Carlos Manrique

* Carlos Manrique

Ph.D. en Filosofía de The University of Chicago (2009). Profesor Asistente del departamento de Filosofía de la Universidad de los Andes. Ha publicado diversos artículos sobre Filosofía política contemporánea, especialmente sobre el problema de las prácticas del lenguaje en el esfuerzo por re-pensar la relación entre ética y política en pensadores contemporáneos como Derrida y Foucault (2010, 2012), y también en torno al problema de la relación entre religión y política a partir de la lectura que hace Derrida de la ética kantiana (2009, 2010, 2011). Co-editor del No. 43 de la Revista de Estudios Sociales (“Técnicas de poder y formas de vida”, 2012). Actualmente adelanta el proyecto de investigación financiado por la Facultad de Ciencias Sociales de Uniandes, “Poder, subjetividad y lenguaje: re-pensando la relación entre ética y política a partir de Derrida y Foucault”

Dos eventos acaecidos en los últimos días, de manera casi simultánea, nos hacen pensar sobre la situación histórica altamente paradójica de los movimientos populares en América Latina; pero también, sobre el desfase del gobierno de Colombia en su talante ambiguo y oportunista, en relación con las poderosas fuerzas históricas que están agitándose en nuestra esquina del planeta. En últimas, una reflexión sopesada sobre estos dos acontecimientos nos lleva a darnos cuenta de que hoy, en Latinoamérica, la historia está del lado de los movimientos populares; y que los Santos, los Palomino, y los Blu Radio de nuestro país con sus arrogantes envalentonadas “anti-terroristas” y sus destructivos zarpazos de violencia simbólica, han quedado vergonzosamente mal parados ante la historia. Que es, lo sabemos, una jueza prudente y cautelosa, pero severa.

Por un lado, el discurso pronunciado por el Papa Francisco en su participación en el II Encuentro mundial de movimientos populares (EMMP), en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y su inequívoco mensaje: un entusiasta respaldo y enaltecimiento de las luchas cotidianas y los procesos organizativos que los movimientos populares, rurales y urbanos, vienen emprendiendo de manera sostenida y silenciosa a lo largo y ancho del continente Latinoamericano desde hace ya muchos años. Ciertamente, este mensaje es inédito en la milenaria historia de la Iglesia Católica; pero también, nos hace testigos de una transformación profunda en la historia de la cultura Occidental. Transformación en virtud de la cual las redes transnacionales de colectivos diversos que se organizan para pensar y efectuar, creativamente, alternativas sociales y políticas que se resisten a las fuerzas imperantes en el actual orden mundial, nos anuncian nuevas formas de militancia política, y nuevos caminos en la construcción de la historia, y la sociedad. Los alcances de esta transformación cultural de alcance global, en la que los movimientos populares de América Latina están jugando sin duda un papel protagónico, todavía desbordan nuestra comprensión. En parte, porque como toda contingencia histórica, está modulada por una ineludible incertidumbre. Pero lo que sí es indudable, es que el discurso del Papa en Santa Cruz de la Sierra frente a cientos de delegados de movimientos indígenas, campesinos y juveniles del mundo entero, pero mayoritariamente Latinoamericanos; y su efecto de reconocimiento y enaltecimiento a escala planetaria de estas luchas y procesos, y de su de intensa energía social y política, es un signo de nuestros tiempos. Un signo que vibra en las contundentes palabras del Papa celebrando la potencia transformadora de estos movimientos populares, y situándolos como los principales actores históricos en esta compleja coyuntura mundial: “Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!”1.

