Sylvia Cristina Prieto

* Sylvia Cristina Prieto

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de maestría en Filosofía de la misma universidad. Dentro de sus intereses académicos están la filosofía y la teoría política contemporánea, al igual que las teorías feministas y de género. Ha realizado reflexiones sobre el conflicto armado colombiano desde una perspectiva de género y a la luz de procesos de verdad, justicia y reparación. Integrante del grupo de investigación en Teoría Política Contemporánea –TEOPOCO– de la Universidad Nacional de Colombia, en donde coordina investigaciones de las líneas “Feminismos, género y poder” y “Conflicto y transiciones políticas”.

Es cierto que necesitamos la historia, pero la necesitamos de un modo distinto a la del ocioso maleducado en el jardín del saber…Esto quiere decir que necesitamos historia para la vida y para la acción

(Nietzsche, 1999, p. 39).

Durante el primer semestre de este año, el Gobierno colombiano radicará el Proyecto de Ley para la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Reconciliación y la No Repetición. Como lo establece el punto cinco del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, este mecanismo extra-judicial será fundamental no solo para esclarecer lo ocurrido durante la guerra, y por esta vía, reconocer a las víctimas y determinar las responsabilidades de los distintos actores en el conflicto armado, sino también para promover la convivencia y la reconciliación de una sociedad dolida y fracturada.

En el marco de este contexto, considero pertinente hacer mención de uno de los retos gruesos que enfrentará la Comisión en el desarrollo de su mandato, el cual puede ser resumido en la siguiente pregunta: ¿qué aportará este nuevo instrumento a un país que desde el año 2011 hace memoria del conflicto armado? Recordemos que con la promulgación de la Ley 1448 de 2011, se creó el Centro Nacional de Memoria Histórica (en adelante el CNMH) y con él se echaron a andar una serie de esfuerzos orientados a reconstruir hechos, narraciones, testimonios e historias de vida que se deshilaron en medio del conflicto. Estos esfuerzos han derivado principalmente en la publicación de una serie de informes que arrojan luz sobre oscuros episodios de la guerra colombiana. Ante esta realidad, la venidera Comisión debe aportar algo distinto y novedoso a lo ya realizado por el CNMH.

Sobre esta base, considero que un paso muy importante para afrontar este reto es que la futura Comisión se tome muy en serio la siguiente pregunta: ¿para qué hacer memoria? o aún mejor, ¿para qué recordar? Aunque estos no son interrogantes inéditos, deben ser medidos en los requerimientos más concretos de nuestro presente. Esto no excluye, ahora bien, la necesidad de volver a una serie de reflexiones de envergadura histórica sobre la materia. En la historia de la filosofía, la sociología y la antropología, por ejemplo, es posible ubicar diferentes pensadores/as y corrientes que se han preocupado por este inquirir. Quisiera esta vez referirme a un autor que es particularmente útil para pensar el problema: Friedrich Nietzsche abordó esta inquietud de frente y dejó plasmadas sus fértiles reflexiones al respecto en su segunda consideración intempestiva titulada Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Aunque las motivaciones y la época en la que el pensador alemán escribe estas líneas son muy distintas a aquellas que circundan nuestra actualidad, algunas de las elaboraciones allí plasmadas permiten repensarnos la memoria en tiempos de posconflicto.

Nietzsche escribe este texto en 1874 como respuesta a la creciente ciencia histórica del momento que, en un movimiento desaforado y excesivo, y utilizando sofisticadas técnicas historiográficas, buscaba escrutar absolutamente todos los rincones del pasado para exponerlos como piezas de museo. El filósofo veía en este ejercicio típicamente moderno una ausencia de selectividad y de criterio que resultaba en una simple acumulación de hechos del pasado que se atesoraban sin sentido. Ante este procedimiento infértil y muerto, Nietzsche propone una historia que potencie la vida. Aunque en este periodo de su obra el autor no define con exactitud la noción de vida (cosa que sí hace en su etapa intermedia y tardía), aquí la vitalidad parece estar del lado de la asimilación, o mejor, del movimiento y de la acción creativa. Así, hacer historia para la vida es recordar para acrecentar nuestro potencial creativo, o mejor, es recordar para potenciar la acción creadora de nuevos horizontes de sentido; es en suma, volver carne lo que se recuerda, procesarlo, asimilarlo y hacer de este un proceso productivo.

