Andrés Camacho

* Andrés Camacho

Máster en Energías Renovables, Licenciado en Física, Ingeniero Eléctrico, Docente Universitario y Vocero de la Marcha Patriótica Bogotá. Bloggero y Columnista en medios de comunicación alternativa

El 9 de Junio de 1998 Andrés Pastrana siendo candidato presidencial se reunió con el jefe máximo de FARC-EP, Manuel Marulanda Vélez, este encuentro sería determinante para el resultado electoral que lo llevó a convertirse en presidente de Colombia y tomar posesión el 7 de Agosto. El 14 de Octubre del mismo año, por mandato presidencial, se establece la Zona de Distención, a su vez se reconoce estatus político a las FARC-EP y se brindan garantías a los voceros negociadores de dicha guerrilla. Este sería el inicio de un camino tortuoso y un proceso difícil marcado por duros episodios que se dieron en el marco del sostenimiento de la confrontación en medio del diálogo, la silla vacía, las masacres paramilitares, la muerte de los tres indigenistas, varios congelamientos del proceso de negociación y varios intentos por salvarlo con medidas que contemplaron desde las audiencias públicas hasta las giras por varios países del mundo. Así, tras varias prórrogas para la Zona de Distención, pocos avances en la agenda, salvo algunos logros en temas de intercambio humanitario, múltiples crisis en la mesa de conversaciones y las acciones militares de las partes, que se mantuvieron e incrementaron, se llegaría al rompimiento de la mesa el 21 de Febrero de 2002.

A este contexto es necesario agregar el componente internacional, nada alentador por cierto. El 11 de septiembre de 2001 fueron perpetrados los atentados de las Torres Gemelas, como respuesta a este hecho el mundo, en cabeza de Estado Unidos, lanzaría su política internacional de Guerra contra el Terrorismo. Así que la balanza estaba inclinada y la suerte echada, Pastrana había preparado el terreno en lo militar con el Plan Colombia y la Guerrilla por su parte había afinado el Plan Estratégico rumbo a la toma de Bogotá, esto explica por qué aquel 21 de febrero algunos sectores políticos minoritarios y apenas un puñado de solitarios jóvenes y casi niños aún salimos de manera solitaria a decir “queremos la Paz”.

La salida militar se impone y encuentra el mejor de sus exponentes, Álvaro Uribe Vélez (AUV); no necesita mucha presentación, lo recordamos por las “Convivir”, la Ley 100 y otras, la seguridad democrática, las “chuzadas”, los “falsos positivos”, las falsas desmovilizaciones, Agro Ingreso Seguro y de seguro por la crisis de derechos humanos más profunda en nuestro país en los últimos años. AUV desata una guerra total no solo contra la guerrilla, también contra cualquier asomo de oposición. Durante su gobierno se incrementan de manera alarmante los asesinatos contra sindicalistas, periodistas, defensores de derechos humanos y movimientos de oposición, millones de asesinatos, caídos en combate militares y guerrilleros así como en fuego cruzado campesinos, indígenas, afros y población civil, esta es sin duda la horrible noche. Quienes en medio de esas circunstancias levantamos las banderas de la paz fuimos perseguidos, amenazados y muchos asesinados, hablar de solución política, intercambio humanitario era símbolo de terrorismo, la paz fue proscrita por aquella época. La guerra total no fue solo en el campo militar, también lo fue en lo político, en lo social y en lo económico, pero sobre todo en lo ideológico. La terminología terrorista fue aplicada indistintamente a estudiantes, madres, víctimas, periodistas, en general a cualquier opositor y en esa guerra total los medios masivos de comunicación jugaron un triste papel. Esta guerra total en lo ideológico llego a su punto máximo el 4 de Febrero de 2008 cuando el uribismo lanzara su campaña 1 millón de voces contra las FARC, la tarea estaba hecha, sus acciones y sus políticas habían alcanzado legitimidad social, incluso muchos partidos de izquierda como el Polo Democrático Alternativo dudaron en si participar o no, la guerra imperaba y los defensores de la paz parecía que arábamos en el mar.

AUV, erigido como figura nacional, es reelegido y conforma su propio partido, el partido de la U. Los dos periodos de su gobierno, salvo el revés que tuvo en el referendo constitucional de 2003, fue el gobierno del sometimiento por la vía de la violencia y la guerra. Así, tras dos mandatos y ante la imposibilidad de volverse a reelegir, AUV busca quien pueda asegurar su legado, el legado de los tres huevitos (seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social). Es así como Juan Manuel Santos se convierte en presidente de Colombia en 2010, desde su llegada como presidente es informado de los acercamientos secretos y fallidos que en la última etapa de gobierno de AUV tuvo con las FARC-EP. Durante el 2011 en el primer gobierno de Santos inician las exploraciones con las FARC-EP para concretar una agenda de diálogo y alcanzar un acuerdo de paz, exploraciones que llevarían al anuncio formal del proceso de diálogo el 4 de septiembre de 2012, fecha en la cual Juan Manuel Santos explicó las bases del proceso y seguidamente, y por primera vez en transmisión nacional, Timoleón Jiménez “Timochenko” hizo lo propio. Con ello arranca un nuevo momento de esperanza para el país y a su vez el inicio de la ruptura entre Santos y Uribe por sus tres huevitos.

