Carolina Garzón Díaz

* Carolina Garzón Díaz

Colombiana. Comunicadora social- Periodista de la Universidad Central y estudiante de la Maestría en Dirección de Comunicación de la Universidad de Montevideo (Uruguay). Defensora de derechos humanos. Experiencia de trabajo con organizaciones no gubernamentales en Colombia y columnista para los medios de comunicación Contagio Radio y Palabras al Margen. Fue bloguera en el portal de internet Kien & Ke y columnista invitada durante un año en el Diario Bogotano. Es integrante del proyecto independiente "Fotógrafo No Fotógrafo". Twitter: @E_Vinna

Gerardo Bongiovanni, presidente de la Fundación Libertad de Argentina y Director Ejecutivo de la Fundación Internacional para la Libertad (FIL), visitó Colombia como invitado del Hay Festival Cartagena 2018. Durante su estancia nos concedió esta entrevista en la que hablamos sobre el ejercicio de la libertad de expresión en América Latina en medio del boom de las redes sociales, los intentos de regulación de la prensa por parte de algunos gobiernos de la región y las críticas al modelo empresarial de los medios de comunicación.

Compartimos algunos fragmentos de esta entrevista realizada por Carolina Garzón y les invitamos a escuchar el audio completo de nuestra conversación.

Carolina Garzón – P.A.M: En América Latina ¿cuál es el rol que están jugando actualmente los medios de comunicación?

Gerardo Bongiovanni: Los medios de comunicación siempre tuvieron un rol determinante para bien y para mal. A veces ayudaron a consolidar la democracia, otras la boicotearon; a veces ayudaron a combatir gobiernos autoritarios, otras los ayudaron a consolidarse. Ahora mismo estamos a la puerta de un cambio trascendental en los medios de comunicación, tan grande que a lo mejor no alcanzamos a ver a dónde lleva: la revolución de las nuevas tecnologías, de las redes sociales, y todo lo que esto conlleva.

Todo lo que ha pasado en los últimos 30 años, particularmente en los últimos diez o cinco, y que ahora se acelera. Me refiero al rol de las redes sociales y la tecnología en la política, cambiando ese rol de intermediarios entre la sociedad y el poder. También está cambiando el rol de los medios de comunicación. Ahora hay personas que con un blog, Twitter, Instagram o Facebook tienen tanta influencia como un medio y esto es una cosa que nos tiene a todos “choqueados”, como a un boxeador al que le están pegando, porque no sabemos bien hacia dónde va. Creo que el final de esto va a ser bueno, va a ayudar a la democratización, a la mayor participación, a empoderar al ciudadano, pero estamos en el periodo de transición donde no se sabe bien.

Ahora, por ejemplo, estamos viendo que en muchos países aparecen candidatos que son mediáticos, a veces periodistas, otras conductores de medios o, a veces, simplemente personas que se hacen famosas y no tienen muchas credenciales en formación política o conocimiento de políticas públicas, pero son conocidos y eso les sirve para ser ungidos como referentes de la realidad. No digo que esto esté bien o mal, sólo digo que estamos en el medio de una transición. Estoy convencido que al final del día esto va a ayudar a la democracia y al empoderamiento del ciudadano, pero ahora mismo estamos en la incertidumbre.

P.A.M: Uno de los temas que surge con la democratización de los medios es el derecho a la libertad de expresión, ¿cómo evalúa usted el ejercicio de este derecho en el marco del boom de las redes sociales y, por otro lado, de la creación de las leyes de medios en países como Ecuador y Argentina?

G.B: Yo creo la libertad tiene los límites que impone y pone un Estado de derecho: no afectar derechos de terceros. Las leyes que pretenden regular los medios no me gustan nada: no me gusta lo que intentó hacer el Kirchnerismo en la Argentina ni lo que intentó hacer Correa en Ecuador, esas leyes que pretenden regular los medios ocultan en el fondo un deseo de ciertos gobiernos, con claros tintes autoritarios, de controlar a la prensa y sobre todo a la prensa adversaria.

Creo que vamos hacia una mayor libertad de expresión siempre y cuando seamos capaces de defender esas normas básicas, ese Estado de derecho, e impedir que los gobiernos traben, por decir así, el acceso a la información. No es casual que algunos países, los más autoritarios, estén incluso intentando reglar el acceso al internet y a ciertas formas de información. Yo creo que van a fracasar, es más, deseo que fracasen. Tradicionalmente toda ley que pretenda regular a los medios me parece contraria al espíritu democrático y al Estado de derecho.

Creo que los excesos de la prensa los tiene que arreglar la justicia. Cuando algún medio o periodista ofende o difama, eso lo tiene que arreglar la justicia. Cuando los gobiernos pretenden “arreglar a priori” eso, en realidad están tratando de hacer otra cosa: amordazar a los medios. Por supuesto que para esto tenemos que fortalecer la justicia, que es la contra cara de la prensa en un Estado de derecho, en una democracia.

