Nicolás Villa Moya

* Nicolás Villa Moya

IInternacionalista de la Universidad del Rosario y magíster en Administración Pública de la Universidad de Leiden. Cursó estudios complementarios en Política Pública Europea en el Montesquieu Instituut de La Haya y Cooperación Internacional para el Desarrollo en la Universidad del Rosario. Fue miembro fundador (alumni) de The Hague Governance Quarterly y actualmente se dedica a la docencia en facultades de Negocios Internacionales, Relaciones Internacionales y Ciencia Política. También es analista internacional para la cadena RT.

En septiembre de este año, Ali Mohammed al-Nimr, un joven árabe de 21 años (quien fuera capturado a los 17) fue finalmente sentenciado a ser decapitado y a que su cuerpo sin cabeza sea posteriormente crucificado por el gobierno del Reino de Arabia Saudí. Sus “crímenes” fueron confesados después de ser torturado por agentes del gobierno liderado por la monarquía Saudí, cuyos miembros gobiernan el mencionado Estado árabe desde la década de los treinta del siglo pasado. Se sospecha que la verdadera amenaza que presenta Ali para la dinastía del reino es su éxito en convocar marchas pacíficas opositoras, y ser sobrino de otro opositor asesinado por el Estado, el Jeque Nimr al-Nimr.

En los medios colombianos, y en el común de la gente, aun no se registra condena -o noticia alguna- hacia la trágica y desalentadora sentencia del joven Ali. Sin embargo, quizás no debemos ser demasiado duros con nuestros compatriotas, puesto que ellos se encuentran ocupados repudiando otro espeluznante caso de abuso contra los derechos humanos de un opositor político: el encarcelamiento de Leopoldo López. Esta preocupación por los derechos humanos (especialmente proveniente desde los ciudadanos y medios de derecha) se puede evidenciar específicamente en las airadas quejas, reclamos y denuncias frente a la situación del opositor venezolano en El Tiempo, Caracol, RCN, El Espectador, el gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea.

Sin embargo, también salta a la vista la poca preocupación y atención recibida a raíz de los espeluznantes casos que han ocurrido y ocurren en Egipto (asesinatos de Estado), China (pena capital), México (43 estudiantes asesinados, 20.000 desaparecidos), Arabia Saudí (decapitaciones, crucifixiones, latigazos), o inclusive la propia Colombia (asesinatos de sindicalistas y periodistas de oposición y represión a los movimientos sociales y políticos de oposición). La derecha colombiana, y latinoamericana, cada vez goza más de su supuesto rol de víctima.

Si bien resulta paradójico (y desde el punto de vista ético indignante) que fuerzas políticas causantes de tanto sufrimiento, injusticia y atraso histórico en nuestro país, de repente levanten la bandera de los derechos humanos y de la solidaridad con los oprimidos, no está de más analizar sus argumentos y sus presupuestos ideológicos. Es interesante y útil llevar a cabo dicho ejercicio, más allá de la asimetría presentada en el párrafo anterior. Analicemos, pues, algunos argumentos de la “derecha humanitaria” colombiana y global.

Comencemos con el argumento mediante el cual se juzga la relación entre el Estado y las minorías. Según los analistas de derecha, uno de los grandes logros de la democracia fue garantizar el derecho de las minorías frente al poder estatal. Este argumento se utiliza tanto para defender a Leopoldo López, como para defender (por ejemplo) las corridas de toros. En ese orden de ideas, los opositores venezolanos y los taurófilos son una minoría cuyos derechos no deben ser vulnerados por la mayoría.

Aquí, el –o más bien la ausencia de- entendimiento de nuestros compatriotas de derecha frente al tema de las minorías salta a la vista. La democracia es un avance político y social, por eso, necesariamente es funcional para garantizar los derechos de los grupos (sean ellos minorías o no) sin voz ni voto dentro del establecimiento, y no, como se quiere hacer creer, para garantizar legalmente los abusos de una minoría contra el resto de la población. Después de todo, en un sistema político de monarquía absoluta o económico de crony capitalism, las minorías también la pasan muy bien (la casa real, el clero, la nobleza, los “oligopolists”, etc.).

Con este análisis simple podemos comenzar a vislumbrar el sesgo ideológico del humanitarismo de derecha. No está de más recordar que Leopoldo López pertenece a la minoría política y económica tradicionalmente poderosa en Venezuela. Sumado a lo anterior, López participó en el golpe de Estado de 2002, desconoció resultados electorales (ya perdimos la cuenta del número de veces que “la dictadura” venezolana ha ganado las elecciones limpiamente) donde el chavismo ganó y llamó a los venezolanos a instaurar el caos y la violencia mediante manifestaciones “no pacíficas”. De tal manera, instigó la muerte de 43 personas y millones de dólares en pérdidas materiales.

Pero ahí no acaba todo. Leopoldo López es algo así como el escogido por Estados Unidos, los medios y la oposición violenta para derrocar a los gobiernos chavistas, mediante la violencia. Recibió apoyo financiero y mediático por parte de Estados Unidos. Los representantes de López se reunieron múltiples veces con funcionarios de la embajada estadounidense donde, de manera diligente, les informaron cómo en ese momento el “hacer a López víctima de las maquinaciones de la RBV (República Bolivariana de Venezuela) estaba haciendo que su popularidad aumentara”1. En otras palabras, se informó que la orquestación y escenificación de la oposición estaba funcionando.

