En Argentina durante el mes de octubre miles de mujeres hemos masticado dolor, bronca y organización. Ha sido probablemente el mes más movilizado del año, con sucesos que van desde el XXI Encuentro Nacional de Mujeres, histórico por la cantidad de participantes, hasta el masivo Paro Nacional de Mujeres realizado el 19 de octubre en todo el país con réplicas en distintas ciudades de Latinoamérica y el mundo. Nada de esto es fruto del azar; el dolor y la bronca organizada son hechos que reflejan lo que atravesamos las mujeres en este sur.

Cronología de la bronca organizada

En los últimos años en Argentina las manifestaciones de feminismos y transfeminismos contra las violencias machistas se vienen expresando con una fuerza creciente. Tener en cuenta esta realidad nos permite comprender que detrás de marchas masivas con gran repercusión mediática hay un entramado cotidiano y diverso de construcciones feministas territoriales, identitarias y sectoriales que van agenciando la transformación en distintos niveles. A modo de cronología subjetiva mencionaré algunos sucesos recientes que han sentado precedentes en la lucha feminista de las calles y que surgen de espacios autónomos y organizados. Pienso que cada uno de estos eventos deja entrever caminos recorridos en la organización, y nos permiten entender mejor cómo se llega al Paro Nacional de Mujeres, una forma de protesta inédita hasta el momento.

En el 2015 se realizó la primera protesta masiva con fuerte cobertura mediática contra los feminicidios. Fue convocada por Facebook tras el feminicido de Chiara Páez y se llevó a cabo el 3 de junio frente al Congreso Nacional con réplicas en todo el país bajo la consigna “Ni una menos”. Esta manifestación multitudinaria convoca a un amplio arco del espectro social1, conformado por una variedad de personas, organizaciones e instituciones que se nuclean bajo esta consigna, y sienta un precedente en la manifestación pública del hartazgo ante la escalada de feminicidios. La consigna se replica en varias ciudades del mundo2.

En Octubre de ese año se realiza el XXX Encuentro Nacional de Mujeres, cumpliéndose treinta años ininterrumpidos de encuentros feministas autónomos, un hecho histórico en la trama de los feminismos en Argentina por la confluencia de mujeres y organizaciones tan diversas y heterogéneas. Según las cifras, la asistencia crece en forma progresiva: desde que surge hasta el 2007 participan entre de 1.000 a 15.000 mujeres, y augmenta desde entonces: 20.000 en 2009; 35.000 en 2014; 65.000 en 2015 y 70.000 este año. Por primera vez, en el 2015, las fuerzas represivas del Estado en complicidad con la Iglesia Católica reprimieron brutalmente a las mujeres que marchábamos frente a la Catedral en la Ciudad de Mar del Plata, sentando un precedente en la historia de los encuentros nacionales de mujeres.

-Recién comenzado este año, el 24 de febrero del 2016, presenciamos la primera aparición pública de la Colectiva Lohana Berkins, en el contexto del paro nacional de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) a causa de los despidos masivos de trabajadores del Estado por parte de la nueva gestión de gobierno. La Colectiva Lohana Berkins -integrada por diferentes organizaciones sociales y personas de la comunidad LGTBI- se presenta de esta manera: “Nosotras, trabajador*s Travestis, Trans, Intersex, Tortas, Maricas, Bi-Pan-A- sexuales y heterxs en fuga paramos y nos movilizamos con ATE desde nuestras existencias, desde nuestras cuerpas abyectas y lenguas locas, desde nuestras éticas afectivas y estéticas monstruosas, porque exigimos TraVajo, salud y educación. Porque repudiamos este Estado policial que nos persigue, nos excluye, nos balea y hasta pretende sacarnos de las calles”3. Como ha sucedido en la larga historia de los feminismos, el transfeminismo introduce nuevas y valiosas preguntas, cuestionando privilegios y hegemonías, detonando y desbiologizando la categoría mujer y ampliando con ello los horizontes de lucha.

