Hernán Alejandro Cortés

* Hernán Alejandro Cortés

Estudiante del Doctorado en Filosofía y Magíster en Filosofía de la Universidad de los Andes; Licenciado en filosofía de la Universidad Santo Tomás. Ha sido profesor de la Universidad de los Andes, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Universidad San Buenaventura. Actualmente es becario de la Universidad de los Andes e investigador de REC-Latinoamérica. Es autor del libro: El animal diseñado: Sloterdijk y la onto-genealogía de lo humano (2013). Su campo de investigación es la filosofía política y latinoamericana. Su proyecto doctoral se concentra en el problema de lo común en el marco de las discusiones sobre la ontología política en autores como Laclau, Žižek y Castro-Gómez.

Señalar que “vivimos en tiempos de crisis” puede ser la tarea fundamental de los académicos, un diagnóstico que a menudo se lanza al viento y cuyo eco solo resuena para todos cuando grandes catástrofes llegan a las ventanas de los noticiarios. Los filósofos, sociólogos, antropólogos y demás especímenes académicos han aprendido a vivir con la crisis a cuestas; sin embargo, los diagnósticos sobre ésta se convierten en largos monólogos, difíciles de entender para los no iniciados, de manera que su advertencia sobre la crisis queda relegada al olvido. Quizá el pecado de los académicos es el de no poder comunicar sus padecimientos con claridad, el de crear un lenguaje para una élite del pensamiento a la que solo pueden acceder quienes han gozado de una capacitación previa en el arte de entender. La precariedad infinita de la universidad en general y de las humanidades en particular es la de su falta de acceso, bien sea por condiciones internas (como el lenguaje, la hiper-especialización y la ultra-capacitación) o externas (como las políticas de educación, las formas de gobierno o la banalidad del contenido y formato de los medios de comunicación masivos). No existe un único culpable en este juego de precariedad, son múltiples factores los que agudizan la situación de las universidades y el lugar que ocupan en la sociedad, algo que se ha repetido por décadas y que parece no cambiar a pesar de los avisos de alerta.

El principal problema de la precaria situación de las universidades está en el corazón mismo de las facultades. En un afán sin precedentes por presentarse como ciencias “rigurosas”, todas las disciplinas se han entregado a un desmedido proceso de exposición de resultados. La presión que tienen los profesionales por publicar artículos (que pocas personan leen) es tan excesiva como el lenguaje que algunos usan en ellos. Una situación que no depende directamente de los sujetos, sino que está amparada por las instituciones que solo pueden seguir operando si cumplen con las políticas establecidas por ministerios burócratas en los que opera un manto de aparente transparencia y eficacia.

En segunda medida, las condiciones de trabajo de estos profesionales son una verdadera tortura, no solo están expuestos a inquisitivos procesos de evaluación, sino que están arrojados a un ring de boxeo con miles de colegas en donde se reproduce un ciclo infinito del que es difícil salir: formación-deuda-trabajo-deuda. Como lo dice Lazzarato “la deuda es el dispositivo capitalista para cerrar el tiempo y tener prioridad sobre él, para hipotecar su indeterminación, para quitarle toda creación, toda innovación, para normalizarlo”. La universidad ha sido tomada por asalto por el mercado financiero, donde se crean y se hacen infinitas las condiciones de precariedad, donde se normaliza la creación y se le resta importancia al pensamiento; ejemplo de ello son las becas-Colfuturo, los préstamos condonables (al estilo Ser pilo paga), o los aberrantes créditos con el ICETEX, pues obligan a sus beneficiarios a ser parte de un interminable ciclo de pagos, una lógica que termina por volver a los académicos burócratas en funciones de largos intereses. Cada día que pasa los profesionales universitarios son expertos en un saber que pasa desapercibido para los demás miembros de la sociedad, pues deben estar pendientes de la indexación, del informe o de la planilla.

