Mohamed Nachi

* Mohamed Nachi

De origen tunecino, es antropólogo y sociólogo, especializado en sociología política y moral, en estudio del mundo árabo-musulman y en pensamiento islámico. Después de haber enseñado en la Universidad Católica de Louvaina (Bélgica) y en la Universidad de Sfax (Túnez), es profesor de Sociología en el Instituto de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad de Liège. Licenciado en derecho (Montpellier I), diplomado en Ciencia Política (IEP d'Aix-en-Provence) y en Antropología (Montpellier III), Doctor en Sociología de EHESS (París), es desde 1992 miembro del GSPM, Groupe de sociologie politique et morale (CNRS-EHESS) y desde 2006 miembro del Laboratoire Diraset. Etudes maghrébines (Túnez)

La nueva constitución tunecina: un “compromiso histórico”? Es en este contexto que la Asamblea Nacional Constituyente Tunecina (ANC) adoptó el 26 de enero 2014 una nueva Constitución recibida con entusiasmo por la mayoría de los observadores nacionales e internacionales y considerada como un texto mayor e innovador. Se dice que es la Constitución más progresista del mundo árabe.

Fruto de un parto doloroso y de una elaboración varias veces entorpecida por la Troïka, encabezada por el partido mayoritario de Ennahdha, la redacción de la Constitución tomó mucho tiempo – prevista por un año esta tomó más de dos–, se hizo en un clima de tensión y de sospecha permanente, provocando en ocasiones debates acalorados y crisis políticas a repetición. El partido hegemónico, Ennahdha, buscaba tener el control sobre la elaboración de esta Ley fundamental para darle una coloración islamista.

Desde el comienzo del proceso constitucional, los partidos mayoritarios, la Troïka, prefirieron hacer tabla rasa del pasado, obstinándose a tomar como punto de partida una “página blanca”, ignorando así todas las iniciativas provenientes de la sociedad civil o de juristas que tomaron la iniciativa de proponer un anteproyecto de Constitución. Además, en diferentes momentos de preparación del texto, Ennahdha introdujo propuestas de artículos controvertidos provocando debates, a menudo estériles, y tensiones entre la mayoría y la oposición. Tal fue el caso cuando intentaron inscribir la Sharia en la constitución, o cuando defendieron una cláusula sobre el “Islam como religión del Estado” o más aún, cuando al hablar del estatus de la mujer la consideraron como “complemento del hombre”! Si bien, en cada ocasión, Ennahdha tuvo que renunciar a sus propuestas, esto lo hizo obligado y forzado, bajo la presión de una movilización masiva de la sociedad civil y de la oposición. Hay que anotar que el papel que jugaron las asociaciones de la sociedad civil y los movimientos populares de protesta fue sin duda el logro más valioso para acompañar el proceso de transición democrática. Gracias a esta movilización, se impidió que Ennahdha tuviera toda la libertad para ejercer su hegemonía. Sin embargo, sus vacilaciones entorpecieron el proceso de transición democrática y retrasaron el plazo de la redacción de la Constitución. Por haber puesto obstáculos a los avances, Ennahdha fue acusado de querer ganar tiempo para imponer su poder y tener un control sobre el aparato del Estado a través los nombramientos partidistas.

En resumen, las condiciones de preparación de la constitución no fueron favorables para la adopción de un texto de compromiso. Pero el diálogo nacional, del que ya hemos hablado antes, cambió la situación y apoyó la elaboración consensual de un texto constitucional. De hecho, es en el curso de este diálogo nacional que empezó la última fase de la adopción de la Constitución: fueron necesarias no menos de tres semanas de sesiones plenarias y de un trabajo intenso de los diputados para terminar el texto y respetar el plazo de la hoja de ruta. El resultado es impresionante: la nueva Constitución es adoptada por aplastante mayoría: 200 voces a favor, 12 en contra y 4 abstenciones.

¡Se trata incontestablemente de un compromiso mayor! ¿Pero se trata realmente de un “compromiso histórico”? Solo el futuro nos lo dirá. Todo dependerá de la puesta en marcha de los principios adoptados por esta Ley fundamental: las relaciones de fuerza política, las mayorías futuras en el seno de la Asamblea del pueblo, el equilibrio de los poderes. El funcionamiento de las instituciones de la nueva República van a hacer inclinar el balance hacia una aplicación abierta y progresista de la Constitución, o hacia su transgresión o, simplemente, su revisión. Como lo subraya Béchir Ben Yahmed, “la nueva Constitución tunecina es a la vez un logro inestimable y un vaso a medio llenar” (Jeune Afrique, 2 febrero 2014).

