Re-pensar una izquierda democrática en Colombia: un ethos común

on Sábado, 17 Diciembre 2016. Posted in Artículos, Edición 95, Hernán Alejandro Cortés, Izquierda colombiana, Nacional, Democracia

95 Cortes

Resulta necesario contagiarnos de un ethos común, es decir, de una forma de conducirnos en la que el otro debe ser parte indispensable del proceso de construcción individual y colectivo, debemos apostarle a re-organización de nuestros afectos en lo mínimo, en construir camaradería, compañerismo, hermandad para solidificar las bases de una organización conjunta, debemos imaginar horizontes de vida distintos, debemos cuidarnos mutuamente para hacer lo imposible.

 

 
Hernán Alejandro Cortés
Fuente de la imagen: http://suzou.net

Los recientes acontecimientos nacionales y mundiales han marcado un tiempo nuevo para el pensamiento y la acción. No caeré en el reduccionismo de decir que el ascenso de Trump al poder en EEUU, la “derechización” de algunos países de la Unión Europea, la oposición al proceso de paz en Colombia y la caída de algunos de los gobiernos del socialismo del siglo XXI, responden a una misma causa. Cada caso tiene una serie de variables que son difíciles de discernir. Sin embargo, es posible considerar que el ambiente de la época se ha enrarecido de una forma bastante inusual, de manera que las vacunas liberales contra la barbarie hoy se usan como armas en un decidido combate entre élites. El voto, el parlamento y la justicia son cada vez más botines de las corporaciones y menos escenarios de disputa democrática. La crisis orgánica de la democracia liberal nos ha mostrado que el ejercicio de la política tiene unos límites imprecisos y que es, cada vez más, un juego movido por la avaricia y el interés privado. Las instituciones democráticas flaquean y el viejo edificio de la representación ha sido capturado por los pálidos reflejos de nuestros deseos más oscuros: poder, avaricia, e individualismo.

El panorama es oscuro y para pensar en medio de esta escasa falta de luz podríamos desenterrar las ideas del comunismo como armas de batalla, como vectores de fuerza que crucen tanto la conformación de un ethos común, como el desarrollo de una política emancipatoria. Esto implica repensar lo que es una política de izquierdas y lo que significa hoy ponerse de ese lado del tablero de juego. En una conferencia de 2011 el filósofo francés Alain Badiou señalaba que la principal tarea para repensar el comunismo consistía en desembarazarlo de su asociación con el terror, esto implica reconocer las fallas del socialismo realmente existente y demostrar que la urgencia de la estrategia no puede ser el motor principal de una política emancipatoria, por el contrario, de lo que se trata es de pensar el comunismo como un horizonte de transformación en el que la correlación de fuerzas entre los ciudadanos no esté subordinada por el uso estratégico de los unos sobre los otros, se trata de abolir esa nefasta relación de subordinación entre hombres en virtud de la producción y la acumulación de capital.

Así pues, ¿cómo re-pensar una izquierda democrática en Colombia? No quisiera jugar a decir lo correcto, ni a la posición del “intelectual-faro” (todo lo que aquí digo está sujeto a discusión), pero creo que para pensar una política emancipatoria, al menos en el caso colombiano, habría que seguir una serie de horizontes que no resultan necesariamente fáciles, pues implican examinar y transformar una serie de prácticas que se han ido naturalizando con el tiempo. En primera medida, creo que resulta necesario, tal y como lo sugiere Badiou, que la idea de comunismo deje de estar asociada a la idea de terror, para ello será necesario que las insurgencias dejen de ser las abanderadas del discurso de la izquierda. En ese sentido, creo que el paso de las FARC-EP hacia la política sin armas es definitivo para separar la idea de comunismo y terror que tanto éxito tuvo en la propaganda anti-comunista de mediados de los 70 y 80. Esto también implica que la práctica política de izquierdas deje el juego escatológico con las figuras revolucionarias y que aprenda a ejercer una crítica a sus errores históricos, contextualizando los aciertos y las buenas prácticas, así como sus desaciertos y excesos.

En segunda medida, creo que hay que disputar el sentido común de ciertas categorías, como sociedad civil, resistencia, política, emancipación, libertad y justicia social. Si observamos con detenimiento estos conceptos han sido coaptados por la derecha más reaccionaria y se han convertido en parte de su instrumental para hacer “oposición” al gobierno de turno. Escuchar a Uribe llamando a la resistencia civil es un exabrupto que denota la fragilidad de las categorías políticas de la izquierda en Colombia. Creo que para disputar ese sentido común hay que dar mayor visibilidad a las prácticas que se llevan a cabo en los territorios, exponer sus formas de concebir las relaciones en común y evidenciar cómo esas articulaciones de afectos y de cuerpos se van organizando en movimientos sólidos por la defensa de intereses comunes, universalizar las luchas y exponer sus marcos de acción concretos son tareas que se vienen haciendo por años y que han logrado afrontar una lucha en diversos escenarios. Luchas como las de los indígenas en el Cauca, la de los campesinos del Catatumbo, la de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y muchas otras, han logrado hacerle frente en formas bastante precisas y concretas a los riesgos de pensar otros modelos de organización política y productiva. Estas valientes organizaciones han entregado sus cuerpos a las disputas políticas y han avanzado en la constitución de formas de gobierno que serán valiosas para pensar una izquierda democrática alejada del sectarismo y de los liderazgos de la vetero-izquierda.

En tercera medida hay que renovar los liderazgos políticos de la izquierda no solo para ofrecer rostros carismáticos, como el de Pablo Iglesias en España, sino para crear escenarios reales de representación política. Eso implica que la izquierda debe deshacerse de figuras que se han sedimentado al interior de la organización política y que en lugar de construir escenarios democráticos se han hecho con la representación política como si fuera una condición natural. Es necesario deshacerse de ese poder de castas que también se ha enquistado en la vetero-izquierda. Construir esos nuevos liderazgos tiene que ver con apostarle a un ejercicio desde las bases, a formar una estrategia de relevos que denote madurez en la organización. Para ello será necesario que las asambleas se vuelvan parte del ejercicio de representación y que las necesidades de las poblaciones se conviertan en planes de acción ejecutables, medibles y con responsabilidades fijas de acción. Asimismo, hay que luchar contra los privilegios que se derivan de la representación política y para ello hay que horizontalizar los ingresos y disponer de rendiciones de cuentas periódicos que garanticen la transparencia del ejercicio de representación política.

Finalmente, resulta necesario contagiarnos de un ethos común, es decir, de una forma de conducirnos en la que el otro debe ser parte indispensable del proceso de construcción individual y colectivo, debemos apostarle a re-organización de nuestros afectos en lo mínimo, en construir camaradería, compañerismo, hermandad, para solidificar las bases de una organización conjunta, debemos imaginar horizontes de vida distintos, debemos cuidarnos mutuamente para hacer lo imposible. Así lo señala Badiou: “la política de tipo comunista es una actividad inmanente, que se desarrolla bajo el signo de idea compartida, y no una actividad determinada por coacciones externas como la economía o los formalismos legales del Estado […] la clave de una gestión victoriosa de los antagonismos se basa en la gestión correcta de las contradicciones del pueblo, cosa que, asimismo, constituye la auténtica definición de democracia” (Badiou, 2014, p. 17). Construir una izquierda democrática nos exige cambiarnos a nosotros mismos y para ello debemos contagiarnos con la idea de que es posible vivir de otro modo en el antagonismo.

Referencias

Badiou, A. (2014). La idea comunista y la cuestión del terror. En: La idea del comunismo. The New York Conference. Madrid: Akal.

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