Marcel Mangold

* Marcel Mangold

Magíster en teoría política de la Universidad de Stockholm. Está siguiendo estudios de doctorado en ciencia política en el Colegio de Södertörn. Ha traducido trabajos del filósofo francés Jean-Luc Nancy en Sueco. Ha trabajado especialmente el concepto de democracia y ha hecho un estudio de campo en Mali. Está intentando amplificar métodos y accesos de la ciencia política para estudiar lo político y la democracia incorporando la filosofía y la teoría francesa en un contexto sueco empírico y teórico. Analiza sobre todo cómo diferentes narrativas de tiempo y discursos de ciencias sociales se utilizan para construir necesidades y excluir escenarios alternativos. Focalizándose en el concepto de tiempo, analiza la manera que el Estado proactivamente crea temporalidades, agendas y escenarios excluyentes para definir lo posible a través de un ordenamiento de los territorios en los cuales las cuestiones y los desacuerdos políticos pueden tener lugar

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“Feel the bern”: una máquina se mueve por los EE.UU.

“¡Perdóname, estoy hablando!”. La respuesta de Bernie Sanders a Hillary Clinton a comienzos de marzo no podía ser más clara: no intente interrumpir o silenciarnos; vamos a ser escuchados; no vamos a renunciar a esta campaña. Con su firmeza y su introducción de una alternativa “socialista” para los EE.UU., Sanders –o “Bernie”– ha dejado su marca. No solamente desafía a Clinton, sino a los afianzados intereses de la élite política estadounidense.

Las elecciones presidenciales son usualmente divertidas, y este año no es la excepción. En los debates de los demócratas, en enero-marzo de 2016, el mensaje de Clinton era a menudo categóricamente desafiado por Bernie, quien mostró que el juego podría importar más que la retórica política bien afinada que entierra ideales progresistas bajo una masa de eslóganes y lugares comunes. Por primera vez en muchos años, es estimulante hacer parte de la izquierda política en los EE.UU. Gente de la clase trabajadora tiene al fin una alternativa política a los recortes neoliberales del bienestar social de los últimos 30 años. Muchos responden masivamente: Bernie tiene apoyo, no solamente por su programa para hacer frente al desmantelamiento del bienestar y a  la precariedad creciente de las clases media y trabajadora, también porque  establece una norma para una dignidad pública y no jerárquica, que muchos estadounidenses aprueban en un tiempo marcado por el predominio de dinastías políticas, como las de Bush y Clinton, y de las campañas cada vez más viles entre los republicanos (por estas razones hay republicanos que votan por Bernie).

El impulso populista de Sanders es formidable –es el candidato que más ha recibido donaciones individuales en la historia del país– pero probablemente no va a ser suficiente para derrocar al DNC (Democratic National Committee), los super-PAC pro-Clinton y la máquina política bien ajustada de Clinton. No se trata meramente de ganar el apoyo más grande con respecto a votos posibles. Reglas complicadas frente al registro de los votantes (dependiendo del estado) y el apoyo de los “superdelegados”, dan a Clinton una ventaja que probablemente hacen la diferencia. Sin embargo, con la valentía de hacer frente a Wall Street y a los super-PAC, y con una agenda populista resonante, Bernie ha demostrado ser a la vez un voto por un Estados Unidos del pueblo y un voto contra el status quo, que Clinton defiende prudentemente. La apertura de este espacio ha llevado la campaña de Bernie a emerger como una máquina política de “contra-resonancia” que se mueve a través del país para conectar gente en todo tipo de situación y contexto, en una resonancia aún más grande que construye sus propias posibilidades al lado de, y no solamente contra, el neoliberalismo.

Hay varias razones obvias que explican el impulso alrededor de la campaña de Bernie, o de lo que llama su “revolución política”. En primer lugar, ha elaborado una estrategia clara y un programa concreto para las clases trabajadora y media, respaldados por un análisis convincente de los antagonismos acelerados de clase en la sociedad estadounidense que vienen desde los años 70 con el advenimiento de políticas neoliberales. Mientras que el costo de  vida ha aumentado, las oportunidades económicas para las clases baja-media y trabajadora han disminuido considerablemente, conduciendo a la precariedad creciente y al endeudamiento de familias promedio. Cuestiones de deuda estudiantil, de colegio libre y de salud universal son fáciles de politizar, con ejemplos tomados de Europa o de otros lugares, para socavar toda reivindicación de la situación actual como única vía posible. Además, Sanders recuerda a los estadounidenses lo que el proceso democrático debería ser, a través de sus impresionantes esfuerzos de “fundraising” (recaudación de fondos) desde abajo y sus exuberantes mítines políticos, que  siempre son concurridos por decenas de miles de votantes (sobre todo jóvenes).

