Trump y la resistencia en EE.UU. abre nuevos caminos para América Latina

on Miércoles, 01 Febrero 2017. Posted in Artículos, Edición 98, Donald Trump, América Latina, Laura Carlsen, Estados Unidos, Internacional

98 Internacional

Frente a la amenaza, que rápidamente se vuelve realidad, de un régimen fascista en Estados Unidos, estamos viendo la construcción de una gran resistencia popular en el país donde, hace apenas un año, menos se esperaba.

 

Laura Carlsen
Fuente de la imagen: http://www.girabsas.com/

Desde la campaña, Donald Trump presumía una larga lista de medidas extremas que iba a implementar “desde el primer día”. Mucha gente creía que se trataba de un discurso de campaña y que estando en el poder iba a matizar sus propuestas más radicales o polarizantes. Sin embargo, ha pasado todo lo contrario. Día tras día, desde la construcción del muro a la prohibición de la entrada de personas de (algunos) países de mayoría musulmán, Trump ha firmado órdenes ejecutivas que cumplen con promesas de campaña, ahondando las ya de por sí profundas divisiones en el país, y sin tomar en cuenta la constitucionalidad ni las consecuencias.

Una de las consecuencias es la insurrección popular pacífica que se ve ahora en las calles de todas las grandes ciudades del país. El 21 de enero--el día después de la toma de posesión--más de un millón de personas protestaron contra el presidente número 45. Con consignas de “¡Nosotros somos el voto popular!” (En referencia al hecho de que Hillary Clinton ganó el voto popular por unos tres millones de votos), y “¡Así es como se ve la democracia!”, y “Los derechos de las mujeres son derechos humanos” la Marcha de Mujeres en Washington y las marchas hermanas serán recordadas siempre como una de las mayores movilizaciones en la historia del país. El número de manifestantes superó por mucho la asistencia a la ceremonia de juramento de Trump, un hecho que le molestó tanto que mandó a su equipo a negar las evidencias. Más de 5 millones de personas participaron en todo el mundo, la mayor parte en unas 360 ciudades y pueblos estadounidenses. Además, no se reportó ningún incidente violento en las movilizaciones.

Desde entonces, la gente no ha regresado a sus hogares para retornar a la vida normal como si no hubiera pasado nada. La organización y protesta continúan. El movimiento en defensa de la democracia y de los derechos de todas y todos no tiene un centro organizativo, ni una jerarquía, ni un pliego petitorio único. Las manifestaciones son espontáneas, o casi espontáneas. Cuando Trump firmó la orden ejecutiva de veto migratorio, miles de personas fueron a los aeropuertos a protestar y ofrecer apoyo a las familias y personas que llegaban de los países señalados. De manera no-violenta expresaron su solidaridad y desafiaron a los agentes migratorios. Están organizándose para hacer lo mismo cuando empiecen las deportaciones de los miles de migrantes que ya están viviendo en el país.

Las medidas autoritarias de Trump y sus ataques a grandes sectores de la población y a los derechos básicos, como el derecho a la información y a la libertad de expresión, el derecho de movilidad y de refugio, los derechos sexuales y reproductivos, y el derecho a un ambiente sano han movilizado a la población como ningún político o causa de izquierda. Ahora es el pueblo estadounidense que se ha vuelto un ejemplo para el mundo de resistencia contra las tendencias fascistas que se expresan también en Europa y otros países.

Reacomodos continentales

En pocos días Trump no solo ha provocado una insurrección en su propio país. Ya ha tenido roces diplomáticos importantes con varios países, pero ninguno tan severo como con el aliado, vecino y tercer socio comercial, México. El 25 de enero, el equipo del Presidente Peña Nieto estuvo en Washington para preparar la reunión entre los dos jefes de Estado programado para el 31. Este mismo día el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva para empezar con la construcción del muro entre Estados Unidos y México, la estructura que físicamente y simbólicamente rompe con la convivencia entre los dos países establecida tras décadas. La orden afirma que aliens (migrantes no documentados) “representan una amenaza a la seguridad nacional y la seguridad pública” y además de ordenar la construcción del muro, ordena la detención y deportación de migrantes. Fue una bofetada en la cara de México.

