André Noël Roth Deubel

* André Noël Roth Deubel

Doctor en Ciencias Económicas y Sociales-mención Ciencias Políticas, Magíster en Ciencias Políticas y Politólogo de la Université de Genève. Profesor Titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia - sede Bogotá (UNAL). Director del Grupo de investigación Análisis de las políticas públicas y de la gestión pública (APPGP) y del GT Innovación y Políticas Públicas de CLACSO. Codirector Revista Mundos Plurales (Flacso Ecuador). Exdirector de la Revista Ciencia Política de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la UNAL. Es también profesor invitado del Doctorado en Ciencias Sociales del CINDE-Universidad de Manizales y del programa de Políticas Públicas de FLACSO-Ecuador. Ha sido Coordinador Académico del Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la UNAL (2008-2012), profesor y director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad del Cauca (1995-1997, 1998-2005) y profesor asistente de la Université de Genève (1992-1995, 1997-1998). Las principales áreas de reflexión y trabajo son la teoría, el análisis y la evaluación de las políticas públicas y de la gestión pública y de su relación con la participación política, la democracia y la innovación publica.

Faltando pocas semanas para las elecciones locales en Colombia sorprende la ausencia de reflexión o de propuestas para la renovación de la gestión pública o de la política por parte de los candidatos a dirigir alguna administración local o departamental. Tanto en América Latina como en Europa, los éxitos políticos que han impactado en el escenario político corresponden a movimientos que han logrado renovar la acción política y reconectar la decisión política administrativa con la ciudadanía, es decir romper los muros erigidos entre política y ciudadanía. Hace una década o algo más, esa renovación permitió los éxitos de los Lula, Chávez, Correa y Morales en el continente americano. Hoy, es el turno en Europa con movimientos como Podemos o Ciudadanos en España, Syriza en Grecia, un líder laborista como Corbyn en Inglaterra o, incluso, un movimiento como Cinco Estrellas en Italia o Sanders en los EE.UU. El listado anterior muestra que no se trata de una cuestión ideológica (ni de edad): estos éxitos políticos cubren el espectro desde la izquierda a la derecha.

¿Qué tienen entonces en común estos movimientos? Me atrevería a pensar que lo que los une es haber sabido interpretar, en medio de la crisis específica atravesada por cada una de estas sociedades, que la lógica política tradicional de representación de grupos sociales homogéneos (clases) y de la acción pública delegada a profesionales de la política estaban en crisis, y que había que proponer una relación diferente, un cambio paradigmático, entre la política y la ciudadanía. Cada uno a su manera han sabido reestablecer un diálogo directo con los ciudadanos. A la era de la comunicación digital y de las redes sociales, el modelo político tradicional está igual de anticuado que los modelos comunicacional (prensa impresa, TV) e industrial que le correspondía y que, en su conjunto, conformaban la cultura política y organizacional dominante durante el siglo XX. El establecimiento de una relación más horizontal y de (la promesa de) una participación y de una intervención directa de la ciudadanía en las decisiones (denunciados, por algunos nostálgicos de las jerarquías, como “populista” a partir de un imaginario político anclado en las primeras décadas del siglo XX), forman parte del cambio posibilitado por los nuevos medios de comunicación numéricos. La democratización y la circulación casi sin restricciones de la información, no sólo suprime las múltiples barreras de acceso a la información, sino que también rompe con la división histórica entre productores y consumidores de información: con Internet cada uno se ha vuelto productor, difusor y consumidor de información!

