Los viejos socialistas

Jeremy Corbyn es un ilustre desconocido en nuestro medio, sin embargo, el político inglés de 66 años está a punto de hacer historia en su país. Corbyn lidera todos los sondeos sobre la venidera elección del líder del Partido Laborista. A diferencia de los recientes líderes del partido -los Miliband, Gordon Brown, o Tony Blair- Jeremy Corbyn es un hombre situado claramente a la izquierda: se declara socialista, es partidario de la causa del pueblo palestino, se opuso a las intervenciones militares en Irak y Afganistán, y es un reconocido opositor de las políticas de austeridad. Tras casi veinte años de un Partido Laborista defensor de la tercera vía, del neoliberalismo y de intervenciones armadas en el mundo árabe, una victoria de Corbyn representaría un histórico giro a la izquierda para un partido que desde finales de los setenta luce disminuido, o bien por ser derrotado por los conservadores, o bien por gobernar con las recetas de los conservadores.

Hablemos de otro presunto desconocido, el político estadounidense Bernie Sanders, Senador por Vermont y precandidato presidencial por el Partido Demócrata. A diferencia de Corbyn, las opciones de Sanders son reducidas ante la fortaleza electoral de Hillary Clinton o una eventual candidatura del vicepresidente Joe Biden. Sin embargo, a sus 73 años Sanders sigue llenando auditorios en todo Estados Unidos con un discurso extraño a la opinión predominante forjada tras los mandatos de Reagan, pues hace una abierta crítica a la política exterior estadounidense, lanza ataques inclementes contra la “clase de los billonarios” y defiende una propuesta económica que pide más impuestos a los grandes capitales. Valga añadir que Sanders también se declara socialista, y decir eso, en Estados Unidos, es mucho peor que un pecado capital.

La victoria política de Thatcher y Reagan no solo consistió en abrirle paso a las políticas neoliberales que ya habían sido ensayadas por las dictaduras del Cono Sur. Su genuina victoria radicó en que los partidos opositores a su gobierno, los laboristas y los demócratas respectivamente, implantaran las mismas políticas neoliberales. Cuando Eric Hobsbawm afirmó que Tony Blair era una “Thatcher con pantalones” supo condensar una tendencia clave, pues tal vez la genuina hegemonía se alcanza cuando el opositor asume como propios los valores y conceptos del dominante. La importancia de Jeremy Corbyn y Bernie Sanders radica en que están logrando agrietar esa tendencia.

¿Syriza 2015-Europa 1914?

Mientras Corbyn y Sanders retoman un discurso que parecía enterrado en el paisaje de la historia, la izquierda radical griega agrupada en Syriza vive su propia tribulación. Tras convocar un referendo cuyo resultado reafirmó el rechazo a la austeridad, el gobierno de Tsipras aceptó un nuevo memorando con la troika que incluye nuevas privatizaciones y recortes a los derechos de los trabajadores. El memorando fue aprobado con apoyo de los sectores de derecha del parlamento griego, mientras el sector más radical de Syriza rechazó el acuerdo y salió del partido agrupándose en la nueva plataforma “Unidad Popular” (Laikí Enótita), encabezada por el ex Ministro de energía Panagiotis Lafazanis. Ante la crisis política, Tsipras renunció a su cargo y convocó a nuevas elecciones para la tercera semana de septiembre.

Tras la aceptación del nuevo memorando, Perry Anderson, tal vez el historiador marxista vivo más influyente en Europa, comparó el gesto del gobierno griego con el voto socialdemócrata por los créditos de guerra el 4 de agosto de 19141. En la tradición de la izquierda radical, semejante comparación recuerda a la altísima traición que rompió en dos la historia del movimiento obrero. Yanis Varoufakis, otrora Ministro de Finanzas y negociador con la troika, comparó a su vez a Tsipras con De Gaulle y Mitterrand, sugiriendo también el abandono de un proyecto transformador en pos del realismo que pretende evitar la profundización de la crisis pagando el precio de no cuestionar la hegemonía del neoliberalismo2.

La aceptación del memorando y la renuncia de Tsipras puede comprenderse gracias a tres factores: el imperialismo de la UE encabezada por Alemania y los ministros de finanzas de toda la región, una mala negociación que no concibió planes alternos y la renuncia de Tsipras a buscar un pulso más fuerte con la UE, pues como afirmó Antony Doménech en un editorial de Sinpermiso: “El radical que es audaz a medias cava su tumba”3.

Tensiones en los Andes

En una fuerte columna, la intelectual argentina Maristella Svampa señaló las tensiones que hoy se viven en los gobiernos alternativos de Bolivia y Ecuador4. Svampa es una reconocida investigadora crítica del modelo extractivista, sus trabajos sobre megaminería y fracking han sido un referente para diversos sectores ecologistas de izquierda en América Latina. Svampa señala que en Bolivia, ante varios informes de organizaciones ambientalistas que señalaron el crecimiento del agronegocio, el vicepresidente García Linera reaccionó con la amenaza de expulsión del país para los integrantes de dichas organizaciones. Ante las críticas de varios intelectuales latinoamericanos, el vicepresidente afirmó que no había una intención de expulsión, pero reafirmó que tales informes hacían juego a “los intereses de la derecha política internacional”. En el caso de Ecuador, Svampa señala la creciente represión que ha vivido el movimiento indígena y varios sectores estudiantiles que se oponen al extractivismo, destacando que alrededor de 200 personas se encuentran hoy procesadas por participación en movilizaciones y que incluso varias de ellas se encuentran sindicadas de terrorismo.

