Susana Barradas

* Susana Barradas

Doctora en Psicología de la Universidad de los Andes, Colombia. Psicóloga y Magíster en Psicología de la Salud de la Universidad de Lisboa, Portugal. Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia. Integrante del grupo de investigación EpiAndes de la Universidad de los Andes. Sus intereses de investigación son la Psicología de la Salud, la Salud Pública, la Promoción de la Salud y los Estudios sobre pobreza y desigualdades en salud

“Los que quieren cruzar el Mediterráneo no son pobres de África, son pobres de la humanidad”

-José Mujica-

Desde el inicio del año, el número de personas que ha llegado a Europa en búsqueda de mejores oportunidades o reclamando asilo político va en aumento -se estima que alrededor de 300 mil personas en lo que va corrido del año-. En esas largas travesías que suelen durar días e incluso semanas o meses, muchas pierden la vida y pese a que las cifras oficiales reporten alrededor de dos mil muertos para 20151, lo más probable es que el número real sea del doble ya que cuando hay naufragios y los cuerpos no son encontrados, esas personas son dadas como desaparecidas.

Una parte de los migrantes procede de África subsahariana -principalmente de Eritrea-, y otra parte llega desde Siria, Afganistán, Iraq y Libia2. Hasta ahora nos han querido persuadir de que todos estos migrantes son económicos –dato que no les resta ni valentía ni legitimidad-, pero las conocidas crisis de opresión y violencia en los países del Oriente medio llevan a considerar que en realidad muchos de los que intentan llegar al continente cabrían en la categoría de refugiados prima facie. En esas circunstancias, parece sensato afirmar que a Europa le correspondería acogerse al derecho internacional en relación con las solicitudes de asilo político, protegiendo así el derecho a la vida y operando como garante en la aplicación del Derecho Humanitario y de los DD.HH.

Al contrario, la estrategia por excelencia que ha sido utilizada en la mayor parte de la región -con excepción de Italia y Grecia- ha sido la de detener y posteriormente retornar estas personas a sus países de origen. Con ese fin, la agencia europea para el control de fronteras Frontex puso en marcha operativos como Tritón y Poseidón, ambos con un fuerte despliegue militar y apoyados sobre todo en nociones de vigilancia y control fronterizo. En ambos casos, el esperado y necesario abordaje humanitario, brilla por su ausencia.

A la par de las travesías por el mediterráneo, aumentaron también las embestidas populistas de corte racista y xenófobo -que no por casualidad coincidieron con el advenimiento de la crisis económica-, y que han venido conquistando cada día más sectores de opinión. El fenómeno es así aprovechado para dar batallas ideológicas en las que se criminaliza al inmigrante y se fomenta la idea de la “inmigración como una transgresión”3 , haciendo uso de argumentos falaces. Como consecuencia, existe ahora un imaginario más o menos arraigado sobre la posibilidad de una “invasión masiva”4, y se habla de una suerte de “efecto llamada” que debe ser evitado a toda costa, razón por la cual cualquier actitud permisiva en este momento podría resultar peligrosa dentro de esa lógica. Hay también suspicacias frente a la posibilidad de regresiones en derechos laborales, aduciendo que los inmigrantes suponen un acceso facilitado a la mano de obra barata, lo que perjudicaría a los trabajadores autóctonos. Vale la pena anotar que dicha precarización responde, en efecto, a las mismas políticas anti-inmigración que restringen la emisión de permisos de trabajo y que ponen al inmigrante en una posición vulnerable. Asimismo, el trabajo del inmigrante ha permitido cambiar la estructura de organización social de los países receptores, siendo el principal responsable por una modificación en la estructura de clases5.

Hoy, como en el pasado, la raza, la religión y la cultura del inmigrante son vistos como un obstáculo para su integración. Al respecto, la socióloga Saskia Sassen refiere que estos son “nuevos contenidos de una pasión antigua”: la segregación basada en el perfil racial del forastero y una forma de estereotipar y estigmatizar al otro. La autora menciona también que este tipo de argumentos fueron empuñados en un pasado no tan lejano, incluso cuando los inmigrantes pertenecían al mismo grupo racial, religioso y cultural. Ese fue el caso de las migraciones desde Alemania del Este a la Alemania occidental, en donde los migrantes eran percibidos como pertenecientes a un grupo étnico distinto con características que no encajaban en el lugar de acogida4.

