“La sonrisa de un país” es el lema de campaña de la coalición Unidos Podemos, de cara a las elecciones generales del próximo 26 de junio, en España. Al haber allí un sistema parlamentario, ese día se elegirá la composición del congreso y, de lograrse las mayorías necesarias para conformar gobierno, habrá nuevo presidente.

El momento político es supremamente interesante, impredecible y aleccionador. El antecedente inmediato es justo la elección general del pasado 20 de diciembre, cuando ningún partido, alianza o coalición logró consolidar una mayoría que le permitiera ser gobierno y, por tanto, el parlamento debió disolverse y las elecciones deberán repetirse. Ahora, la candidatura conjunta de Izquierda Unida y Podemos plantea un escenario distinto al de aquella ocasión: nuevamente, fuerzas populares alternativas al tradicional bipartidismo del PSOE y el PP tienen una oportunidad real de llegar a ser poder institucional: apasionante.

Las encuestas son disímiles y variables, pero sin duda la competencia será muy reñida, como se evidencia a continuación:

Tomado de http://www.publico.es/politica/26-j-trae-oportunidad-desalojar.html

En diferentes sondeos distintos al de la gráfica se mantiene una misma tendencia: un PP mayoritario, con un estimado de voto alrededor del 29%, secundado por Unidos Podemos sobre el 24%, PSOE 21% y Ciudadanos 15%. En España, para poder conformar gobierno, se requieren 176 escaños; si no es posible alcanzar esa cifra en la primera ronda de votación, se hace una segunda, en la que es necesario obtener una mayoría simple, teniendo más votos a favor que en contra, con lo que las abstenciones juegan un papel determinante en las alianzas, que pueden ser por activa (votar a favor) o por pasiva (no votar en contra).

Según las cifras expuestas, una coalición entre Unidos Podemos y PSOE se impondría a un acuerdo entre PP y Ciudadanos, lo que supondría que la derecha abandonara el poder y que la izquierda (en la coalición Unidos Podemos) planteará sus condiciones en un eventual pacto con el PSOE.

En las pasadas elecciones un factor determinante, entre otros varios, que impidió consolidar tal alianza, fue la negativa del PSOE a pactar también con los grupos independentistas que apoyaban a Podemos. En este nuevo escenario, no se requeriría del voto favorable de esos partidos minoritarios para alcanzar la mayoría simple.

Sin embargo, no puede darse por sentado que el PSOE pactará con Unidos Podemos. En la actualidad, lo único de Socialista y Obrero que tiene ese partido, es el nombre; en términos de libertades individuales conservan un espíritu liberal, pero en lo político y sobre todo en lo económico, su interés de clase es mucho más cercano a las tradicionales fuerzas del establecimiento que a los sectores populares y transformadores representados en Izquierda Unida y Podemos.

De hecho, en las pasadas elecciones el PSOE pactó con Ciudadanos, nueva formación que pretende dar aires de renovación, pero que no es más que un lavado de cara y reciclaje de la derecha, ante los graves escándalos de corrupción destapados en el PP que, pese a seguir siendo la fuerza mayoritaria, ha perdido casi 4 millones de votos respecto a las elecciones anteriores.

Importantes líderes del PSOE han desmentido y negado tajantemente la posibilidad de hacer una “gran coalición” que incluya a su tradicional rival, el PP, y a Ciudadanos, para impedir el ascenso de la izquierda. Sin embargo, esa es una posibilidad inminente. En el escenario pasado, el del 20D, con el PSOE como segunda fuerza y encargado de conformar gobierno, se barajó esa opción, que finalmente incluyó solo a Ciudadanos, tan de derechas como el PP, en cuya exclusión pesó la negativa de Rajoy a dar un paso al costado, como si de un asunto personal se tratara y no de la postura político económica y los intereses que defiende ese partido. En este nuevo escenario, con una izquierda fortalecida, que al parecer pasará a ser la segunda fuerza política, las alarmas se encenderán todavía más al interior del establecimiento, tanto del PP como del PSOE, que se verían igualmente perjudicados por un gobierno alternativo.

