Emilse Galvis

* Emilse Galvis

Estudiante del Doctorado en Filosofía de la Universidad de los Andes, Magíster en filosofía de la misma universidad y Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital F.J.C. Sus intereses académicos son: Filosofía política contemporánea, Escritura y Política y nuevas formas de Subjetivación Política a partir de autores como Michel Foucault, Jacques Rancière y Simone Weil. Integrante del grupo de investigación Poder, Subjetividad y Lenguaje de la Universidad de los Andes y del proyecto Ecos-Nord “Comprender la subjetivación política hoy: experiencias y conceptualizaciones” en convenio con París Diderot 7

Un pueblo que clamó a gritos:‘¡Favor, no nos maten más!1

Y si se trata de preocuparse por el proceso de paz, habrá que preocuparse por las peripecias del uribismo. Una de sus más recurrentes afirmaciones en contra del proceso de paz consiste en asegurar que no estamos cansados de la guerra: demostrar cansancio es sinónimo de rendición y antes que rendidos, los enemigos de la paz, que en efecto lo son, defenderán a capa y espada su victoria guerrerista aún por encima de las negociaciones y aún por encima de la sociedad civil. En una reciente columna Darío Acevedo Carmona afirmaba que “Declarar cansancio ¿acaso no equivale a demostrar debilidad en esa “guerra” que ellas, las guerrillas y sus escribanos e ideólogos, venden como una “guerra justa?”2 Según él, el gobierno de Juan Manuel Santos por el simple hecho de iniciar las negociaciones con las Farc ha renunciado al deber constitucional de defender las instituciones frente a la provocación de una guerra civil. Tal renuncia no es más que una claudicación, una postura derrotista y entreguista del poder oficial a unas “guerrillas comunistas” que no tienen pretensión alguna de desmovilización. Además, renunciar al combate, a la guerra, no es más que tirar por la borda el proyecto uribista de enfrentar a las guerrillas y el principio “fundamental” según el cual, en ellas no se puede reconocer ningún carácter político.

No me interesa en esta columna detenerme en las falacias de Darío Acevedo. Primero, el Estado no está renunciando a la defensa de las instituciones, ni menos le está entregando el poder a las Farc. Que Santos, como dice Antonio Caballero, “oligarca histórico”, esté negociando la paz, no significa que esté renunciando a sus intereses económicos. Abiertamente Santos quiere poner fin “por las buenas” a un conflicto armado “que por las malas, a tiros, no ha podido resolverse en medio siglo”3. Segundo, las Farc sí han puesto en evidencia pretensiones de desmovilización y de reducción del conflicto armado. Según el reporte del Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (Cerac) “desde el 20 de julio de 2015 hasta el 20 de enero de 2016 se redujo en 97% las acciones ofensivas de las Farc y bajó en un 73% el número de combates entre guerrilla y Fuerza Pública”4. Esto significa nada menos que la reducción más grande del conflicto armado desde hace 51 años.

Ahora, lo que resulta evidente de estas afirmaciones del uribismo es que nos encontramos hoy en medio de una campaña a favor del “No” en un futuro plebiscito, si es que llegara a decidirse éste como medio de refrendación de los acuerdos de paz. Además, es claro que el uribismo seguirá prolongando esta guerra si es necesario otro medio siglo más con tal de no reconocer en las Farc ningún carácter político. De hecho porque un gobierno guerrerista necesita un enemigo o dos, o tres. Evidencia de esta campaña es por supuesto la marcha del pasado 2 de Abril y los mensajes que allí se promulgaron: “no más farc-santes” o “no más rendición y entrega”. Esta es una campaña peligrosa, hay que reconocerlo, porque el uribismo está recorriendo las regiones con su discurso contra-paz y porque su principal escudero es el paramilitarismo “tan cerca de su corazón” como afirmó Molano en su última columna5. Sin embargo, para no caer de nuevo en la “triangularización” del conflicto -Gobierno, Farc, uribismo-, de nuevo me pregunto[6Como lo he hecho en columnas pasadas: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/breve-balance-sobre-la-paz-ganan-los-movimientos-sociales-en-colombia http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/como-aprender-del-discurso-de-la-paz-en-el-marco-de-la-guerra]: ¿y la sociedad civil? ¿No está cansada la sociedad civil de la guerra? ¿De verdad el uribismo pretende hacernos creer que no estamos cansados de la guerra?

Por supuesto que la población civil está cansada de la guerra justamente porque ha sido ésta la que más ha sufrido y vivido este conflicto armado de medio siglo. Además, no es un simple cansancio que se pueda recuperar con falsas pretensiones de seguridad y valentía; la sociedad civil está cansada del conflicto, de las formas tradicionales de vivir asociadas a la guerra y de las formas mucho más violentas con las que se ha pretendido salir de ella: miedo, persecución, muerte, despojo, desarraigo, terror, sufrimiento etc.

