Andrea Cely Forero

* Andrea Cely Forero

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad de Los Andes. Dentro de sus principales intereses investigativos se encuentran los movimientos sociales en América Latina y la acción política en la vida diaria. Tiene publicados los resultados obtenidos sobre experiencias de pedagogía feminista, planes de vida como alternativas políticas de resistencia y las tensiones entre el movimiento social y político en América Latina. Hace parte del Congreso de los Pueblos, una experiencia de movilización social que intenta construir legislación popular

La politóloga belga Chantal Mouffe estuvo en Bogotá el pasado 08 de julio de 2015 para dar una charla en la Biblioteca Luis Ángel Arango sobre democracia y pasiones. Antes de su participación en dicho evento, Palabras al Margen1 sostuvo una conversación con esta intelectual donde se abordaron temas como el significado actual del populismo y la democracia, así como la experiencia de algunos movimientos sociales europeos, a la luz de la realidad latinoamericana

Palabras al Margen (PM): A treinta años de su publicación, ¿cuál es la actualidad de su influyente trabajo Hegemonía y estrategia socialista?

Chantal Mouffe (CM): Cuando escribimos el libro era claro que se necesitaba repensar el socialismo buscando incorporar las demandas de los nuevos movimientos sociales: el feminismo, la ecología, o el movimiento gay, propósito que hoy está plenamente vigente. Sin embargo, yo ya no plantearía tal proyecto teórico buscando reformular el socialismo, pues cuando escribimos Hegemonía la idea del socialismo era central y ya no lo es tanto hoy. La opción que planteamos en ese momento fue la reformulación del proyecto socialista en clave de radicalización de la democracia. Nos parecía que pensar un proyecto socialista limitándose a las reivindicaciones de la clase obrera no era suficiente. La gran diferencia entre un proyecto de izquierda y uno de derecha hoy radica en que solo el primero puede defender algún tipo de radicalización de la democracia.

Por otro lado, nos diferenciábamos del leninismo tradicional que planteaba acabar con la democracia realmente existente para reemplazarla por algo completamente distinto; en ese momento planteamos que la lucha se podía llevar a cabo dentro de las actuales democracias, pero haciendo una crítica inmanente orientada a radicalizar esas democracias.

Creo que un proyecto de izquierda no debe buscar acabar con las instituciones de la democracia pluralista o la democracia liberal, sino buscar su radicalización. Si entendemos que los principios ético-políticos de la democracia pluralista son libertad e igualdad para todos, encontramos que esos son principios bastante radicales; un proyecto progresista debe forzar a que las sociedades que profesan tales principios los pongan realmente en práctica y se extiendan a los más diversos aspectos de las relaciones sociales, no sólo frente a la economía, pues tanto la redistribución como el reconocimiento son importantes. Radicalizar la democracia es sostener tanto mejores condiciones económicas para todos, como defender los derechos de las minorías sexuales, por ejemplo.

El proyecto planteado en Hegemonía y estrategia socialista sigue siendo vigente, pero las condiciones actuales para lograrlo son mucho más difíciles. En los últimos treinta años, desde la publicación del libro, ha habido un enorme retroceso en las sociedades europeas, pues pasamos de la hegemonía socialdemócrata -a la que criticamos en nuestro libro- a una hegemonía neoliberal. Los avances de la clase obrera han sido puestos en tensión, en especial cuando hemos perdido los derechos adquiridos en el Estado de Bienestar. De ahí que considere que hoy estamos en sociedades postdemocráticas: se llaman democráticas pero en realidad no lo son. Por eso hoy es necesario recuperar la democracia para luego radicalizarla. Aunque sea realmente perverso para una persona radical, lo cierto es que ante la avanzada neoliberal hoy estamos obligados a defender instituciones basadas en la socialdemocracia; eso antes no habría pasado por nuestra cabeza.

63 Entrevista1

PM: En ese nuevo contexto, y hablando de ese empeño por recuperar la democracia, hoy se vienen presentando esfuerzos importantes: movimientos sociales campesinos e indígenas en nuestro entorno, gobiernos progresistas en América Latina, o experiencias como Syriza2 y Podemos en Europa. ¿De qué manera esas nuevas movilizaciones sociales y políticas contribuyen a la recuperación de la democracia?

