Ingrid Penagos

* Ingrid Penagos

Politóloga egresada de la Universiad del Cauca, especialista en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de la Universidad Externado de Colombia y estudiante de maestría en Estudios Interdisciplinarios sobre el Desarrollo de la Universidad de Los Andes. Asesora en asuntos legislativos del Senador Alexander López Maya e integrante del comité ejecutivo nacional del Polo Democrático Alternativo

Si el hombre consigue ganar terreno aquí, la libertad resultante valdrá para cualquier otro campo donde impere el temor. Abatirá a los gigantes cuyas armas son el terror. Esto se ha repetido sin cesar en la historia”

Jünger Ernst, Tratado del rebelde

Hace poco más de un año se suscitó un debate entre sectores democráticos, alternativos y de izquierda con motivo de la determinación de no pocos de éstos, a saber la decisión de votar por la reelección de Juan Manuel Santos. La razón de fondo consistía, por un lado, en contribuir con la continuidad del proceso de paz amenazado ante un posible triunfo de Zuluaga; y, por el otro, tener un margen de mínimas garantías para el ejercicio de la protesta social, más aún con la notable y creciente expresión de múltiples repertorios de acción política desde el movimiento social y popular, por lo que cualquier asomo de retorno al “embrujo autoritario” de la era Uribe se constituiría en un obstáculo y retroceso para una eventual apertura democrática.

No obstante, a un año de Santos II, si bien es cierto que el proceso de paz se mantiene como cuota importante para poner fin al conflicto; las ejecutorias neoliberales gubernamentales son una bofetada al voto de la izquierda y a la alternatividad. Sumado a esto está el asunto de las garantías, pues las principales plataformas de los movimientos sociales como Congreso de los Pueblos y Marcha Patriótica padecen una enconada persecución y hostigamientos: amenazas, desplazamientos, encarcelamientos y asesinatos; modalidades de persecución que fueron privilegiadas en el gobierno Uribe.

Ahora bien, la consideración anterior no pretende endilgar equivocaciones o lecturas desacertadas de una coyuntura en particular, pues el argumento que orientó tal determinación, nunca fue depositar expectativas en algún giro o quiebre en la línea de continuidad de la coalición estable de poder, visto desde el análisis sistémico propuesto por Easton, en tanto, la misma élite tradicional y emergente ha logrado sostenerse y no sucumbir, pese a sus propias tensiones y controversias, sabiendo que de fondo no hay nada sustancial en disputa.

Resulta entonces que no es admisible para los factores reales de poder, enquistados en el establecimiento, que perspectivas de proyectos políticos abismalmente diferenciados tengan oportunidad y lugar de participar y hacer visibles propuestas, ideas y formas de concebir la nación. Entonces, es aquí cuando entran en juego los hombres y mujeres que en toda la historia de la humanidad se han apartado de lo normal o común de la cuadratura del sistema y se la han jugado por el cambio y la emancipación del ser humano, dejando sendas lecciones a través de su discurso y práctica, haciendo frente a estas élites sin reparos y rompiendo los límites de lo convencional.

Me resulta inevitable no remitirme a la situación particular que enfrentan los jóvenes activistas del Congreso de los Pueblos, expuestos a toda suerte de injusticias, manipulación mediática y un afán desproporcionado de condenarlos anticipadamente, siendo objeto de violación de todos sus derechos procesales, a su intimidad y buen nombre. Ellos y ellas son el chivo expiatorio de Presidencia de la República, Policía Nacional y Fiscalía General con el objeto de exhibir resultados ante la ciudadanía y muy seguramente encubrir a sus verdaderos autores; los atentados de bandera falsa vuelven a ser el arma predilecta de militaristas para producir caos y zozobra entre la población y favorecer ideas políticas fascistas.

Con la cárcel se persigue al activismo de izquierda y se busca neutralizar la necesaria rebeldía, punto de partida de inconmensurables cambios en la humanidad encarnada en hombres y mujeres a los que la historia les ha dado su lugar: Nelson Mandela, Pepe Mujica, Fidel Castro y muchísimos más son ejemplo de ello, quienes desafiaron el orden establecido, fueron vilipendiados, encarcelados y demonizados. Sin embargo, lograron vencer la dictadura de los barrotes y le otorgaron supremacía a la libertad y a la justicia de sus luchas. Los y las rebeldes llevan consigo un espíritu que guía la libertad, no admiten entregarse a la apatía, se resisten a someterse a aquello que les resulta indigno, son errantes, hacen renuncias y rupturas y encuentran que no hay lugar en sus vidas para la resignación ni la entrega. Vuelvo a los congresistas populares, quienes a pesar de la cárcel en modo alguno abandonan su espíritu rebelde ante las insinuaciones de quienes hoy buscan condenarles.

El transcurrir de la vida de muchísimas personas indistintamente de su extracción social acontece en la “tranquilidad” de una historia programada y prefabricada, buscan conquistar el éxito ante la expectativa de un futuro mejor, unas metas por cumplir que generalmente se asocian a objetivos en materia de consumo, bienestar e ingresos económicos. Mientras tanto, quienes se apartan de esos comúnmente admitidos como válidos modos de vida, los ponen en tela de juicio, en tanto tienen capacidad de juicio crítico que conduce a construir un proyecto de vida diferenciado, sustentado en una lógica de construcción de sus propias expectativas de vida y sueños de largo plazo. Justamente, gracias a esta rebeldía se construye la esperanza, se supera lo efímero y lo fluctuante y se mantiene el cambio como posibilidad real de ser ejecutado.

Por supuesto, quienes optan por la rebeldía no son un buen ejemplo ante los ojos de los poderosos, en tanto persuaden a quienes les rodea a liberarse, es justamente esa la razón por la cual son una amenaza los y las congresistas populares que hicieron un compromiso con mandatar la vida digna y construir un horizonte mejor, pues se sabe que el pasaje para alcanzar un proceso de transformación implica construir un nuevo orden, una nueva hegemonía, una nueva soberanía popular que significará la superación del orden actual y la pérdida del tablero de control de los poderes que determinan el presente y futuro de miles de seres humanos. Aunque suene ilusorio y romántico no es inverosímil, tal como se ha encargado de mostrarlo Pepe Mujica al afirmar que “lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son solo aquellos quienes bajan los brazos y se entregan”; con tal contundencia radical- ¡Libertad son Inocentes!