De acuerdo con Svampa, tales hechos revelan que los gobiernos progresistas andinos están renunciando a generar alternativas frente a la hegemonía del extractivismo. Lo anterior se explica con su análisis político de los dos gobiernos. En sus palabras:

¿A qué se debe el corrimiento político en estos países, impensable unos pocos años atrás? Desde mi perspectiva, hay dos inflexiones mayores que ayudan a explicarlo: por un lado, la acentuación del extractivismo; por otro lado, el retorno del populismo… este proceso significó una estigmatización creciente de la narrativa indigenista y ecologista, desplazada por la narrativa populista, donde convergen visión estatalista y culto al líder, bajo esquemas hiperpresidencialistas”.

Más allá de la hegemonía

¿Qué objeto tiene relacionar contextos tan diferentes? Pues bien, hoy en todo el planeta vemos asomos de ruptura del consenso neoliberal. Incluso en Inglaterra y Estados Unidos ganan peso opiniones políticas radicales que, a pesar de estar lejos del gobierno, reflejan interesantes cambios de rumbo y un genuino discurso en contravía de la hegemonía neoliberal. Por otro lado, hoy encontramos experiencias de izquierda radical y gobiernos progresistas que han llegado al gobierno con apoyo de la movilización popular, pero tienen serios inconvenientes para agrietar la hegemonía del neoliberalismo y el extractivismo. En el caso griego encontramos un gobierno que abandonó un programa transformador para asumir el rigor de las políticas de ajuste neoliberal, con el fin de evitar la profundización de su ya aguda crisis. En los gobiernos andinos encontramos el abandono de la narrativa indígena y ecologista para asumir el rumbo de un extractivismo que genera estabilidad económica.

Se dice entonces que el radical que es audaz a medias cava su tumba, pero tal vez los gobiernos de izquierda buscan invertir dicho aforismo: tal vez el exceso de audacia puede generar que se cave la propia tumba. Tsipras acepta el memorando de la troika ante la imposición de la UE y ante una mala negociación, pero sobre todo, lo acepta porque sería mejor contar con el dinero del rescate para estabilizar la crisis, en lugar de asumir el salto al vacío fuera de la zona euro5. En el caso de los gobiernos andinos también encontramos una apuesta por estabilizar la economía gracias a las divisas generadas con los agronegocios y la explotación de minerales e hidrocarburos. En suma, en los dos casos encontramos una defensa del realismo económico: Tsipras busca evitar que el sufrido pueblo griego soporte más dolor, Morales y Correa buscan recolectar recursos públicos para financiar sus programas de bienestar social. Actuar de manera contraria implicaría cavar la tumba… a su juicio.

He aquí el gran reto que deberán vivir todas las izquierdas que gobiernen buscando agrietar el neoliberalismo y el extractivismo: ¿cuál es el grado de audacia que pueden asumir evitando cavar su propia tumba? No es sencillo responder semejante pregunta.

Sin embargo, nuestro tiempo no está signado por la estabilidad, sino por la crisis. La caída de los precios internacionales de las commodities amenaza seriamente las finanzas públicas de los gobiernos progresistas, mientras el cambio climático provocado por el capitalismo industrial y el desarrollismo extractivista seguirá causando estragos en todo el planeta. Por otro lado, la aceptación de los memorandos estabiliza la crisis de la economía griega, le da continuidad a la Europa hoy configurada por el imperialismo alemán y debilita a los movimientos radicales que van en contravía del neoliberalismo en el llamado viejo continente. En suma, para la izquierda asumir la política de la responsabilidad a corto plazo puede ser lo más irresponsable a mediano y largo plazo.

En ese marco, es preciso retomar la vieja lección de la hegemonía gramsciana que Laclau y Mouffe parecen soslayar. Para la izquierda radical la hegemonía no solo se trata de articular elementos disimiles para generar una voluntad colectiva, la verdadera lección de Gramsci va más allá: la pregunta por la hegemonía no se puede desligar de la consolidación de un nuevo orden social6. Mientras el populismo de Laclau “no depende de contenidos, sino de la delimitación de una frontera entre el pueblo y sus rivales”7, la hegemonía de Gramsci sí defiende contenidos, pues nunca perdió de vista el proyecto de transformar la organización de la producción como base de un nuevo orden social.

Hoy la izquierda tiene dos riesgos: en primer lugar, el riesgo de perseguir la hegemonía sin apuntarle a alcanzar un nuevo orden social. En segundo término, el riesgo de asumir una política de la responsabilidad que sea insuficiente para los tiempos de la crisis. Ningún proyecto de izquierda podrá avanzar hacia la transformación deseada sin una política de transición que confronte al neoliberalismo y al extractivismo, sin enfrentar la crisis de civilización que está convulsionando al planeta entero.

  1. “In that case, why not have asked the question of them in the referendum — will you accept anything, provided you keep the euro? In calling for a resolute “no,” and within little more than a week demanding a submissive “yes,” Syriza has turned its coat with a speed not seen since war credits were supported by European social democracy in 1914, even if this time a minority of the party has saved its honor”. https://www.jacobinmag.com/2015/07/tspiras-syriza-euro-perry-anderson/
  2.  http://www.theguardian.com/world/2015/aug/22/varoufakis-brands-alexis-tsipras-new-de-gaulle?CMP=share_btn_fb
  3. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=8176&utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter
  4.  http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Termina-promesas-andinas_0_1417058291.html
  5. Ver al respecto la entrevista a Diego Guevara publicada en este portal: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/internacional/item/desde-el-realismo-economico-tsipras-no-tenia-otra-alternativa-dentro-de-la-zona-euro?category_id=541
  6.  No es una casualidad que la biografía de Gramsci proyectada por Manuel Sacristán lleve por título “El orden y el tiempo”.
  7. La expresión es de Chantal Mouffe, en entrevista con este portal: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/internacional/item/recuperacion-de-la-democracia-y-populismo-de-izquierda-una-conversacion-con-chantal-mouffe?category_id=139