CM: Lo que me parece más interesante de Syriza y Podemos es que estamos viendo una puesta en cuestión de la hegemonía neoliberal que se hace a partir de la izquierda. Europa se presenta como un claro ejemplo de lo que denomino pospolítica3; en los últimos treinta años hemos visto un desdibujamiento de la diferencia entre izquierda y derecha por la consolidación de figuras como la tercera vía de Blair, que han mostrado cómo todos los partidos socialdemócratas se han movido para el centro y ya no quieren identificarse con la izquierda. Un rasgo de la pospolítica es la ausencia de diferencia entre la centro-derecha y la centro-izquierda. Ambas aceptan la idea promovida por Margaret Thatcher de que no hay alternativa a la globalización neoliberal, así que lo único que puede hacer la socialdemocracia es manejar de manera un poquito más redistributiva y humana la hegemonía neoliberal.

Esto ha generado una pérdida de interés en la política y un aumento en los índices de abstención, como una señal de crisis de la democracia representativa. Yo entiendo la política en términos partisanos y agonistas4, lo que implica que los ciudadanos puedan realmente escoger entre proyectos de sociedad distintos, pero hoy en la mayoría de elecciones la gente elige entre Coca-cola y Pepsi-cola, dos proyectos iguales con diferente traje, como ocurre hoy con la socialdemocracia y la centro-derecha en Europa.

Hasta hace poco en Europa los únicos que criticaban la hegemonía neoliberal eran los partidos populistas de derecha; ellos sí sostenían que había una alternativa y mostraban la posibilidad de cambiar las cosas, pero en la izquierda no existía algo similar. Podemos y Syriza desarrollan una crítica al modelo hegemónico neoliberal desde la izquierda. Claro, había posiciones críticas desde la izquierda radical, pero lo hacían desde la protesta, sin la posibilidad cercana de llegar al poder para transformar las cosas. También estaba la posición de los seguidores de Antonio Negri, quien defendía la tesis del éxodo, es decir, de deserción de las instituciones, sugiriendo que no hay que cambiar el Estado, ni llegar al poder, sino construir una sociedad alternativa completamente fuera. Así que no había desde las fuerzas de izquierda un verdadero desafío a la hegemonía neoliberal. Encontrábamos posiciones retóricas que no buscaban involucrar a las instituciones para transformarlas. Syriza lo ha logrado, aunque ha avanzado gracias a la terrible situación de Grecia, y Podemos ha desarrollado una estrategia política muy interesante.

PM: En el caso de Podemos es muy interesante ver que están muy influidos por los movimientos sociales y por los gobiernos alternativos de América Latina…

CM: Así es. Los principales dirigentes de Podemos, Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, conocen bien América Latina y se han inspirado en las experiencias de los gobiernos progresistas de América Latina, sobre todo en la idea de construir un pueblo, ya que los gobiernos progresistas latinoamericanos se ven a sí mismos como gobiernos nacional-populares. Sin embargo, yo no comparto su decisión de anular la diferencia entre izquierda y derecha, pues Podemos insiste en no identificarse ni con la centro-izquierda del PSOE, ni con el radicalismo de Izquierda Unida. Afirman que quieren hacer política progresista de otra manera, insistiendo en que las transformaciones del capitalismo han modificado a la clase obrera y que por eso ya no es tan apropiado guiarse por las coordenadas tradicionales que formaron el discurso de la izquierda. Ellos buscan radicalizar la democracia buscando incluso llegar con su discurso a antiguos votantes del Partido Popular.

Antes el análisis sociológico nos mostraba referentes obreros claros, pero hoy el capitalismo se ha transformado y es preciso llegar a otros sectores; los votantes progresistas en España ya no son los tradicionales de la izquierda, y Podemos le habla a un público más amplio, con nuevos motivos de movilización: quienes buscan transformaciones profundas en España, quienes rechazan las medidas de austeridad, los desencantados con el bipartidismo del PSOE y el Partido Popular, quienes rechazan la corrupción, entre otros.

Hoy no solo se ven sometidos quienes trabajan en las grandes empresas capitalistas, o en las grandes fábricas. Hoy tenemos con un capitalismo biopolítico, posfordista, que nos afecta a todos. Las políticas de privatización, la imposición de políticas de austeridad o la expansión del capital financiero, han cambiado las relaciones sociales y las consecuencias del capitalismo van más allá de las relaciones capital-trabajo. Por eso es tan importante la pregunta ¿cómo construir un pueblo?, o en términos gramscianos ¿cómo forjar una voluntad colectiva?, una voluntad colectiva transversal que va más allá de la vieja idea de organizar la clase.