La cultura del siglo XX fue marcada por el triunfo de una concepción centralizada, jerárquica o vertical de la autoridad y del gobierno, organizado alrededor de estados mayores restringidos o staff, en todos los campos y cuya caricatura se encuentra tal vez mejor expresada en la organización científica de F. Taylor y en los modelos político-administrativo y de planeación soviéticos. Tanto los comités centrales o directores de partidos políticos como la dirigencia de cualquier organización jerárquica (empresa, universidad) legitiman el ejercicio de su poder con base en una cultura vertical y autoritaria, “top-down”, hoy profundamente cuestionada por un imperativo participativo y deliberativo, a veces difuso y confuso, que reclama transparencia, participación deliberativa sin mediación y sensibilidad individual. En términos generales hoy se exige que se justifiquen las decisiones y las políticas con “buenas razones”, lo que implica institucionalizar el diálogo entre las partes ya que el saber o el conocimiento ya no se distribuye de arriba hacia abajo de la escala jerárquica. El viejo modelo industrial autoritario, basado en una racionalidad mecánica llena de correas de transmisión, que se empezó a construir con la Ilustración, ha muerto culturalmente aunque sigue obviamente existiendo, incluso extendiéndose en nuevos sectores laborales como la salud y la educación. Sin embargo, ya no hace parte de un imaginario o de una cultura en expansión. El viejo mundo no termina de agonizar (y de defenderse), pero ya se vislumbra el nacimiento de otro. Y este nuevo mundo en construcción se ve mejor reflejado en el tipo de relaciones que autorizan los atributos de los nuevos medios de comunicación y las redes sociales: horizontalidad, sin autoridad central omnisciente, inmediatez, individualismo, desdibujamiento de la separación público-privado y, en política, cuestionamiento del rol fuertemente diferenciado entre político y experto de un lado y ciudadano del otro. La representación de este modelo ya no se refiere a una pirámide con una cima en donde se concentraría todo el poder, sino en una red en donde el poder (y el saber) es desconcentrado, fluido, cambiante e incierto según la temática. Es así como el nuevo rumbo de las relaciones entre política y ciudadanía, entre administración y administrados, y en general entre gobernantes y gobernados, pasa por una indispensable renovación o transformación del anticuado modelo de cuerpos representativos y de organización burocrática1.

Es tiempo de innovación. Sin embargo, se tiende a asociar la innovación en términos de invención, desarrollo o adaptación tecnológica o empresarial generadora principalmente de valores económicos. En otra acepción, ahora muy difundida desde los sectores gubernamentales y académicos, se habla de innovación social. Aunque el término “social” permite una definición amplia de su alcance, su difusión y práctica tiende a concentrarse en estrategias innovadoras situadas por fuera de la gestión pública para mejorar la situación social y económica de ciertas poblaciones, como por ejemplo en el caso del gobierno colombiano a través de la Agencia Nacional de Superación de la Pobreza (ANSPE) y de su Centro para la innovación social (CIS). Este define la innovación social como “una solución (producto, servicio, práctica o modelo de gestión) diferente a los modelos tradicionales, que al ser probada demostró ser sostenible en el tiempo, con una mejor relación costo-resultado y de mayor impacto para la población en situación de pobreza extrema2. Esta visión de la innovación social tiende a excluir el cuestionamiento a la propia práctica de la gestión pública en general, y busca favorecer soluciones privadas o comunitarias a los problemas con una actitud benevolente, sino paternalista, del sector público. Se trata de una revisión de lo que se llamó antes la Nueva Gestión Pública, asociada a las políticas neoliberales. Pero la innovación social incluye también el sector público. Es decir la innovación social es también innovación pública, innovación que sirve valores públicos. De modo que “si la innovación en el sector privado se orienta a la mejora de la competitividad y, por tanto, a la generación de valor económico, la innovación pública busca la consecución de unas políticas públicas que satisfagan mejor las necesidades sociales y unos servicios públicos de mayor calidad, mediante la asignación y la utilización de los recursos públicos” (INAP, España). Para ello, la administración pública debe también innovar con dispositivos colaborativos o participativos que permitan una integración real del punto de vista del ciudadano o del usuario en la formación de las políticas públicas y en los procesos de gestión de los servicios públicos (procesos de co-creación). Así, el Estado, como promotor y garante de los valores públicos democráticos, podrá encontrar un nuevo rol, con una ciudadanía activa, en consonancia con la sociedad-red del siglo XXI.

Sin embargo, como lo muestran algunas de las experiencias políticas ya mencionadas, las innovaciones políticas e institucionales pueden ser pervertidas. La tentación de usar de manera instrumental la participación ciudadana para su propio beneficio y permanencia en el poder es grande. Las prácticas clientelistas no van a desaparecer tan pronto. La solución autoritaria e instrumentalizadora, de esencia maquiaveliana, que facilita el control del poder de Estado está siempre presente y es tentadora.

