Edgar Ricardo Naranjo

* Edgar Ricardo Naranjo

Maestrante del programa de Antropología Social en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) estado de Chiapas, México. Politólogo de la Universidad del Rosario. Ha trabajado como asistente de investigación en el marco del proyecto “Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena” en el que participó como tallerista en la ciudad de Valledupar y las comunidades de Besotes y Guatapurí en la Sierra Nevada de Santa Marta. También posee conocimientos de los siguientes temas: Movimiento obrero y movimiento indígena en Colombia, Derechos Humanos, Conflicto armado, Desplazamiento forzado, Movilización legal y litigio estratégico. A su vez ha utilizado las herramientas teóricas del análisis del discurso propuesto por Ernesto Laclau para comprender los campos discursivos de los movimientos sociales. Actualmente se encuentra trabajando aspectos relacionados con la ocupación y el despojo de territorios indígenas.

El camino se venía reduciendo y, mientras se hacía más angosto, la camioneta en la que nos encontrábamos ya no podía avanzar, bajamos del vehículo y comenzamos a caminar por esos senderos que componen las conexiones entre veredas y comunidades en algún lugar de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM). Se había conformado una comisión para conversar con el Mamo Kuncha, autoridad espiritual del Pueblo Arhuaco, quien orientó desde sus conocimientos y experiencias un proceso reivindicativo de delimitación y recuperación territorial en la década de 1970. El grupo quería escuchar a Mamo Kuncha, conocer sus visiones y, sobre todo, fortalecer el sentido de una lucha histórica que ha salvaguardado la pervivencia cultural del Pueblo Arhuaco, dirigida a sanear el territorio ancestral.

Uno por uno nos fuimos presentando, expresándole al Mamo nuestras inquietudes frente a la situación actual del territorio. Él nos miraba fijamente y asentía con la cabeza cuando finalizaba cada relato. Después de un largo silencio Mamo Kuncha comenzó a hablar, sus palabras se escuchaban de manera contundente en lengua Ika, tuvimos que esperar hasta que un arhuaco nos pudiera socializar el mensaje del Mamo. Pasaron unos cuantos minutos y de repente escuchamos en castellano la orientación del Mamo Kuncha, “el conflicto armado va por los recursos. Esto no solamente frenó el proceso de consolidación, sino que también ha ido acabando con la vida de los espacios, la vida en este sentido es suficiente argumentación (…) Deben construir argumentos y consolidar el discurso de pensar ¿por qué proteger y sanear el territorio? Para salvaguardar a la humanidad. Primero que todo deben tener un conocimiento frente al equilibrio y la armonía de la tierra. En algún tiempo podemos llegar al entendimiento de la protección. La tierra no es para venderla, cambiarla, es para cuidarla, garantizar el agua, garantizar la tierra, garantizar el aire” (Mamo Kuncha, 2015).

Esas palabras hicieron mella, nos mirábamos y sin mencionar nada tan solo comprendíamos en pensamiento la veracidad de estas reflexiones. Compartimos toda la tarde con el Mamo Kuncha, lastimosamente no nos podríamos quedar hasta el otro día, razón por la cual nos despedimos y prometimos volver. En el trayecto a casa no dejaba de pensar en una oración que daba vueltas en mi cabeza, – “en algún tiempo podemos llegar al entendimiento de la protección”- ¿Qué nos había pasado? Me preguntaba, ¿por qué teníamos que llegar en algún tiempo a este entendimiento y no lo asumíamos en la cotidianidad como algo propio de nosotros? Existía un gigantesco abismo entre la idea y la realidad, entre la ficción del mundo de consumo y la concreción de la naturaleza. Nos distanciamos de nuestra madre, nos alejamos de la vida. El proyecto de muerte va por la extracción de los elementos de la naturaleza, el horizonte de lucha es por la vida y equilibrio del planeta Tierra.

Últimamente nos han aturdido los discursos institucionales de la construcción de paz estable y duradera. Esas ideas legalizadas, formalizadas, firmadas, aprobadas por la comunidad internacional se las llevará el viento; ellas cambian, se transforman y desaparecen por la decisión de quienes las inventan. Dejémoslas pasar y concentrémonos en comprender, revisar y caminar al ritmo de las comunidades sus decisiones colectivas por vivir en paz y armonía con la naturaleza. Prosigamos los senderos de la paz territorial que se hace práctica a través de la protección, esa misma que libera la tierra, esa que paga espiritualmente por retribuir- salvaguardar el territorio, esa que construye autonomía digna en función de delimitar-frenar los planes de muerte de la concentración y explotación de la tierra mediante los monocultivos, la extracción minera a gran escala y la materialización de los megaproyectos hidroeléctricos, eólicos o de infraestructura de transporte (vial, férreo, marítimo).