P.A.M: El 2017 fue el año de las “Fake news” y la “posverdad” ¿cuál es su lectura de estos dos temas en América Latina? Y, especialmente, ¿cómo juegan en el escenario electoral de 2018?

G.B: Los veo con preocupación, por supuesto. Creo que en parte las redes sociales ayudan a que esto se construya. Esa sería la parte negativa, que de ninguna manera obnubila u opaca todo lo bueno que tiene este acceso a la información y esta posibilidad de expresarse que dan las redes sociales. Pero mientras se mantenga en el terreno privado, en el terreno de la sociedad, tiene un alcance limitado, se vuelve mucho más peligroso cuando lo toman los Estados o poderes más grandes.

Yo pertenezco en Argentina a una organización bastante importante y veo que hay otra gente y otras organizaciones que mienten, a sabiendas de que están mintiendo, cosa que a mí no se me ocurriría hacer, pero hay mucha gente que lo hace a sabiendas de que está mintiendo. Eso está mal, habrá que combatirlo y desenmascararlo. El problema es cuando el Estado lo hace y hay algunos países de América Latina donde el Estado lo ha tratado de hacer para consolidar posverdades falsas.

P.A.M: Su libro más reconocido es “El estallido del populismo”; como conocedor de este tema ¿cómo lee la relación de los medios de comunicación con esos gobiernos que usted llama “populistas”?

G.B: En general creo que han cumplido un rol positivo, han ayudado a controlarlos y a contrarrestarlos. La libertad de prensa es fundamental. Hemos visto estos días como Donald Trump insultó a la prensa en el Foro de Davos y me parece completamente injusto. Aunque no tiendo a coincidir con posiciones del mainstream, me parece que la prensa americana ha jugado un rol de contrapeso fundamental, que es el rol que tiene que jugar la prensa.

En algunos países, claramente en los del socialismo del siglo XXI, los gobiernos cooptan a la prensa, la compran, la extorsionan, la confiscan si es necesario. Entonces ahí pasan a jugar un rol malsano. Por ejemplo, en la Argentina, el Kichnerismo edificó un imperio de prensa que llegó a ser, en términos económicos, más grande que todo lo que existía de prensa y dependía completamente de los fondos públicos. Esto, por lo que sé, pasa en otros países como Venezuela, Ecuador y Nicaragua. Es muy malo. Si uno mira, por ejemplo, lo que ocurrió en Venezuela, que intimidaron a los dueños de los medios, los amenazaron y los obligaron a vender sus medios en muchas ocasiones, o en la Argentina que pasó algo parecido, los medios terminan siendo títeres de los gobiernos autoritarios. Pero creo que el rol de la prensa es fundamental como contrapeso y, al igual que una justicia independiente, terminan siendo grandes garantes de la democracia y el Estado de derecho.

P.A.M: Sobre la independencia de la prensa, hay fuertes críticas hacia algunos medios de comunicación que son o funcionan como empresas, sus dueños son empresarios muy importantes, dueños de conglomerados económicos, y en donde pasaría, al igual que con ciertos gobiernos, que los intereses privados cooptan a la prensa, ¿cuál es su lectura sobre el tema?

G.B: Eso es un conflicto siempre, en todo el mundo. Creo que hay una experiencia histórica que muestra que los grandes conglomerados, con contadas excepciones, no son tan exitosos cuando manejan medios. Manejar medios de comunicación requiere una expertise muy especial, particular. Cuando uno mira, por ejemplo, los diarios de América Latina casi todos pertenecen a familias y se fundaron hace 150 años. La Nación de Argentina, el Mercurio, El Comercio, los grandes diarios de América Latina o de España, casi todos fueron fundados por alguna familia o algún periodista. Lo que ocurre cuando esos diarios han caído en manos de grandes conglomerados es que no les va bien, porque no es fácil manejar un medio de comunicación.

Tal vez sea distinto con los medios digitales, hay que ver también que pasa porque, como digo, estamos en esta transición que es “el avión donde nos subimos y no sabemos a dónde va”, pero reconozco que ahí hay una tensión. Existen países donde prohíben que las empresas titulares de medios se dediquen a otras cosas. Es verdad que, a veces, si una empresa tiene medios y otros negocios utiliza su poder mediático para conseguir más negocios, eso está muy mal.

En Argentina ha pasado también, obviamente. Pero lo mejor es garantizar la competencia. El Estado tiene el rol de garantizar la competencia. E insisto con algo, es un problema que va a cambiar mucho, no sé para donde va a cambiar, pero no me extrañaría que dentro de poco un chico de 20 años con un blog o con sus redes sociales tenga más influencia mediática que el mismísimo diario más importante de Colombia o de Argentina. Creo que estamos marchando a eso, así que tampoco tengo claro para dónde tiene que ser la regulación porque estamos en un momento de grandes cambios.

 

Entrevista completa en audio

Entrevista realizada por Carolina Garzón Díaz para Palabras al Margen.

Crédito fotografía: Carolina Garzón Díaz.