¿Cómo lograr esto? La respuesta de Nietzsche está cargada de sorpresas: hacer historia para la vida pasa, también, por saber olvidar. En estas líneas bellamente escritas, el autor deja ver que el ser humano, a diferencia del animal de rebaño, distiende su existencia en el pasado, el presente y el futuro. En efecto, mientras que el animal está anclado a la estaca del presente, el hombre acumula una sucesión de ahoras que le pesan, y a la par, proyecta otros tantos en un futuro incierto. Es justamente esta condición temporal del ser humano la que lo hace proclive a pensar la historia como una recolección de retazos del pasado, o mejor, como un atesoramiento de recuerdos sin filtro. Este hombre histórico “intenta levantarse con todas las fuerzas de ese gran y pesado lastre que es su pasado. Éste no hace sino aplastarle hacia abajo o doblegarle hacia los lados, obstaculizando su marcha como un peso invisible y oscuro”. (Nietzsche, 1999, p. 41) Este hombre que no olvida, se encandelilla con su recuerdo, y por tanto, es un hombre inerte y paralizado. Por ello sostiene Nietzsche que “en toda acción hay olvido, de igual modo que la vida de todo organismo no solo necesita luz, sino también oscuridad” (Nietzsche, 1999, p. 43).

En esta línea, hacer historia para la vida implica recordar solo aquello que podamos resignificar o colorear en otro tono; significa recordar aquello que podamos asimilar, hacer carne y que nos motive a construir nuevas formas de ser y estar en el mundo. Es justamente esto lo que sabe hacer un hombre, un pueblo o una cultura con una fuerza plástica vigorosa. Dicha fuerza hace alusión a “ese poder de transformar y asimilar lo pasado y lo extraño, de sanar las heridas, de reemplazar lo perdido, de regenerar las formas destruidas” (Nietzsche, 1999, p. 43). Hacer historia para la vida, pasa entonces por saber en dónde trazar la línea entre el recuerdo y el olvido, pues “la jovialidad, la buena consciencia, la alegría en el actuar, la confianza en el futuro –todo ello depende, tanto en un individuo como en un pueblo, de que exista una frontera, un límite que separe aquello que es claro y capaz de ser abarcado desde una perspectiva, de todo lo que es oscuro y no visiblemente iluminado; pero también depende de que se sepa justa y oportunamente tanto qué olvidar como qué recordar” (Nietzsche, 1999, p. 44). Así, hacer historia para la vida pasa por contar con la sensibilidad necesaria para reconocer aquello que podremos procesar y asimilar y que acrecentará el movimiento creativo para forjar otros sentidos posibles, y aquello que definitivamente nos pesará hasta doblegarnos.

Al hilo de los planteamientos nietzscheanos, podríamos plantear que hacer memoria en tiempos de posconflicto, no pasa por la reconstrucción plana de hechos, relatos e historias traumáticas, sino por recordar y asimilar para enaltecer la vida. La memoria debe potenciar el presente y el futuro, debe robustecer el potencial creativo que es consustancial al ser humano y, como vimos antes, esto pasa necesariamente por dejar atrás lo que no se puede digerir, o mejor, por dejar en la oscuridad aquello a lo que no le podemos dar nuevos sentidos vivificantes y esperanzadores. El equilibrio entre la memoria y el olvido para la vida es solo uno de los retos que enfrentarán los y las comisionadas de este nuevo y desafiante instrumento.

Referencias

Nietzsche, F. (1999). Consideraciones intempestivas ii. Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida [hv]. Madrid, ES: Biblioteca Nueva.