John Alexander Castro

* John Alexander Castro

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Estudios Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional y Doctorando en Estudios Sociales en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Además, es profesor e investigador en la Universidad Antonio Nariño en Bogotá, catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional y autor de distintos artículos sobre barras bravas

La medida tomada por Nicolás Maduro provocó la expulsión de diferentes colombianos del territorio venezolano. Esta medida nos puede parecer injusta. Incluso, nos puede parecer necesaria. Pero nuestra opinión no trasciende sobre una decisión autónoma de ese gobierno. Aunque también podemos creer que es una cortina de humo para ocultar la crisis económica y política de Venezuela, generada por la corrupción de los funcionarios de ese gobierno. Sin embargo, esa medida nuevamente nos demostró que las fronteras colombianas son territorio fantasma, posibilitando la inmigración ilegal, el contrabando, las bandas criminales, el tráfico de cocaína y gasolina. Una problemática de poco interés para el gobierno central colombiano.

De otra parte, este evento ha sido rechazado por los monopolios de la información nacionales, dirigentes políticos de derecha y extrema derecha, sus respectivos partidos políticos y sus seguidores porque han considerado que esta decisión es una violación a la dignidad nacional. No obstante, esos mismos monopolios de la información, dirigentes de derecha y extrema derecha y sus respectivos partidos políticos han guardado silencio y no han buscado protagonismo, en medio de los desalojos de miles de colombianos de sus tierras, sean indígenas o campesinos; mostrando un silencio cómplice ante el desplazamiento forzado. Tampoco se han preocupado por los miles de colombianos que han sido desalojados de sus viviendas, ante el embargo de las entidades bancarias. De la misma forma, no han manifestado un mínimo interés ante la deportación de miles de colombianos, desde distintos países del mundo.

¿Quiénes se han beneficiado del tema fronterizo entre Venezuela y Colombia? A la derecha y la extrema derecha colombiana y a la izquierda venezolana les sirven los conflictos binacionales para aumentar su caudal de simpatizantes y lograr el favoritismo en las elecciones. Además, dirigentes políticos colombianos, como Cesar Gaviria y Andrés Pastrana, les ha permitido reaparecer en la vida política nacional. Asimismo, Álvaro Uribe ha tenido la fuerza de decir: “El gobierno de Colombia tiene que hacer cumplir el deber ético y justo de hacer respetar a los colombianos”. De ese modo, se sigue robusteciendo en periodos de campaña política, aunque el ex presidente y actual senador no tuvo la misma fuerza en su voz, y no exigió lo mismo, cuando algo más de dos millones de colombianos fueron desplazados por la violencia en su gobierno.

Alejandro Ordoñez señaló: “La Procuraduría le pide al Presidente de la República que exija al gobierno venezolano el desmonte inmediato de su política de ataque sistemático contra los derechos humanos de la población colombiana en la frontera y en cualquier otro lugar de su territorio. El problema no se resuelve simplemente reabriendo la frontera, sino desmontando definitivamente esa política arbitraria contra los colombianos”. A pesar de esa defensa, recuerdo las palabras que –recientemente salieron a la luz pública la afirmación del entonces concejal Ordoñez– pronunció en 1987: “No podemos desconocer que las auto-defensas se ajustan a las normas de la moral social, del derecho natural y de nuestra legislación positiva. Pensar lo contrario es, por decir poco, una absurda ingenuidad”. Posteriormente, esas auto-defensas ocasionaron el desplazamiento forzado de miles de colombianos, en medio de la violencia generada por el control de amplias extensiones de tierras. Esos colombianos quizá se fueron a Venezuela, huyendo de la muerte. Ante esos desplazamientos, Ordoñez ha sido muy discreto.

Incluso, le ha servido al presidente Juan Manuel Santos, quién ha mostrado su preocupación al afirmar: “Quiero recordarles a todos los deportados que Colombia los recibe con los brazos abiertos. Están volviendo a su hogar y no son extraños en su tierra. Están en su casa”. No obstante, Santos no había mostrado tanto apoyo y acompañamiento a los desplazados, por ejemplo cuando fue ministro de Comercio Exterior, ministro de Hacienda o ministro de Defensa,

Finalmente, es muy posible que los colombianos desplazados desde Venezuela, sólo les interesen a algunos colombianos en épocas electorales. Después de ese periodo, serán dejados, nuevamente a su suerte, hasta el siguiente período de elecciones. Mientras tanto, continuarán o se repetirán, en territorio colombiano y no venezolano, los desalojos de indígenas, sea en el Cauca o en la Guajira; de familias en Villa Café (Medellín), Hidroituango (Antioquía), en El Quimbo (Huila) y en la Localidad de Suba (Bogotá); o en otra lugar cualquiera de Colombia. Aunque esos desalojos y desplazamientos no serán presentados con tanta intensidad por los monopolios de la información y los políticos de turno no se rasgarán las vestiduras. Pues esos desalojos o desplazamientos forzados no serán considerados un ataque a la Dignidad Nacional.