Andrés Fabián Henao

* Andrés Fabián Henao

Profesor Asistente del Departamento de Ciencia Política de la University of Massachusetts Boston. Doctor en Ciencias Políticas de la University of Massachusetts Amherst. Magíster en Filosofía y Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Tiene como áreas de trabajo la teoría política contemporánea, la tragedia Griega, la relación entre la teoría política y la literatura y los problemas de membresía política, democracia y agencia en el contexto actual de la globalización y el capitalismo tardío. Actualmente trabaja sobre la tragedia de Antígona, donde ofrece una lectura alternativa de la agencia política que tienen los inmigrantes indocumentados en su capacidad de cuestionar los límites de la democracia y las condiciones actuales de su membresía política, a partir de una reinterpretación del texto de Sófocles. Ha recibido becas de investigación en la Universidad de Massachusetts, Amherst y en la Universidad Nacional de Colombia, donde publicó Paramilitarismo, Desmovilización y Reinserción. La Ley de Justicia y Paz y sus implicaciones en la Cultura Política, la Ciudadanía y la Democracia en Colombia, con el profesor Oscar Mejía Quintana

A la verdadera pregunta, cómo se siente ser un problema? Raramente doy una respuesta

(W.E.B. Dubois, The Souls of Black Folks [1903])

Durante una recolecta de dinero en Charleston (Carolina del Sur) en la noche del miércoles 17 de Febrero, Ashley Williams, activista del movimiento social, Black Lives Matter, interrumpió a la candidata presidencial del Partido Demócrata, Hilary Clinton. Dicha interrupción supuso una contradicción cognitiva imposible de ignorar para la audiencia, pues al mismo tiempo que escuchaba a la candidata presidencial hablar de inclusión social, se veía confrontada con el cartel que Williams sostenía y en el que la activista citaba las palabras de Clinton en 1996, cuando sostuvo: “tenemos que llevarlos hasta el talón”. Con esas palabras Clinton se refirió a la juventud negra, a quién calificó de “súper-depredadores”. Williams le pidió a Clinton que se disculpara públicamente con la comunidad negra por sus racistas declaraciones y sobre todo por su rol en la consolidación del encarcelamiento masivo que traducía materialmente el “llevarlos hasta el talón”, ampliamente documentado como decisivo en la consolidación del nuevo sistema de segregación racial en los Estados Unidos (Alexander, 2013)1. En lugar de pedir la muy postergada disculpa, que Clinton sigue sin ofrecer, Williams fue expulsada del evento por el servicio secreto, no sin antes escuchar de boca de la candidata, mientras la sacaban del recinto, “¡volvamos a los asuntos!” (“Back to the issues!”).

“¡Los asuntos!”. Por casualidad, la misma semana en que la noticia circuló por los medios alternativos de comunicación yo estaba leyendo las memorias de Frank B. Wilderson III, titulada Incognegro: A Memory of Exile and Apartheid. “Los asuntos” aparece en la página 85, como glosa de la imposibilidad sistémica que atraviesa la relación inter-racial del autor con una mujer blanca llamada Alice:

“Yo pensé que Sudáfrica tenía la respuesta [refiriéndose a la pregunta, ¿dónde encajo yo?], pero no fue así. Por lo que me concierne, el papá de Khanya había dicho: él es un hombre blanco. Si tan solo fuera cierto. En ese caso yo no estaría con una mujer Blanca, estaría simplemente con Alice, y estar, bien fuera el de ella, o el mío, no estaría en cuestión. Cualesquiera fueran nuestras peleas al menos sabríamos, sin siquiera tener que saber, aquello sobre lo que nuestras peleas no serían—no serían sobre mi muerte Negra y su vida Blanca. Serían sobre ‘los asuntos’” (mi traducción de Wilderson, 2015: 85).

Estar no debe estar en cuestión para poder hablar de “los asuntos!” para que Frank pueda estar con Alice y no con la racializada ontología que separa la vida que se debe cultivar (Blanca) de la muerte que se puede descartar (Negra) en los Estados Unidos. Esa vida en forma de muerte que va del hombre invisible de Ralph Ellison ([1952]), al incognegro de Wilderson ([2008]), al onticidio de Calvin Warren (2015). Esa que desplaza “los asuntos” en plural al circuito cerrado de una emblanquecida esfera pública de la que los negros resultan doblemente excluidos, porque continúan siendo el asunto en singular: “el problema” como lo dijo W.E.B. Dubois (ver epígrafe), “la situación” como lo afirma Wilderson páginas atrás cuando reproduce una escena en la que Alice (al volante) y Frank (en el asiento contiguo recitando poesía mientras descansaba sus pies en la guantera), son detenidos por la policía y que Wilderson recrea en un doloroso diálogo que sostiene consigo mismo:

“-‘Señora, está bien? Y ella dijo, “Si, oficial, estoy bien.’