¿Que no estamos cansados de la guerra? Recordemos las palabras del padre de los Vargas en la masacre de Trujillo en el departamento de Valle del Cauca (1987-1994) y que se encuentran en el informe Basta ya (2013). Los Vargas fueron dos ebanistas torturados y desaparecidos en 1990, su padre murió de pena moral sentado en una banca del parque esperando a sus hijos “Estoy esperando a mis hijos (decía)…siento que en algún momento van a llegar”6. También murió de tristeza María Antonia Fince, una mujer Guayú que presenció cómo los paramilitares se llevaron a su hija para asesinarla y quien tuvo que desplazarse de su territorio tras la masacre de abril de 2004. Después de esto ella no hablaba, se quedó casi muda, apenas decía: “Esta no es mi casa ¿dónde están mis pollos?, ¿dónde están mis chivos?, ¿dónde están mis burros?…”. Así y otros miles de testimonios más que nos muestran que en esta guerra no se puede jugar con el dolor de las víctimas. Es que no se trata de defender los intereses de un gobierno de turno, es que no se trata de si nos rendimos o no en una negociación: se trata de la destrucción de las formas de vida de las víctimas, se trata de las rupturas violentas de sus formas de comunidad, de la infinidad de lazos sociales que se han desatado desde hace tiempo. Se trata del sufrimiento que ha llevado a sus espaldas la población civil y del dolor que se refleja en sus cuerpos y en sus rostros. De eso se trata cuando hablamos del cansancio de la guerra, no de una mera falacia uribista.

¿Que no estamos cansados de la guerra? Estas son las palabras de un residente del Chocó después de la masacre de Bojayá: “vemos que viene un viejito con un muchacho (…) en una chulupita (bote pequeño)…el viejito lloraba así agachado y el muchacho lloraba y decía: “Los mataron a todos”… El “pelao” era como si tuviera el cuerpo en la tierra y el alma en otra parte, porque él tenía la mirada perdida, como no sé a dónde…”7. Es que de nuevo no se trata de un cansancio de la guerra como si esa guerra hubiese sido una idea abstracta sin ninguna materialidad, se trata del sufrimiento que la sociedad colombiana ha llevado a cuestas durante años, se trata de su llanto, de su mirada perdida y de una cadena de dolor que se despliega en forma de espectros y fantasmas por todo el país. Como “En el Lejero” de Evelio Rosero, una puerta al abismo de cadáveres y sombras8. O como lo relató un profesor del municipio de San Carlos en Antioquia hablando de los actores armados: “lo que me impresionó mucho fue ver los rostros (…) Se veían como desfigurados, sería el miedo mío pero yo los veía como monstruos, muy extraño”. También de estos rostros de la guerra estamos cansados y de las sombras de la muerte que van y vienen sin fin.

Además el cansancio de la población civil no es en ningún sentido un cansancio pasivo de la guerra que ahora pudiera asumirse como un recogimiento o reducción de las acciones de la sociedad civil. Sí hay un cansancio generalizado de la guerra, no hay duda de ello, pero es un cansancio activo y re-configurador porque la población civil, por fin después de tantos años, ha podido vislumbrar nuevas posibilidades de vivir fuera de la guerra y fuera del conflicto. La sociedad civil sí quiere la paz, así lo afirmó Gabriel Pulido, líder de la comunidad de Mampuján en Montes de María: “Nosotros estamos preparados y dispuestos para eso que es la paz”9. En este territorio se siembran hoy nuevos tejidos sociales y nuevas formas de organización y defensa de la tierra que evidencian que sí es posible recrear otras formas de vida y de comunidad al margen de la guerra. Montes de María hoy es un escenario de paz no porque allí no se haya vivido la guerra, justamente allí se vivió el horror de la masacre de El Salado en 2000, sino porque allí los habitantes se han cansado de la guerra, porque allí se han re-inventado otras formas de vivir el territorio y porque allí hoy cantan los juglares “No más guerra, Colombia quiere paz ¡Favor, no nos maten más!10.

  1. Canto de Julio Cárdenas, juglar de Montes de María: http://lasillavacia.com/historia/montes-de-mar%C3%ADa-da-cátedra-los-de-la-habana-55209
  2. http://www.elespectador.com/opinion/significa-decir-estamos-cansados-guerra
  3. http://www.semana.com/opinion/articulo/antonio-caballero-proceso-de-paz-no-entregara-a-colombia-al-comunismo/464994
  4. http://www.elespectador.com/noticias/politica/hace-51-anos-no-se-presentaba-una-reduccion-tan-grande-articulo-611701
  5. http://www.elespectador.com/opinion/tres-bandas-0
  6. Informe general Grupo de Memoria Histórica. (GMH) ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. 2013 p. 331
  7. Informe general Grupo de Memoria Histórica. (GMH) ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. 2013 p. 334
  8. Rosero, Evelio. En el Lejero. Tusquets Editores. 2014.
  9. http://lasillavacia.com/historia/montes-de-mar%C3%ADa-da-cátedra-los-de-la-habana-55209
  10. Canto de Julio Cárdenas, juglar de Montes de María: http://lasillavacia.com/historia/montes-de-mar%C3%ADa-da-cátedra-los-de-la-habana-55209