En un tiempo en el que la democracia estadounidense está determinada por las maquinarias plutocráticas de los dos partidos, una plataforma basada en un número enorme de contribuciones pequeñas e individuales y en un debate cívico vivo se configura no solamente como una cuestión de incluir a “las masas”, sino como un asunto claramente político –del poder actual del pueblo– de la construcción de una relación diferente entre dinero y política, y de la capacidad y poder de la gente ordinaria. Sin duda, el descontento con los candidatos y partidos políticos establecidos ha contribuido a la fuerza del impulso de esta máquina (del otro lado del espectro político, la derecha ha incorporado un descontento semejante en el partido republicano, cuyos candidatos principales, Donald Trump y Ted Cruz –el último ya no es candidato–, son ambos despreciados por el partido establecido). En menos de un año, Bernie ha pasado de ser considerado como una irritación moderada, a ser una amenaza clara y presente para la élite gobernante. Independientemente de si triunfa o no sobre Clinton, Sanders ha cambiado el estado de ánimo político, la retórica sobre moneda y política, y ha renovado la izquierda con un sentido de agencia y urgencia.

Un espacio disensual de izquierda

Las elecciones presidenciales y los movimientos que han emergido durante los últimos años involucran, por supuesto, más cosas que la política extranjera, el trabajo y otras preguntas electorales tradicionales. Las elecciones presidenciales son importantes no solamente por los programas políticos que proponen, sino además por el poder simbólico que tiene el hecho de contar con un presidente que pueda incorporar dignidad y esperanza para los años por venir. Lo presidencial en este sentido enmarca la política de una manera específicamente simbólica. Desde la elección de Obama, este aspecto simbólico todavía está muy presente. Pero las elecciones, y la candidatura de Bernie, están también vinculadas a la cuestión del espacio mismo de la política en un ambiente social neoliberalizado. La campaña está relacionada con movimientos populares más amplios y manifestaciones simbólicas de poder popular que han emergido desde 2010 hasta hoy. Con movimientos como Occupy Wallstreet (2011), Black Lives Matter, y Fight for $15 minimum-wage campaign (desde 2012), al lado de una multiplicidad de movimientos locales, la vida pública en los Estados Unidos se ha vuelto más “disensual” que tiempo atrás. Problematizando activamente las maneras en que las agendas se establecen y cómo la política ha sido privatizada, estos movimientos cruzan de diferentes maneras, y hacen parte de, la “revolución política” de la campaña de Bernie.

Los espacios disensuales que estos movimientos crean han reintroducido, de diferentes maneras y con estrategias diversas, divisiones agonísticas y conflicto en la política estadounidense. La estrategia de Bernie, que ha tenido que operar en el contexto circunscrito de las nominaciones, siempre es polémica pero casi nunca retórica o agresiva. Reintroduciendo el conflicto en la política, Bernie combina la postura polémica con un estándar moral alto y “cortesía” (esta combinación se resume bien en su “¡Perdóname, estoy hablando!” ya mencionado). Ser cortés también significa dejar la nominación, orientarse por la política y la capacidad del público para involucrarse en asuntos importantes para la sociedad y así evitar que la campaña se reduzca a detalles personales o “escándalos”. Bernie ha establecido entonces como estrategia reintroducir hechos en el proceso nominativo como un asunto público para que la gente pueda comparar alternativas. Conflictos y moralidad como parte de las maneras en que la campaña de Bernie resuena con un espacio disensual más amplio, son claramente articulados con la hipótesis de un Estados Unidos democrático, en donde el sujeto principal siempre es un “nosotros” y nunca Bernie como persona (con su eslogan famoso “No yo – nosotros” como resultado). De esta manera, el movimiento que se articula alrededor de Bernie ha “colectivizado” la carrera presidencial, tan centrada sobre la persona, convirtiéndola en un asunto público y colectivo.

