Ann Spanger

* Ann Spanger

Egresada del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Asistente de investigación en la Fundación Karisma. Algunos de sus intereses son los derechos humanos y su relación con las tecnologías de la información, específicamente la cuestión de la privacidad, la libertad de expresión, la equidad de género y la emergencia de movimientos políticos y sociales en la era digital, y en el contexto colombiano y latinoamericano. También ha trabajado como dibujante y es autora de varios proyectos editoriales y gráficos

“En tiempos recientes se ha proclamado con frecuencia el final del amor.” Con esta frase Byung-Chul Han abre el ensayo La agonía del Eros, publicado en 2012 y traducido al español en 2014. Numerosas teorías sociológicas intentan explicar este “fenómeno” del mundo contemporáneo y algunas apuntan 1 a que la exacerbada libertad de elección y la oferta inagotable, hacen insostenible al amor. Han añade: no solamente una abundancia de oferta y de libertad para discriminarla ponen al amor en crisis, es el discurso predominante del éxito, la eficacia y el rendimiento el que termina acribillándolo. En una sociedad en la que es una prioridad aferrarse y reafirmar de forma permanente nuestro ego, Eros no tiene lugar. La razón es que la experiencia erótica es, fundamentalmente, una experiencia de la alteridad.] a que la exacerbada libertad de elección y la oferta inagotable, hacen insostenible al amor. Han añade: no solamente una abundancia de oferta y de libertad para discriminarla ponen al amor en crisis, es el discurso predominante del éxito, la eficacia y el rendimiento el que termina acribillándolo. En una sociedad en la que es una prioridad aferrarse y reafirmar de forma permanente nuestro ego, Eros no tiene lugar. La razón es que la experiencia erótica es, fundamentalmente, una experiencia de la alteridad.

La cuestión, por supuesto, se expande en diferentes registros. La doctrina neoliberal, que vende la idea de elección y realización de las individualidades basada en la fórmula “tú puedes”, deriva en un agotamiento constante pues lo que ‘se puede’ es hacer y tener según el patrón que el sistema económico impone: rendir, acumular y competir. Frente a la frustración de no corresponder a este estándar, o de hacerlo “insuficientemente”, la depresión se convierte (junto al cáncer) en la enfermedad del siglo. Se trata de la depresión que conduce a un pensamiento y a una sensibilidad auto-referenciales: “no puedo”, “no tengo”, “no soy”. La muerte del amor es contundente pues ni el adicto al trabajo, ni el narcisista-depresivo pueden salir de sí mismos: son inmunes a la experiencia erótica en la que la irrupción de lo desigual en medio de la mismidad, la ruptura y el extrañamiento, nos exponen a la atopía, es decir, a la carencia de un “lugar” que permita fijar o introducir en lo igual al otro. Contrario al impulso por medirlo todo con el mismo rasero, propia del mundo del capital, rasero que admite las sutiles diferencias que hacen atractivos y consumibles a los “productos”, Eros no puede positivarse ni equivaler a un objeto de consumo. No funciona bajo la regla de la transacción, ni tampoco obedece a la lógica de la exhibición. Estas aniquilan el erotismo que, señala Han, es avivado por el velamiento y por una experiencia dilatada del tiempo. En otro de sus ensayos 2, Han exalta el sentido de la espera y la demora en un mundo que elogia y promueve la velocidad, la inmediatez.

Todas nuestras experiencias vitales están profundamente trastocadas bajo este régimen: la sexualidad, en particular, es sometida a la regla pornográfica que, en nuestros días, se ha convertido en la fuente de normalización del sexo. Aquí y allá vemos cómo se comercia con los atributos sexuales pues hace parte de las presuntas libertades que ofrece el sistema, la ‘libertad del placer’. Obtenerlo se convierte en la carnada para incrementar la ansiedad pues “más placer” siempre es posible; de esa manera se moviliza el libre mercado, ofreciendo nuevas y “cada vez mejores” alternativas. De ahí que el sujeto del rendimiento sea, también, el sujeto de las compulsiones: es insaciable.

En esto, la perspectiva de Han coincide con una preocupación que ha generado ya una diversidad de opiniones académicas, “estudios científicos”, grupos de apoyo, etc. Se trata del modo en que la explosión de la industria pornográfica audiovisual, debido al crecimiento y la evolución del internet, ha intervenido en la vida sexual y emocional de las generaciones más jóvenes. Los primeros ‘conejillos de indias’ (en masa) de este ‘experimento social no declarado’, cuya exposición a todo tipo de material pornográfico pudo comenzar a mediados de la década del 2000, empiezan a denunciar su ‘insensibilización’ en foros virtuales que tienen el propósito de ayudar a abandonar las actividades sexuales compulsivas a través de la consecución de retos semanales, mensuales y anuales; tal es el caso de NoFap 3 cuyo slogan reza: “Get a new grip on life” (que traduce algo como: “Consigue algo nuevo de qué agarrarte en la vida”).