Esta nueva Constitución es sin duda alguna el fruto de un aprendizaje difícil del compromiso. Tanto el partido Ennahdha como sus detractores tuvieron que componer, negociar, hacer concesiones para llegar a este compromiso, lo que es en sí mismo un logro inestimable para el cumplimiento de la transición democrática y para que los actores políticos se acomoden a nuevas prácticas que no han conocido antes. Es probablemente uno de los resultados más exitosos del proceso de transición democrática en Túnez.

La nueva Constitución entró en vigor el 10 febrero 2014 después de su publicación en el periódico oficial de la República tunecina (JORT). ¿Cuáles son sus principales avances? Hay que anotar que el artículo 1 no ha podido ser objeto de un nuevo compromiso, lo que ha llevado a los miembros de la constituyente a retomar el de la Constitución de 1959 que estipula: “ Túnez es un Estado libre, independiente y soberano; su religión es el Islam, su lenguaje el árabe y su régimen la República”. Es el segundo artículo que innova el “carácter civil” del Estado: “ Túnez es un Estado civil, fundado sobre la ciudadanía, la voluntad del pueblo y la primacía del derecho”. No hay ninguna mención de la Sharia.

Uno de los más importantes avances es él de haber consagrado el principio de paridad hombre-mujer, imponiendo al Estado (art. 46) la obligación de: “proteger los derechos adquiridos de la mujer y actuar para reforzarlos y desarrollarlos”, garantizar “la igualdad de oportunidades entre la mujer y el hombre en el acceso a todas las responsabilidades y en todos los ámbitos”, combatir las violencias de las que son víctimas. El Estado (art. 34) debe “garantizar la representatividad de las mujeres en el seno de las asambleas elegidas” y asegurar (art. 40) el “derecho al trabajo en condiciones decentes”. En este campo, esto es sin duda un gran avance para los derechos de la mujer, que consolida los logros del Código de estatuto personal de 1956.

Los logros en el plano de los derechos y de las libertades fundamentales son igualmente muy significativos, aunque el ANC no ha ido hasta la abolición de la pena de muerte. A pesar del empeño del partido Ennahdha por introducir un artículo criminalizando las “violaciones a lo sagrado”, este finalmente no tuvo éxito gracias a la movilización de la sociedad civil. Sobre las cuestiones sensibles, como la libertad de conciencia y de creencia, el texto constitucional plantea las garantías necesarias y reduce las posibilidades de persecución judicial en caso de apostasía. Así el artículo 6 “garantiza la libertad de creencia, de conciencia y el libre ejercicio de cultos y la neutralidad de las mezquitas” y estipula que el Estado “se compromete igualmente a prohibir y a luchar contra los llamamientos al Takfir, la incitación a la violencia y al odio”.

De hecho, varios artículos son explícitamente consagrados al respeto de los derechos y de las libertades: (art. 31) las “libertades de opinión, de pensamiento, de expresión, de información y de publicación”; (art. 35) la “libertad de constituir partidos políticos, sindicatos y asociaciones”; (art. 36) el derecho sindical y el derecho de paro son garantizados. El artículo 42, que garantiza la libertad de creación, es extremadamente importante dado que impone al Estado la obligación de promover la creación cultural, y sostiene la cultura nacional en su enraizamiento, su diversidad y su renovación, de manera que son consagrados los valores de tolerancia, de rechazo a la violencia, de la apertura sobre las diferentes culturas y el diálogo entre las civilizaciones”.

Sin embargo, es lamentable que esta apertura sea alterada por los límites impuestos por el artículo 39, en contradicción además con los enunciados del artículo 42 citado anteriormente, que estipula “el Estado vigila la consolidación de la identidad árabe-musulmana y la pertenencia nacional frente a las generaciones jóvenes”. Se plantea así una visión selectiva de la historia de Túnez, considerada como cruce de varias civilizaciones, descuidando los aportes de diferentes herencias culturales, como la fenicia, la cartaginesa o romana, entre otras, e ignorando su periodo preislámico y su especificidad mediterránea.

En conclusión, aunque la nueva Constitución sea el fruto de una revolución, sería exagerado decir que se trata de un texto revolucionario. Es verdad que en su preámbulo se hace referencia explícitamente a la “realización de los objetivos de la revolución, de la libertad y de la dignidad del 17 de diciembre 2010 – 14 de enero 2011”, afirmando la voluntad de “romper con la injusticia, la desigualdad y la corrupción”, pero ciertos dispositivos son aún insuficientes dado que la formulación de algunos artículos es equívoca y deja la puerta abierta a interpretaciones contradictorias. Lo más importante es probablemente el triunfo del espíritu de compromiso y, de hecho, el proceso constitucional logró un compromiso sostenible entre Ennahdha y las otras fuerzas seculares del país. Es un compromiso que combina tres formas de legitimidad: una legitimidad revolucionaria, una legitimidad electoral y una legitimidad consensual. Del resto, esta Constitución confiere a Túnez una plaza ejemplar en todo el Mundo árabe.

