Julie Massal

* Julie Massal

Doctorado en Ciencia Política, Universidad Aix-Marseille III, Instituto de Estudios Políticos de Aix-en- Provence (Francia). Post-doctorado de la U. Rovira i Virgili, Tarragona (España). Becaria Lavoisier (2001-2002) del Ministerio de Asuntos Exteriores (Francia). Investigadora y profesora del IEPRI-UN desde 2005 e investigadora asociada de FLACSO-Ecuador (desde1999). Ha trabajado sobre los movimientos sociales indígenas y su participación en los procesos de democratización en el Área Andina (Bolivia y Ecuador especialmente). También ha trabajado (postdoctorado y proyectos) en el tema de la migración latino-americana a Europa. Titular de la Maestria Profesional en Oficios de libro de la Universidad de Bourgogne en Dijon, Francia, 2017 (mencion Bien).

Hace un año, Europa enfrentaba, según los comentarios mediáticos, la “ola masiva”1 de refugiados procedentes tanto de Oriente medio, principalmente Siria y Afganistán, como de varios países de África (Sudan, Eritrea, Gana y Marruecos entre otros) que trataban de pasar a Europa por diferentes rutas. Los sirios venían por Turquía y luego por Grecia y la Ruta de los Balcanes, a través de países como Macedonia, Bulgaria, Hungría, para llegar a Austria y Alemania y de allí seguir a Inglaterra o a los países escandinavos. Los africanos trataban de atravesar el mediterráneo desde Libia a Italia. Desde entonces, la ruta de los Balcanes se ha cerrado, pues muy pronto varios países decidieron cerrar su frontera o incluso elevar muros o púas para marcar su rechazo a la llegada de los refugiados. En cuanto a los migrantes que lo intentan desde Libia, después de haber atravesado en este país muchos peligros y haber tenido que trabajar en condiciones de casi esclavitud para ganar el precio del pasaje exigido por los “coyotes”, enfrentan el mar, en embarcaciones de mala calidad que se hunden a pocos metros de la ribera.

A pesar de la emoción suscitada a inicios de septiembre de 2015 por la muerte del pequeño niño sirio Aylan, descubierto en una playa, y de los esfuerzos provisorios de los países acogedores, en particular Alemania que ha recibido cerca de un millón de personas, la mal llamada “crisis de los refugiados” no ha encontrado soluciones de fondo. Los intentos por atravesar el mar han dejado decenas de miles de muertes. Hasta el momento el Papa Francisco ha denunciado esta situación con cierta firmeza, junto a las ONG encargadas de cuidar a los inmigrantes en los países de salida o de acogida; por ejemplo se puede resaltar la implementación por unos ciudadanos europeos, con el apoyo de varias ONG, del Barco Aquarius, que busca los migrantes en alta mar para rescatarlos cuando su embarcación se hunde. Así mismo, Amnistía Internacional se ha pronunciado contra las políticas migratorias europeas, sobre todo contra el acuerdo que la Unión Europea ha hecho con Turquía para remitirle los inmigrantes que llegan ilegalmente a Europa, mientras Turquía debería enviarle, gota a gota, los pocos que lograron pasar los filtros y pueden pretender acceder al estatus de refugiado político.

Al nivel humanitario, los inmigrantes que llegan a los países europeos, si bien pueden considerarse “afortunados” respecto a los que murieron en el intento, enfrentan condiciones de vida desastrosas, como es el caso en el campo “La jungla” de Calais, al norte de Francia. “La Jungla”, como se ha apodado este campo de migrantes en carpas, contaría con cerca de 6.900 personas actualmente, el tope desde su creación en abril de 2015; esto evidencia un incremento de 53% desde el anterior conteo, en junio2; allí no cuentan siquiera con estructuras sanitarias básicas, y viven, en invierno, en el lodo. Si bien se ha intentado mejorar la situación, bajo la presión de las ONG y una franja minoritaria de la prensa que denuncian la indignidad en la que se ven obligados a vivir los inmigrantes, la mayoría en espera de su estatus de refugiados o en su proyecto de salir para Inglaterra, el status quo se mantiene.

