Nicolás Villa Moya

* Nicolás Villa Moya

IInternacionalista de la Universidad del Rosario y magíster en Administración Pública de la Universidad de Leiden. Cursó estudios complementarios en Política Pública Europea en el Montesquieu Instituut de La Haya y Cooperación Internacional para el Desarrollo en la Universidad del Rosario. Fue miembro fundador (alumni) de The Hague Governance Quarterly y actualmente se dedica a la docencia en facultades de Negocios Internacionales, Relaciones Internacionales y Ciencia Política. También es analista internacional para la cadena RT.

¿Qué puede pedir el ser humano más allá de ser feliz? ¿Acaso existe otro propósito en la vida? El Dalai Lama piensa que no. Según el emblemático sabio, “desde lo más profundo de nuestro ser, deseamos la alegría”. Para Aristóteles, la felicidad es la realización de cada ser vivo, un bien supremo, “aquello que da sentido y finalidad a todo otro fin querido por el hombre”. Por último, no debemos olvidar la Declaración de Independencia de Estados Unidos, según la cual la búsqueda de la felicidad queda elevada a un derecho inalienable de los hombres, el cual debe ser garantizado por los gobiernos.

Como diría el gran Pibe Valderrama, “todo bien”. A las personas y a las naciones no nos queda más que buscar la felicidad. Eso es, y lo es todo. Además es muy bueno que así sea, porque acá en Colombia, en esta potencia por naturaleza, vive la nación más feliz del Planeta según varios estudios y encuestas desde hace unos años para acá (si bien no el último estudio de Naciones Unidas).

Si bien el Dalai Lama sorprendentemente aún no ha trasladado su residencia a nuestro feliz país, debe estar muy orgulloso de nosotros. Sin duda, como país más feliz del mundo en repetidas ocasiones, Aristóteles, Franklin, Jefferson y Washington también habrían estado orgullosos de nosotros. Y si Colombia hubiese existido en sus respectivas épocas habríamos celebrado felizmente con todos ellos. Eso sí, todos hubiesen tenido que ponerse la camiseta de la Selección y sombrero “vueltiao” para irse de “farra a Andrés” y publicar la foto en Facebook. Como bien nos dice Bavaria, cuando vivimos la fiesta del fútbol, “celebra colombiano, que es como mejor te ves”.

Yo no quiero ser aguafiestas, apátrida o inclusive algo peor, mamerto. Qué bochorno. Qué jartera. Qué pereza. Por eso no voy a discutir si Colombia es un país feliz, o si los colombianos somos personas felices, o inclusive si debemos serlo ¡Claro que sí! Somos unos bacanes, unos echados “pa´lante”, gente que no se vara en ningún lado. Verraquitos alegres.

O quizá si entre a discutirlo, pero no atreviéndome a criticar a la democracia más vieja de América, al país donde las mujeres son como las flores, el de los carnavales, las ferias y las fiestas. No me parece pertinente decir lo que todos sabemos (aunque algunos de nosotros no sepamos que lo sabemos), además quiero mucho a Colombia.

Lo que voy a hacer es algo peor, voy a criticar a la felicidad misma. Colombia no es un fracaso porque es feliz, al contrario, es feliz porque es un fracaso. La felicidad es el síntoma y no la causa de nuestro fracaso colectivo. Nuestra felicidad es el indicador de nuestro fracaso y tristemente necesitamos mostrarle a todos lo felices que somos y lo mucho que lo disfrutamos siéndolo, estamos pidiendo humanidad.

Pero bueno, “mi crítica” contra la felicidad no es mía, es la de otros que hace mucho ya advirtieron sobre el fracaso que significa ser feliz. Comencemos con el inglés Aldous Huxley, autor de Un Mundo Feliz, libro publicado en 1932. En su texto, la humanidad ha (feliz y dichosamente) desechado cualquier tipo de libertad para ser feliz. No existe el amor, no existe la política, no existe la ciencia, no existe el arte, no existe la filosofía, no existe la religión, y por eso, solo existe el placer y la felicidad (¿acaso lo mismo?). Juventud, asepsia, tecnología, una sociedad orgánica de castas (que te da muchos sirvientes y trabajadores felices para las tareas aburridas), cine comercial en realidad aumentada, sexo con muchas parejas y la soma, que te pone feliz, pero no es como el alcohol u otras drogas que te dejan resaca.