Ahora bien, el segundo evento. En la portentosa lista de los participantes al EMMP en Bolivia, donde se enumeran cientos de organizaciones populares de Argentina, Brasil, Colombia, México, Ecuador, etc., pero también de Italia, España, Canadá, etc., hay una que llama especialmente la atención y que, por su enorme importancia en el activismo político de base y la movilización popular en Colombia, no podía faltar: todos sabemos de quién se trata, y es un orgullo para todos los Colombianos haber tenido en ese escenario de enorme importancia histórica, esa dignísima representación: “Congreso de los Pueblos, Colombia”2. Movimiento popular éste que ha estado en el epicentro del segundo evento al que hacíamos antes referencia: la detención policial masiva de varios de sus integrantes. Detención cuyas incoherencias; irresponsabilidades éticas y judiciales; violenta y lamentable espectacularización mediática, han sido ya denunciadas oportunamente por este y otros medios alternativos de comunicación3. Pero además de esto, se trata de un episodio que va a pasar a la historia como una agresión torpe y grosera que le hace mucho daño, en el momento menos afortunado, a los procesos de organización y movilización popular en nuestro país; a sus luchas y sus aspiraciones, a sus esfuerzos realmente heroicos por pensar, efectuar y sembrar, otros posibles caminos de dignificación de la vida humana y no humana, ante unas dinámicas económicas y un sistema político que las maltratan cada vez más. Una agresión torpe y grosera que pone a los movimientos populares colombianos en una situación infernal, mientras que el movimiento popular latinoamericano, y mundial, está siendo enaltecido y celebrado en días de fiesta, de alegría y de esperanza. Con palabras fuertes, en su discurso de Santa Cruz de la Sierra, el Papa habló del diablo, dándole una inflexión singular, cuyos alcances no podemos analizar acá con detalle, a una larga tradición del pensamiento cristiano que desde el cristiano primitivo perseguido, pasando por la Ciudad de Dios de San Agustín, hasta la Teología de la Liberación latinoamericana, y con muchas otras interpretaciones intermedias, ha pensado siempre en el “cielo” y en el “infierno” como configuraciones de fuerzas históricas; fuerzas hacedoras de la historia que exceden las voluntades humanas pero también las interpelan y las convocan. Para el Papa, el infierno, hoy, tiene que ver con esas dinámicas económicas y esos sistemas políticos aún imperantes que siguen generando inequidad, exclusión de las masas populares humildes, enriquecimiento de unos pocos, destrucción de la naturaleza para incrementar exponencialmente los capitales transnacionales: “Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo»4.” Las fuerzas históricas que hoy le temen a las transformaciones sociales y políticas que los movimientos populares reclaman y trabajan día a día para hacer llegar: creo que pocos dudan hoy que son esas fuerzas que el Papa llama “el estiércol del diablo” las que han estado hace algunos días, como desde hace décadas en Colombia, detrás de la criminalización de los movimientos populares. Como desde hace décadas, porque esta ha sido una de sus tácticas más poderosas: el enjuiciamiento moral y la violencia simbólica, para defenderse de esas transformaciones sociales, políticas y estructurales que la movilización popular persigue, y que los asustan. Así que los líderes y lideresas del Congreso de los Pueblos que están ahora detenidos con acusaciones brumosas que cambian día tras días (ya no son los terroristas que pusieron los últimos petardos en las sedes de Porvenir, sino otros de hace un año; ya no son miembros del ELN sino “simpatizantes”; ya no son culpables de los petardos de hace un año, sino de haber ayudado a ingresar unas papas bomba a la Universidad Nacional; ya no son, ya no son….); esos líderes y lideresas, y la persecución y estigmatización a la que han sido sometidos, y con ellos el movimiento popular colombiano que ha sido así vilipendiado en un espectáculo mediático que se disparó como un fogonazo y desapareció (y fue en efecto un cañonazo de violencia simbólica), están hoy en una situación infernal. Y no solamente en un sentido figurado amplio de este término, sino en el sentido más preciso que le dio el Papa Francisco a este concepto en su acepción teológico-histórica: han sido golpeados por “el estiércol del diablo”.