-Así llegamos a octubre de este año, con necesidad de un nuevo Encuentro Nacional de Mujeres en donde pensar-nos a partir de las distintas realidades que vivimos, debatir ideas y concretar propuestas, manifestarnos libremente y articular estrategias para transformar un sistema patriarcal que agota y mata. Nuevamente hubo represión en una marcha histórica que contó con la presencia de ciento veinte mil mujeres, aunque esta vez no lograron opacar con gases lacrimógenos la potencia de la organización feminista. El sábado 8 de octubre, mientras miles de mujeres participábamos del Encuentro, se produce el feminicidio de Lucia Pérez, una joven de 16 años a quien violaron y mataron con saña patriarcal. Esta vez fue Lucía, antes Chiara, en el medio cientos de mujeres y sabemos que podría ser cualquiera de nosotras; no son casos aislados, otra vez el dolor y el hartazgo de contar a nuestras muertas.

-Con los cuerpos todavía movilizados por el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario y con la bronca de la represión latente, un paro nacional es convocado por cientos de mujeres: casi 50 organizaciones y sindicatos representados y muchas otras no pertenecientes a ninguna agrupación pero con la misma voluntad de organizarse para decir otra vez ¡Basta! La medida de protesta busca visibilizar que detrás del aumento y la saña de la violencia femicida también hay una trama económica: la falta de autonomía de las mujeres nos deja más desprotegidas a la hora de decir no. La respuesta fue inmediata y contundente, el 19 de octubre se realiza el paro de mujeres en los puestos de trabajo, en las casas, en las camas, y la posterior movilización a las plazas con la consigna de ir todas vestidas de negro4. Esto se replicó en numerosas ciudades de Latinoamérica y el mundo, y dejó algo claro: es fundamental entender de qué se compone el complejo entramado social de violencias patriarcales cuya expresión extrema son los feminicidios5.

Patriarcado y Estado: el andamiaje de las violencias machistas

En lo que va del 2016 y hasta el cierre de esta nota, según el observatorio de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), 226 mujeres fueron asesinadas por su condición de género en Argentina. Solo en 17 días del mes de octubre, hubo 19 casos. Se comete un feminicidio cada 30 horas.  Las cifras en sí son alarmantes, y más aún si tenemos en cuenta que los feminicidios son la manifestación más cruda de la violencia machista, detrás de estas muertes y como sustento de ellas hay muchas otras formas de violencia que suceden de manera permanente, cotidiana, pero no invisible.

-Si queremos, podemos ver cada día una serie enorme de dispositivos destinados a transmitirnos por diversos medios mensajes y modelos que promueven violencia simbólica al pretender configurarnos dentro de un esquema cultural blanco, burgués, bajo un canon de belleza, binomial, afectivo y heteronormativo sostenido a partir de la condena social a todo lo que escape a ello, a cualquier forma de disidencia.

-La violencia mediática es moneda corriente en un país donde, hoy mismo, un periódico titulaba como “masacre” a un triple feminicidio, construyendo diariamente una política del espectáculo y de la habituación. La efectividad de estas expresiones es enorme, tal como señala Rita Segato “esa pedagogía es muy precisa: es el papel de los medios y personas que se instalan como pedagogos de la crueldad para enseñar que ese horizonte de sufrimiento es la normalidad”6. Los medios son también responsables de construir muertas (y vidas) que importan y otras que no, revictimizando a estas como merecedoras de su destino.

-La violencia económica también se puede ver y medir: si el desempleo promedio en Argentina es del 9,3 %, para las mujeres es del 10,5 %; hacemos el 76 % del trabajo doméstico no remunerado, sufrimos más la subocupación y tenemos mayor informalidad laboral. A su vez, las mujeres ganamos 27 % menos que los varones por igual tarea y las trabajadoras informales ganan en promedio 40 % menos que los varones. En respuesta a estas realidades, el Paro Nacional de Mujeres levantó la consigna: “Si mi vida no importa, produzcan sin mí”.

