Susana Barradas

* Susana Barradas

Doctora en Psicología de la Universidad de los Andes, Colombia. Psicóloga y Magíster en Psicología de la Salud de la Universidad de Lisboa, Portugal. Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia. Integrante del grupo de investigación EpiAndes de la Universidad de los Andes. Sus intereses de investigación son la Psicología de la Salud, la Salud Pública, la Promoción de la Salud y los Estudios sobre pobreza y desigualdades en salud

Después de una serie de eventos desconcertantes ocurridos en las últimas semanas, las malas noticias parecen no querer dar tregua. En días pasados, el señor Alejandro Ordóñez, ex Procurador General de la Nación, tras reunirse con el Presidente y otros miembros del Gobierno, refirió la necesidad de “purgar” de los acuerdos de paz la “ideología de género”. Con esa expresión desafortunada, el ex Procurador promete dar la batalla en contra de uno de los elementos más visionarios de los Acuerdos: el enfoque de género. A pesar de esta negativa por parte del sector político que representa Ordóñez, varios expertos en el tema han mencionado que la inclusión de la perspectiva de género llegó incluso tarde al marco del debate, y que dicho enfoque debería haber sido un faro orientador desde el comienzo de las conversaciones. Así las cosas, resulta verdaderamente insólito que al sol de hoy sea necesario argumentar con una persona que ocupó uno de los más altos cargos del Gobierno colombiano, la razón por la cual el enfoque de género no sólo es necesario sino imprescindible, en cualquier sociedad que se quiera moderna y democrática. Resulta también decepcionante que lo que la comunidad internacional y reconocidas organizaciones de DD.HH. han aplaudido como uno de los elementos más destacados y progresistas de los Acuerdos de paz1, encuentre en nuestro país un caldo de cultivo para opositores acérrimos que se resisten a aceptar el avance de la igualdad y de la justicia social.

Veamos entonces en qué consiste la perspectiva de género y las razones por las cuales cobra relevancia incluirla en el marco de los Acuerdos de paz, para luego, partiendo de algunos planteamientos de Ernesto Laclau, tratar de problematizar en nuestro contexto el surgimiento de la categoría “ideología de género” como un significante vacío. Asimismo, mirar cómo la disputa por el sentido de ese significante fue capaz de conquistar votos el pasado 2 de octubre, y se mantiene firme su promesa de generar polarización.

Sobre el primer punto, el enfoque de género tiene como base el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres como un derecho fundamental, y en esa medida aspira a reducir la discriminación y las desigualdades en virtud del género. Asimismo, reconoce la diversidad sexual y los derechos de las personas con identidades de género diversas. De esta perspectiva se desprenden acciones positivas muy importantes que apuntan a la protección de las mujeres y la población LGBTI, así como políticas públicas comprometidas con contrarrestar las múltiples formas de segregación que aquejan a estos ciudadanos. Ahora bien, en el marco de los Acuerdos, el enfoque de género cobra aún más relevancia, ya que es una apuesta para “crear condiciones para que mujeres y personas con identidad sexual diversa puedan acceder en igualdad de condiciones a los beneficios de vivir en un país sin conflicto armado”2. Es decir, que además de hacer un reconocimiento a las desigualdades históricas entre hombres y mujeres, en los Acuerdos se está reconociendo también el impacto negativo, sistemático y diferencial que ha tenido la guerra sobre las mujeres y la población LGBTI. Con eso en mente, la inclusión de la perspectiva de género sirve así para respaldar la plena garantía de los derechos de estas víctimas, que fueron vulnerados de manera particular en el marco del conflicto. Lo anterior es el primer paso para que el Estado y la guerrilla se comprometan con un acceso a la verdad, la justicia y la reparación a la medida de los daños proporcionados a las víctimas, considerando esa idiosincrasia. Además, si los Acuerdos de paz son el marco a partir del cual se diseñarán una serie de políticas públicas, no se puede aceptar que esas políticas para un nuevo país sean insensibles a la cuestión de género (esa sensibilidad, de hecho, ya opera en varias de las políticas públicas actuales). Es apenas justo, dirán los más sensatos.

Sin embargo, hemos podido advertir cómo algunos sectores políticos utilizaron el enfoque de género -tergiversado y bautizado de “ideología de género”- como caballo de Troya para suscitar descontento frente a los acuerdos firmados, y así matar dos pájaros de una sola vez: avanzar con su retrógrada agenda política de discriminación y frenar la implementación de los Acuerdos de paz. Es así como la noción de “ideología de género” permite remitirnos a las propuestas de análisis político del discurso de Laclau. El autor sostiene que en la construcción de lo político3 se da una lucha por otorgar sentido, por la fijación parcial de sentidos que permita (al menos temporalmente) articular identidades y demandas de la gente en un significante particular. Una vez logrado eso, se abre entonces la posibilidad para que dicho significante se vuelva hegemónico. Pienso que algo similar ocurrió respecto a la “ideología de género”. Es decir, a través de un ejercicio de retórica se logró desplazar y sustituir un término literal (enfoque de género) por uno figurado (ideología de género), produciendo de esa forma un significante vacío, que Laclau ha definido como “un significante sin significado”4. No obstante, y siguiendo al autor, el hecho de que no tenga significado no invalida que no esté integrado en un sistema de significación. De hecho lo está. Veamos entonces cuales serían las características de ese sistema de significación, y en qué medida el mismo es capaz de originar lazos políticos. En primer lugar, ese sistema de significación se apoya en la articulación de cadenas de equivalencias, es decir, de demandas y expectativas que, a pesar de ser diversas, se logran canalizar en un mismo significante común. En el caso concreto que estamos analizando, podríamos pensar que en esa cadena de equivalencias hay demandas tan diversas como el mantenimiento del orden de la familia, la defensa de una religión particular, posturas anti-secularización o incluso casos categóricos de homofobia. Todas esas apelaciones son distintas entre ellas, pero así mismo son pasibles de ser articuladas en un mismo eslabón de equivalencias, que a su vez está supeditado a un significante vacío capaz de representarlas a todas (hegemónico): la “ideología de género”.

Definitivamente, creo que estamos obligados que reconocer el logro de esos sectores políticos en su capacidad para captar y estructurar preocupaciones heterogéneas en un significante aparentemente efectivo, como ha revelado ser la “ideología de género”. Dado lo anterior, algunas preguntas que este tema me suscita en este momento son ¿cómo los sectores más democráticos podrán disputar el sentido de ese significante y articularlo en una nueva cadena de equivalencias de demandas más incluyentes?, ¿cómo superar la dicotomía entre el nosotros y ellos, basada en una lógica de exclusión, para asumir posiciones menos antagónicas dentro de los sistema de significación?, ¿será ese antagonismo, característico de los sistemas de significación, la única manera de articular demandas ciudadanas, o habrá otras maneras que permitan mejores garantías en materia de derechos?

  1. Ver por ejemplo: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-enfoque-de-genero-de-alejandro-ordonez-articulo-660486#ancla_opiniones
  2. Comunicado conjunto #82. La Habana, Cuba, 24 de Julio de 2016.
  3. Cabe resaltar que Laclau está interesado, al menos en textos como La razón populista, en pensar lo político desde el punto de vista del populismo. Sin embargo, el populismo no es comprendido por él de un modo peyorativo sino más bien como una lógica de la construcción de lo político que se mueve en el plano de los conflictos de la sociedad alrededor del sentido.
  4. Laclau, E. (1996). ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política?. En E. Laclau, Emancipación y diferencia. Buenos Aires: Ariel.