German Paul Cáceres

* German Paul Cáceres

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Control y Gestión de Políticas Públicas y Magíster en Ciencias Sociales con orientación en Educación por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Argentina). Actualmente trabaja en México en temas de evaluación de políticas de desarrollo social

Este artículo complementa las ideas que se expresaron en el artículo “Nuestro autoritarismo y la paz que viene”, publicado en la edición 68 de este mismo portal el 31 de octubre de 2015. Allí, se afirmaba que ante la inminencia del acuerdo de paz entre gobierno y FARC-EP, “hay que reflexionar sobre la cultura política autoritaria que define, en gran medida, a la sociedad colombiana y, cómo no, a su régimen político. Hay que visibilizar, cuestionar y transformar esa personalidad autoritaria que es la más seria traba para la consolidación de la paz”.

Se hablaba del arraigo de patrones autoritarios para resolver las contradicciones políticas y los conflictos sociales y de los conceptos de seguridad, orden público y enemigo interno como ejes ordenadores de la agenda pública.

Se recordaba que “El estado de excepción se convirtió, por lo menos hasta 1991, en un instrumento ordinario de la política gubernamental1 y que al mismo tiempo, el régimen político también se valió de la estrategia paramilitar.

Se decía, entre otras cosas, que a pesar de que hoy la burguesía capitalina le apuesta al fin definitivo de la confrontación armada, no renuncia a la aspiración de una paz barata que se parezca tanto como se pueda a una rendición, lo cual complica las perspectivas de un acuerdo sostenible.

Pues bien, la “personalidad autoritaria” del régimen político y la aspiración a la paz barata de las élites que lo dirigen, pone otra seria traba a la consolidación de la paz: “el modelo económico no se toca”, han repetido en diversas ocasiones el presidente, ministros y otros beneficiarios del status quo2.

La cultura política autoritaria se refuerza en la ortodoxia neoliberal que, con matices, sigue al frente de la gestión económica; el autoritarismo del régimen no sólo opera para estabilizar o contener la explosiva situación política, sino que ha sido funcional a la implementación de las reformas neoliberales y se adaptó al patrón global de acumulación financiera neoliberal actual3.

Hay una confluencia entre la cultura política y la gestión neoliberal de la economía que se manifiesta en la intocabilidad del modelo económico con mayor concentración de poder y discrecionalidad en las decisiones públicas. De paso, la simulación democrática queda confinada al plano meramente electoral donde se pone “todo” en juego, menos el modelo económico que gestiona nuestra dependencia.

En el escenario de la firma del acuerdo, es indispensable que se genere un debate nacional sobre reformas sustanciales y cambios en las orientaciones ortodoxas de la política económica y fiscal. Persistir en una articulación a la economía global basada exclusivamente en un rol primario exportador que profundiza la desindustrialización, en la promoción de la inversión extranjera sin condiciones que ha significado déficit externo que induce más endeudamiento externo, persistir en la profundización de la desigualdad de ingresos que es a lo que conduce el modelo o en las altas tasas de precarización laboral que cimienta una economía informal o, en la ruina del campo a manos de la competencia desleal del proteccionismo agrario de las potencias protegido por los TLC o en las injusticias que origina el modelo de financiamiento de la salud o la educación que privilegia el lucro por sobre los derechos sociales; persistir en esto, es aceptar el argumento de que no se puede cambiar el modelo económico, lo que es una trampa y el fracaso anticipado de la paz.

Remate al margen

El autoritarismo del régimen también se expresa en otro anacronismo odioso: no ha permitido un recambio de élites gobernantes y básicamente sigue remozando a la vieja oligarquía santafereña con sus ocasionales aliados regionales. Esa es otra traba de nuestro régimen político que debe ser superada en la Colombia del posconflicto.

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Estrada, Jairo. 2005. Proyecto neoliberal e intervención imperialista en Colombia. En, Gambina, Julio C. et al., Pensamiento y acción por el socialismo. América Latina en el siglo XXI, Buenos Aires , Fundación Investigaciones Sociales y Políticas – FISyP.

García Villegas, Mauricio. Un país de estados de excepción. Columna de opinión, publicada en el Periódico El Espectador el 11 de octubre de 2008 y disponible en, http://www.elespectador.com/impreso/politica/articuloimpreso43317-un-pais-de-estados-de-excepcion.

Ianni, Octavio, “Diplomacia e imperialismo en las relaciones interamericanas”, en Cotler, Julio C. y Fagen, Richard R. (comp.) Relaciones políticas entre América Latina y Estados Unidos, Buenos Aires, Amorrortu, 1973, pp. 33-66.

  1. García Villegas, Mauricio. Un país de estados de excepción. Columna de opinión, publicada en el Periódico El Espectador el 11 de octubre de 2008 y disponible en, http://www.elespectador.com/impreso/politica/articuloimpreso43317-un-pais-de-estados-de-excepcion
  2. véase, http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/aqui-venimos-negociar-modelo-desarrollo-pais-humberto-calle http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/juan-manuel-santos-el-modelo-economico-no-se-negocia-en-la-habana http://www.pulzo.com/nacion/ni-el-sistema-politico-colombiano-ni-el-modelo-economico-se-estan-negociando-santos/88586
  3. Estrada (2005: 77) da cuenta, hacia finales del primer gobierno de Uribe Vélez, de que “se aprecia la persistencia de las elites dominantes transnacionalizadas en el proyecto político económico neoliberal, ahora acompañado de la pretensión por establecer y consolidar un proyecto de Estado burocrático autoritario, con marcados elementos de un régimen que algunos investigadores sociales colombianos han calificado como bonapartista. Ese proyecto es expresivo a la vez de la tendencia transnacional a la militarización de la política impulsada por fuerzas neoconservadoras y de derecha, y ha puesto en evidencia, como nunca antes, una compleja red de relaciones entre la incorporación sistemática al ordenamiento jurídico de los componentes del proyecto político económico neoliberal, la profundización del conflicto social y armado en la forma de guerra contrainsurgente, la consolidación de estructuras mafiosas y paramilitares de la organización política y social y un creciente intervencionismo político-militar estadounidense, en un contexto de reforzamiento de las tendencias de transnacionalización del capital y del “constitucionalismo global de mercado”.