Desde hace varios meses, he recibido mensajes recurrentes muy críticos, incluso agresivos e insultantes, por la posición que asumí en el caso del profesor Miguel Ángel Beltrán, en especial sobre el tema de si el rector debía o no jurídicamente aplicar la sanción disciplinaria impuesta por la Procuraduría. En particular, el profesor Saenz Rovner, en los comentarios a mis columnas en “El Espectador”, me ha acusado de haber pisoteado y perseguido al profesor Beltrán y de carecer de toda ética y de ser un hipócrita, por mi posición en este caso.

No había querido responder a esos ataques pues quienes intervenimos en debates públicos estamos acostumbrados a soportar constantemente ese tipo de mentiras y calumnias, aunque no se esperaría que ocurran en el ámbito universitario. Además consideraba que mi posición en el caso Beltrán era pública y conocida pues la había explicado en detalle en un largo artículo en este mismo portal “Palabras al margen”.

Pero esos ataques han continuado e incluso se han incrementado con la liberación del profesor Beltrán, como si la decisión absolutoria de la Corte Suprema condenara aún más mi posición, cuando yo creo que esa sentencia de la Corte Suprema lo que hace es confirmar mis planteamientos.

En ese contexto, mi silencio podría ser interpretado como vergüenza, cobardía o aceptación de las acusaciones de personas como Saenz Rovner, según el dicho de que “el que calla otorga”. Y por ello me veo obligado a reiterar y aclarar mi posición en este caso, la cual puede resumirse en estos puntos.

1. Nunca sostuve que la sanción de la Procuraduría contra el profesor Beltrán fuera una condena justa y acorde a derecho. Todo lo contrario: explícitamente dije que era una sanción “atacable” y que la jurisdicción contencioso administrativa debería revocarla si la demandaban, pues la decisión de la Procuraduría estaba basada en pruebas que eran nulas, lo cual violaba el debido proceso. Entiendo que ése fue exactamente el fundamento del fallo absolutorio de la Corte Suprema y por ello creo que esa sentencia avala mi tesis.

2. Ofrecí entonces públicamente en el artículo en este portal que apoyaría sin costo alguno (ad honorem) la acción judicial ante la jurisdicción contencioso administrativa que fuera emprendida para lograr la anulación de la sanción de la Procuraduría contra el profesor Beltrán.

3. No me pronuncié sobre las decisiones penales por cuanto en ese momento el profesor Beltrán había sido absuelto en primera instancia.

4. El punto central que imagino aborrece el profesor Saenz Rovner y que sería la base de mi supuesta conducta antiética e inquisitorial fue que, a pesar de considerar criticable y atacable por medios judiciales la sanción contra el profesor Beltrán, consideré que el señor Rector de la Universidad Nacional tenía que aplicarla. Que frente a ese tipo de sanciones no procede invocar la excepción de inconstitucionalidad, por lo que dejar de aplicar la sanción era contrario al Estado de derecho y ponía a la Universidad en una situación jurídica problemática.

5. No voy a repetir los argumentos que sustentaron esta tesis, que están largamente desarrollados en mi artículo en este portal. Pero vale la pena resaltar que uno decisivo fue el siguiente: el profesor Beltrán no fue sancionado por sus escritos (como a veces se sostiene en forma imprecisa en los debates públicos sobre el tema) sino por una presunta colaboración o pertenencia a las FARC. Siempre dije que la posición de la Universidad debía ser distinta si la causa de la sanción hubiera sido lo que había escrito el profesor Beltrán. Que en ese caso, podía haber argumentos para que el rector se negara a aplicar la sanción. Pero no fue así. La Procuraduría basó su decisión en pruebas que consideraba que eran legales y convincentes en mostrar la supuesta colaboración del profesor Beltrán a las FARC.

6. Es cierto que la legalidad de esas pruebas era discutible y yo sostuve que eran nulas, por lo que señalé que la sanción al profesor Beltrán no tenía bases y debía ser revocada por la jurisdicción contencioso administrativa si era demandada. Pero ese control de la validez de unas pruebas no le corresponde en un Estado de derecho al rector de la Universidad Nacional sino a los jueces, por lo que el rector tenía que acatar la sanción impuesta por la Procuraduría.

7. Esa fue mi posición en ese momento y hoy sigo pensando exactamente lo mismo. El rector tenía jurídicamente que aplicar la sanción de la Procuraduría, que debía entonces ser acatada, pero ésta debía ser cuestionada ante la jurisdicción contencioso administrativa, que debería anularla por estar basada en pruebas nulas. Por ello denominé mi artículo en este caso: “atacable pero acatable” y creo que la decisión de la Corte Suprema fortalece mi tesis pues muestra que la sanción de la Procuraduría carecía de sustento pero que la vía en un Estado de derecho era cuestionar judicialmente esa sanción.

8. Contrariamente a lo que me ha acusado Sáenz Rovner, no pienso que sostener esa tesis sea una persecución contra el profesor Beltrán. Simplemente sostuve la tesis que me parecía jurídicamente correcta y que mejor protegía el Estado de derecho y la integridad y autonomía de la Universidad Nacional. Pero como entendía la difícil situación del profesor Beltrán, le ofrecí ad honorem mi apoyo jurídico.

9. Es obvio que yo puedo estar jurídicamente equivocado y he estado dispuesto a debatir mi posición. Es más, en ese momento, sostuve con el profesor Leopoldo Múnera, quien tuvo una posición distinta en este caso, un debate público sobre el tema en este mismo portal. Fue una discusión vigorosa pero respetuosa, como corresponde en el mundo académico.

Si el profesor Sáenz Rovner no estaba de acuerdo con mi tesis, hubiera podido controvertirla en forma argumentada y hubiéramos tenido un debate abierto al respecto, como corresponde en la vida académica. Pero no fue así: como no aprobaba mi planteamiento, prefirió simplemente descalificarlo como “plastilina constitucional” para justificar “echar a un profesor de la universidad nacional”, para luego atacarme como inmoral, maltratador, etc. ¡Todos esos ataques simplemente porque no compartía mi planteamiento! Y me imagino que esos ataques los hace el profesor Saenz Rovner en nombre del pensamiento crítico y del derecho a disentir, que ha sido la bandera (que comparto) que muchos han invocado en defensa del profesor Beltrán. Pero parece que profesores como Saenz Rovner no aplican el mismo rasero de defensa del pluralismo y del derecho a disentir frente a aquellos que no comparten sus tesis. Sólo habría pensamiento crítico y libertad para expresarlo de aquellos que piensan como uno. Habría que recordarles la inolvidable frase de Rosa Luxemburgo: “la libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferente”.

Espero de esa manera dejar aclarada mi posición frente a esos ataques personales injustificados y quedo abierto, como siempre ha sido mi talante, a discusiones argumentadas.