Gerardo de Francisco Mora

* Gerardo de Francisco Mora

Politólogo, filósofo y Magíster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes. Actualmente, investiga temas de teoría y filosofía política, en particular, se ocupa del análisis de las concepciones de Estado, soberanía y lo político, con el firme propósito de analizar las relaciones ético-políticas subyacentes en las relaciones sociales contemporáneas. Es socio fundador de Centro de Investigación social y Estudios críticos-CISEC e investigador titular del mismo

Hay una orgía entre derecha e izquierda. En este festín ambas están decididas a eliminar lo público, cada una a su modo pero ambas con una intensidad impresionante. Es momento de buscar lo público perdido, de encontrar un lugar que no signifique una forma puntual de propiedad, un arreglo técnico o un problema de competitividad. Lo público, al menos eso creo, significa algo más, no puede limitarse a un problema corporativo, no puede restringirse a eso. La democracia actual está tan agotada, tan desgastada, tan abatida que lo público sólo se trata como un problema de propiedad: quién compra, quién vende y quién saca provecho. Se piensa como una relación económica cuando en verdad es una relación con la alteridad, con la diferencia, con los otros.

La derecha se ha encargado de construir un imaginario sobre lo público, lo ha asociado con la ineficiencia y con la irracionalidad, ha creado una imagen en la que lo público es sinónimo de caos y de corrupción. Junto con esto, ha intentado convertir una de sus características centrales en una desventaja, en algo perverso o en algo nocivo, ha dicho en múltiples ocasiones que lo público es equivalente de político y lo ha considerado algo improductivo e ineficiente, es común escuchar que ciertas instituciones o actividades no funcionan porque están politizadas. De fondo este argumento intenta mostrar que las relaciones sociales pueden reducirse a un lógica económica y declara que la política es un impedimento para el desarrollo armonioso de la sociedad, en este escenario lo público se desvanece y se debilita, no sólo porque se privatice sino porque se convierte en un lugar del que nadie quiere hacer parte, es un espacio poco productivo, es un negocio que no anda bien.

La izquierda ha entrado en este mismo juego y tiene la misma responsabilidad en el desvanecimiento de lo público que la derecha. En la misma lógica economicista ha intentado mostrar que es un simple mecanismo efectivo de distribución de recursos, ha centrado el debate en definir cuál es la técnica más adecuada para distribuir bienes económicos. En este ejercicio ha dado dos pasos definitivos para debilitar más este espacio, primero, ha vuelto sinónimos público y estatal, ha intentado solidificar lo diverso de este campo en esferas institucionales, ha afirmado que se reduce a una forma de gobierno y a pensar que el Estado debe permear más y más esferas de la vida social. Segundo, ha cerrado el lugar de lo público para determinado discurso ideológico, ingenuamente, ha pensado que sólo ella participa en él y sólo ella lo puede defender, cree que participar en este espacio es optar por el Estado como la mejor forma de empresa.

En este sombrío escenario la tarea fundamental es reinventar lo público, cambiar su sentido y su significado, crear un nuevo escenario en el que este concepto sea algo más que un arreglo institucional con fines económicos. En otras palabras, dejar de traducir lo público en referencia a otro campo específico y resaltar que este es el lugar de encuentro de lo múltiple y de los antagonismos sociales que configuran la realidad.

Esta tarea implica comprender que lo público no es un problema de empresas ni de instituciones, es un espacio que desborda todos lo demás, es un espacio enteramente relacional en el que aparecen todos los campos de la vida social, es el verdadero lugar de las identidades y de las luchas políticas específicas, en otras palabras es el espacio de la multiplicidad, es un espacio inacotable que redefine las relaciones sociales de los modos más impensables. Lo público es el espacio en el que lo ético y lo político se tocan, es una apertura a la diferencia en el que lo otro no puede negarse sino que debe enfrentarse, es un espacio de experimentación en el que las caricaturas creadas sobre el otro se diluyen y la verdad que antes se pensaba determinada se vuelve difusa, es el lugar en el que nada es homogéneo y todo puede ponerse en cuestión.

Si la democracia es realmente una apuesta que hoy en día quiere defenderse es necesario trabajar en una redefinición radical de lo público, no es suficiente pensarlo como un asunto de gobierno ni como un trabajo que puede delegarse para la solución de problemas específicos, este espacio debe ser un lugar de lucha en el que se creen nuevos vínculos de solidaridad que superen los intereses particulares, es un espacio de articulación de nuevas formas de hacer política en el que diversos actores trasformen las dinámicas tradicionales de relacionarse. Así pues, es necesario que la democracia a través de una radicalización de lo público signifique algo más que un acuerdo entre facciones. La democracia debe significar la existencia de pluralidades enfrentadas en un ejercicio de mutuo reconocimiento que abarque la mayor cantidad de grupos sociales posibles. Una nueva noción de lo público implica comprender que las diversas luchas sociales están vinculadas entre sí, más allá de las coincidencias ideológicas y de las experiencias particulares, lo público trasciende las fronteras de la ciudadanía, de la identidad, del género y de la clase; es el espacio en el que todo eso se relaciona conflictivamente.

Lo público es un espacio necesario para revitalizar la democracia, allí se crean las nuevas formas de acción política que dislocan los ejercicios tradicionales utilizados por la derecha y la izquierda, en lo público se encuentran nuevas formas de relación social que pueden mostrar que lo político es una tarea de la que es imposible desentenderse, puede ser el antídoto frente a los políticos que no representan a nadie, a los partidos que sólo hacen acuerdos burocráticos y las ideologías que sólo venden respuestas viejas para problemas nuevos. Lo público es el escenario de lo diverso, lo contingente y lo impensable, es el espacio en el que nada está determinado, un espacio de experimentación que muestra nuevos caminos de acción, no es claro si son preferibles o no, sin embargo, la política y la democracia se han vuelto tan estáticas que es necesario incluir algo de desorden, algo de experimentación, menos acuerdos y más diferencias, menos soluciones y más enfrentamientos, algo más amplio donde lo nuevo irrumpa.