Lucas Restrepo

* Lucas Restrepo

Doctorante en Ciencias Sociales, mención Sciences juridiques et philosophie politique, de la Universidad Denis Diderot - Paris 7 (Francia). Proyecto de investigación: ’’Gouverner le conflit, faire justice. Une lecture généalogique de l’expérience de la justice à propos du conflit politique colombien’’. Master 2 europeo en Filosofía, mención: Philosophie et critiques contemporaines de la culture, de la Universidad de Paris 8 (Francia). Especialista en Derecho Público de la Universidad Externado de Colombia. Abogado de la Pontificia Universidad Javeriana - Cali

¿Qué significa, para una Universidad, otorgar un título honoris causa? Esta pregunta no tendría sentido para un “hommus academicus” cuyo oxígeno se compone también de esos pomposos rituales en los que se extienden cortesías con cartones indexados. Y tal vez tenga razón, porque desplegar semejante duda no tanto sobre la calidad del candidato sino más bien sobre el sentido mismo del “homenaje” parecería un capricho, un puro contestatarismo, una treta incluso.1 

Al contrario, yo considero que tiene todo el sentido del mundo, aun cuando esté un poco fuera de “moda” (noción que el profesor Mario Bunge adora movilizar) elaborar una crítica seria y rigurosa de los discursos y de las prácticas de las instituciones. Cierta hegemonía académica “global” afirma que la “derrota de los autoritarismos” habría liberado al “conocimiento” de sus cadenas místicas y a la política de sus cadenas ideológicas. Y, sin embargo, algunos contenidos del liberalismo triunfante habrían, a su vez, sentado las bases para la expansión del relativismo, hijo bastardo del “nietzscheismo” y del “espíritu contestatario” de los años sesenta (una muy poco original afirmación que Bunge comparte con Marcel Gauchet y con cierta reacción europea).

Las transformaciones más recientes operadas en saberes como la física y la electrónica, pero también en la comprensión misma de la manera como se forman los saberes y su relación con las prácticas, nos permiten aventurar la tesis de que estamos viviendo una revolución. Algunos, sin embargo, ven en ello menos una transformación y más una simple y vulgar “victoria” sobre la “especulación” y el “relativismo” y, por ello, una victoria de la “verdad” sobre la “ideología”. No es difícil percatarse que este esquema funciona más exactamente como aquello que creen combatir: como una ideología, como la ilusión positivista de un mundo puro y abierto al sujeto y de un conocimiento como identidad perfectible cuyo garante universal, la razón, requiere solamente de una disciplina “quirúrgica” en la búsqueda de “lo concreto”. Empero, el debate sobre lo que somos hoy (saberes, prácticas), siendo el “nosotros” variable una parte importante de ese “mundo”, es un debate cuyo espacio propicio aún no ha dejado de ser, por fortuna, la Universidad. Vale la pena darlo, sin cartones ni ceremonias de por medio.

¿Por qué otorgar un honoris causa? Recientemente, algunos miembros de la comunidad académica de la Universidad del Valle han solicitado a sus directivas otorgar dicha distinción, en grado de Doctor en Filosofía, al profesor Mario Bunge. Los defensores de dicho homenaje creen tener una respuesta a la pregunta que inspira este escrito: porque tal reconocimiento permite exaltar la obra de un autor influyente; y porque al tiempo y sobre todo permite exaltar a los miembros de la universidad que lo otorga en razón de la influencia que ese autor ha tenido sobre sus procesos de conocimiento. Así pues, un honoris causa sería principalmente una especie de auto-homenaje indirecto con garante. En concreto, esto opera así: 1) portador de una obra rica, rigurosa e inmensa, el profesor Bunge ha realizado una defensa fiera de “la razón” contra el irracionalismo y el anti-humanismo, ejerciendo así una positiva influencia en (una parte de) la Universidad del Valle; 2) dicha influencia merece ser resaltada por cuanto, al final, son los trabajos inspirados en la obra de Mario Bunge, tanto en filosofía como en ciencias, los que merecen recibir el mayor reconocimiento. Bien lo confirman sus más duros defensores: este auto-homenaje indirecto con garante (el profesor Bunge) es una apuesta “científica” (léase política) contra la “charlatanería especulativa y relativista” (la de Univalle, supongo) y en favor del triunfo definitivo de la razón.

