, 49. Disponible en: encuentro.uca.edu.ni/images/stories/2012/pdf/89e/movimientomujeres.pdf . Consultado el día 24 de noviembre de 2014.
  4. La excepción más notable es el movimiento neo-zapatista del EZLN en Chiapas, México, quienes irrumpieron espectacularmente en México el 1 de enero de 1994, tomándose 7 cabeceras municipales para protestar por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
  5. Alfaro, Mauricio (2014). El Salvador. Las dos historias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Publicado en Global Research, 22 de Febrero de 2014. Disponible en: http://www.globalresearch.ca/el-salvador-las-dos-historias-del-frente-farabundo-marti-para-la-liberacion-nacional-fmln/5370142 .
  6. Ver: Weisbrot, Mark, Johnston, Jake, y Lefebvre, Stephan (2013). El “New Deal” de Ecuador: Reforma y regulación del sector financiero. Center for Economic and Policy Research (CEPR), pp. 13 – 15, 17, y 19. Disponible en: http://www.cepr.net/documents/publications/ecuador-2013-02-spanish.pdf . Consultado el 24 de noviembre de 2014.
  7. Trujillo, Jorge León (2010). Las organizaciones indígenas y el gobierno de Rafael Correa. Íconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 37, Quito, mayo 2010. FLACSO – Sede Académica de Ecuador, pp.19. Disponible en: http://www.flacsoandes.edu.ec/iconos/images/pdfs/Iconos37/I37-mayo20101Coyuntura-Leon.pdf . Consultado el 24 de Noviembre de 2011.
  8. Ver Art. 148 y Art. 149 del Código Integral Penal de Ecuador. Disponible en: (http://www.justicia.gob.ec/wp-content/uploads/2014/05/c%C3%B3digo_org%C3%A1nico_integral_penal_-_coip_ed._sdn-mjdhc.pdf).
  9. Crandall, Britta (2011). Hemispheric Giants. The Misunderstood history of U.S.- Brazilian Relations. UK, Rowman and Littlefield, Publishers, Inc, , pp. 160.
  10. Kliass, Paulo (2011). Lula’s Political Economy: Crisis and Continuity. En: Lula’s Legacy in Brazil. NACLA Report on the Americas., pp. 21.
  11. Robin, Marie – Monique (2010). The World according to Monsanto. Pollution, Corruption and the Control of Our Food Supply. NY, The New Press., pp. 4.
  12. Ibid., pp. 277
  13. Ver: Weisbrot, Mark (2009). El FMI no debería recibir dinero sin antes reformarse. CEPR., disponible en http://www.cepr.net/index.php/other-languages/spanish-op-eds/el-fmi-no-deberia-recibir-dinero-sin-antes-reformarse . Consultado el día 25 de noviembre de 2011. Cabe anotar que El Salvador ha adoptado el dólar estadounidense como moneda oficial.
  14. En los primeros tres años de gobierno del FSNL se ha reducido la pobreza extrema del 35% al 28.3%, el porcentaje de personas con vivienda inadecuada se ha reducido de un 14.6% a un 10.8%, y el de personas con bajo nivel de educación de un 14.6% a un 10.8%. Ver: Terán, Carlos Fonseca (2010). La Revolución Sandinista en su segunda etapa. Revista Crítica, año XIX, No. 41, julio de 2010. Disponible en: http://www.revistacritica.com.ar/41/02_nicaragua.html . Consultado el 25 de noviembre de 2014.
  15. La Prensa, 17 de julio del 2014. La revolución de Nicaragua cumple 35 años. Disponible en: http://laprensa.peru.com/actualidad/noticia-revolucion-nicaragua-cumple-35-anos-28671 . Consultado el día 25 de noviembre de 2014.
  16. Entrevista Álvaro Taboada, La Prensa, 04/07/2014. Disponible en: http://www.laprensa.com.ni/2014/07/17/politica/203614-en-el-pais-existe-un-modelo-neoliberal . Consultado el día 25 de noviembre de 2014.
  17. Corredor Abella, Germán (2009) [CEPAL, Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania
  18. Para dilucidar el panorama oscuro de la mega-minería en América Latina, ver: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia, y Desarrollo (PCDHDD) (2014). “El impacto de la minería canadiense en América Latina, y la Responsabilidad de Canadá”. Disponible en: (http://www.dplf.org/sites/default/files/informe_canada_resumen_ejecutivo.pdf). Consultado el 5 de junio de 2015.
  19. Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), y Central Unitaria de Trabajadores (CUT) (2014). Tres años de incumplimiento del Plan de Acción Obama – Santos. Informe sobre los tres primeros años de implementación del Plan de Acción Laboral (PAL). Disponible en: http://ens.org.co/apc-aa-files/45bdec76fa6b8848acf029430d10bb5a/plan_de_acc_n_informe_completo.pdf.