Desde hace un año, la política francesa se ha restringido en intentar reenviar a centros de alojamiento “requisicionados” (un término con consonancia militar que implica que la autoridad estatal se atribuye el derecho a ocuparlos)3, en diferentes pueblos de Francia, a unos inmigrantes agrupados en espera de encontrar una solución de realojamiento más duradera. Cuando no huyen de vuelta a Calais, en aras de lograr embarcarse para Inglaterra. Esta política de repartición de los migrantes se implementó desde septiembre de 2015, debido a que Francia, al igual que los demás países europeos, deberá acoger una cuota (estimada en poco más de 30.000 en su caso) de refugiados en el lapso de dos años. Aun es difícil establecer un balance realista de esta política, puesto que no contamos con cifras exactas y sintéticas tanto de los que llegan como de los que se van o se quedan. Sin embargo, podemos destacar algunos de los retos que se presentan en Europa y las dudas que surgen respecto a esta política.

Un primer reto tiene que ver con la “difícil integración” de los migrantes, que encuentran un nivel de desconfianza o de hostilidad creciente, después de unos meses de relativa aceptación luego del encuentro de Aylan. Esta desconfianza ha llevado a la población alemana a pedir el cierre de la frontera después de la llegada de un millón de migrantes. Esto a pesar de la necesidad de mano de obra que enfrenta dicho país, que lleva a la canciller Merkel a seguir apostándole a la acogida de los migrantes. Las tensiones generadas por los acontecimientos en Colonia en diciembre de 2015, cuando varios migrantes sirios recién llegados fueron acusados erróneamente de haber agredido sexualmente un conjunto de mujeres durante la noche de año nuevo, han generado una serie de dudas sobre su “capacidad de integración”. Si bien los verdaderos responsables de las agresiones no son migrantes recién llegados, este acontecimiento ha despertado una fuerte polémica sobre la “difícil cohabitación” entre los hombres musulmanes y la población femenina local. En cualquier caso, se levantó una duda sobre la posible “asimilación cultural” de dichas poblaciones; algo similar a lo ocurrido con migrantes latinoamericanos en España hace unos años, pese a su supuesta cercanía cultural4.

Esta polémica, sin embargo, oculta la otra cara de la moneda, particularmente el hecho de que las mujeres inmigrantes enfrentan varios intentos de agresión sexual en las fronteras durante su travesía, pues algunos responsables de controlar el paso fronterizo exigen favores sexuales a cambio de papeles o ayudas para seguir viajando. Cabe añadir además que existe una fuerte preocupación sobre la situación de jóvenes menores de edad o niños, en algunos casos migrantes aislados, sin familia, que constituyen poblaciones vulnerables frente a las redes de explotación laboral y sexual.

El segundo reto preocupante tiene que ver con la creciente estigmatización hacia los migrantes: en efecto, a raíz de los atentados de noviembre de 2015 en Paris y marzo de 2016 en Bruselas, se ha afirmado en varias ocasiones que unos sospechosos habrían entrado en Europa mezclados con los migrantes y refugiados, con falsos papeles. Ello a su vez ha levantado una fuerte desconfianza hacia el conjunto de esta población. Esto ocurre a pesar de que varios de los sospechosos comprobados de los atentados de Paris han nacido y vivido sus vidas en Europa y han podido circular libremente entre Francia, Bélgica, Siria y Turquía.