Como si fuera poco, las instituciones exigen al mismo tiempo investigar, impartir clases, hacer trabajo administrativo y, en algunos casos, servir de consejeros para los estudiantes. Quizá esta sea una de las razones fundamentales de la falta de empleo en las universidades, pocos se ven obligados a hacer el trabajo de muchos, de manera que la actividad no solo se ve empobrecida por el gasto físico que deben realizar sino por las condiciones contractuales a las que se ven sometidos: contratos exprés, pago por horas, prestación de servicios, etc. Por otro lado, no existe una cifra clara sobre cuántos profesores de cátedra hay en el país; sin embargo, es fácil detectar que la mayoría de los que trabajan bajo esta modalidad pertenecen a tres áreas del conocimiento: los profesores de ciencias básicas, los de humanidades y los de lenguas extranjeras, justo los departamentos que reciben la mayor cantidad de estudiantes porque son transversales en la formación universitaria. Todos estos profesionales están sometidos a condiciones laborales indignas y preocupantes, como lo señaló la revista Semana1; la mayoría tienen contratos por cuatro meses donde se pagan exclusivamente las horas de clase, sin contar las horas de preparación o calificación; regularmente quedan cesantes por dos meses y solo vuelven a ser contratados apenas un par de días para dar inicio al semestre académico, dicha situación no solo repercute en un desgaste económico, sino que está asociada a condiciones psicológicas de incertidumbre, inestabilidad y frustración. Si miramos a fondo los afectados no son solo los profesores, la calidad de la educación que reciben los estudiantes también puede verse comprometida por esta situación, pues los profesores están en la necesidad de tener más de un trabajo para conseguir un salario digno.

La universidad contemporánea ha creado una condición de precariedad infinita, al introducir todos sus ciclos de desempeño en los marcos de acción de una racionalidad económica que hace de la producción de conocimiento una mercancía. Dichos ciclos de desempeño reproducen una serie de condiciones que hacen de la academia una empresa más, un escenario de certificación de mano de obra calificada que debe competir en el mercado laboral, a veces, de manera violenta y desleal. El sueño de una academia crítica, conectada con los intereses de la realidad social y funcional para mejorar la comprensión de los problemas del mundo, ha sido reemplazado por el ejercicio burocrático que reproduce una precariedad infinita de pensamiento y de espíritu, los académicos parecen estar condenados a una reproducción sin fin de productos, en la que su relación con el trabajo está limitada por esa cadena de resultados y consecución de experiencias exitosas y de calidad.

Vale la pena preguntarse entonces por el lugar y el hacer de la academia, y eso, necesariamente, implica re-pensar la universidad en el marco de las relaciones económicas del mundo contemporáneo, pues, como lo señalaba Noam Chomsky, la universidad fue tomada por asalto y parece no tener la fuerza suficiente para resistir el ataque del mercado en su versión neoliberal. Luchar contra la precariedad infinita de los medios y los fines de la universidad es una apuesta por acabar con la extendida precariedad de la sociedad, es necesario que los académicos de todas las disciplinas sean capaces de re-interpretar el mundo y, en ese horizonte, tengan el sueño de actuar por uno mejor, no solo dentro de los muros de las aulas, sino hacía el exterior. Si hay una tarea fundamental es la de re-valorar la esfera del trabajo y ello implica, tal vez, que los académicos sean más como los artesanos: hijos de la paciencia, del tiempo y de la experiencia, menos doctos en el éxito y más acuciosos en el hacer. De manera que su hacer no quede relegado entre bases de datos y publicaciones, sino que pueda extenderse a un amplio espacio de discusión que, sin duda, hará las sociedades más democráticas y menos tiranas.2

  1. Ver: Las injustas condiciones laborales de los profesores Universitarios (2016) http://www.semana.com/educacion/articulo/condiciones-laborales-profesores-universitarios/477948
  2. Ver: How America’s Great University System Is Being Destroyed (2014) http://www.alternet.org/corporate-accountability-and-workplace/chomsky-how-americas-great-university-system-getting