Como se mencionó anteriormente, también es importante analizar el factor internacional del humanitarismo de derecha como un fenómeno más del capitalismo global. Nuestra época es testigo de una paradoja social representada por el “liberal-comunista”. Este neologismo es la denominación utilizada por el filósofo Slavoj Žižek, para cierto tipo de humanitarismo de derecha. Los liberales comunistas son aquellos empresarios, y sus adeptos, quienes quieren seguir siendo grandes empresarios capitalistas (generando grandes cantidades de contaminación, acelerando el cambio climático, utilizando mano de obra esclava, empeorando las condiciones sociales en el mundo) y al mismo tiempo quieren ser los abanderados de las causas humanitarias y ambientales. Acá encontramos a personajes como Bill Gates, George Soros, magnates, gerentes de grandes corporaciones, e inclusive personajes de “izquierda”.

Según Žižek,

“los liberales comunistas son pragmáticos, ellos detestan la ideología. Para ellos, hoy no existe una única Clase Proletaria explotada, solamente existen problemas concretos que deben ser resueltos, tales como el hambre en África, la situación de las mujeres musulmanas o la violencia fundamentalista. Cuando hay una crisis humanitaria en África – y los liberales comunistas aman las crisis humanitarias ¡sacan lo mejor en ellos! – en vez de emplear retórica anti-imperialista, ellos consideran que simplemente deberíamos examinar aquello que realmente resuelve el problema: involucrar a la gente, los gobiernos y al sector privado en una causa común, aproximarse a la crisis en una manera creativa, no convencional, y sin preocuparse por las etiquetas”2.

Y “Sobre todo, los liberales-comunistas se ven a sí mismos como verdaderos ciudadanos del mundo, gente buena que se preocupa. Ellos se preocupan por los gobiernos populistas y las corporaciones codiciosas e irresponsables. Ellos ven las “causas profundas” de los problemas actuales, la pobreza masiva y la falta de esperanza que cultiva el terror. Entonces su meta no es ganar dinero, sino cambiar el mundo (y de esta manera, como un sub-producto, hacer aún más dinero)”3.

Žižek continúa su crítica de los liberales-comunistas mediante varios argumentos. Este tipo de personas reniega de los impuestos estatales, ya que, sin impuestos ellos podrían hacer aún (¿?) más por la humanidad. Segundo, son personas con una ética contradictoria, en un segundo están acabando con la competencia mediante engaños, buscando monopolios globales, especulando con el futuro de naciones enteras, y después son filántropos al servicio de la humanidad. Están obsesionados con acabar la violencia subjetiva (políticos corruptos, grupos terroristas, religiones fundamentalistas misóginas), sin darse cuenta de que ellos mismos son los que crean las condiciones objetivas (violencia estructural) para que todo ese tipo de fenómenos florezcan (usualmente con el apoyo explícito o implícito de Estados Unidos y Europa) en el tercer mundo.

La ideología del liberal-comunista es muy común en las ONG estadounidenses y europeas, quienes no gastan tiempo en condenar los gobiernos progresistas de América Latina, generalmente injustamente y en contra de los intereses de nuestras naciones. No debemos olvidar que organizaciones como Human Rights Watch son financiadas por opulentos empresarios y grupos de interés afines al capitalismo global o que la World Wide Fund (WWF), pese al panda, fue fundada por exnazis (nada extraño ya que Hitler amaba a los animales y era vegetariano). Para ellos, resulta inverosímil que esos líderes populistas que tanto odian puedan hacer algo para mejorar el mundo, y así demuestran su sesgo ideológico, puesto que los gobiernos de izquierda de la región han logrado múltiples avances importantes que sus predecesores de derecha y colegas de derecha aún no han podido lograr. El acto propiamente ideológico por parte de estas ONG radica en el hecho de saberlo pero aun así no creerlo…y/o reconocerlo.

Ahora bien, el discurso de la derecha humanitaria, una variante colombiana afín al pensamiento de los liberales-comunistas, contiene varios elementos de izquierda (tolerancia de los afrocolombianos e indígenas, derechos de la mujer, conservación del medio ambiente). También es necesario recordar que los ciudadanos de izquierda debemos ser aún más críticos con los gobiernos que dicen representarnos (con relación directa a las varias “metidas de pata” y fracasos que se han dado durante el régimen chavista o en la Bogotá de Petro). Sin embargo, estos hechos no pueden ni deben entorpecer u ocultar los claros y valiosos logros que los gobiernos de izquierda han logrado en nuestra región y en nuestro país, reconocidos –y muchas veces aclamados- a nivel global.

Debemos recordar y aceptar que un preso político no es lo mismo que un político preso, en otras palabras, ver lo obvio. Mucho puede llenarse la boca la derecha humanitaria hablando de acabar con el racismo, los abusos contra la mujer en el mundo islámico y el régimen déspota chavista, pero no podemos permitirnos olvidar estos -¡y todos!- los avances sociales de nuestra época: sufragio universal, derechos de las minorías étnicas, derechos de la mujer, de la niñez, de los trabajadores, de las minorías LGBT, educación universal, salud universal, etc., son precisamente los logros de la izquierda. Son los logros obtenidos con sudor -y muchas veces con la propia sangre- por esa corriente de la humanidad a la que pertenece el chavismo: la izquierda política.

  1.  (2014).Cables de WikiLeaks revelan contactos de la oposición venezolana con EE.UU. Actualidad RT.
  2. Zizek, Slavoj. (2006). The Liberal Communists of Porto Davos. In These Times. Traducción libre del autor.
  3.  Zizek, Slavoj. (2006). The Liberal Communists of Porto Davos. In These Times. Traducción libre del autor.