El tercer reto tiene que ver con las políticas migratorias y de acogida implementadas. En el caso de Francia, la política de acogida, como se mencionó, se concentra en realojar los refugiados aceptados previamente (seleccionados en Alemania o en Francia misma) y en rechazar los que no consiguen dicho estatus. La prohibición de trabajar durante el procedimiento de aceptación de este estatus, peculiar al caso francés, sin embargo, desanima muchos migrantes que prefieren seguir hacia países que les permiten hacerlo, como Inglaterra. Pero con la salida de este país de la Unión Europea en los próximos meses, esta opción podría desvanecerse, generando nuevos cambios en las rutas escogidas por los migrantes.

También se debe destacar que, a pesar de un llamado de las universidades públicas en Francia de favorecer la integración de los estudiantes extranjeros que han llegado a raíz de la reciente inmigración, la mayoría bastante calificados, la política de acogida francesa ha quedado rezagada en este aspecto, a pesar de los esfuerzos de muchas asociaciones juveniles y estudiantiles para propiciar la enseñanza intensiva del francés y permitirles proseguir sus estudios. Esto podría ser visto más bien como una importante oportunidad para Francia, que siempre pretende captar nuevos estudiantes extranjeros, pero que acoge a regañadientes los que llegaron por su cuenta en los últimos años, pese a su nivel educativo elevado, su motivación para formarse y su capacidad de emprendimiento.

El cuarto reto, quizás el más acuciante de todos, consiste en informar de manera veraz y objetiva a la población europea respecto a las causas de la “crisis de los refugiados”, y los motivos por los que estos grupos de población llegan, y seguirán llegando, pese a los muchos obstáculos migratorios implementados, puesto que estos no consiguen restringir los flujos de migrantes5. Principalmente se debe desmontar estereotipos y amalgamas entre “musulmán” e “islamista” (o “terrorista” inclusive) y desvirtuar estigmatizaciones, en un contexto de lucha contra la radicalización islámica y el terrorismo implementado por el “Estado Islámico”. Esto es responsabilidad de los medios, de la universidad y de todos los mediadores culturales que tienen ante sí una inmensa responsabilidad.

Lastimosamente, la reciente polémica sobre el “burkini” (una contracción entre burka y bikini), un traje de baño que cubre el cuerpo entero, cabeza incluida, a excepción del rostro, manos y pies, que ha sido recientemente prohibido en las playas francesas de algunos pueblos, ha dejado en evidencia las crispaciones que se generan hacia los musulmanes y las mujeres que visten dicho traje, como ocurriera hace unos años respecto al tema del velo integral. Una polémica que parece creada oportunamente por algunos políticos en vísperas de los preparativos de la campaña presidencial de 2017. Y que genera incomprensión en el resto de los países. Un mal síntoma, por decir lo menos.

  1. Un calificativo que ponemos en tela de juicio, pues en realidad la mayoría de migrantes de Siria se han asentado en Turquía y Líbano. A ellos se suman afganos e iraquíes principalmente.
  2. La llegada de migrantes que había disminuido durante los meses de invierno ha vuelto a crecer. Cifras disponibles en: « Calais ‘Jungle’ population soars to record 6,901 migrants – official census », 20-08-2016 https://www.rt.com/news/356567-calais-jungle-population-record/
  3. Se informa con muy poca antelación al alcalde de un pueblo que tendrá que acoger un número determinado de migrantes y buscar la forma de instalarlos, generalmente en un gimnasio público. Esto le implica al alcalde buscar garantizar las condiciones de higiene y seguridad de los migrantes y manejar las eventuales tensiones que surjan en la población.
  4. Pujadas Juan José & Massal Julie, “Migraciones ecuatorianas a España: procesos de inserción y claroscuros”. Revista Iconos. Quito, Ecuador, FLACSO, 2002, n°14, pp. 67-87.
  5. Al respecto, se puede consultar: Massal Julie, “La migración en contexto de globalización: desafíos estratégicos e implicaciones para los derechos humanos”, en Jaramillo Grace (comp.), Relaciones Internacionales: nuevos horizontes, Quito, FLACSO-Ecuador & Ministerio de Cultura, 2009, 1a ed. pp. 215-241.