PM: Ahora bien, esa situación que se presenta en Europa, ¿cómo la relacionaría con el panorama que estamos viviendo en América Latina?

CM: En primer lugar es importante aclarar que para mí es fundamental la comprensión de la política como la construcción de fronteras. La delimitación de un “nosotros” frente a un “ellos”, de eso se trata mi concepción partisana de la política. Antes era clara la delimitación entre la izquierda y la derecha. Hoy esa diferencia no es tan clara y parece que esa frontera se esté configurando entre el pueblo y una “casta” -como la llama Podemos-, o el establecimiento, o unas élites de super-ricos. En el trabajo de Ernesto Laclau encontramos una idea de populismo que no depende de contenidos, sino de la delimitación de una frontera entre el pueblo y sus rivales, así se configura una frontera populista.

Hoy en Europa estamos viviendo una situación populista, o incluso podemos hablar de una “latinoamericanización de Europa”. En América Latina tenemos sociedades profundamente oligárquicas con un pueblo fuera del poder. Los gobiernos progresistas han llegado al poder intentando cambiar esa realidad, pero con resultados distintos. Hoy en Bolivia o Ecuador se han incluido de alguna manera las masas en el poder. En Europa está sucediendo al revés: las masas ya estaban incluidas durante el Estado de Bienestar y con el neoliberalismo fueron excluidas, hoy en Europa también encontramos sociedades oligárquicas; como bien lo ha mostrado el trabajo de Piketty5 hoy tenemos una clase de super-ricos que se enfrentan al pueblo.

En Europa necesitamos recuperar la democracia, y por eso Podemos, con intelectuales como Iñigo Errejón, consideran que se debe aprender de América Latina para buscar construir pueblo y generar gobiernos nacional-populares, superando el discurso tradicional de la izquierda, yendo más allá de la clase obrera y pensando en términos más transversales.

PM: ¿Hasta qué punto esa recuperación de la democracia es una recuperación de la política misma?

CM: Por supuesto. Por eso yo hablo de pospolítica en la situación actual, pues encontramos una negación del carácter partisano de la política, ese carácter que consiste en la creación de un “nosotros” versus “ellos”, aunque a veces ese carácter partisano puede generar construcciones políticas que no son favorables a la política democrática. Pero no hay política sin esa lucha agonista, por eso no se trata de superar esa dimensión de enfrentamiento, sino de construir una política agonista que apunte a la radicalización de la democracia. De eso se trata la recuperación de la política.

Por eso creo que hoy necesitamos un populismo de izquierda que radicalice la democracia. En los años que vienen es necesario reconocer el antagonismo y darle fe a las instituciones democráticas que van a permitir dar esa lucha. Las luchas de nuestro tiempo no podrán darse bajo las categorías tradicionales, en los años que vienen, estoy segura, veremos una lucha abierta entre populismo de derecha y populismo de izquierda. Ese pueblo que hay que construir puede forjarse desde la derecha, como lo hace hoy Marine Le Pen en Francia: un pueblo excluyente que persigue a los migrantes; pero también encontramos una construcción de pueblo desde la izquierda, que incluye a los migrantes y que se enfrenta a los poderes de la globalización neoliberal.

  1. Conversación, transcripción y notas: Andrea Cely y Alejandro Mantilla, columnistas de palabrasalmargen.com.
  2. La entrevista se produjo días antes de la capitulación de Alexis Tsipras, primer ministro griego, ante el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea
  3. Ver al respecto su trabajo En torno a lo político (2007), México, FCE.
  4. En su trabajo más reciente, donde ha recibido una profunda influencia de Carl Schmitt, Mouffe establece una distinción entre agonismo y antagonismo. Lo político se define por la permanencia de conflictos que no pueden tener una solución racional; aquí encontramos una dimensión antagónica que se expresa con las disputas de la distinción amigo-enemigo, enfrentamiento que podría llevar incluso a la destrucción de la asociación política. En el caso del agonismo, los adversarios en disputa reconocen la legitimidad de las demandas de su oponente: “Lo que existe entre adversarios es, por así decirlo, un consenso conflictual: están de acuerdo en los principios ético-políticos que organizan su asociación política, pero están en desacuerdo respecto de la interpretación de dichos principios”. Ver Agonística. Pensar el mundo políticamente (2014), México, FCE, p. 137.
  5. Hace referencia a El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty.