Sebastián Espinosa

* Sebastián Espinosa

Integrante del grupo de investigación en teoría política contemporánea (Teopoco).Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia y estudiante de la maestría en urbanismo en la misma universidad.Estudiante de filosofía de la Universidad Javeriana. Cumbiero

1. La característica fundamental del espacio público es el tránsito, no la permanencia

El espacio público se organiza a partir de esta máxima. Habitar la ciudad no significa recorrer sus calles y permanecer en sus áreas “comunes”; el espacio público ya no cuenta con tal característica. Para permanecer, la gente puede ir a centros comerciales o su propia casa –en el caso de tenerla–, y en menor medida caminar por la calle o habitar un parque, pues cada vez se regula más su uso, cuando no es prohibido del todo.

La explicación es simple: la permanencia en el espacio público es entendida como una causa de conflicto. Luego, la forma de reducir el conflicto se maneja evitando que la gente habite la ciudad y que se encuentre con él y la otra en la calle, pues todo contacto es entendido –y presentado– como conflictivo y causante de desorden y revuelta. No hace falta citar alguna parte del nuevo código de policía para evidenciar esto, pues todo su “espíritu” se enmarca en esta primera máxima.

Ahora, la consecuencia principal de esta forma de realización del espacio público es la des-territorialización del espacio urbano. En otras palabras, la ciudad se construye como una forma de acceso a mercados, dejando atrás toda forma de apropiación del espacio de aquellos que la habitan. La ciudad se aleja, cada vez más, de las ideas de espacio común y de encuentro, pues sus habitantes deben permanecer en los nichos de consumo, en el resto del espacio deben circular.

2. Para que el espacio público se mantenga, deben primar las lógicas de seguridad sobre las dinámicas de convivencia

Para los “grandes” empresarios como Peñalosa, las ciudades se organizan a partir de la desconfianza. Se incentiva la idea de la inseguridad propiciando la sensación de que todo vecino o conciudadano puede ser peligroso. Se genera una desconfianza profunda en el otro que se reafirma mediante dispositivos de disciplinamiento bajo los cuales la ciudadanía entiende cada vez más rápido que no debe resolver los problemas con la persona que está a su lado mediando palabra, pues puede ser un “loco” o un “ex guerrillero”. Esta es la guerra de todos contra todos, con la presencia invisible de la autoridad.

La convivencia, al contrario, no es eficaz para la administración de una ciudad, como muestra el señor Alcalde. Ésta no genera ganancias a mediano plazo y además puede propiciar procesos de organización política que afectarían gravemente el control de la ciudad. Peñalosa nos ha hecho entender que para gobernar una ciudad hace falta la administración de desconfianza, la amenaza constante, la manipulación mediática y la coerción moral. Estas estrategias generan buenos resultados a corto plazo, logrando, además, que se generalicen ideas como la del desfalco de Transmilenio por parte de los colados, así como la idea del progreso a partir de la venta de las empresas públicas de la ciudad.

3. Los proyectos de intervención del espacio público no tienen el objetivo de integrar la ciudad, sino de segregarla

En la alcaldía de Peñalosa los proyectos de “recuperación” del espacio público, lejos de ser la oportunidad para construir y planificar grandes equipamientos colectivos o formas de integración en el espacio público, han sido una arremetida constante contra los sectores populares que viven del trabajo informal. Para un visionario como Peñalosa la intervención sobre el espacio significa mejorarlo estéticamente, lo que para él quiere decir sacar a los vendedores ambulantes de las calles y erradicar la venta informal, prohibiendo la presencia de estas poblaciones en diversas zonas que deben permanecer “bellas y limpias”.

Esto sin contar la gran gestión de limpieza del “Bronx” en donde la solución fue aún “mejor”, pues no solo desplazó a la población de un sector, sino que acabó con los lugares que estos habitaban para crear un complejo empresarial. Esperar que el nuevo código de policía esconda o desaparezca a los habitantes del antiguo “Bronx”, como bien quedó reglamentado en el código, cuando empiece a llegar la inversión a este sector.

4. El acceso siempre debe restringirse, pues habitar la ciudad es un derecho que se adquiere

Entrar, permanecer, habitar, vivir, no constituyen derechos de las y los bogotanos. Habitar la ciudad es un derecho que se adquiere mediante un conjunto de capitales que otorgan privilegios. Esto no pasa solo en Bogotá. Sin embargo, la particularidad acá es que los procesos de exclusión operan de forma material y simbólica como forma de hacer política. En otras ciudades existen mecanismos y dispositivos de exclusión que se esconden en la forma de las viviendas de interés social, por ejemplo, o en otras dinámicas sociales cuya proyección no es planeada. En esta ciudad, la exclusión es la forma de hacer campaña y la segregación es la propuesta; muy parecido a las propuesta de construcción de muros y negación de ciudadanías del nuevo presidente de Estados Unidos.

En Bogotá todo acceso se encuentra restringido, en todo lugar donde se expresa una diferencia se cierra una puerta y todo transito se encuentra prohibido. El alcalde ha llegado al extremo de acabar el poco espacio publico que queda para asegurar el entretenimiento de un cierto numero de respetables ciudadanos que sí nacieron con el derecho de habitar la ciudad.

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En síntesis, ¿por qué continuar con un alcalde que gestiona nuestro espacio público como espacio privado y para el negocio?, ¿para qué continuar con un alcalde que propone una ciudad en la cual no me puedo encontrar con la y el otro? Y finalmente, ¿cómo seguir con un alcalde que hace de la administración de nuestra ciudad su propio negocio?