Lucas Restrepo

Es lo mismo pero no es igual, aunque también puede ser diferente (Respuesta a la opinión “más leída”)

on Jueves, 29 Septiembre 2016. Posted in Artículos, Edición 90, Plebiscito, Lucas Restrepo, FARC, Nacional, Gobierno de Santos, Proceso de paz

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La opción política por la que optaron las FARC-EP y el Gobierno, frente a un horizonte de destrucción mutua o de mediocridad normalizada y continua, fue precisamente la que tanto defendió Uribe: la reconfiguración de la “unidad social” en torno a la recuperación de la soberanía Estatal. Ahora bien, el Acuerdo Final problematiza la cuestión de “la unidad” introduciendo una representación del “espacio común” como un espacio plural, heterogéneo, esto es, representando “la diferencia” como un problema político y no como una forma de ruptura de dicha unidad, como una amenaza, como una monstruosidad incluso.

 
Lucas Restrepo
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La tesis de “la lucha de clases”, tanto en términos teóricos como históricos, nos explica que el proceso agonístico que enfrenta a dos partes irreconciliables puede bien producir el efecto “dialéctico” del desarrollo de una sociedad completamente nueva, pero también el efecto apocalíptico de la completa destrucción de la civilización. La lógica que se funda en dicha tesis es más un esfuerzo por pensar el efecto dialéctico y menos una reflexión sobre el momento agonístico, sus características y sus posibilidades. Dicha “suspensión” en la reflexión sobre los procesos sociales como momentos agonísticos nos impidió, por mucho tiempo, pensar las dinámicas de formación, reforma y destrucción de ciertas formas de vida en beneficio de otras, sin que el resultado hubiera sido necesariamente una “sociedad mejor”. Si bien la representación que nos hacemos de nuestro tiempo es esencialmente normativa, como lo cree Habermas, hace un tiempo ya que la historia nos ha puesto “al borde del abismo”.

Participación política y seguridad en los borradores de La Habana

on Jueves, 14 Julio 2016. Posted in Artículos, Edición 85, Lucas Restrepo, Acuerdos de la Habana, Nacional, Participación política, Proceso de paz

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En La Habana parecen tener ciertamente la memoria fresca en cuanto a la redefinición del enfoque de la política de seguridad: ni el desastre humanitario de los años recientes, ni la violencia de los ochenta están fuera del tintero. No se trataría ya de disminuir los índices de riesgo para las inversiones sino de aumentar las posibilidades del ejercicio pacífico de la política, incluyendo a las poblaciones marginalizadas en la definición de sus destinos.

 
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Reducir el neoliberalismo a su aspecto meramente económico o incluso a su decálogo supuestamente anti-ético ultraliberal limita cualquier ejercicio serio de comprensión y de análisis. Resulta más interesante entenderlo menos como un conjunto de medidas de desregulación o como una ética individualista y más como una nueva forma de gobernar los individuos y las poblaciones, esto es, una forma de producir lo político y, en grueso, de producir el Estado, sus instituciones y sus relaciones en el contexto de la globalización. Bajo esta óptica, es plausible ver en la Mesa de La Habana (que para algunos debía ser el momento de las claudicaciones) a un foro de definición, reflexión, evaluación y solución, desde una perspectiva política, de los insolubles, olvidados u ocultados problemas urgentes del país. En efecto, aunque la bandera histórica de las FARC-EP, discutir el modelo, parece definitivamente arriada frente a la negativa histórica del Gobierno respecto de ese asunto, los acuerdos hasta ahora firmados muestran, al menos, dos cosas que difuminan un poco dicha apariencia.

Sobre el problema de la refrendación

on Lunes, 29 Febrero 2016. Posted in Artículos, Edición 76, Plebiscito, Lucas Restrepo, Referendo, Constituyente, Nacional, Proceso de paz

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El Gobierno-Santos es consciente de que hay que realizar modificaciones institucionales, sin embargo, cree que dichas modificaciones pueden y deben ser agenciadas por esas instituciones mismas y, lo más importante, deben conducir a una forma diferente de construir legitimidad.

 
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El debate que ha suscitado el punto de “Refrendación” de los acuerdos de La Habana hasta ahora patina en torno al problema de la “aceptabilidad” ciudadana del texto final de la Mesa, esto es, la idea de que la validez de lo que firmen las partes depende de una instancia exterior a la Mesa.

Posición de un egresado sobre el homenaje univalluno a Mario Bunge*

on Martes, 15 Diciembre 2015. Posted in Artículos, Universidad del Valle , Universidad, Mario Bunge, Edición 71, Lucas Restrepo, Nacional

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Si la Universidad quiere seguir funcionando bajo la lógica de la pompa y el agasajo, no veo ni el problema ni la dificultad de este tipo de homenajes, ya de por sí muy poco reflexionados. Sin embargo, considero que debe tener mucho cuidado en las razones que decida escoger y movilizar, no porque el respetado profesor Mario Bunge no lo merezca, sino más bien porque son tiempos difíciles en los que ciertos saberes ya han sido condenados al exilio, y la ejecución de su condena es una larga agonía que puede terminar expulsando de la Universidad a toda la crítica.