Definidos los puntos de la agenda, su metodología y los negociadores, comienzan 4 años de conversaciones en este proceso que hemos conocido como los Diálogos de La Habana. Este proceso marcado por la seriedad y sistemática discusión de los temas de la agenda se enmarca en un ascenso de la movilización social y una exigencia civil para salir de la guerra. Aquel puñado de jóvenes parado en la séptima el 21 de febrero de 2002 ha crecido al mismo ritmo del país, la paz empieza a abrirse camino y apenas tímidamente deja de ser proscrita. Apenas con algunos avances y ante un cambio de gobierno, viene la reelección de Juan Manuel Santos. Con el apretado margen con Oscar Iván Zuluaga en primera vuelta y la dura decisión de la izquierda y los movimientos sociales, Juan Manuel Santos en segunda vuelta llega a convertirse en presidente reelecto de Colombia, con un mandato mucho más claro: la paz.

La mesa de conversaciones adquiere mayor dinámica y el país empieza a madurar las condiciones para prepararse hacia la paz. Los foros, los debates y los acuerdos que se van desprendiendo de la mesa abren un camino y un clima favorable para la paz de Colombia, la paz empieza a hacerse fuerte y a convertirse en el principal tema de la política nacional. La sentencia “nada está acordado hasta que todo este acordado” empieza a convertirse en un reloj esperanzador y poco a poco la agenda se agota dejando ver la obra que se ha construido, la algarabía, la fe en la paz y la convicción de asistir a un momento posible inundan el país, los acuerdos en cada uno de los puntos, el acuerdo tan esperado de Cese Bilateral Definitivo al Fuego y la culminación del proceso el 24 de agosto de 2016 son una bocanada de esperanza para el país, 297 paginas condensan la posibilidad real de salir de 52 años de confrontación y las bases para construir un nuevo país. Así que solo faltan los “detalles”, la X Conferencia Nacional Guerrillera y el plebiscito. La primera se convertiría, en palabras de un amigo periodista, en el más grande acto de Propaganda Política de las FARC-EP, una demostración de compromiso para lo que vendrá para dicha organización ahora como movimiento político, y la segunda, sin embargo, la mayor demostración de la embriaguez colectiva con la guerra, que aún nos queda como sociedad.

Días previos al 2 de Octubre el reconocido escritor Mario Mendoza, en un video que se volvió viral, explicaba lo que a la postre ocurrió, en la mayoría de países en donde se han alcanzado procesos de paz ha sido la sociedad la que ha presionado; en Colombia no, han sido las partes las que se han puesto de acuerdo y ahora requieren del respaldo social. Pues bien, las secuelas de la guerra total, sumadas a lo expuesto en cientos de análisis que ya existen sobre la victoria del “No” (pírrica pero victoria al fin y al cabo) han llevado a este país a los días más intensos, posiblemente en décadas, la tristeza, la alegría, el miedo, la esperanza, el desazón. En últimas el plebiscito nos dejó en un sentimiento de bipolaridad que se ha manifestado en los resultados, y del cual aún buscamos cómo salir.

Recuerdo esa noche del 2 de octubre con pasmosa claridad, ver llorando a tanta gente, mudos, impávidos y sin mucho que esperar. Tuve que pronunciar unas palabras y sacar fuerzas para no llorar, en mi interior estaba el miedo de volver a ser un puñado de jóvenes en la séptima sin nada más que hacer, pero con el paso de las horas vino el despertar, la agitación y la acción, miles de cadenas por redes sociales, gente convocando a esquinas, a calles, a lugares para defender la paz. El 3 de octubre en el Park Way cientos de ciudadanos nos encontramos para actuar, para proponer y para conformar #PazALaCalle, un movimiento ciudadano en busca de la paz, en defensa de la integralidad de los Acuerdos, en defensa de la vida, la verdad, el enfoque de género, en defensa de las víctimas y por la implementación pronta de los Acuerdos; un movimiento ciudadano de jóvenes y mayores, de liberales, verdes, comunistas, camilistas y hasta conservadores; un movimiento que es más como una consiga la de llevar la paz a todas partes. En ello hemos coincidido felizmente con cientos de jóvenes y estudiantes de diferentes colores que preparan marchas para hacerse escuchar, poco a poco nos dimos cuenta de que en el corazón de millones de corazones, tanto del “Sí” como del “No”, la guerra ya no es una opción.

Han sido días intensos, tan intensos que como dijo un amigo han parecido meses, hemos salido millones de personas a las calles durante tres semanas consecutivas, hemos llenado plazas, hemos instalado campamentos, realizado asambleas, charlas, canelazos, tertulias, plantones, hasta hemos ganado premios Nobel y no hay muestras de querer parar. Lo que el plebiscito logró fue levantar un enorme movimiento por la paz, antes del 2 de octubre los acuerdos eran vistos por algunos como algo lejano y hasta esquivo, ahora se han convertido en la plataforma de millones de ciudadanos en Colombia y en el exterior, de gentes del campo y la ciudad, de personas de todas las edades y de todas las condiciones sociales, ahora sí la paz es de todos. Cada ser humano que ha marchado, acampado, discutido y trabajado estas semanas por la paz es consciente de que este es el momento, creo sin temor a equivocarme que las condiciones políticas, jurídicas y sociales están dadas. Esta es la Primavera de la Paz, tuvieron que transcurrir 14 años, miles de asesinatos y millones de pérdidas económicas y materiales para que entendiéramos como país que la guerra no va más. Ya hemos ganado el nobel (que lo merece es el pueblo colombiano por persistir en la paz), ya hemos ganado la extensión del plazo para el cese bilateral (que debe ser definitivo), ya hemos ganado la mesa con el ELN (que pronto debe arrancar), pero esta primavera no puede parar hasta ganar la más hermosa de todas las batallas: la paz, estable, duradera, real, democrática y completa.