José David Copete

* José David Copete

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, candidato a Magíster en Políticas Públicas de la misma universidad. Ha trabajado investigaciones relacionadas, principalmente, con política social y participación política juvenil. Es integrante del Grupo Interdisciplinario de Estudios Sociales y Políticos THESEUS. Actualmente se desempeña como docente universitario en la Universidad el Bosque y la Universidad Nacional de Colombia

La objeción de conciencia al servicio militar obligatorio (OCSMO) denota un tema de gran valía tanto en términos jurídicos como, y ante todo, políticos. El ejercicio de objetar pone en escena tensiones profundas entre la perspectiva de realización plena de los individuos y el despliegue de los entramados jurídicos, sociales y políticos en una determinada sociedad. Durante los años setenta y ochenta la objeción al servicio militar obligatorio suscitó álgidos debates que desembocaron en cambios respecto de las obligaciones de los individuos con el Estado. Ello está íntimamente relacionado con que países como Alemania, Grecia, Chile Uruguay, Argentina y muchos otros hayan eliminado el servicio militar obligatorio implementando un servicio alternativo. Esta tendencia permite evidenciar el avance, en términos de decisión sobre sus vidas, de millones de jóvenes.

En este texto se plantea que la lucha por el derecho a la OCSMO en Colombia permite asir el despliegue de una potencialidad política que trastoca el ordenamiento jurídico a la vez que condensa prácticas emancipatorias vitales para construir la paz, mediante la superación de la guerra como lugar común de la vida de la población colombiana.

La democracia y la lucha por el derecho a la objeción de conciencia en Colombia

En Colombia, la OCSMO emerge como lucha por un derecho desde prácticas políticas y escenarios colectivos que cuestionan los canales, las prácticas y los escenarios de la política institucionalizada. Es necesario partir del hecho de que en Colombia la OCSMO refiere a una práctica cuyo horizonte remite a la conquista del derecho a la objeción. Situar esta lucha en la especificidad política colombiana nos permite ver el entrecruce entre la acción política de objetar y sus potencialidades democratizadoras, vitales para la construcción de la paz estable y duradera.

No se puede perder de vista la condición anómala o excepcional de la democracia colombiana y la importancia del conflicto armado en la configuración de tal condición. Los vínculos entre represión y democracia en el régimen político colombiano ponen en tela de juicio el continuo entre democracia y salvaguarda de los derechos y libertades de la población. Ello deriva en que, como plantea Gutiérrez, “desde muchas definiciones formales, Colombia clasifica más o menos cómodamente como una democracia; atormentada, anti-estética, manchada por sangre y otras sustancias menos nobles, pero democracia al fin y al cabo”1.

En este marco, la lucha por los derechos en Colombia no puede verse desligada de la pervivencia y persistencia del cruento conflicto armado. La confrontación bélica ha marcado de tal manera las dinámicas de la sociedad colombiana que se ha tornado un lugar común para la población. Si bien dicha tendencia se venía perfilando desde las últimas décadas del siglo XX, es en los albores del XXI que se profundiza una lógica política en la que se ha generado una industria del miedo.

La generalización del miedo se asocia al sistemático e intenso uso de la represión como mecanismo de estabilización del sistema y de simultánea vulneración de derechos. Se deben tener en cuenta tanto las dinámicas de represión enmarcadas dentro del contenido político de la confrontación bélica como aquellas que desbordan el mismo, irrigándose en la cotidianeidad de la sociedad. Entonces, más allá de la represión con claros móviles políticos, en Colombia se ha acudido intensamente a “múltiples agresiones contra las “clases peligrosas”, que van desde redadas de reclutamiento forzado hasta la destrucción física de las llamadas operaciones de “limpieza social”2.

La connivencia entre dinámicas democráticas formales y prácticas sistemáticas de represión persiste, evidenciando problemas estructurales que desbordan el conflicto armado y su despliegue. Las dinámicas de la guerra afectan no solamente a los actores involucrados en la confrontación bélica sino que interfiere en la vida cotidiana de la población. Además, vale la pena resaltar el reclutamiento de jóvenes por actores armados ilegales. En este marco, el proyecto de vida de miles de jóvenes está signado por la guerra y la represión.

Este contexto sugiere que la complejidad de la situación colombiana está ligada al hecho de que la fortaleza de la institucionalidad democrática halla una contracara en el alto nivel de represión que dinamiza. La crisis humanitaria derivada del conflicto armado y su superación hace necesario descifrar mecanismos y prácticas que permitan superar las cruentas dinámicas de represión y ensanchar los espacios democráticos con los cambios institucionales que ello suponga.

La objeción y el escenario de proyección de la paz

La oportunidad que el actual contexto colombiano abre al logro del derecho a la OCSMO se enfrenta a prácticas que, desde la institucionalidad colombiana, promueven la permanencia y el fortalecimiento del servicio militar obligatorio. A pesar de la firma del acuerdo de finalización del conflicto armado con las Farc-Ep, desde el mes de mayo del presente año el Ejecutivo, con acompañamiento de dos parlamentarios3, sometió a discusión del Senado una iniciativa legislativa en la que se extiende el periodo de prestación del servicio militar obligatorio, pasando de 12 a 18 meses.

Tal medida no solamente controvierte los discursos de finalización de las dinámicas de guerra y militarización de la vida en Colombia sino que también, y ante todo, refuerza las prerrogativas del Estado respecto de la vida de los jóvenes quienes, aun en un proceso de construcción de paz, tendrán que seguir sometiéndose a los vejámenes y abusos de la guerra o a los altos costos de no hacer parte de la misma. El ejercicio de objetar, frente al contubernio entre democracia formal e intensa represión, se contrapone como ejercicio político cuya potencialidad democrática deriva de la acción política de la ciudadanía desde diversas formas organizativas.

Esta dinámica pone de relieve la pertinencia de abordar las prácticas políticas de los jóvenes colombianos que luchan por el derecho a la OCSMO como prácticas democratizadoras. La potencialidad democrática de la objeción radica en la generación de una tensión política que los jóvenes colombianos, poniendo en tela de juicio la centralidad de la guerra en la sociedad colombiana, cuestionan el entramado jurídico e institucional vigente a la vez que delinea ejercicios de política democrática.

  1. Gutiérrez, F. (2012). El déficit civilizatorio de nuestro régimen político. En Análisis político. Nº 76. p. 63.
  2. Ibíd. p. 62.
  3. Ver http://caracol.com.co/radio/2016/05/11/nacional/1462989204_086796.html