Crear, seducir, convencer y tres ideas para continuar una conversa

on Domingo, 31 Enero 2016. Posted in Artículos, Donka Atanassova, Izquierda, Edición 74, Izquierda colombiana, Nacional

74 Donka

Es fundamental un esfuerzo de pensamiento, de actitud, de lenguaje, de creatividad comunicativa; denunciar a los medios masivos de comunicación es fundamental, pero para nada suficiente, construir estrategias para comunicar masivamente y para ganarse el sentido común, es parte de los retos.

 
Donka Atanassova
@DonkaAt
Fuente de la imagen: http://filosofiadelbuenvivir.com/

Preguntan si la izquierda puede ser alternativa de gobierno. La pregunta puede implicar muchas cosas.

El país está atravesando un momento fundamental, la promesa de la paz es en realidad un campo de disputa, un escenario en el que el país mismo tendrá que decidir si el asunto es que simplemente no haya más organizaciones políticas en armas o si el asunto es cambiar el país y las condiciones de injusticia, desigualdad y concentración del poder que hacen que la guerra nazca y renazca. Esa decisión tendremos que tomarla todos, tendremos que construir la segunda opción.

Más allá del campo de la izquierda misma, el asunto de la paz será decisivo en la próxima contienda electoral y la conformación de las opciones de gobierno 2018 – 2022. Las fuerzas actualmente existentes se reordenarán buscando abrir campo para hacer política en una nueva realidad nacional, pues la firma de acuerdos de paz y las condiciones pactadas para un proceso de postacuerdos son una nueva realidad para Colombia. Logremos o no la apropiación social de un significado coherente y transformador de paz, ésta es una nueva realidad y la política – así sea por esos años venideros – tendrá que reagruparse en torno a la idea.

Como todo acuerdo de élites en Colombia, la Unidad Nacional tiene su tiempo contado, se reorganizará y revolverá con el resto de fuerzas políticas. Se conformarán bloques que busquen ignorar lo que implica la paz, tratándola casi como si fuera una victoria militar camuflada, como un despeje de variables en una fórmula matemática, la del desarrollo a secas. Otro bloque intentará apropiarse de la paz, volverla un trofeo, un conjuro en el cual se cree sin fijarse mucho en los contenidos. Si la cosa se complejiza lo suficiente y no alcanzan las mermeladas, las amenazas y las capillas, habrá un tercer bloque que sin habérsela jugado a la paz, siendo crítico de todo y de nada, buscará convertirse en la opción novedosa de enfoque “higienista” (quienes dicen que nunca se han untado de nada, quienes nunca se han luchado una postura sino una visión de que las posiciones no importan siempre y cuando las cosas se hagan bien (¿?) – eso está de moda).

Cualquiera de estos tres bloques seguramente implicará la conformación de convergencias, y sí, la izquierda puede tener cabida en cualquiera de los tres, hasta en los tres al mismo tiempo y, el que logre ganar, conformará gobierno también con el sector de izquierda que acompañó dicha convergencia. Así que, para nada está lejana la opción que una parte de lo que se ha conocido como izquierda en Colombia, logre ser parte del Gobierno.

Si la pregunta se hace en una perspectiva de conformación de gobierno, de acuerdos para hacer parte de, y la respuesta pasa principalmente por intereses particulares de egos, liderazgos con ansias de despuntar en el campo público de la política oportunistamente, de componendas; seguramente, alguna de las opciones de arriba será el escenario de la izquierda.

