John Alexander Castro

* John Alexander Castro

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Estudios Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional y Doctorando en Estudios Sociales en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Además, es profesor e investigador en la Universidad Antonio Nariño en Bogotá, catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional y autor de distintos artículos sobre barras bravas

El conflicto armado interno colombiano ha sido protagonizado por el Estado, las guerrillas izquierdistas, los paramilitares derechistas y los grupos de traficantes de drogas ilegales. Esta violencia tiene sus raíces históricas en la década del treinta del siglo XX, dejando una cantidad indeterminada de desplazados, desaparecidos y asesinados en Colombia y sus fronteras. El conflicto armado interno ha sido considerado como una de las etapas más violentas en la historia de nuestro país y ha mostrado diferentes tipos de exclusión, desigualdad, segregación social y crímenes de lesa humanidad. Además, paradójicamente la violencia logró conservar el orden establecido y las familias tradicionales, incrustadas en los gobiernos regionales y nacionales, no abandonaron su posición.

La continuidad histórica, la diversidad de sus protagonistas, los distintos escenarios, los millonarios dividendos y su discurso político, entre otros aspectos, han mostrado su trascendencia y, por supuesto, su importancia en el contexto socio-cultural colombiano. Por ese motivo, la entrega, el arresto o el asesinato de importantes traficantes de drogas ilegales; el cuestionado proceso de negociación con los líderes de las autodefensas y la posibilidad de desmontar una antigua y anquilosada guerrilla comunista han permitido, poco a poco, bajar la intensidad del conflicto armado interno. No obstante, no es la única violencia que se ha constituido históricamente en el país, pues otros conflictos fueron marginados o no fueron atendidos lo suficiente.

Una de las violencias, lentamente visibilizabas, se ha constituido en el contexto del fútbol, cuestionando la propuesta del deporte como un catalizador de la(s) violencia(s). Uno de sus principales protagonistas son las “barras bravas”. La denominación fue dada en Argentina después del homicidio de Héctor Souto, el 9 de abril de 1967. Se creó con el propósito de identificar y judicializar a un tipo de delincuente en los estadios, antes, durante o después de los partidos de fútbol. Sin embargo, no es tan sencillo construir el perfil de un “barra brava” que sea distinto y particular frente a otro tipo de delincuentes.

En Colombia, las “barras bravas” se organizaron entre 1991 y 1998 y se visibilizaron a través de canciones agresivas y enfrentamientos corporales. Así, en el año 2004 se inició una nueva lista de homicidios en la que se han involucrado integrantes de esos grupos organizados de hinchas, mostrando la intensidad del conflicto en este tipo de colectivos. Se señala a los integrantes de Blue Rain y Comandos Azules de Millonarios, la Guardia Albi Roja Sur de Santa Fe, el Frente Radical Verdi Blanco y Avalancha Norte de Cali, Disturbio Rojo y Barón Rojo Sur de América, Los Del Sur y Nación Verdolaga de Nacional, Rexixtenxia Norte de Medellín o Frente Roji Blanco Sur y la Banda de los Kuervos de Junior, como las “barras bravas” que generan los incidentes más violentos en el país. Pero no son las únicas, pues hinchas de Valledupar, Real Cartagena o Chicó también han protagonizado incidentes lamentables.

¿Cómo entender la violencia del fútbol? En la competencia deportiva, el fútbol enfrenta a dos equipos, cada uno busca derrotar al otro y, así, conseguir la victoria. Los equipos de fútbol se caracterizan por un emblema que lo específica, colores que lo particularizan, un lugar de origen, una fecha de fundación y una historia construida. Los equipos tienen sus respectivos hinchas, quienes deciden identificarse con esas peculiaridades, distinguiéndose unos de otros a partir de su afiliación pues esas características son apropiadas por ellos. Los hinchas apoyan a su equipo, renovando, conservando y fortaleciendo su compromiso, ya que la lealtad dada implica acompañarlo, especialmente en el estadio.

Los hinchas asumen esa competición como propia, dando origen a las rivalidades en el fútbol, el fundamento de la oposición entre los hinchas. Las rivalidades se constituyeron, inicialmente, a partir de las diferencias territoriales y los logros deportivos. Posteriormente, las rivalidades se potenciaron pues fueron vinculados aspectos relacionados con lo pasional, lo socio-cultural, lo político-económico e incluso, lo étnico y lo sexual. La identificación con un equipo acarrea una rivalidad intrínseca entre el equipo propio y otros equipos. Esas rivalidades se manifiestan a través de la agresividad de las canciones desde la gradería y los enfrentamientos físicos en las calles.

Finalmente, la violencia del fútbol es una problemática actual porque la diversidad de sus causas, los múltiples actores que pueden intervenir y los escenarios en los que puede manifestarse permite construir diferentes definiciones, miradas y explicaciones, dependiendo de quién la define, desde qué perspectiva, qué posición tiene y en qué momento lo hace. En ese sentido, la violencia debe contextualizarse ya que es construida social e históricamente y la violencia del fútbol no es la excepción. Así, de lo que se trata es de comprender el sentido de los comportamientos, calificados como agresivos y conflictivos, de los grupos organizados de hinchas.

No obstante, en Colombia (y en América Latina) se ha responsabilizado, particularmente, a las “barras bravas” como los promotores principales de la violencia del fútbol, dejando a un lado a otros actores que pueden incitar e incluso participar de la violencia; por ejemplo, la policía, los directivos de los clubes, el ente organizador de los campeonatos profesionales o los medios de información. Así mismo, la violencia del fútbol muestra la poca trascendencia de las leyes establecidas en Colombia y, además, sin ningún fundamento explicativo se afirma, usualmente, que es una consecuencia de la “falta de educación” de los hinchas.