Es por esta razón que sería preciso que los candidatos a los cargos públicos reflexionen seriamente sobre los objetivos y formas de uso del poder público en el siglo XXI. Las instituciones públicas deben servir a los gobernados en su pluralidad y no a los gobernantes. Estos deben ser los facilitadores de estos procesos colaborativos y no los que definen autoritariamente los contenidos de las políticas. Para ello, es evidente que las formas parlamentarias y burocráticas son anticuadas. De allí se desprende la exigencia de una democracia participativa que se extiende a la gestión pública. Sin embargo, frecuentemente, las experiencias de participación de los involucrados desarrolladas por las administraciones locales, como terreno ideal para la innovación y la experimentación públicas, han resultado ser o se han transformado con el paso del tiempo y de la inercia y la manipulación político administrativas, en una estrategia de legitimación de las decisiones de las autoridades. Se crean así nuevas redes clientelares que se incrustan y fagocitan la institucionalidad para beneficio propio. Con estas prácticas, se pone en riesgo no solamente la legitimidad de los procesos participativos y de la decisión tomada, sino la legitimidad misma de la democracia. La práctica de la participación, para ser efectiva y legítima debe garantizar un mínimo de deliberación seria, organizada, publicitada, con reglas de juego claras, y con resultados que comprometen a las decisiones políticas y administrativas futuras. Eso no se improvisa a punta de asambleas.

De modo que es urgente que el sector público innove. Se necesita descubrir nuevas soluciones a problemas públicos siempre más complejos. En estas últimas décadas, las ciencias sociales y políticas, y en particular desde el análisis de políticas públicas y el diseño (Design), se han desarrollado y experimentado numerosas estrategias, metodologías y dispositivos que apoyan el descubrimiento de soluciones basadas en la participación y la democratización de los procesos de formación y de diseño de políticas y soluciones públicas (ejemplos de metodologías: Join Aplication Design-JAD; Q-Methodology). Para ello, se han creado, frecuentemente mediante alianzas entre universidad e institución pública, espacios como los Laboratorios de innovación pública (por ejemplo: PACAlabs y la27erégion en Francia, el Helsinki Design Lab, Mindlab en Dinamarca, Nesta en los EE.UU., el Centro para la innovación de los servicios públicos en África del Sur, etc.3) que se proponen descubrir soluciones nuevas a problemas públicos a partir de una perspectiva centrada en los usuarios (users-centered). En su conjunto, se trata de estrategias de investigación colaborativa en donde se juntan usuarios, funcionarios, científicos sociales y expertos relacionados con el tema en discusión. Los problemas de movilidad y de infraestructuras públicas en zona urbana y de servicios públicos son temas frecuentemente tratados por estos laboratorios. Igualmente, experiencias de participación ciudadana a través de conferencias de consenso o conferencias ciudadanas que permiten establecer un diálogo de saberes razonado, fructífero y profundo entre ciudadanía del común, políticos y expertos sobre diversos temas cruciales, han permitido mostrar que la ciudadanía es capaz de entender y debatir problemas públicos complejos y proponer soluciones pertinentes. Así mismo, modalidades de consulta previa, adaptada al contexto plural de lo urbano, podrían también perfectamente ser experimentadas.

Conducidas de manera adecuada, destinadas a facilitar un diálogo de saberes respetuoso y fructífero en un sociedad plural, estos dispositivos que combinan acción pública, experimentación e investigación social, creación, difusión de conocimientos y formación ciudadana, se relacionan con las perspectivas democráticas y democratizadoras iniciales de las Policy Sciences imaginadas por Lasswell (particularmente retomadas y desarrolladas hoy por la corriente interpretativa y crítica en análisis de políticas públicas), de las encuestas sociales de un John Dewey, o de la investigación-acción participativa de un Fals Borda. Se ofrece así un camino para iniciar una transformación incluyente y democrática de la gestión pública. Ojalá los candidatos consideren a la innovación pública como una tarea urgente y prioritaria para reconciliar el ciudadano con la administración pública en beneficio de un reforzamiento de una gobernanza radicalmente democrática.

  1. En este sentido, las propuestas que circulan en la Universidad Nacional de Colombia de constitución de un Senado (parlamento universitario) para “democratizar” el gobierno universitario, siguen ancladas en una cultura política del siglo XIX y XX, basada en la representación de cuerpos y la delegación mecánica de poder
  2.  http://www.anspe.gov.co/es/programa/innovacion-social (recuperado 21 de septiembre 2015)
  3. Ver i-teams, Bloomberg Philanthropies, www.nesta.org, 2014