Pero ¿es ese a secas un escenario deseable? Pienso que una corriente alternativa que busca transformar el país da para más, puede ser convocante de una convergencia entre las fuerzas ya existentes en la izquierda y mucho más allá de eso, convocante de una corriente potente de gente anhelando “buen gobierno”, cosas sencillas como honestidad, cumplimiento, diálogo. Comprender que convocante entre sí implica mucho más que reuniones de compromisarios y que convocante de una corriente es atreverse a desatar el fluir del río, dejarse contagiar de las iniciativas ciudadanas, de los movimientos sociales, las nuevas maneras de asumir y vivir la participación política, la indignación cotidiana, las reflexiones que traen crítica. Convocante no es ni vanguardia ni dueño de la última palabra. Pienso que antes de pelear candidaturas presidenciales, hay que disponerse a convocar, a seducir y a convencer, no a imponer. Esto no es un asunto de elecciones, la movilización social y de pensamiento es la que construye corriente. También, para ser gobierno, hay que tener plena capacidad de producir política pública y funcionamiento institucional para cambiar el país, la gente que sabe y quiere hacerlo debe sentirse y ser convocada y partícipe activa.

Lograr complejizar la pregunta y pasar por consideraciones distintas para construir la respuesta es hoy, parte fundamental de la respuesta misma que necesitamos.

Sería un error imperdonable dejar en manos de la política tradicional y del vergonzoso gobierno la tarea de convencer a la sociedad colombiana y al mundo que la guerra no es opción ni necesidad; una corriente alternativa, convencida, con propuesta y creatividad tiene que ser parte decisoria de los destinos que rijan al país en el próximo periodo, no solo parte pasiva de la foto. Y ello va mucho más allá de la estrategia y el momento electorales, las luchas de la gente serán definitivas, la dinámica de los procesos sociales y la movilización son las que tendrán que empujar la posibilidad de un cambio profundo y de sostenerlo, pues ningún gobierno ni espacio representativo logra esta transformación por sí mismo.

Aquel mote de izquierda que surgió de una simple ubicación de puestos en medio de un momento trascendental de la historia francesa, cobró importancia política simbólica y real, en cada contexto y construcción social particular, se resalta una u otra característica de lo que implica ser izquierda; en Colombia izquierda ha significado resistencia, oposición, confrontación, también dignidad y también marginalidad.

Cuando la izquierda no se la ha jugado a ser poder en el campo político formal, los descriptores mencionados han constituido un poderoso imaginario, cuando se la ha jugado a tomar espacios políticos, ha significado también esperanza de cambio; cuando ha logrado llegar a los espacios de la representación y de gobierno, ha significado apertura, inclusión, denuncia, también corrupción, clientela, acomodación. No voy a meterme en la discusión de la veracidad de cada una de esas imágenes, tampoco del papel de quien incide que se construyan o no.

Hoy en día es confuso para la gente qué implica ser de izquierda y tampoco es una afirmación que, una vez en espacios de representación y gobierno, izquierda es significativamente diferente a la política tradicional. Y ahí, en la conformación de ese imaginario y en las prácticas que muchas veces lo sustentan, hay un campo enorme que hay que volver a pelear, a transformar, a renovar.

Pienso que un cambio urgente es que en momentos como éste, reafirmar y recrear no puede significar simplemente insistir en el mote o rodearse de gente que piensa igual para convencerse mutuamente de lo correcto de los propios planteamientos o de lo victimizante de los ataques que estigmatizan. Este es un momento para salir a caminar, para escuchar lo que la gente piensa y también lo que anhela, para elaborar con base en ello; es un momento para poner los significados profundos de lo que implica la izquierda por encima del mote mismo, seducir y convencer con ello. Que el trabajo debe poder más que la renta, que la dignidad es el reconocimiento y la realización de los seres humanos, que la solidaridad es real y poderosa, que la naturaleza es más que un ambiente, que la ética es la clave del buen gobierno. Actualizar los programas, le llaman algunos, pero más que todo, es hablar desde la propuesta.

Es fundamental un esfuerzo de pensamiento, de actitud, de lenguaje, de creatividad comunicativa; denunciar a los medios masivos de comunicación es fundamental, pero para nada suficiente, construir estrategias para comunicar masivamente y para ganarse el sentido común, es parte de los retos. Atreverse a ir más allá de uno mismo implica transformarse en el camino.

Estas son reflexiones fruto de conversaciones, puestas sobre la pantalla buscando ser – más que cualquier otra cosa - invitación para seguir conversando; palabras puestas para desatar nuevas ideas.

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