Y?

Y nada. Continuamos con nuestro viaje.

Cómo te sentiste?

Esquivamos una bala, okay?

‘Esquivamos’ una bala?

Había este silencio entre nosotros.

Ya no continuaste recitando poesía.

Ella dijo algo así como, qué dulce cara de angelito que tenía, como que se trataba simplemente de un joven, o algo así.

Cómo te sentiste?

Ella estaba nerviosa. Ella esta tratando de disipar la situación.

Qué situación, el policía ya se había ido? Eras tú ‘la situación’?” (mi traducción, itálicas en el texto, ibíd: 81).

“La situación,” o “el problema” no deben estar ahí para que se pueda hablar de “los asuntos!” En la construcción de ese no-estar, del que depende el establecimiento blanco, se hace legible el rol constitutivo que ejerce la “negrofobia” (Fanon) en el romántico abrazo que los blancos le extienden a la sociedad post-racial. Se trata de esa oximorónica construcción de una “ontología negativa” en donde las y los negros son en la forma del no-ser, para que las y los blancos puedan ser en sentido “propio”, es decir, sin añadir predicados de color a sus nombres propios y poder así ocupar el privilegiado lugar del “universal”. Esta racializada negatividad colapsa la condición de “incógnito” en la racialización del cuerpo negro, que ya no puede viajar “incógnito” porque solo puede viajar “incógnito”. La condición cognitiva de inteligibilidad pasa por la anonimidad que la raza extiende al cuerpo y que, por lo tanto al mismo tiempo contradice; es decir, por aquello que a priori hace al ser ininteligible y justifica el neologismo de incognegro. Wilderson radicaliza a Ralph Ellison, la racialización del cuerpo no hace al “hombre” invisible al hacer de la invisibilidad la condición de (no)existencia del cuerpo negro, la propia categoría humanista del “hombre” sin predicados de color, en la forma del universal, depende de la particularidad que significa ya no el “hombre invisible” sino el incognegro, la des-humanizada “materia negra” sobre la que se esculpe la descolorada humanidad en el universal2. En otras palabras, en “los asuntos” con los que Clinton sanciona discursivamente la exclusión material de Williams por el servicio secreto, resuena la objetivización (reducción a objeto, a mercancía de cambio, a “materia prima”) histórica de la gente negra, desde la esclavitud, la colonización y el sistema de plantación.

La traducción de Black Lives Matter al español como Las Vidas Negras Importan, pierde la ambivalencia constitutiva del término en inglés: matter. “Matter” significa al mismo tiempo materia, importancia y asunto. La declaración pública del movimiento social reorganiza los tres sentidos que el término acumula en la forma de un proyecto político de liberación. Se trata, en síntesis, de mover la historia de las vidas negras de la “materia” a la “importancia”, de ser objetos de la historia a ser sujetos de la historia; una movilización que exige, por lo tanto, hacer de las vidas negras “los asuntos” públicos en plural. Como bien lo señala Judith Butler (1993: 32), “[to matter] significa al mismo tiempo ‘materializar’ y ‘significar’”, una coincidencia que hace la revaluación simbólica de la vida inseparable a su materialización.

La de-materialización del cuerpo negro, que el servicio secreto efectúa durante la recolecta de Clinton para que el establecimiento pueda “volver a los asuntos”—el enunciado que sucede y sanciona el acto físico de exclusión—es sintomático del modo en que se racializa la res publica en los Estados Unidos. Williams es “el asunto”, “el problema”, “la situación”, aquello que perturba la “multiculturalidad” liberal de la América Blanca en donde se habla de “los asuntos en plural” para nunca hablar del “asunto en singular”. La vivienda hace parte de “los asuntos” en plural, pero no la vivienda negra que el discurso oficial históricamente desplaza cuando hace del 2007 o del 2008 los años en los que se registra la burbuja del mercado mobiliario estadounidense. No importa que antes del 2007 las principales víctimas de una de las más corruptas estrategias recientes de acumulación del capital por parte del conglomerado financiero de Wall Street, al que los Clinton siempre le han abierto sus puertas, afectara las viviendas de la gente negra, el desfalco solo adquiere relevancia pública en el 2007 cuando la burbuja comienza a afectar las viviendas de los blancos. Y así sucede con el desempleo, la salud, el acceso a la educación, el cambio climático, el complejo militar, industrial y carcelario, etc.; todos esos “asuntos” que afectan de manera asimétrica a la comunidad negra pero que solo ingresan en el universo de lo público cuando han sido emblanquecidos.

