Perder una votación popular es cuestión de método

En la medida en que la élite política no tiene la última palabra en la decisión, se debe orientar el proceso de decisión para que tenga las mayores posibilidades de éxito ante el decisor final: el pueblo en su diversidad. Lo que implica la necesaria búsqueda del más amplio consenso político y social. La práctica del voto popular permite también, por medio de la expresión de las consignas de voto, extender la responsabilidad de las decisiones y de sus consecuencias al conjunto de los actores políticos, y no solo al gobierno.

La elección fue el odio

Los abuelos de quienes hoy ejercen la política en Colombia, a mediados del siglo XX, después de una guerra horrible que su nombre lo sintetiza “La Violencia”, dividieron los pueblos y los campos, crearon divisiones imaginarias en el espacio y en la vida, donde les decían a grupos sociales homogéneos, a quiénes deberían vivir aquí y a quiénes allá, a qué personas debían querer y a quiénes odiar; los valientes que pasaban estos límites muchas veces ponían en peligro su vida.

Ni victoria ni derrota. Esto es una crisis

Así que esta no es ni una victoria ni una derrota. Es una situación de crisis. No conozco ahora mismo las respuestas ni las salidas y también me cuesta pensarlas porque todos estamos elaborando el momento. Sin embargo, en una situación donde estamos ante todos los riesgos y todas las oportunidades, existe la virtud de que la vía militar, incluso para el ELN aún en armas, se ha ido clausurando al punto de impedir al propio uribismo defender cualquier cosa que no esté en el campo de las soluciones políticas.

La gramática política del Acuerdo y la necesidad de una democracia agonística. Una reflexión para la cátedra de Paz*

La cátedra de paz debe perfilarse como un trabajo de largo aliento capaz de crear conciencia ciudadana y opinión informada en torno a los acuerdos de paz, a las negociaciones con los actores armados y la búsqueda de verdad y justicia en torno a hechos concretos, pero proporcionando, al mismo tiempo, una perspectiva de conjunto sobre los problemas de violencia política en el país, sus implicaciones culturales, las condiciones estructurales que los han alimentado y ameritan profundas reformas sociales, políticas y educativas, así como sobre los intereses de los distintos actores en contienda.

¿De verdad hay razones para votar “No”?

Cuando los uribistas afirman que el Acuerdo conduce al ascenso inmediato de las Farc al poder, gracias a los recursos políticos (curules) y comunicativos que tendrán las Farc, nos dicen por debajo de cuerda que no hay nadie en sus filas que tenga la capacidad intelectual y política para detenerlos democráticamente o vencerlos en debate. En esto hay que conceder que al menos hacen un diagnóstico honesto –aunque inconsciente- de sus propias capacidades.

“Mató el tigre y se asustó con el cuero”: ¡refrendar la paz en Colombia!

En mi interpretación de este dicho, la simbología del tigre se refiere a la fantasía militarista de la guerra, la realidad del cuero al conflicto político constitutivo de la paz. Contra la cobardía militarista que sigue proyectando en el tigre sus ilusiones de una Colombia sin conflicto de clases, el heroísmo pacifista resiste con asumir responsabilidad por los cientos de miles de víctimas que ha dejado esa guerra, para darles propio entierro. Asumir responsabilidad por el cuero quiere decir confrontar las causas sociales que han hecho que el irreducible conflicto que nos constituye se exprese no en la forma política del desacuerdo, sino en la forma armada de la violencia. El cuero, en otras palabras, no desaparece, así como no desparecen los millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado colombiano.

Menos opiniones, más explicaciones: Polarización, psicología cognitiva y el plebiscito por la paz

Antes de tratar de convencer a alguien de votar Sí o No en el plebiscito, trate de llegar a consensos sobre lo que sí dicen y lo que no dicen los textos de La Habana. En otras palabras: trate de intercambiar explicaciones antes de debatir argumentos a favor y en contra. Este ejercicio resultará tan útil para usted como para su interlocutor a la hora de establecer qué tan bien comprenden lo pactado en La Habana, ayudando a reducir polarizaciones y actitudes extremas basadas en la desinformación.

Respuesta al amigo que pensaba votar No

Tú dices: ¿qué ejemplo le vamos a dar a las nuevas generaciones? Bueno, tanto tú como yo tenemos hijos. Hermano, ¿qué ejemplo le vamos a dejar? Yo te digo, démosles un ejemplo de grandeza, de generosidad, de perdón. Posiblemente, no seremos ni tú ni yo los que veamos este país en paz. Porque cuando este proceso termine, y si termina bien, y si el plebiscito se aprueba, va a haber muchos odios detrás. Ojalá no, pero es muy posible que muchos líderes políticos de las FARC reciban atentados, en otras palabras: todavía nos falta un camino de dolor (¡ojalá me equivoque!).

Es lo mismo pero no es igual, aunque también puede ser diferente (Respuesta a la opinión “más leída”)

La opción política por la que optaron las FARC-EP y el Gobierno, frente a un horizonte de destrucción mutua o de mediocridad normalizada y continua, fue precisamente la que tanto defendió Uribe: la reconfiguración de la “unidad social” en torno a la recuperación de la soberanía Estatal. Ahora bien, el Acuerdo Final problematiza la cuestión de “la unidad” introduciendo una representación del “espacio común” como un espacio plural, heterogéneo, esto es, representando “la diferencia” como un problema político y no como una forma de ruptura de dicha unidad, como una amenaza, como una monstruosidad incluso.

Posiciones y riesgos para la paz en Colombia

No es una cuestión secundaria para Colombia el plebiscito del próximo 2 de octubre. La heterogeneidad de posiciones, ambigüedades y contradicciones en relación al discurso de quienes defienden votar por la paz se expresarían en nuevos escenarios. Mientras tanto, la extrema derecha busca cómo incentivar la guerra y romper la nueva forma como se busca tramitar los conflictos que hay y que vendrán.

Solo decimos: démosle una oportunidad a la paz

Sabemos, a la luz de la experiencia internacional, que no puede haber salida perfecta para situaciones traumáticas de violencia política; que todo acuerdo exige concesiones de parte de cada uno de sus actores; que ningún compromiso puede dar plena satisfacción, a la vez, a todas las exigencias de justicia y reparación para las víctimas, de castigo para los victimarios, de develamiento exhaustivo de la verdad para la sociedad en su conjunto.