Conclusión

¿A cuál conclusión provisional podríamos llegar con este análisis del proceso de transición en el curso de los últimos cuatro años? En primer lugar, la ruptura con el régimen anterior ya se deja ver, aunque todavía no esté totalmente terminado. Las elecciones legislativas del 23 octubre 2014 han permitido a una parte de la élite del régimen anterior de reintegrar el campo político. Recordamos en este sentido que Nida Tonnès llega en primer lugar delante del partido islamista Ennahdha, con 34% del sufragio y 86 diputados a la Asamblea del pueblo contra 69 diputados de Ennahdha. La retórica del “voto útil” contra Ennahdha ha dado sus frutos. Sin embargo, no hay que reducir el voto de los tunecinos al “voto útil” anti-Ennahdha, dado que la elección de los votantes está también motivada por la voluntad de estabilidad y de cambio de gobierno.

En realidad, el partido Ennahdha no salió perdedor de esas elecciones, sobre todo si se tiene en cuenta el desgaste del poder, la falta de experiencia de sus dirigentes, sin olvidar los errores que han cometido en el ejercicio del poder en el curso de estos tres últimos años. Una de las grandes enseñanzas que deja las últimas elecciones legislativas, es la evicción, de manera democrática, del partido Ennahdha del poder. Es de hecho la primera vez en el mundo árabe que un partido islamista quita democráticamente el poder, sin la intervención del ejército o de una fuerza extranjera. En sí, esto ya es un gran éxito para el proceso de transición democrática en Túnez.

Otra consecuencia de esta elección es la bipolarización de la escena política tunecina. Los dos partidos hegemónicos, Nidaa Tounes y Ennahdha, dominan el juego político reduciendo drásticamente el campo de acción de los otros partidos. La escena política se encuentra completamente transformada, lo que va a tener un impacto sobre el proceso de transición democrática: las negociaciones y las coaliciones necesarias a la estabilidad parlamentaria previstas por la constitución de 2014 son tributarias de esta bipolarización, sobre todo si se tiene en cuenta que las elecciones presidenciales que han tenido lugar el 23 de noviembre y el 21 de diciembre han conducido al líder de Nidaa Tounes, Béji Caid Essebsi, a la presidencia de la República. Los dos poderes ejecutivos (presidencia y gobierno) y el poder legislativo (la mayoría parlamentaria) están entre las manos de un solo partido que domina el paisaje político en su conjunto. La alianza política con el partido Ennahdha es de cierta manera una continuación lógica del encuentro que tuvo lugar en París, el 15 de agosto del 2013, entre Rached Ghannouchi y Béji Caid Essebssi, este fue el origen de un compromiso entre Ennahdha y Nidaa Tounes.

De todas maneras, Túnez ha pasado de una dictadura, que está entre las más crueles, a lo que se podría llamar una situación transicional, todavía enmarcada por el sello de la incertidumbre y de la indeterminación. El levantamiento 2010/2011 ha comprobado ser un momento formidable de búsqueda de libertad y de dignidad. Del otro lado, para quien quiere cuestionarse sobre esta situación transicional, el derecho es incontestablemente un indicador muy significativo. En primer lugar, hemos visto anteriormente que la nueva Constitución de 2014, fruto de un “compromiso histórico”, representa un logro mayor para la continuación del proceso de transición democrática. Después, hay sin duda, en el curso de este periodo, abusos e infracciones al derecho, pero de una manera general se ve el compromiso del pueblo tunecino y de sus élites de actuar dentro de un marco legal para realizar los objetivos de la revolución.

Por otro lado hay que recoger el espíritu de compromiso que ha prevalecido en el curso de este periodo. Es cierto que su aprendizaje ha sido difícil y ha estado constituido de obstáculos, sin embargo, en definitiva, la figura del compromiso se ha impuesto como una necesidad primera y como una fuente de legitimidad. Desde ahora, el compromiso se ha erigido en un verdadero modo de gobernanza y es reconocido por los diferentes actores políticos y sociales como el origen de una legitimidad nueva: la “legitimidad del compromiso”. A mi juicio, este espíritu de compromiso se ha vuelto un hecho que estructura el proceso de transición democrática, es decir para el establecimiento de un nuevo orden social y político fundado sobre la igualdad, la libertad y el respeto de la dignidad de las personas. Desde ahora, en Túnez, una nueva ciudadanía (mouwâtana) fundada sobre la libertad y la igualdad se está construyendo. Es este nuevo marcador de lo político que, esperamos, va a triunfar para firmar el acto de nacimiento de un Estado de derecho verdaderamente democrático.