En eso estamos. En el deber de buscar la felicidad (la soma). Las implicaciones políticas son totalmente felices. Recordemos la campaña del “No” en Chile. En 1988 los chilenos decidieron mediante un plebiscito si el dictador Augusto Pinochet debía permanecer en su cargo o apartarse de éste. Si ganaba el “Sí” se quedaba Pinochet, de lo contrario se veía forzado a irse.

El “No” ganó ¿Cómo? ¿Mostrando los horrores de la dictadura?, ¿creando “consciencia” sobre la belleza de la libertad política y la justicia social? Nada de eso, la oposición a Pinochet – la izquierda – (tras un fuerte debate interno) decidió que era mejor dejar atrás el sufrimiento, las injusticias, contar verdades, mostrar datos, proyectar relatos. Eso no servía.

Lo necesario, fue adoptar estrategias de marketing. De ahí salió el eslogan, con su propio jingle, “Chile, la alegría ya viene”. Imágenes de gente feliz1, sin aspecto chileno (quizá los pobres chilenos no eran lo suficientemente felices para evocarle felicidad a sus compatriotas), praderas, caballos, manos tomadas, flores, niños pequeños, días soleados, globos, helado, sonrisas. La oposición prometió más alegría de la que podía brindar Pinochet, la gente creyó y eso fue suficiente.

La política es eso en la posmodernidad. La política de más soma para los menores de edad mentales. Un establecimiento de centro-derecha prometiéndote felicidad, dándote soma a través de los medios del gran capital, y un outsider, un apolítico cínico/ atarbán/payaso prometiéndote acabar con aquel grupo social (terroristas, gitanos, pobres, negros, musulmanes, fundamentalistas, comunistas) y con aquel Estado cómplice que quiere arrebatarte tu preciada felicidad (tu ración de soma, o tu ideológico propósito de vida), o peor aún, tu esperanza/fantasía de tenerla.

Psicoanalíticamente la amenaza de la felicidad ha sido investigada por Slavoj Žižek. Según el esloveno, en nuestros tiempos el goce que produce la trasgresión de la norma (sexual, moral, ética, social) ya no es algo que lleve al paciente al psicoanalista; al contrario, hoy la gente acude al psicoanalista debido a que después de transgredir todas las normas e incurrir en todos los excesos aun no logra gozar y alcanzar dicha promesa de la tan anhelada felicidad, ¿por qué sucede esto? Según Žižek, se debe a que la felicidad y el goce hoy son obligaciones, deberes, órdenes del superyó que debemos cumplir cueste lo que nos cueste mientras no sea en detrimento de nuestro ego (nuestro verdadero y auténtico yo).

La solución, dice Žižek, radica en aceptar que es válido el no gozar, el no ser feliz. Además, para el psicoanálisis el fin de la vida humana “no es ser feliz”. Así, textualmente y entre comillas ¡Que Ford y Disney nos perdonen! Muchos (quizá todos) de los grandes logros de la humanidad, colectivos e individuales se han logrado con dolor, con esfuerzo, con sufrimiento, sacrificando el ego –o inclusive la vida. Si aquellas sociedades y/o individuos no hubiesen sacrificado su felicidad no existirían los derechos y condiciones que hoy en día hacen la vida más vivible.

De la elevada posición que nuestra sociedad le otorga a la felicidad se desprende el complicado e incómodo lugar donde se encuentra la izquierda hoy en día. La izquierda auténtica no promete felicidad –al contrario casi siempre es crítica y malhumorada. Inclusive te amenaza ¡tres días sin recoger la basura! ¡Estantes sin variedad, quizá vacíos! Los fines a largo plazo, las motivaciones, el contexto, los resultados (países con estantes vacíos donde los niños no mueren de hambre, a diferencia de la Guajira colombiana), el conocimiento, las intenciones eso no importa. Importa la felicidad.

Así pues, el panorama es desolador. Difícilmente podremos salir de esta situación. La situación es catastrófica (pero no sería, ya que estamos en un país feliz), porque como decía Ernesto Laclau “el pueblo no existe, hay que crearlo”. Por ahora solo existe una masa que desea ser feliz y nada más.

  1. https://www.youtube.com/watch?v=IFAMpW0hPNY video de la campaña de No.