La falta de sensibilidad, diría Han, es el resultado de la exposición a imágenes que carecen de “expresividad”. En este sentido, “la sexualidad hoy no está amenazada por aquella “razón pura” que, adversa al placer, evita el sexo por ser algo “sucio”, sino por la pornografía” (Han, La agonía del eros, 48). El porno anula la comunicación erótica al eliminar todo misterio, reduciendo la actividad sexual a una mera exhibición de mercancías. Al punto en que desaparece toda posibilidad de fantasía. Han contrasta el concepto de fantasía con el del “deseo racionalizado” que, según la perspectiva de Eva Illouz, aparece en una sociedad en la que la posibilidad de elección nos obliga a elaborar y a dar cuenta de nuestros criterios de selección. Si bien la cultura del consumo da lugar a nuevos deseos, por medio de imágenes y narrativas mediáticas, hay también un modo del deseo como añoranza. ¿Añoranza de qué? Del otro que se sustrae, del otro que no se puede positivar para hacerlo elegible según el ‘refinamiento de los criterios de selección de pareja’. Y es ahí, en la capacidad de añorar, que habita la fantasía. Esta es opuesta al exceso de información y a la “alta definición” pues precisamente su lugar es un “espacio indefinido”. La fantasía no es, entonces, lo mismo que las “expectativas” generadas por la acumulación de información. Ver excesivamente no incita a la imaginación; de esta manera la pornografía, que exacerba toda información visual, termina por socavar la fantasía erótica obligando a su consumidor a requerir cada vez de más estímulos para alcanzar algún grado de excitación. Hasta que nada es suficiente. Por ello, Han apunta a la idea de que en la fantasía se construyen umbrales, límites, que permiten que el misterio y el enigma den lugar a la emergencia del otro.

He aquí parte del resultado del curso que el capitalismo ha tomado con el discurso neoliberal. Además de usar a su favor el enemigo externo, característico de las sociedades del disciplinamiento, en el neoliberalismo aflora y se robustece el enemigo interno que nos habita en la forma de una conciencia apremiante del poder hacer y del poder tener. Resulta más eficaz, que el látigo y el castigo explícitos (es decir, que la represión), poner en marcha un vocabulario ‘amable’ que exhorta a la proyección constante, a la motivación para el emprendimiento, a la realización de la libertad de empresa de cada individuo. Esto deviene en una explotación de uno mismo que reporta mejores resultados que la fórmula de la prohibición y el control, pues tiene el atractivo de convencernos de estar actuando libremente. Esto, como es de esperarse, no es solamente un problema ‘espiritual’ de cada singularidad afectada en lo cotidiano por las lógicas más penetrantes, pero al mismo tiempo “minúsculas”, del sistema económico. Para Han la ausencia de Eros afecta el quehacer político en su conjunto. Retomando algunos aspectos de la teoría platónica del amor, Han señala que Eros tiene la capacidad de afectar el deseo, la valentía y la razón. Por ejemplo, puede estimular a la valentía a realizar ‘bellas acciones’ o impedir que la razón degenere en un mero cálculo al que se le escapa el acontecimiento. Sin crear una relación directa entre amor y política, incluso reconociendo su antagonismo, Han recuerda a Badiou quien señala que existe un vínculo misterioso entre la fuerza que mueve a las acciones políticas y la intensidad del amor, y concluye que: “La acción política como un deseo común de otra forma de vida, de un mundo más justo, está en correlación con Eros en un nivel muy profundo. Este constituye una fuente de energía para la protesta (…)” (Han, La agonía del Eros, pág. 68).

Y es que el amor, como una interrupción de la mismidad, como la aparición de la perspectiva del otro y de la alteridad, constituye un acontecimiento que perturba nuestra manera de habitar el mundo, que nos impulsa a una nueva forma de ser y de vivir. Lo propio del acontecimiento es la interrupción, la dislocación y la posibilidad de un nuevo comienzo. Es, precisamente, este carácter acontecimental el que “une al amor, con la política o con el arte. Todos ellos exigen una fidelidad al acontecimiento. Esta fidelidad trascendental puede entender como una propiedad universal del Eros” (Han, La agonía del Eros, pág. 68).

En suma, este breve ensayo del pensador coreano es una lectura perspicaz del amor en el mundo contemporáneo que, en mi opinión, no debe pasarse por alto. No sobra aludir a la manera en que varias reseñas y aproximaciones a su trabajo caricaturizan a Han: “el filósofo de moda en Alemania”. Esta imagen tan fácil, termina comprobando la mirada que él mismo tiene de una sociedad enajenada con el “reencauche” de fetiches y con la producción de homogeneidades útiles, sobre todo, en la empresa de vender “productos”: en este caso, el producto filosófico que pone a pensar al extenuado (pero ávido) lector quien después de cerrar el best-seller “Cincuenta sombras de Grey” tiene curiosidad de saber de qué hablan “sus críticos”. Algo distinto, sin embargo, le espera con este libro.


Referencias

Han, Byung-Chul. La agonía del Eros. Editorial Herder.

— La sociedad del cansancio. Editorial Herder.

— La sociedad de transparencia. Editorial Herder.

  1. “En tiempos recientes se ha proclamado con frecuencia el final del amor.” Con esta frase Byung-Chul Han abre el ensayo La agonía del Eros, publicado en 2012 y traducido al español en 2014. Numerosas teorías sociológicas intentan explicar este “fenómeno” del mundo contemporáneo y algunas apuntan [1
  2.  El aroma del tiempo: un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse.
  3. www.nofap.com y www.reddit.com/r/NoFap/