-La violencia institucional de un Estado que por omisión y complicidad se convierte en garante de la violencia machista poniendo sus dispositivos -instituciones, leyes, funcionariado- al servicio de quienes nos están matando. Sin ir más lejos, un Estado que aún no otorga el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas garantizando el aborto legal, seguro y gratuito, y que empuja a la clandestinidad de un aborto inseguro a 1.200 mujeres por día en Argentina, cerca de 500.000 por año.

Esta lista podría seguir ampliamente, pues las formas que adopta el patriarcado para violentarnos son muchas. La necesidad de repasarlas tiene que ver con comprender la magnitud que entraña un feminicidio y no quedarnos simplemente con los titulares: no se trata de hechos aislados, los femicidas no son locos o enfermos sino hijos sanos de un patriarcado que los contiene y les da forma.

¿Cómo empezar a terminar con todo esto? Por lo pronto no estamos esperando que las respuestas vengan desde afuera, ni pensamos que será el Estado quien termine con un modelo patriarcal que le es absolutamente funcional al sistema capitalista. Por el contrario, desde la diversidad de espacios feministas venimos generando acciones, estrategias, alianzas, no siempre alineadas en lo que entendemos por política, no siempre marchando juntas ni bajo la misma bandera, ni con banderas. Más bien nos complementamos cuando se puede, nos interpelamos con cada mujer agredida, violada, asesinada, nos resistimos a aceptar esta realidad como única y posible. Sabemos que la historia de opresiones es larga, pero también lo es la historia de las resistencias, y ahí nos situamos, en alguno de los múltiples campos de batalla por donde este modelo busque callarnos, borrarnos, silenciarnos. Como se escucha en las marchas, “somos un montón”, y tal como aprendimos, del feminismo no hay vuelta atrás.

  1. Como parte del fenómeno mediático, “Ni una menos” fue una consigna que también adoptaron los sectores más conservadores de la sociedad argentina y algunos personajes de la farándula local, representantes y re-productores de las formas más arraigadas del machismo en distintos ámbitos públicos.
  2. La consigna Ni una menos nace durante una maratón de lectura realizada en el Museo de la Lengua que dirigía María Pía López, el 26 de marzo de 2015. Ese espacio, se unió con otro grupo más pequeño pero de periodistas, nucleadas por Twitter, para convocar el 3 de junio a la Plaza del Congreso.
  3. Nota FM La Tribu “Primera acción de la Colectiva Lohana Berkins” URL http://fmlatribu.com/noticias/2016/02/25/primera-accion-de-la-colectiva-lohana-berkins/
  4. En el comunicado leído durante el acto de cierre en Capital Federal se expresa: “Somos las amas de casa, las trabajadoras de la economía formal e informal, las maestras, las cooperativistas, las académicas, las obreras, las desocupadas, las periodistas, las militantes, las artistas, las madres y las hijas, las empleadas domésticas, las que te cruzas por la calle, las que salen de la casa, las que están en el barrio, las que fueron a una fiesta, las que tienen una reunión, las que andan solas o acompañadas, las que decidimos abortar, las que no, las que decidimos sobre cómo y con quien vivir nuestra sexualidad. Somos mujeres, trans, travestis, lesbianas. Somos muchas y del miedo que nos quieren imponer, y la furia que nos sacan a fuerza de violencias, hacemos sonido, movilización, grito común: ¡Ni Una Menos! ¡Vivas nos queremos!”. URL: https://www.facebook.com/351635908360931/videos/545251118999408/?hc_ref=PAGES_TIMELINE
  5. Feminicidio: Se consideran los asesinatos de mujeres por su condición de género, es decir tomando en cuenta las relaciones de poder y se vincula con la participación del Estado por acción u omisión, derivado de la impunidad existente.
  6. Carina Toso y Sonia Tessa. Entrevista a Rita Segato “La construcción del otro como antagónico es letal”. URL: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2016/09/entrevista-rita-segato-la-construccion.html