Golpes y mareas: menos realidades y más creaciones

on Martes, 31 Mayo 2016. Posted in Artículos, Juan Carlos Monedero, Edición 82, Hernán Alejandro Cortés, Crisis política, Izquierda colombiana, Nacional, Participación política

82 Hernan

Para que la izquierda luche con fuerza y de manera democrática se necesita que los movimientos sociales sean como las mareas del mar, que irrumpan y se estén reinventado constantemente, que sus demandas sean el poder constituyente que construirá esos múltiples sentidos de los que brotará una voluntad común.

 
Hernán Alejandro Cortés
Fuente de la imagen: https://www.maxisciences.com

“Seguir hablando de izquierdas y derechas, solo sirve a la derecha”

Juan Carlos Monedero

Hace algunas semanas tuvo lugar una interesante conferencia de Juan Carlos Monedero en la Universidad de la Salle. Preparé mis cosas, despaché a mis estudiantes con algo de afán y asistí a la conferencia con muchas ansias de escuchar a uno de los líderes y fundadores de Podemos en España. Pero la sorpresa más grata no fue la de encontrarme a Juan Carlos en el auditorio, sino a algunos de los jóvenes líderes de la izquierda en Colombia, más que a Monedero, quisiera escribirles a ellos, pues ese día salieron enrostradas una serie de verdades a las que no podemos dar la espalda si queremos re-pensar la “izquierda” en Colombia. Espero que entre los apuntes que ellos tienen estén algunas de las cuestiones que quiero trabajar en esta columna. Pues, más que re-pensar eso que en algún tiempo se llamó izquierda, lo que debemos hacer es imaginar las promesas de un nuevo sentido común, al que, sinceramente, no sé si llamar “izquierda”.

Debo señalar que mis distancias con la izquierda colombiana siempre han obedecido a sus obcecados modelos de representación, a sus desgastadas prácticas de trabajo con las comunidades y a su recalcitrante dogmatismo en la teoría. Quizá por eso me sorprendía la presencia de esos nuevos liderazgos en la conferencia de Monedero, que, sin duda, espero den un nuevo aire para seguir pensando lo que significa decirse y ser de “izquierda” en un país como el nuestro; incluso, que logren llevar a sus escenarios la discusión sobre si vale aún la pena decirse de izquierdas, al menos, en cuanto a lo que significa para la gente del común. Entre muchas cosas interesantes Monedero señalaba tres cuestiones importantes para repensar la acción política que se dice de izquierdas, que la acción política subvierte lo establecido y que tiene un compromiso con la construcción de un sentido común, con una voluntad de muchos.

En primera medida señalaba que era necesario dejar de pensar la izquierda como un movimiento de “resistencialismo”, es decir, como una corriente que sostiene su horizonte político en la “bella idea” del ¡No pasarán!, en la resistencia como acción reactiva ante un poder desmesurado, esto, en últimas, significaría hacerse cuerpo como una negación fundamental; el problema es que lo único que ha logrado esta orientación es inscribir las demandas de la izquierda en una agenda interminable de rememoraciones; sin embargo, soy consciente de que no es tan sencillo decirlo en un país como el nuestro que ha sido golpeado sistemáticamente por lo que fácilmente podríamos denominar un “terrorismo de Estado”, en el que se paga con la vida decir la verdad y trabajar por la comunidad. Lo que en realidad me interesa de esta proposición es el gesto argumentativo, pues creer que el fundamento de la izquierda es la oposición no es otra cosa que seguir reforzando una cierta herencia colonial, en la que se cree, fervientemente, que se ocupa un lugar por naturaleza. No quiero decir con esto que resistir no sea importante, lo que hay que pensar son los límites de dicha resistencia y su valor en el marco de acciones políticas con una vocación de poder y un carácter más amplio de talante democrático.

En segunda medida, el líder de Podemos señalaba que es necesario pensar que somos hijos de una derrota. Una derrota que no tiene lateralidad, no es ni a la derecha ni a la izquierda, a lo que asistimos es a una derrota de la gente trabajadora, de la gente decente; la derrota a la que nos enfrentamos nos confronta con nuestros modelos de comprensión del mundo, hoy lo que existe es una sintomática despolitización de la vida y una economización de las relaciones sociales. Con el auge del discurso neoliberal lo que estamos viviendo es el desarrollo de un paulatino empobrecimiento de la vida, recubierto por el intenso aumento de un consumo exacerbado de bienes materiales que delimitan el valor del tiempo y la existencia, que reafirman la vida humana como un bien de consumo.