El PP, por su parte, ha insistido en la necesidad y conveniencia de esa “gran coalición”, que viene proponiendo desde el 20D y que ahora tiene aun más vigencia para salvaguardar sus intereses de clase: los suyos y los de la dirigencia del PSOE. Barones de este partido, a su vez, se han mostrado más cercanos al PP que a la izquierda, con un agravante: una tercera vuelta electoral no es posible, con lo que necesariamente habría que pactar alguna fórmula de gobierno. Y si los resultados electorales no tienen una diferencia significativa a los de la pasada elección, como muy probablemente no la tendrán, puede que en determinado momento un pacto PP-PSOE sea la única vía posible que permita investir a un presidente de gobierno, como sucedió en las pasadas elecciones.

Aunado a ello, desde hace meses ha arreciado una campaña mediática que pretende mostrar a Podemos y ahora a Unidos Podemos como peligrosos extremistas que llevarán el país a la quiebra -más de lo que ya ha sido quebrado- y que lo desintegrarán, por el apoyo de Podemos a la realización del referendo de independencia en Cataluña. Pretenden mostrar una situación extrema que requiera de una solución extrema, por la “salvación nacional”, para justificar lo que en otros tiempos sería injustificable: la “gran coalición” PP-PSOE, secundados por esa nueva derecha, Ciudadanos, cuyo líder Albert Rivera estuvo recientemente en Venezuela, reunido con la esposa de Leopoldo López y otros líderes de la oposición, para “venezolanizar” aún más el proceso y atizar la campaña electoral en España.

Ahora bien, pese a este panorama, es indudable también que tanto el PP como el PSOE son organizaciones políticas en decadencia, que han perdido más de cinco millones de electores en cuestión de un par de años, y que la sociedad española clama por un recambio en sus partidos y sus formas de ejercicio del poder; la materialización de esa “gran coalición” que les mantendría en el gobierno en el corto plazo supondría, a su vez, un suicidio político en el mediano plazo; las tensiones al interior del PSOE se incrementarán y no es claro qué pueda ocurrir.

Todo este panorama, sea cual sea el desenlace, favorecerá en el corto o en el mediano plazo a los sectores populares, democráticos y progresistas. En caso de que al interior del PSOE logre imponerse su tendencia más cercana a la socialdemocracia y se pacte con Unidos Podemos, siendo estos mayoritarios será bajo sus condiciones, con lo que podremos soñar con la posibilidad de una transformación, desde el ejercicio de poder en el gobierno, de problemas estructurales en el estado español. Si, por el contrario, se impone la “gran coalición” y el PP y el PSOE pactan, en el mediano plazo habría un desencanto todavía mayor de la sociedad hacia sus dirigentes, y esos partidos firmarían su acta de defunción. Tal conflictividad social debería ser capitalizada por sectores de izquierda que, si continúan por la senda de la Unidad, tendrán grandes perspectivas en el mediano plazo.

Una derecha asustada que recurre a la propaganda del miedo haciendo acusaciones temerarias propias de las épocas más aciagas de la Guerra Fría; una izquierda que, al menos momentáneamente, superó graves disensos que tenía y avanza ahora por el necesario camino de la Unidad; y una sociedad que exige un cambio y cada vez se politiza más, son ingredientes que dan gran esperanza al devenir de esta situación.

En este punto hay valiosos aprendizajes que deberían ser recogidos por los sectores alternativos en Colombia, en la disputa por el poder institucional: la materialización de la Unidad, las nuevas maneras de hacer política y sumar, la posibilidad de capitalizar las movilizaciones sociales en el escenario de la participación electoral y, sobre todo, la forma de comunicar, han sido bastiones que hoy por hoy tienen en la disputa cierta por el poder a sectores alternativos en España.

A mis amigas españolas, a mis amigos españoles (o del estado español, como prefieran), alegría, fuerza y templanza para este momento que se avecina. Como en entrevista reciente dijo ese referente político y ético mundial que es Julio Anguita: “la batalla de verdad va a comenzar una vez lleguemos al poder1.

¡Vamos! Que sí se puede.