Se trata de continuar por un camino labrado y constituido a través de luchas históricas que actualmente se rememoran y resignifican; las ideas pasan, los procesos se retoman y se fortalecen. Los pueblos resisten desde sus territorios por preservar la vida, ¿por qué no conocer su caminar y aprender de él para replicarlo activamente en nuestras luchas individuales, familiares o colectivas? Aquí se vislumbran varios horizontes, pero se reconocen esas historias otras que marcaron el devenir de un proceso político, social y cultural como el del movimiento indígena colombiano, cuyos líderes, organización y accionar contribuyeron a materializar un proceso de resistencias y reivindicaciones colectivas territoriales.

Cómo no señalar los pasos gigantes que tuvo que dar Manuel Quintín Lame Chantre para lograr mediante la cosmovisión y la ley el reconocimiento-legitimación de varios territorios indígenas en el suroccidente colombiano, más precisamente en los departamentos del Cauca y del Tolima. Cómo no evocar la movilización de los pueblos Nasa, Guambiano, Ika, en la década de 1970 proclamando tierra, territorio y autonomía. Cómo olvidarnos de los procesos organizativos de la minga social y comunitaria constituidos en la María Piendamó y trasmitidos por todo el territorio nacional. Cómo no propiciar escenarios de reflexión cuando en el norte del Cauca se está reprimiendo la decisión autónoma de vida del pueblo Nasa de liberar la Madre Tierra concentrada por el gremio azucarero.

La liberación de la Madre Tierra contrasta con el panorama actual, en donde las demandas del movimiento indígena se discuten en escenarios promovidos por el Gobierno Nacional y en donde las políticas del Estado colombiano pareciesen distraer las agendas propias de las organizaciones indígenas. Sin lugar a duda y tomando en cuenta los desafíos de esta autonomía digna, es necesario seguir defendiendo, creyendo y acompañando los procesos comunitarios, pilares que sostienen la dirección del movimiento. En México muchas personas se escandalizaron por la decisión del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Congreso Nacional Indígena (CNI) de consultarle a las comunidades y a las bases de apoyo si están de acuerdo en que se designe una candidata indígena del movimiento para las justas presidenciales (CNI y EZL, 2016).

Algunos sentimientos y voces expresan la preocupación por la institucionalización de estas dos organizaciones. ¿Por qué alarmarnos, si sabemos que los compañeros zapatistas llevan caminando la palabra más de 20 años hacia una misma dirección con la ayuda de varias manos? Desde su aparición armada en la década de 1990, los acuerdos de paz fallidos con el gobierno mexicano en el municipio de San Andrés Larràinzar en 1996 y la invitación a la sociedad civil de participar en el proceso zapatista, los compas, como solidariamente les decimos en alusión a un compadrazgo comadrazgo de lucha y rebeldía, nos han enseñado a trabajar la milpa para mantener sembrando y dando cosecha. Nos invitaron a conocer su concepto de libertad en las escuelitas zapatistas y nos convocaron para descifrar el sentido de la hidra capitalista.

Quienes hemos podido acompañar pequeños trayectos de este proceso reconocemos que esa lucha cuyo tiempo de duración llevaba más de 20 años nos puede seguir mostrando muchas luces para el futuro, mucha fuerza, mucha organización y sobre todo un compromiso arduo y centrado en las decisiones autónomas de los pueblos, las cuales trascienden cualquier tipo de barrera, por esto cuando el pueblo manda el gobierno obedece. La sabiduría de los procesos comunitarios y sus decisiones se encuentran ancladas a un centro vital que las blinda y les permite seguir andando, la digna lucha y la autonomía por la protección de la vida.

Referencias

Mamo Kuncha. (2015). Entrevista, Pueblo Bello.

CNI y EZLN. (2016). Que retiemble en sus centros la tierra, disponible en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/10/14/que-retiemble-en-sus-centros-la-tierra/