Movimientos como Black Lives Matter escenifican conflicto y abren, de otras maneras, un espacio disensual. Para ellos, se trata en primer lugar de abrir un espacio que de antemano está cerrado. Dado que no hay una escena en la que pueden ser visibles y dado que ser “cortés” no es una estrategia realmente viable para la promoción de los derechos de los pueblos negros y pobres, conflicto y creatividad son los recursos principales para poder  avanzar. Combinando eslóganes polémicos a los cuales un gran número de personas podría unirse (“Black lives matter” fue un eslogan antes de ser un movimiento), y utilizando espacios urbanos públicos para hacer visible el carácter político de los asuntos de clase, de raza y de género, estos movimientos han logrado escenificar todas estas cuestiones de tal manera que ha sido difícil para los medios e intereses poderosos ignorarlos o menospreciarlos.

Aunque Occupy Wallstreet fue un evento pasajero, la herencia del movimiento y su perseverancia aún es muy fuerte, por un lado, en el sentido en que centró la atención sobre Wallstreet y el sector financiero (que es uno de los blancos principales de la campaña de Bernie), y por otro, en la multiplicación de ocupaciones, “sit-ins”, “die-ins”, bloqueando auto-rutas y otros modos colectivos de crear espacios políticos en calles, oficinas, reuniones y plazas. Lo que parece  ha difundido una conciencia sobre la importancia de tener un grado mínimo de conflicto y división para abrir espacios políticos bajo el neoliberalismo.

Un impulso continuado

La “revolución política” a la que se refiere Bernie, toma entonces lugar antes, más allá, al lado y probablemente después de su movimiento, en particular en entornos urbanos pobres donde las luchas tienen que ver con cuestiones cotidianas. Conectando la violencia policial, las políticas neoliberales de austeridad, el trabajo subcontratado, el racismo, la polución y las dificultades de los estudiantes, las clases trabajadora y media establecen un debate rico que junto con protestas espectaculares han creado máquinas (de contra-resonancia) que funcionan en los márgenes de las políticas de los partidos. Por ejemplo, han sacado a la luz la combinación tóxica de violencia política, segregación, racismo y neoliberalismo, y han mostrado cómo un foco social sobre creación de trabajo e inversión en entornos urbanos, podría fácilmente disminuir los costos e incrementar el daño que esta combinación nutre (por ejemplo, en Baltimore, en donde tuvo lugar el “Baltimore uprising” el año pasado, los costos de la policía han incrementado de 300% desde 1990). Sin embargo, estos movimientos dependen de un marco más general en donde pueden inscribir sus reivindicaciones y construir un sentido de lucha compartida a través de la nación (y posiblemente en concierto con otras naciones). Con la hostilidad del Partido Demócrata a la campaña de Bernie, un movimiento post-Bernie tiene que construir de manera continua una plataforma que pueda hacer resonar los diferentes movimientos y cuestiones.

Lo que  pase después del movimiento de Bernie, gane o pierda  (pero en particular si pierde, que es lo más probable), depende sobre todo de la manera en que estos movimientos locales y estas energías logren construir un marco compartido y logren, a la vez, tener más influencia en el sistema político formal (incluyendo alcaldías) y construir una plataforma fuerte para que los movimientos sociales continúen actuando por fuera del ámbito del sistema formal.

En muchos aspectos, el decrecimiento de la riqueza de las clases trabajadora y media, y la militarización de las fuerzas policiales comunitarias, se han unido en el estado frenético actual de la vida política estadounidense. Ejemplos recientes de este punto de inflexión son abundantes, tal es el caso de las cárceles congestionadas, o de los eventos de Ferguson en 2014 y las protestas en Baltimore en 2015, que tuvieron lugar luego de los  asesinatos policiales de hombres negros jóvenes. De una manera distinta, esto se presenta igualmente cuando la gobernanza neoliberal de las ciudades conduce a una situación de putrefacción urbana oculta, como es el caso de Detroit, o del agua pública contaminada en Flynt, Michigan. Las maneras en que las protestas contra asesinatos policiales, que empezaron como protestas pacíficas, encontraron una policía militarizada y el uso de la Guardia Nacional para reprimir, también han conducido a una conciencia ampliada de la importancia de crear movimientos políticos nacionales para conectar factores relacionados que sostienen y legitiman la opresión sistémica. Para poner un ejemplo, la resistencia de los manifestantes frente al fanatismo de los candidatos de las campañas republicanas ha sido más fuerte y visible que tiempo atrás.

Con Bernie, un espacio de izquierda se reabre en los Estados Unidos. Hay que esperar para ver si este espacio queda vigente y hace posible una inflexión en la política  que ni siquiera era imaginable hace solamente un par de años. Queda por ver si tal inflexión se crea por la “democratización del Partido Demócrata”, a través de una victoria presidencial improbable, o por la contestación, que va más allá de esta vía.