 
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¿Qué significa, para una Universidad, otorgar un título honoris causa? Esta pregunta no tendría sentido para un "hommus academicus" cuyo oxígeno se compone también de esos pomposos rituales en los que se extienden cortesías con cartones indexados. Y tal vez tenga razón, porque desplegar semejante duda no tanto sobre la calidad del candidato sino más bien sobre el sentido mismo del "homenaje" parecería un capricho, un puro contestatarismo, una treta incluso.

Tres comentarios escolares sobre el anuncio de la creación de una jurisdicción especial para la paz

on Miércoles, 14 Octubre 2015. Posted in Artículos, Edición 67, Lucas Restrepo, Orden jurídico colombiano , Justicia transicional, Posconflicto, Nacional, Proceso de paz

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La puesta en marcha de este modelo de Justicia Transicional permitiría practicar formas de satisfacción real de los derechos de las víctimas, de construcción colectiva de la verdad sobre los delitos del conflicto, de formación de la imagen pública completa del complejo campo de victimarios y, finalmente, de habilitación de una lucha política tramitable por vías no violentas.

 
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Por medio del comunicado conjunto número 60 de la Mesa de Conversaciones Para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, los delegados del Gobierno y de las FARC-EP anunciaron la firma de un acuerdo en torno al componente de justicia del mecanismo a partir del cual pretende terminarse de manera efectiva con el conflicto, el llamado Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Desescalar, transicionar, castigar: nuestras pobres reconciliaciones

on Jueves, 30 Julio 2015. Posted in Artículos, Edición 62, Falso positivo judicial, Detenciones ilegales, Lucas Restrepo, Justicia transicional, Protesta social, Nacional, Derechos Humanos, Violación derechos humanos

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En Colombia, la abrumadora mayoría de entre los diez mil detenidos y detenidas por razones del conflicto, exceptuando a los prisioneros de guerra, se ubica en ese impresionante hoyo negro jurídico derivado de la comprensión del conflicto colombiano como una enorme “empresa criminal” y que define amenazas en todas las esquinas.

 
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La detención obscura de Paola Andrea Salgado junto con otros miembros del movimiento Congreso de los Pueblos, así como las de Huber Ballesteros, Francisco Tolosa, Yira Bolaños y otros miles de líderes políticos y sociales, son expresivas del riesgo más grande que existe para cualquier proceso de superación de la violencia política en Colombia. En efecto, estas judicializaciones se inscriben perfectamente en una lógica venenosa para el futuro de la paz, esto es, una lógica que inventa, alimenta y reproduce la guerra. Más allá de la teatralidad espectacular de la batalla militar, el conflicto pasa por la justicia, o mejor, por millares de pequeñas y grandes injusticias anónimas cristalizadas en los funcionamientos de las instituciones. Así como estas detenciones más o menos mediatizadas por la policía y la gran prensa, las de otros como Gerardo Barona Avirama y Felix María Campo Urrea, líderes comunitarios reconocidos en la región del valle geográfico del Río Cauca, también serían movilizadas con la infame acusación de “impartir doctrina contra el Ejército” y de “propagar ideología comunista”.

Pizarro y los otros. La paz, la justicia, la incertidumbre

on Domingo, 31 Mayo 2015. Posted in Artículos, Lucas Restrepo, M19, Carlos Pizarro , Justicia, Edición 58, Justicia transicional, Nacional, Justicia social, Proceso de paz

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Si hoy en día es válido hablar de legados, tal vez uno de los más importantes que deja Carlos Pizarro sea su tenacidad en ese intento por traducir institucionalmente una reivindicación sencilla de justicia social.

 
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Como se sabe, las figuras de Carlos Pizarro y del Movimiento 19 de Abril llevan consigo en sus batallas, en su memoria y en sus olvidos incluso, el problema de la paz. Algunos de los suyos fueros protagonistas del diálogo y del acuerdo político para terminar el conflicto armado; otros, simples rastros sin relato. Si ciertamente resulta exagerado afirmar que los acuerdos de 1990 impusieron el tema de la paz en el centro de la agenda política colombiana, sí es innegable que, por algún tiempo al menos, generaron un lenguaje y una ruta a partir de los cuales cualquier problematización futura sobre la guerra colombiana debía ser repensada: los dispositivos de “tratamiento político” de las insurgencias, heredados de la tradición jurídica colombiana, fueron normalizados institucionalmente con su consagración constitucional en 1991 en el horizonte de una terminación pacífica del conflicto armado. De otra parte, un conjunto de medidas institucionales y de prácticas des-institucionalizadas instalaría un discurso de “los derechos” en la gestión de la relaciones entre las instituciones y los individuos. Resta no más decir que, tanto en Colombia como a nivel continental, ese “proceso de democratización” se llevó a cabo condenando al ostracismo a las miles de víctimas que generaron las dictaduras y las guerras sucias, y enviando los acumulados de la defensa de los derechos humanos a las entrañas mismas de la sinuosa burocracia judicial. Una de esas víctimas es sin duda Carlos Pizarro quien se sumó, desarmado, a la lista institucionalmente banalizada de las víctimas del Estado colombiano.

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