En el contexto de esa forzada invisibilización, en donde la gente negra continúa funcionando como el fuera de campo que le ofrece al blanco las coordenadas estructurales de su marco de referencia, cabe rescatar el otro sentido que tiene el neologismo de Wilderson: aquel que transforma el afro-pesimismo de su análisis estructural en fuerza revolucionaria—el carácter subversivo de la acción política clandestina que también contiene el término y la historia de Incognegro. En esa clandestinidad resuena el diseño de una estrategia política para ingresar anónimamente en el recinto con el mensaje subversivo, y transformar así la invisibilidad del color en el empoderamiento colectivo que resiste la racializada amnesia del status quo que Clinton representa. Esa otra historia política revolucionaria del incognegro también vincula al Black Lives Matter con las Panteras Negras en su mutuo compromiso por la liberación de la gente negra, un vínculo que resuena incluso en el origen de ambas fuerzas en su lucha contra el estado policial y la impunidad con la que dicho estado toma las vidas negras mientras condecora a los policías responsables por el homicidio. Se trata, en síntesis, de la producción de una nueva res publica, ya que la actual continúa fundada en la violenta racialización del cuerpo, una historia que se extiende incluso antes de la modernidad (Isaac, 2004) y que ha hecho del color la medida inversa de su racionalidad. Williams le hace una demanda pública de racionalidad a Clinton, le solicita una disculpa. El inglés retiene el sentido etimológico del griego, “apology”/apología, literalmente el acto de ofrecer una razón para poder salir del juicio público que se le hace por sus declaraciones racistas. Pero las razones que explican la justicia que se le demanda son ininteligibles para Clinton y el establecimiento que ella representa, pues provienen del cuerpo que dicho establecimiento sigue construyendo como desprovisto de razón, como insignificante en su reductibilidad a materia. “El asunto” se debe convertir en “los asuntos” para que las vidas negras importen, para que sean ellas quienes signifiquen lo público y se quiebre así con la línea de color que separa las vidas que se pueden descartar de las vidas que se deben cultivar.

Literatura consultada

Alexander, Michelle. 2013. The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness. New York: The New Press.

Butler, Judith. 1993. Bodies that Matter: On the Discursive Limits of Sex. New York: Routledge.

Du Bois, W. E. B. [1903] 1994. The Souls of Black Folk. New York: Dover Publications.

Ellison, Ralph. [1952] 1995. Invisible Man. New York: Vintage.

Isaac, Benjamin. 2004. The Invention of Racism in Classical Antiquity. Princeton: Princeton University Press.

Morrison, Toni. 1993. Playing in the Dark: Whiteness and the Literary Imagination, New York: Vintage.

Warren, Calvin. 2015. Onticide: Afropessimism, Queer Theory & Ethics. Ill Will Editions.

Wilderson, Frank B. [2008] 2015. Incognegro: A Memoir of Exile and Apartheid. Durham: Duke University Press.

  1. De hecho el prontuario criminal y racista de Hilary Clinton es impresionante y se extiende más allá de los Estados Unidos, incluyendo su votación a favor de la invasión a Iraq, su rol en el bombardeo de Libia durante la primavera Árabe, sus continuos esfuerzos por enviar miles de militares a Afganistán en el 2009, su continuo apoyo al Apartheid de Israel en Palestina, su condonación del golpe militar en Honduras, el desfalco económico y político de Haití, su incondicional apoyo al Plan Colombia incluso después de recibir extensa documentación de su desastroso impacto en el marco de la mal llamada “guerra contra las drogas”, etc. Si he decidido concentrarme en este evento, de otro modo banal en la extensa lista de Clinton, es precisamente porque carece de la espectacularidad de los eventos anteriormente enunciados y, sin embargo, sintetiza el conflicto político central de la polis estadounidense, aquel que versa alrededor de aquello que constituye la res publica: “los asuntos” públicos.
  2. Sobre el rol que la construcción de la “africanidad” ha jugado en el imaginario literario del canon estadounidense (Edgar Allan Poe, Willa Cather, Hermann Melville, Ernst Hemingway, William Faulkner) ver Morrison (1993). Ver también la futura publicación de sus actuales Charles Eliot Norton Lectures (Marzo/Abril 2016), en las que Morrison ha vuelto a interrogar la romántica imagen blanca de la esclavitud y su continua fetichización del color, en su intento por demostrar el modo en que la literatura que ofrece pertenencia e identidad nacional depende, desde sus orígenes, de la construcción de la otredad negra en aquella continua racialización del imaginario literario.