Teniendo en cuenta esta aproximación, los argumentos anti-inmigración demuestran ser poco perspicaces respecto al potencial del fenómeno para el desarrollo económico y cultural de un país. Estos argumentos desconocen además varios hechos relevantes. En primer lugar, ignoran las migraciones y los exilios que componen la idiosincrasia europea: las represiones contrarrevolucionarias de mitad del siglo XIX que terminaban en largos períodos de acogida en ciudades como Ginebra, Londres o Paris, la exportación de mano de obra por parte de los países del sur de Europa a los países más ricos de aquella región, los flujos masivos de refugiados resultado de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, para nombrar apenas algunos ejemplos. Por otra parte, olvida que la modernidad occidental está basada en un evento fundador llamado colonialismo7, y que los acontecimientos de aquel entonces no están totalmente desconectados de los flujos migratorios a los que asistimos hoy día.

De una manera muy lúcida, Sassen demuestra lo infundadas que resultan las creencias sobre la presunta masividad de las migraciones, ya que la mayor parte de la población mundial ha permanecido y permanecerá en sus lugares de origen. La socióloga también afirma, que quienes deciden desplazarse de un lugar a otro lo harán, independientemente de la existencia de un mayor control fronterizo, de ahí que los únicos beneficiados sean los traficantes de seres humanos. Por otra parte, unas fronteras sólidas son una barrera para la llamada migración de retorno -los que deciden devolverse en algún momento- y para la migración circular estacional -empleos temporales, por ejemplo-, intensificando paradójicamente los asentamientos permanentes.

Esta crisis humanitaria demanda estrategias articuladas a partir de una agenda internacional. De la misma manera, requiere de cooperación entre los países de origen y receptores, así como de un abordaje menos trivial respecto a las razones y las causas originales por las cuales miles de personas parecen estar dispuestas a sortear la muerte antes de quedarse en su terruño. Definitivamente, llama la atención que al mismo tiempo que menguan las barreras para la circulación de capital y mercancías, se endurezcan las fronteras a la libre movilidad de seres humanos. Para contrariarlo, se necesitan apuestas legislativas capaces de dignificar a estas personas en movimiento. Parte de lo que permitió construir la noción actual de ciudadanía en Europa fueron las reivindicaciones de aquellos que no eran considerados sujetos de derechos -entre ellos los inmigrantes-. Si las luchas de aquel entonces fueron esenciales para ampliar los derechos ciudadanos que hoy conocemos, la defensa de los derechos de los migrantes hoy por hoy, es una forma de apostar por nuestros propios derechos4.

Las experiencias colectivas de indignación, en la medida que logren hacer presión de manera efectiva, pueden resultar claves para un cambio de abordaje y la necesaria transformación social en este tema. La dignidad y la protección de las personas deben primar por encima de la defensa de cualquier frontera.

  1.  Centro de Noticias de la ONU. http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=32969&Kw1=migra#.VdpAhdNViko
  2.  Frontex – Annual Risk Analysis 2015. http://frontex.europa.eu/assets/Publications/Risk_Analysis/Annual_Risk_Analysis_2015.pdf
  3.  Sassen, Saskia. Inmigrantes en la ciudad global. http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=4093 Sassen,
  4. Saskia (2013). Inmigrantes y ciudadanos: de las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Madrid: Siglo XXI.
  5.  Bretones, M.T. (2013). Una sociología de la historia de la inmigración. Clivatge, 2, 152-159.
  6. Saskia (2013). Inmigrantes y ciudadanos: de las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Madrid: Siglo XXI.
  7. Santos, Boaventura de Sousa (2013). Una epistemología del Sur. México: Siglo XXI.
  8. Saskia (2013). Inmigrantes y ciudadanos: de las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Madrid: Siglo XXI.