No por nada el debate que ha generado esta causa Bunge ha recreado (mediocremente por cierto) los posicionamientos de Mario Bunge frente a Heiddegger y a lo que él mismo considera como el “relativismo” y la “charlatanería”. Ahora bien, salta a la vista que lo interesante de dicho argumento expuesto por los promotores de la causa Bunge no es tanto su vulgaridad interna sino más bien su disposición estratégica: de manera también vulgar y poco cuidadosa pero eficaz, la causa Bunge decidió hacer de Bunge el monigote de una causa política completamente irreflexiva en relación con su alcance. Allí está sin duda su fortaleza y su falencia.

En efecto, más que un homenaje a una obra como la del respetado profesor Bunge, se trata más bien de una campaña local contra un enemigo inexistente, el mentado “relativismo”, y en favor de una sola forma de construir saber en Univalle, “la ciencia” (campaña por cierto peligrosa: esa perorata vulgar del “humanistas=charlatanes” viene haciendo estragos a nivel mundial, sobre todo en lo que respecta a la estrategia gubernamental de “priorización” de saberes y de inversiones). De allí que valga preguntarse: ¿y para qué este “garante” si en realidad es el trabajo de algunos univallunos los que merece el más grande reconocimiento? Ah, dirán, porque se trata de exaltar su compromiso académico contra el irracionalismo, siendo un latinoamericano, Mario Bunge, uno de sus más importantes paladines. Se trata entonces de una “guerra interna” que, sin embargo, permite la emergencia de posiciones estratégicas frente a las prioridades de inversión en investigación, dando así nacimiento y forma a un enemigo real (porque no hay guerra que no cree a su propio enemigo): los opositores de la causa Bunge (por demás un enemigo demasiado parecido a su contrario).

Considero que la proposición de otorgar la distinción honoris causa a Mario Bunge es débil donde debería ser fuerte y brutal donde no debería existir, aun cuando el candidato merece todos los reconocimientos que se le quieran hacer. Brutal porque no se puede defender un “homenaje” como estos movilizando frasecitas altisonantes (y vacías) contra una parte de la Universidad, haciendo de los polos de la polémica tristes caricaturas de una mala historieta universitaria. Es como instaurar el triunfo de la razón por decreto, con monigote honorable a bordo. Débil, porque movilizar un debate filosófico como el que pretende movilizar la causa Bunge a través de una medida de auto-homenaje es, por demás, evadir el debate y, lo peor de todo, evadir una relectura necesaria de los términos de dicho debate. Tal evasión viene generando efectos políticos temibles: el reinado de la racionalidad técnica en nuestros procesos de reflexión sobre lo que somos. Por otra parte, considero que tampoco se puede atacar la causa Bunge con el argumento inverso, conservando la estructura de exclusión implícita en la defensa. Resultaría simplemente paradójico sostener una oposición a dicho homenaje por el sólo hecho de que Bunge opina “con intolerancia”.

Si la Universidad quiere seguir funcionando bajo la lógica de la pompa y el agasajo, no veo ni el problema ni la dificultad de este tipo de homenajes, ya de por sí muy poco reflexionados. Sin embargo, considero que debe tener mucho cuidado en las razones que decida escoger y movilizar, no porque el respetado profesor Mario Bunge no lo merezca (no dudo en que lo merezca más que otros e igual que otros), sino más bien porque son tiempos difíciles en los que ciertos saberes ya han sido condenados al exilio, y la ejecución de su condena es una larga agonía que puede terminar expulsando de la Universidad a toda la crítica.

  1. Esta es una versión corregida de mi participación en el Foro virtual, convocado por la Vicerrectoría Académica de la Universidad del Valle a propósito de la proposición realizada por algunos profesores de otorgar la distinción Honoris Causa Doctor en Filosofía al profesor Mario Bunge. Los documentos de la proposición y el debate pueden consultarse aquí: http://viceacademica.univalle.edu.co//tramites/honoris_causa_MARIO_BUNGE/