Andrea Cely Forero

* Andrea Cely Forero

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad de Los Andes. Dentro de sus principales intereses investigativos se encuentran los movimientos sociales en América Latina y la acción política en la vida diaria. Tiene publicados los resultados obtenidos sobre experiencias de pedagogía feminista, planes de vida como alternativas políticas de resistencia y las tensiones entre el movimiento social y político en América Latina. Hace parte del Congreso de los Pueblos, una experiencia de movilización social que intenta construir legislación popular

Los hechos vividos en las últimas semanas alrededor de los problemas fronterizos constituyen una alerta. Las imágenes que se presentan entre Colombia y Venezuela, o entre Siria, Turquía y Grecia; además de la llegada de refugiados a Canadá, Alemania y Argentina, entre otros, dan cuenta de la dimensión global de los conflictos que se están presentando a nivel mundial. Para algunos analistas representan la manifestación de las inconsistencias de un orden mundial diseñado a partir de Estados soberanos, en medio de un planeta interdependiente en el que problemas como el calentamiento global, los refugiados, la deforestación y el tráfico de armamento dependen de variables globales que ningún Estado es capaz de controlar1. Para otros, se trata de una recomposición del mercado en función de la construcción de una imagen desoladora de la migración para legitimar la llegada de una mano de obra barata a estos países.

Siendo cierta la primera opción o la segunda, las condiciones de exclusión, expulsión y miedo que están viviendo miles de personas es un síntoma más de la crisis mundial que ha desatado el tipo de relaciones sociales, económicas y políticas que se han configurado desde hace muchos años en función de la producción de ganancias. No se trata de un problema coyuntural o de la consecuencia de una política pública fronteriza mal implementada. El desplazamiento de miles de personas desde su país de origen hacia otras naciones es muestra de la incapacidad que está mostrando el modelo de organización social y político que encarna la forma Estado para regular las relaciones que dinamiza el mercado internacionalmente. O al menos, el tránsito a otras dinámicas de organización entre Estados.

Coincido con la lectura que presenta Mauricio García en su columna de El Espectador, en la que afirma que se trata de un momento en el que contamos con instituciones regulatorias incapaces de tramitar estos conflictos y en especial, de una situación que pretende gobernar dinámicas de alcance mundial con alcaldes locales. Es algo similar a lo que sucede con los Megaproyectos que llegan al país, se aprueban desde niveles globales y se espera que la ANLA, un gobernador o incluso un alcalde pueda regular su funcionamiento. Bajo esta perspectiva, ¿quiénes y bajo qué intereses están provocando este grado de desplazamiento? O un poco más concreto, ¿qué entidades podrían llegar a regular este tipo de hechos?

Iniciemos por el caso de la frontera con Venezuela. Millones de colombianos viven y seguirán viviendo en territorio venezolano. La diferencia se encuentra en que hoy no cuentan con una frontera viva que les permita continuar con el dinamismo comercial, familiar y político que mantenían. Las causas son múltiples, pero resalta especialmente el control paramilitar de este corredor fronterizo. Ahora bien, si son 1500 personas deportadas y aproximadamente 15 mil que han decidido regresar, ¿qué tipo de conflicto ha provocado su desplazamiento? El primero que sale a la vista es el conflicto armado que Colombia está intentando resolver. No olvidemos que esta zona del país es una de las que más desplazamiento forzado ha tenido y al mismo tiempo que Venezuela, con las políticas sociales que ofrece, se convirtió en un territorio que les permitía a las víctimas del desplazamiento solventar gran parte de sus necesidades básicas. Bajo este contexto, ¿es realmente una política fronteriza o un acuerdo entre los presidentes la solución a este desplazamiento humano permanente que vive el país?

Si pasamos al caso de Siria, se reconoce igualmente un conflicto armado provocado y sostenido por recursos extranjeros. Además de una fuerte sequía provocada por el cambio climático que se expresa especialmente en esa zona del mundo. Y como si fuera poco una política económica europea que condiciona la movilidad y la estabilidad política y financiera mundial. ¿Qué tipo de conflictos son los que marcan la vida de estas familias? No se trata de un drama distinto al nuestro. Quisiera resaltar las condiciones físicas y las limitaciones económicas que les imponen a estas familias los traficantes y lancheros ilegales. Como consecuencia de las fuertes medidas fronterizas europeas, los piratas turcos están en la disposición de cobrar hasta 2 mil euros para trasladar durante 45 minutos la vida de una persona. En las últimas semanas se ha aumentado en un 50% el desplazamiento desde Siria y no tienen ningún problema en cobrar y provocar conscientemente el hundimiento de una lancha para llamar la atención de los guardacostas, cuando tienen suerte. Mientras que en Colombia, se publicó la red comercial que sostenían grupos paramilitares en la frontera con el pago de un seguro de vida impuesto a las familias desplazadas2.

¿Qué diferencia existe cuando en cualquier frontera un grupo armado ilegal es capaz de controlar el mercado, las oportunidades de vida y las condiciones básicas para garantizar seguridad? ¿Es entonces la forma Estado capaz de regular las dinámicas que el mercado está generando a nivel mundial? ¿Es esta la forma de vida que se ofrece o, mejor, la que se impone en territorios no desarrollados? Una diputada europea afirmó en los últimos días que estas imágenes eran la expresión del fracaso de la idea del desarrollo y en particular, del desarrollo europeo. Existen análisis de hace muchos años que muestran cómo para que unos vivan bajo ciertas condiciones de bienestar, otros deben carecerlas. Desde otra perspectiva, se dice que si todos los humanos viviéramos bajo las condiciones de un país desarrollado, al planeta le quedarían pocas horas de vida. Y entonces pareciera que ni siquiera es sólo un problema de la forma Estado regulador, es fundamentalmente el cuestionamiento a una forma de vida.

Desde el lado griego se evidencia la crisis que vive el mundo. Una ciudadana de este país afirma en medio de una situación de rescate a refugiados: “Estamos contrariados. Por un lado les ayudamos y entendemos su situación, huyen de una guerra. Por otro, nosotros tenemos una guerra económica aquí, y su llegada ahuyenta el turismo y nuestro medio de vida”, relata una vecina. “Son como fantasmas. Tan solo los vemos andar y andar y cada día llegan más. Nunca sabremos qué pasa con los que ya han marchado rumbo al norte”3.

Y seguramente acá tampoco sabremos a dónde irá gran parte de esos 15 mil colombianos que decidieron regresar al país. Por el momento y mientras varias organizaciones sociales intentan crear otras propuestas de sociedad, es importante reclamar ante los medios masivos de comunicación, que no jueguen como los nuevos reguladores de estas formas de vida: en el caso sirio “BBC Mundo se refirió originalmente al pequeño como Aylan, el nombre proporcionado por las autoridades en Turquía. Según la tía del menor, Teema, estas le dieron deliberadamente un nombre turco en lugar de su nombre kurdo: Alan”4. Y en el caso colombo-venezolano, esperemos que no escondan el nombre de quienes ganan con el dolor ajeno.


 Dedicado a la frontera de vida que cruzó Igor y tantos niños y niñas a raíz de su tristeza y la nuestra.

  1. Mauricio García – Fronteras y (des) orden mundial. http://www.dejusticia.org/#!/actividad/2742
  2. http://www.elespectador.com/noticias/nacional/paramilitarismo-fronterizo-entre-colombia-y-venezuela-u-articulo-583621
  3. Más de 2.000 migrantes han muerto en el Mediterráneo en lo que va de año: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/04/actualidad/1438693175_440161.html
  4.  Ibíd.