¿De qué lado de la historia en Latinoamérica están hoy nuestros Santos, nuestros Palominos, nuestros Blu Radios? Con su característico estilo diplomático de zalamería de foto de primera plana, Santos se fotografió con el Papa hace algunas semanas y le pidió sus bendiciones y lo invitó a Colombia para rezar por la paz, y blablabla. Pero si Santos pensara menos en la foto de primera plana, en los boom boom publicitarios y en sus índices de favorabilidad en las encuestas, se tendría que detener a reflexionar si la “paz” que él y su gobierno persiguen es la del “estiércol del diablo”, según las palabras del Papa Francisco; es decir, la del desarrollo económico neoliberal con sus complejos índices y números de crecimiento, su rendición sumisa a los grandes capitales transnacionales, su insensibilidad hacia la desigualdad disfrazada de tanto en tanto con unos pañitos de agua tibia humanitarios; o es esa paz transformadora de las tres T (tierra, techo, trabajo), en la que los movimientos populares, esos escenarios donde piensan, hablan y actúan los más pobres y humildes de nuestro país, han de tener una voz principal y un papel protagónico. Quizás sea porque la respuesta a esta pregunta está muy lejos de ser clara, y porque en últimas nunca se puede saber muy bien en qué es, o no es, en lo que Santos cree por el carácter tan aleatorio y errático de sus acciones en momentos decisivos, por lo que el Papa aún no le ha aceptado la invitación a venir a Colombia a pesar de su zalamería. Y el boom boom publicitario de las detenciones confirma, con creces, su prevención. Esas detenciones de “los 15 terroristas del ELN”, 10 de los cuales (los líderes y lideresas asociadas al Congreso de los Pueblos) ya no son terroristas sino, al parecer, de pronto, “simpatizantes” de un grupo insurgente; y ya nos son peligrosos fabricadores de petardos que se pusieron en puentes y CAIs, sino de alguna manera, que no está aún para nada clara, personas que cometieron “actos ilegales” porque están relacionadas, de pronto, con otros que están relacionados, parece ser, con unas papas bomba en una protesta en la que estudiantes de la UNAL chocaron con el ESMAD5, etc., etc., etc. (es realmente vergonzoso y la Presidencia, la Policía Nacional, y medios como Blu Radio que cayeron sobre la “chiva” como lobos oliendo sangre, deberían disculparse con el país, con Latinoamérica, con los movimientos populares colombianos, y con el Papa). Ese boom boom publicitario que fue una agresión torpe y grosera al movimiento popular colombiano en días de fiesta del movimiento popular latinoamericano; un zarpazo de violencia simbólica que vilipendia a las organizaciones y procesos de activismo político popular mientras el Papa las estaba enalteciendo ante los ojos del mundo entero en Bolivia, con un discurso que hace vibrar signos de nuestros tiempos; en fin, todo ello muestra que por no estar a la altura del momento histórico, el gobierno, la policía y el establecimiento de nuestro país, impidieron que Colombia pudiera entrar toda ella a esa fiesta. Porque a diferencia de otros países en Latinoamérica, acá no estamos avanzando aún hacia las transformaciones sociales y políticas que el momento histórico reclama.

Sería, no obstante, muy simplista de nuestra parte dejar sin mencionar al menos otras dos preguntas suscitadas por el intenso contraste entre estos dos acontecimientos que muestran una situación paradójica del movimiento popular en Latinoamérica, y una posición de desfase de Colombia con respecto a las fuerzas históricas transformadoras que se agitan en la región. La pregunta por la compleja historia de la relación entre religión y política en nuestro continente; y también por la compleja relación entre política y violencia, o si se quiere, entre las formas de organización y movilización popular, y las guerrillas insurgentes. Con respecto a lo primero: no cabe duda que este discurso del Papa hay que situarlo en la historia y la herencia de la Teología de la Liberación en Latinoamérica; a pesar de la compleja y tensa relación que haya podido tener con este movimiento teológico, el discurso del Papa habla su mismo lenguaje, y predica el evangelio de la reivindicación y el empoderamiento de “los condenados” de la tierra, al decir de Franz Fanon. Por otro lado, al enaltecer y celebrar a los movimientos populares latinoamericanos, no podemos ignorar las complejas y tensas relaciones que, históricamente, estos movimientos han tenido con las guerrillas insurgentes. Creo que ni siquiera en torno a este último punto, tan álgido, guardó silencio el discurso del Papa en Santa Cruz de la Sierra. Hablando de las nuevas y sutiles formas de colonialismo y de dependencia de los países de la “periferia” con respecto a los países ricos, pero también, a las relaciones de centro y de periferia al interior de nuestros países, el Papa dijo: “precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso hermanos es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener”6.