Peña no canceló de inmediato la reunión, aunque trajo de regreso a su equipo, entre ellos el canciller Luis Videgaray. En entrevista, Trump aclaró que el gobierno federal pagará el muro en un principio y que México reembolsará el costo, calculado entre 10 y 25 mil millones de dólares. Su vocero anunció un plan de un impuesto de 20% a productos hechos en México y exportados al mercado estadounidense, lo cual provocó una avalancha de críticas en los dos países. En las redes sociales de México la gente, indignada, exigía la cancelación del encuentro entre los presidentes. Fue hasta el día siguiente cuando Trump tuiteó: “Si México no quiere pagar el necesario muro, sería mejor cancelar la próxima reunión” que Peña no tuvo alternativa y anunció que no iba a Washington.

Frente a las agresiones de Trump y las amenazas de medidas proteccionistas y punitivas, América Latina busca reacomodarse para hacer frentes comunes. Sin embargo, se veía la complejidad del desafío en la reciente reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), el 24 de enero, donde no llegaron varios presidentes que ya habían confirmado su asistencia. El presidente mexicano canceló su participación en la reunión “por cuestiones de agenda interna” antes de la tormenta causada por la insistencia de Trump de que México pagara el muro. Después de años de complacer al gobierno de Estados unidos y distanciarse del sur, México de repente ha quedado muy sólo.

Los presidentes de Colombia y Panamá, dos países con tratados de libre comercio con EE.UU. y que forman parte de la Alianza del Pacífico promovido por el gobierno de Obama, también cancelaron su participación, aunque sus representantes señalaron la importancia de mantener fuerte a la CELAC. Estos países tienen suspendidos sus estrategias de integración frente a la caída del Acuerdo Transpacífico (TPP) y los incógnitos de la política de Trump. Existe mucho nerviosismo después de los ataques a México y también porque Trump ha dicho que cualquier país con que EEUU tiene déficit comercial bajo un TLC será sujeto a revisión y posibles castigos. El país tiene déficit de $7.2 mil millones con Panamá y de $2.2 mil millones con Colombia. Bajo la lógica de Trump, el déficit implica que un socio le está “ganando” a EEUU, situación insoportable para el empresario.

Últimamente la CELAC, conformado por 33 países de la región, se ha posicionado para “ser socio colectivo de países extra-regionales” como dijo el presidente de la República Dominicana en la cumbre—sin mencionar a EE.UU. en la lista. Este papel es más evidente en la relación con China. Sin embargo, la organización de integración regional ha sufrido debilitamiento después de la cuestionable remoción de la Presidenta Dilma Rousseff en Brasil y el triunfo electoral de la derecha en Argentina. En su declaración final se limitó a criticar “la criminalización de la migración irregular” en EE.UU. e incluir un rechazo sin dedicatoria al “racismo y la xenofobia”.

Mientras algunos países son más cautelosos en su actitud hacia Trump, los gobiernos de la izquierda ven una oportunidad de fortalecer las relaciones sur-sur. El presidente Evo Morales de Bolivia propuso en Twitter, “Hago un llamado a nuestros hermanos mexicanos a mirar más al sur; construir juntos unidad en base a nuestra identidad latinoamericana y caribeña” y llamó a que México regresara al G77 y trabajara para fortalecer a la CELAC.

Todos de alguna manera se ven obligados a pensar en la diversificación de relaciones frente al fenómeno Trump. El Secretario de Relaciones Exteriores Videgaray declaró el 30 de enero que su país buscará negociaciones bilaterales con China, Japón y Corea del Sur en ausencia del TPP. También mencionó América Latina, citando “pláticas formales” con Brasil y Argentina donde “hoy tenemos oportunidades de diálogo, de visión compartida” en referencia al giro a la derecha en estos países. El campeón mundial en Tratados de Libre Comercio también buscará firmar uno con la Unión Europea este año, según el canciller.

China ve en la coyuntura una oportunidad de acercarse a México y en general profundizar las relaciones con los países latinoamericanos. Es tema de otro texto, pero es importante no caer en la lógica de la guerra fría que dicta que si los países del sur global no están bajo la hegemonía de un super-poder, están bajo la hegemonía de otro. América Latina ha avanzado, con avances y retrocesos, hacia la mayor independencia en la última década y ha jugado un papel importante en la construcción de un mundo multipolar, una construcción incompleta pero significante.

Sus mejores opciones frente a la amenaza de Trump son fortalecer los vínculos sur-sur y los mercados y plantas productivas nacionales y regionales. También es estratégico buscar vínculos pueblo-a-pueblo con los movimientos pro-democracia en Estados Unidos. Finalmente solo ellos pueden salvar el continente y el mundo de la peligrosa e impredecible locura del ahora Presidente Donald J. Trump.

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