En ese sentido, hemos perdido más que derechos laborales, más que seguridad social y derechos civiles, con este avance galopante del mercado financiero se ha disipado la vida, se ha disuelto entre las deudas, los impuestos y el deseo de ser exitosos. Son muy pocos los que hoy están dispuestos a cuestionar estos modelos de desarrollo, de éxito y de acumulación de riquezas, pues en lugar de encontrar una falla en alguno de los niveles del sistema, la derrota está en los propios seres humanos; en la sociedad del rendimiento y la competencia los hombres devienen animales del fracaso. Hoy no es un secreto que los sueños de la clase media se restringen a tener un carro, pasear por el centro comercial y vestir prendas elaboradas por mujeres vietnamitas en condiciones de extrema pobreza. Para otros los sueños serán los de acumular títulos, publicar artículos y viajar en virtud de un conocimiento tecnificado y ultra-rápido que hace del pensamiento una mera reproducción. Lo que el modo de vida del capitalismo, en su nueva fase neoliberal, ha traído consigo es el deterioro de la vida, la ocultación de la miseria y de la explotación tras el juego del goce infinito. Considerar que la derrota es de la gente es la lección más valiosa para la izquierda, pues, debe entender que no se puede representar el inconformismo con viejos liderazgos y bajo prácticas del lenguaje tan desgastadas como las que usan a diario, con pena hay que decirlo, la izquierda en Colombia solo se representa a sí misma, los mismos con las mismas, en un partido sin su gente.

En tercera medida, se trata de inventar una nueva gramática política, ello consiste en desbordar la imaginación y jugar con el desarrollo de una serie de acciones que permitan movilizar a las comunidades en virtud del ensamblaje de un nuevo sentido común. La tarea más urgente es subvertir el orden de las palabras para enrostrar a los enemigos con nombre propio, para crear espacios y horizontes de sentido común, de voluntad colectiva, en los que se agencien esas prácticas comunes de movilización y de creación que están en los territorios andando. En ese sentido, es necesario enrostrar las realidades con creaciones, mirar de frente el contenido de nuestra actualidad para anteponerle una marcha acelerada de agencias creativas que impulsen una movilización conjunta por la transformación. Pero lo que se debe entender es que este ejercicio es múltiple y funciona bajo el principio de la diferencia; el modelo de la lucha de clases no es suficiente para comprender hacia dónde generar transformaciones, pues hoy las luchas políticas cruzan por distintos horizontes, el feminismo, el racismo, la colonialidad, el animalismo, la lucha ambiental, son parte de este nuevo entramado de relaciones complejas que no podemos perder de vista. En ese sentido, nuestros retos son enormes y no pueden quedar circunscritos a demandas uniformes.

Finalmente, creo que lo que nos queda por pensar es la forma en la que podremos concretar y crear un nuevo sentido común, uno que supere la resignación y recoja las posibilidades de transformación en un escenario amplio de conflicto. Crear antagonismos para producir una sociedad democrática que cambie la perspectiva de la lateralidad y que luche contra los enemigos de esta nueva versión del capitalismo (los banqueros, los especuladores, los multimillonarios que guardan su plata en paraísos fiscales, la clase política, etc.). Para que la izquierda luche con fuerza y de manera democrática se necesita que los movimientos sociales sean como las mareas del mar, que irrumpan y se estén reinventado constantemente, que sus demandas sean el poder constituyente que construirá esos múltiples sentidos de los que brotará una voluntad común. Asimismo necesitamos que la izquierda repiense su “doctrina de partido” y construya organismos que sean como boxeadores, disciplinados y organizados, que den golpes certeros para avanzar hacia la construcción de nuevas formas de gobierno que vean la vida como elemento central de la política, esto implica repensar la vida más allá de la competencia, el rendimiento y la eficacia. Nuestra tarea, la de la gente, es la de decir que sí hay alternativa.

Comentarios (0)

Déje un comentario

Estás comentando como invitado. Autentificación opcional debajo.

Ediciones anteriores

Ver más ediciones