La figura de Camilo Torres sigue siendo sin duda emblemática en la manera como en su legado se cruzan estas dos complejísimas y profundas preguntas que aún nos tendrían que dar mucho para pensar. En todo caso, las palabras de Camilo Torres sobre la estigmatización de las fuerzas transformadoras en la sociedad parecen seguir siendo hoy tan vigentes como hace 40 años que él las pronunció: “Toda clase dirigente tiene sistemas de defensa, algunos informales y otros formales. Cuando se trata de una clase dirigente impopular y minoritaria, es necesario que ésta busque sistemas eficaces para descalificar ante la opinión pública a sus adversarios. La opinión pública se orienta más fácilmente con adjetivos que con disquisiciones filosóficas”7. Hoy el adjetivo que se usa mediáticamente como un golpe en la guerra simbólica para imponer modos de pensar sobre la realidad y lo que nos acontece, descalificando a las voces críticas, ya no es “comunista”, como en la época de Camilo, sino “terrorista”.

Pero porque siempre es mejor estar acompañado de un espíritu cuyas reflexiones ético-políticas se mantienen vigentes durante décadas, para estimular la indagación, el análisis y el pensamiento crítico; que de nuestros actuales periodistas de medios “masivos”, y generales de la policía, y presidentes, que dicen una cosa con arrogancia y firmeza, haciendo mucho daño, para luego tener que desmentirla al día siguiente, y volverla a desmentir otro poco más al otro día; por esas razones seguiré adelante en mi empeño de colgar en mi oficina un bello afiche de Camilo Torres y su publicación “Frente Unido”, que había mandado a enmarcar algunos días antes de todo este trajín. Ello, a pesar de que no sin sorpresa me enteré el otro día escuchando la entrevista en Blu Radio8 a la pareja de Paola Salgado, que tener un afiche de Camilo Torres visible en Facebook, o en la pared de la oficina, parece ser considerado por la Fiscalía, y por los periodistas que conducían el programa (sin ninguna duda), una prueba muy sospechosa con la que la inteligencia policial, gubernamental, y mediática de nuestro país detecta a los terroristas.

  1. https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-el-encuentro-con-los-movimientos-populares-en-bolivia-80606/
  2. http://movimientospopulares.org/emmp-2015-2/organizaciones-2015/
  3. Ver el comunicado de este portal http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/detenciones-de?category_id=138 y el análisis de Anders Fjeld sobre la gravedad de este golpe de matoneo policial y judicial: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/por-que-la-persecucion-publica?category_id=138
  4. https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-el-encuentro-con-los-movimientos-populares-en-bolivia-80606/
  5. http://www.elespectador.com/noticias/judicial/pruebas-contra-sospechosos-atentados-bogota-articulo-571836
  6. https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-el-encuentro-con-los-movimientos-populares-en-bolivia-80606/
  7. Citado por Javier Giraldo en “Camilo – Entonces y ahora”; recuperado de: http://www.javiergiraldo.org/IMG/pdf/Camilo.pdf
  8. http://www.elespectador.com/noticias/judicial/paola-salgado-no-tiene-absolutamente-nada-ver-el-eln-es-articulo-571688 ; entre las muchas cosas que llaman la atención, y causan mucha indignación, en esta entrevista, destacamos cómo el conductor del programa de la mañana en Blu Radio le pregunta a Mauricio, la pareja de Paola, como poniéndolo contra las cuerdas: “hay información de la Fiscalía de que su esposa tenía fotos de militantes del ELN en su página de Facebook…”; refiriéndose, como lo aclara Mauricio con una ejemplar paciencia, a un afiche de Camilo Torres, cuyo legado político e intelectual es de suma importancia en la historia de nuestra país, etc, etc…. tuvo que explicarles. Pero como la estupidez es atrevida, después de esa larga explicación, otra panelista de la mesa, insistió de modo incisivo con la pregunta, y como tratando de arrinconar al entrevistador aún más: “¿Pero por qué con fotos alusivas al ELN?”. En fin, que quede constancia en algún lado del perfil de algunos de los periodistas de nuestros medios masivos de comunicación.